La ciénaga asfixiada: cómo una planta invasora pone en jaque a comunidades lacustres de Colombia

Hydrilla y camalotes: el desafío ecológico, social y económico en la Ciénaga Grande de Santa Marta

La Ciénaga Grande de Santa Marta, una vasta red de lagunas, manglares y esteros en la costa caribeña de Colombia, enfrenta una amenaza silenciosa y veloz: la colonización masiva de plantas acuáticas invasoras que están transformando rutas de pesca, acceso a agua potable y la vida cotidiana de comunidades enteras.

Un ecosistema estratégico en peligro

La Ciénaga Grande de Santa Marta ocupa aproximadamente 428.000 hectáreas —una extensión similar a la ciudad de Los Ángeles— y fue reconocida como reserva de la biosfera en el año 2000 por su valor ecológico y social. Según la UNESCO, las reservas de la biosfera buscan conciliar la conservación de la biodiversidad con el uso sostenible de los recursos naturales, porque en su propia definición son “espacios para probar y demostrar enfoques basados en la ciencia para el uso sostenible” (UNESCO).

Sin embargo, en los últimos meses ese delicado equilibrio se ha visto desbaratado por la propagación acelerada de Hydrilla verticillata y, en paralelo, por la presencia persistente de Eichhornia crassipes (lirio de agua o camalote). Ambas especies modifican la interfaz entre agua y comunidad: una cubre la superficie como una alfombra densa; la otra forma masas flotantes que enredan redes y hélices.

Impactos en la pesca y la economía local

Comunidades tradicionales como Nueva Venecia y Buenavista, asentadas sobre pilotes y conectadas por canoas y embarcaciones pequeñas, han visto reducida su capacidad productiva. Pescadores describen redes que se rompen, motores que se bloquean y jornadas que se prolongan mientras cortan “pasadizos” temporales a través de la vegetación. Los efectos económicos se sienten en cadena: menos pescado disponible, menores ingresos para comerciantes locales y aumento del costo de acceso a agua potable.

Los relatos de los pobladores son homogéneos en su gravedad: lo que antes era un recorrido de minutos demanda ahora horas o se vuelve imposible; los puntos de recolección de agua se han clausurado por materia orgánica y la necesidad de comprar agua embotellada incrementa gastos en hogares con recursos limitados. Este tipo de presiones combinadas puede acelerar procesos de vulnerabilidad y aumentar la probabilidad de migración interna.

Factores que facilitan la invasión

El avance de especies acuáticas invasoras rara vez es producto de una sola causa. En la Ciénaga Grande confluyen varias variables que favorecen su proliferación:

  • Entradas de nutrientes (nitrógeno y fósforo) transportados por el río Magdalena desde áreas agrícolas y urbanas, que disparan procesos de eutrofización y crecimiento vegetal acelerado.
  • Modificaciones en los regímenes de salinidad y en los flujos de agua por obras de ingeniería, sedimentos y variaciones climáticas que crean áreas más favorables para especies de agua dulce como Hydrilla.
  • La propia movilidad humana y comercial: fragmentos de plantas pueden adherirse a embarcaciones o equipos, facilitando la dispersión a nuevas cuencas.

El efecto combinado es una serie de “nichos” ecológicos que antes no existían o estaban controlados por condiciones naturales: hoy son puertas abiertas para invasoras.

Por qué Hydrilla y Eichhornia son tan problemáticas

Hydrilla verticillata es una planta sumergida con tallos largos que puede formar densas alfombras bajo la superficie, reduciendo la penetración de luz y alterando la dinámica de oxígeno disuelto. Eichhornia crassipes, por su parte, flota sobre la superficie y forma colonias extensas que bloquean canales y sombrean ecosistemas acuáticos. Ambos tipos de invasiones comparten características que vuelven su manejo difícil:

  1. Alta tasa de reproducción y crecimiento rápido.
  2. Capacidad de fragmentación: trozos pequeños pueden enraizar y establecer nuevas poblaciones.
  3. Resistencia a métodos puntuales de control si no hay una estrategia continua y bien financiada.

Acciones locales y limitaciones institucionales

En muchas comunidades, la respuesta inicial ha sido manual y comunitaria: embarcaciones salen a cortar y abrir “pasillos” temporales cada pocos días, un esfuerzo heroico que no resuelve la causa sino que busca mantener la conectividad mínima. En paralelo, ciertas autoridades regionales han implementado pilotajes de control, pero la magnitud del problema demanda recursos técnicos y financieros que hoy son insuficientes.

Además, existe un escollo normativo: especies como Hydrilla verticillata no siempre están incluidas en listas nacionales de especies invasoras o en protocolos estandarizados para su control. Esa laguna ralentiza respuestas coordinadas y limita acceso a fondos y estrategias probadas a escala internacional.

Riesgos para la salud y el bienestar

La obstrucción de rutas hacia puntos de recolección de agua limpia obliga a muchas familias a usar fuentes más cercanas pero potencialmente contaminadas. Los expertos en saneamiento señalan que el uso prolongado de agua con contaminación fecal incrementa riesgos de diarrea, enfermedades parasitarias y brotes infecciosos en comunidades con acceso sanitario limitado.

Adicionalmente, la pérdida de medios de subsistencia y el aumento de costos básicos empujan a la inseguridad alimentaria y a la precarización socioeconómica, elevando el riesgo de desplazamiento interno no planificado.

¿Qué soluciones son viables?

No existe una bala de plata: la erradicación total de invasoras acuáticas a gran escala suele ser inviable en períodos cortos y con recursos limitados. Sin embargo, hay una combinación de enfoques que pueden mitigar los daños y reducir la expansión:

  • Monitoreo científico y mapeo: cartografiar la extensión y la evolución temporal de la infestación para priorizar acciones.
  • Control mecánico sostenido: extracción con máquinas o equipos especialmente diseñados, combinada con la gestión de fragmentos para evitar mayor dispersión.
  • Control biológico: evaluación de agentes biológicos (insectos herbívoros u organismos patógenos específicos) que hayan demostrado seguridad ecológica en contextos similares.
  • Reducción de la carga de nutrientes: mejorar saneamiento urbano y tratamiento de aguas para disminuir la eutrofización que favorece el crecimiento vegetal.
  • Programas de respuesta comunitaria: fortalecer capacidades locales con herramientas, entrenamiento y financiamiento para que las intervenciones no dependan solo del voluntariado.

Lecciones y transparencia: la necesidad de ver y actuar

El caso de la Ciénaga Grande demuestra que las invasiones biológicas no son solo un problema de conservación: son un asunto social, económico y de derechos. Los pobladores piden —y con razón— visibilidad, apoyo técnico y soluciones sostenibles que combinen ciencia, política pública y participación comunitaria.

Si bien algunas autoridades regionales han comenzado a actuar y se reportan esfuerzos de monitoreo, la percepción local es que las medidas han sido tardías y parciales. La coordinación entre entes ambientales, de agua, gobierno local y organizaciones internacionales será clave para invertir en medidas que reduzcan riesgos futuros.

Un llamado a la acción integrada

Frente a invasiones que multiplican efectos negativos, la respuesta debe ser igualmente múltiple: gestionar la causa (cargas de nutrientes), contener la dispersión (monitoreo y control continuo) y proteger el bienestar humano (agua segura, medios de vida alternativos y apoyo económico temporal). Lo aprendido en otras regiones del mundo sugiere que las soluciones híbridas, científicamente guiadas y con financiación sostenida, son las que tienen mayor probabilidad de éxito en el mediano plazo.

Como señalaba la UNESCO al describir el valor de las reservas de la biosfera: “su propósito es armonizar la conservación de la diversidad biológica con su uso sostenible”, recordatorio pertinente para que se adopten estrategias que integren conservación, desarrollo y justicia social (fuente: UNESCO).

La Ciénaga Grande alberga vidas humanas, saberes y servicios ecosistémicos que son irremplazables. Evitar que una invasión vegetal derive en una crisis humana mayor exige empeño técnico, recursos y —sobre todo— voluntad política para que las comunidades afectadas no queden a la deriva.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press