Rex Reed: la figura polémica que definió una era de la crítica cinematográfica

Repaso de la vida, el legado y las controversias del cronista que fue voz imprescindible —y discutida— del cine durante más de seis décadas

Rex Reed falleció en su hogar de Manhattan a los 87 años tras una breve enfermedad. Su deceso marca el fin de una carrera singular: más de seis décadas en las que se convirtió en una de las voces más identificables, provocadoras y a veces detestadas de la crítica cultural estadounidense. Ensayista, polemista, entrevistador y ocasional actor, Reed dejó una huella compleja en la memoria del cine y de la prensa especializada.

Un cronista hecho a su manera

Nacido en Fort Worth, Texas, el 2 de octubre de 1938, Reed recorrió el Sur de los Estados Unidos durante su infancia por el trabajo de su padre. Su inclinación por la escritura y por la vida pública se manifestó desde muy joven: relató que en octavo grado comenzó a firmar una columna de cotilleos en el periódico escolar, un gesto que él mismo vinculó con su temprana vocación por la provocación y la crónica social. Años después, y ya convertido en figura del periodismo, aseguraría que esa etapa escolar marcó el origen de su vocación como “escritor controversial”.

Sus primeros trabajos en la industria cinematográfica incluyeron una breve etapa en el departamento de publicidad de 20th Century Fox durante la producción de Cleopatra, experiencia que terminó abruptamente por recortes presupuestarios. La anécdota refleja un itinerario no siempre lineal: Reed contó que, en viajes por Europa, recurría a la escritura y a pequeñas artimañas para costear el regreso a casa, incluso firmando un texto sobre Buster Keaton para el New York Times.

Un estilo y una reputación: el curmudgeon del cine

Reed construyó una imagen pública de crítico severo, nostálgico y, a menudo, intransigente. No ocultaba su preferencia por el cine que consideraba de calidad y su reprobación hacia lo que describía como una abundancia de mediocridad en la producción contemporánea. Como dijo a The New York Times en 2018: “I like just as many films as I dislike. But I think we’re drowning in mediocrity. I just try as hard as I can to raise the level of consciousness. It’s so hard to get people to see good films.” (The New York Times, 2018).

Ese mismo talante le granjeó admiradores que valoraban su erudición y su honestidad brutal, y detractores que vieron en su pluma una actitud anacrónica, a veces agresiva. Reed disfrutaba colocarse en el papel del conservador del gusto: defendía clásicos, exaltaba a intérpretes y directores que admiraba e interpretaba la crítica como una misión cultural para “elevar el nivel de conciencia”.

Periodista de largo alcance: revistas, televisión y libros

Durante las décadas de 1960 y 1970, Reed se consolidó como un escritor requerido por revistas y periódicos. Su perfil de Ava Gardner, publicado en 1967 en The New York Times con el título “There Is Nothing Like This Dame”, es ejemplo de su capacidad para combinar crónica, glamour y juicio personal; ese texto fue incluido posteriormente en su colección Do You Sleep in the Nude?, junto a perfiles memorables de figuras como Barbra Streisand, Lucille Ball y Warren Beatty. Su trabajo apareció en publicaciones como Vogue, Esquire, GQ y Women’s Wear Daily.

Además de la prensa escrita, Reed fue una figura recurrente en la televisión: participó en programas como The Tonight Show con Johnny Carson y The Dick Cavett Show, donde su estilo directo y su verbo afilado tuvieron amplio alcance. Pasó casi cuatro décadas escribiendo sobre cine para The New York Observer, columna que lo mantuvo en la primera línea del debate cultural.

Actor y personaje público

La relación de Reed con el cine fue también performativa: actuó en varias películas, interpretando versiones de sí mismo o personajes secundarios. Entre sus apariciones figuran la de sí mismo en Superman y papeles en Myra Breckinridge e Inchon, donde compartió pantalla con actores de la talla de Laurence Olivier. Su presencia en la pantalla, aunque secundaria frente a su labor crítica, contribuyó a la construcción de una figura pública híbrida —periodista-estrella— que resultó tanto fascinante como polémica.

Controversias y críticas: las sombras del legado

Ninguna carrera tan extensa carece de episodios polémicos; en el caso de Reed, las controversias fueron recurrentes y públicas. Entre los episodios más recordados está su afirmación de que el Oscar que Marlee Matlin ganó por Children of a Lesser God fue un “voto de lástima”. También acusó, sin pruebas, que la victoria de Marisa Tomei en 1992 por My Cousin Vinny fue un fraude, y publicó críticas sobre la actriz Melissa McCarthy en términos que muchos calificaron de body shaming.

Esas declaraciones y actitudes alimentaron debates sobre los límites de la crítica —¿hasta dónde llega la libertad del crítico?— y sobre la responsabilidad ética de quien ejerce influencia cultural. Para algunos, Reed era un faro de honradez intelectual; para otros, un comentarista que a veces cruzaba la línea hacia lo destructivo o lo prejuicioso.

La escritura como legado

A pesar de las polémicas personales, el rasgo que con más insistencia reclamaba Reed como su verdadero legado fue la escritura. Publicó ocho libros y dejó una extensa producción periodística que refleja no solo su gusto, sino también una profunda familiaridad con la historia del cine y la cultura popular del siglo XX. En una entrevista reciente con su editor en el Observer declaró: “I’d like to be remembered as someone who really tried to make things better. Or at least respected what was good when it happened. Not as a curmudgeon. That’s not what I am in real life.”

La ambivalencia entre la percepción pública de “curmudgeon” y su autodefinición —un crítico que quería elevar estándares— es quizá la clave para entender por qué su figura provoca reacciones tan encontradas. Reed aspiraba a que su juicio, aunque duro, funcionara como un correctivo contra lo que consideraba el declive del gusto y la calidad cinematográfica.

Contexto histórico: la evolución de la crítica y el declive de los medios impresos

La trayectoria de Reed atraviesa un periodo de transformaciones radicales en la prensa: desde la hegemonía de los grandes diarios y revistas en la segunda mitad del siglo XX hasta la fragmentación y digitalización del siglo XXI. En Estados Unidos y en otras latitudes, la circulación impresa cayó drásticamente en las últimas dos décadas: según datos del Pew Research Center, la audiencia de noticias en formato impreso disminuyó de forma sostenida mientras crecía el consumo digital (Pew Research Center, 2020). Aunque los críticos tradicionales conservan credibilidad ante ciertos públicos, el paisaje mediático actual dispersa la autoridad crítica entre influyentes en redes sociales, festivales, plataformas de streaming y comunidades especializadas.

En ese contexto, la voz de Reed representa tanto la continuidad de una tradición crítica clásica como su choque inevitable con nuevas formas de recepción y producción cinematográfica. Su nostalgia por el ‘cine de antes’ y su rechazo a lo que consideraba mediocridad los enmarcan como rasgos de una generación de críticos que tuvieron que adaptarse —o sostenerse— frente a cambios tecnológicos y culturales acelerados.

Reflexión final: ¿qué nos deja Rex Reed?

El fallecimiento de Rex Reed invita a pensar en la tensión entre la libertad del crítico y su responsabilidad pública. Dejó una obra amplia y, a la vez, una lista de episodios que subrayan los peligros del juicio público sin matices. Quienes celebran su legado resaltan su erudición, su amor por el cine y su capacidad para provocar discusión; quienes lo cuestionan señalan episodios de insensibilidad y afirmaciones infundadas.

Más allá de las posiciones encontradas, resulta innegable que Reed fue un actor central en la historia de la crítica cinematográfica del siglo XX: un escritor que, con sus luces y sombras, contribuyó a moldear la conversación cultural en torno al cine y la celebridad. Sus columnas, perfiles y libros seguirán siendo leídos como testimonio de una época y de una forma de entender la crítica: directa, apasionada y sin concesiones.

Nota: En los fragmentos citados se ha indicado la fuente original cuando corresponde a declaraciones públicas recogidas por medios contemporáneos.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press