BRICS en la encrucijada: expansión ambiciosa y divisiones que ponen a prueba su papel global

La cumbre de ministros de Exteriores en Nueva Delhi revela los retos de un bloque que crece en número pero lucha por mantener una voz común

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La reunión de ministros de Relaciones Exteriores del bloque BRICS en Nueva Delhi llega en un momento de tensiones regionales y volatilidad económica global. A primera vista, la cita —que reúne a las delegaciones de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, junto con los nuevos miembros— parece diseñada para proyectar unidad y ambición. Sin embargo, la realidad inmediata muestra fricciones significativas: la guerra en Oriente Medio, la energía como factor de presión y la heterogeneidad de intereses nacionales amenazan con diluir cualquier mensaje colectivo.

Un bloque en expansión y con aspiraciones crecientes

BRICS nació como BRIC en 2006 (Brasil, Rusia, India y China) y se presentó como un contrapeso a las instituciones controladas por economías occidentales, como el G7. Sudáfrica se incorporó en 2010, y la organización dio un salto cualitativo en 2024 y 2025 al aceptar a nuevas membresías —entre ellas Irán, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Etiopía e Indonesia— con lo que su peso territorial y demográfico aumentó notablemente.

Hoy, los países del bloque abarcan una proporción relevante del planeta: concentran una parte sustancial de la población mundial y una fracción creciente del comercio y la inversión internacionales. Según estimaciones de diferentes análisis económicos, las economías BRICS representan cerca del 30% del producto interno bruto global en términos nominales, lo que les otorga una base económica sólida para reclamar mayor influencia en la gobernanza mundial (fuente: FMI y análisis económicos internacionales, 2024-2025).

Temas en la agenda y motivos de preocupación

En las conversaciones de Nueva Delhi se destacaron tres ejes principales: la seguridad energética y alimentaria, los desafíos financieros y de salud para los países en desarrollo, y la necesidad de coordinar respuestas frente a la incertidumbre geopolítica. El ministro de Exteriores indio, Subrahmanyam Jaishankar, subrayó que el foro debía contribuir a que las naciones emergentes respondan “más eficazmente” a esos problemas. En sus palabras: “Nos reunimos en un momento de considerable flujo en las relaciones internacionales” (cita consignada en informes de prensa, mayo de 2026).

La coyuntura internacional aporta razones urgentes para el diálogo: el conflicto entre Israel e Irán y las tensiones subsecuentes han presionado las cadenas de suministro energéticas y han empujado al alza el precio del petróleo, afectando las economías importadoras de energía. Además, el aumento de los precios de los fertilizantes y los alimentos coloca a varios países en riesgo de inestabilidad social y económica.

La dificultad de hablar con una sola voz

Aunque la expansión del bloque pretende dotarlo de mayor peso y representatividad, también complica la posibilidad de una postura colectiva. Miembros con intereses regionales opuestos, como Irán y los Emiratos Árabes Unidos, generan fricciones que se hacen evidentes cuando el bloque intenta pronunciarse sobre conflictos internacionales.

Un ejemplo reciente fue la imposibilidad de acordar un comunicado conjunto que condenara determinadas acciones en el conflicto del Medio Oriente; según declaraciones del viceministro iraní (citadas en medios durante la reunión), “un país integrante insistió en condenar a Irán”, lo que impidió llegar a un consenso dentro del bloque (declaración recogida por agencias, mayo de 2026).

Además, la diversidad de relaciones bilaterales con Occidente —desde alianzas estratégicas hasta confrontaciones abiertas— introduce tensiones. Rusia, por su guerra en Ucrania, ocupa una posición que no siempre coincide con la de otros socios; China y la India compiten por influencia regional en Asia; Brasil y Sudáfrica mantienen prioridades propias en asuntos hemisféricos y africanos, respectivamente. Esa heterogeneidad convierte la búsqueda de políticas compartidas en un ejercicio de alta diplomacia con margen estrecho para el acuerdo.

¿Qué representa la presidencia india de BRICS?

La presidencia rotatoria ofrece a India la oportunidad de intentar recomponer la narrativa del bloque: Jaishankar apostó por presentar a BRICS como un actor constructivo y estabilizador que ayude a los países en desarrollo a gestionar salud, financiamiento y alzas de precios en bienes esenciales. En términos estratégicos, Nueva Delhi busca equilibrar dos objetivos: fortalecer la cooperación Sur-Sur y, al mismo tiempo, consolidar su propia posición como puente entre las economías occidentales y los países emergentes.

Sin embargo, la presidencia se encuentra con una dificultad práctica: ¿cómo lograr iniciativas concretas cuando faltan consensos sobre los asuntos más sensibles? La respuesta dependerá en gran medida de la habilidad diplomática india para priorizar temas en los que haya mayor coincidencia: por ejemplo, cooperación en infraestructura, desarrollo de mecanismos financieros alternativos o acuerdos para asegurar suministros críticos.

Instrumentos y potenciales caminos de cooperación

BRICS no es solo un foro político. En la última década ha desarrollado herramientas concretas, como el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) y mecanismos de cooperación en moneda local, que buscan reducir la dependencia de los sistemas financieros dominados por Occidente. Estas instituciones podrían ampliarse y priorizar proyectos que generen beneficios tangibles para los países emergentes: inversión en energía renovable, financiación de infraestructuras y fondos de contingencia para crisis alimentarias o sanitarias.

Un camino pragmático sería focalizar la agenda en programas con impacto rápido y medible: financiamiento conjunto para sistemas de salud pública, cadenas regionales de suministro de alimentos y acuerdos para estabilizar precios de fertilizantes y energía. Ese enfoque, más técnico que ideológico, podría ayudar a crear confianza operativa entre miembros con diferencias políticas.

El factor geopolítico: ¿competencia o complementación con Occidente?

BRICS se ha presentado históricamente como alternativa a las instituciones dominadas por países occidentales. No obstante, la relación entre los miembros y Occidente no es binaria; algunos países buscan canalizar inversiones y tecnologías desde ambas orillas. Este pragmatismo abre la posibilidad de que BRICS funcione tanto como plataforma de negociación colectiva frente a reglas globales que consideran injustas, como puente para articular acuerdos pragmáticos con organizaciones internacionales.

Si el bloque opta por políticas confrontativas permanentes, podría aislarse y reducir su influencia práctica. En cambio, una estrategia que combine reivindicaciones de reforma global con cooperación selectiva —incluyendo alianzas puntuales con instituciones multilaterales existentes— tiene mayor probabilidad de generar resultados tangibles y de largo plazo.

Riesgos y oportunidades en el horizonte

Los riesgos son evidentes: la incapacidad para consensuar posiciones sobre conflictos clave puede dañar la credibilidad del bloque; la competencia China-India por la influencia regional podría traducirse en rivalidades que afecten la cooperación; y la heterogeneidad política puede frenar decisiones operativas ambiciosas.

Pero hay oportunidades palpables. La expansión geográfica y demográfica del grupo le dota de recursos y mercados que, si se gestionan con visión estratégica, pueden impulsar proyectos de desarrollo a gran escala. Además, en un mundo cada vez más multipolar, una plataforma como BRICS tiene la ventaja de ofrecer alternativas y palancas de negociación que no existían hace dos décadas.

¿Qué esperar de las próximas cumbres?

La prueba real para BRICS será transformar la ambición en instrumentos concretos y operativos. Habrá que observar si las futuras cumbres logran:

  • Priorizar iniciativas técnicas que beneficien a los países en desarrollo (infraestructura, salud, seguridad alimentaria).
  • Reforzar los mecanismos financieros existentes para proporcionar liquidez y apoyo en crisis.
  • Gestionar las divisiones políticas mediante procesos diplomáticos que permitan salir de las encrucijadas por temas sensibles.

Si BRICS consigue avanzar en esos frentes, podrá presentarse como una fuerza estabilizadora con capacidad real de influencia. Si no, la etiqueta de bloque “en expansión” podría quedar vacía frente a la imposibilidad de articular respuestas conjuntas en los momentos que más importan.

En definitiva, la cumbre de Nueva Delhi ilustra una realidad compleja: un conjunto de países con recursos, peso demográfico y ambición global, pero con intereses a veces contradictorios. Su desafío más importante no es solo crecer en número, sino aprender a traducir esa masa crítica en políticas coherentes y eficaces. La historia reciente ha mostrado que la cooperación entre grandes emergentes es posible, pero requiere pragmatismo, paciencia diplomática y la capacidad de priorizar lo que une por encima de lo que divide.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press