Cuando la prión amenaza el valle: la llegada del mal de las maderas al National Elk Refuge

La detección de la enfermedad crónica deshidratante en la manada de Jackson obliga a replantear décadas de políticas de alimentación y manejo de alces

La confirmación de la primera infección de enfermedad crónica deshidratante (CWD, por sus siglas en inglés) en un alce dentro del National Elk Refuge, junto a Jackson, Wyoming, ha encendido una alarma regional. Más allá del titular sensacional, la noticia plantea preguntas difíciles sobre prácticas históricas de manejo de la fauna, riesgos para la salud pública y la sostenibilidad de tradiciones y economías locales ligadas a la presencia de grandes herbívoros migratorios.

¿Qué es la CWD y por qué importa?

La CWD es una encefalopatía transmisible por priones que afecta principalmente a ciervos, wapitíes (alces), alces y otras especies de ungulados. Se caracteriza por cambios graduales del comportamiento, pérdida de peso, salivación excesiva y locomoción anómala; la enfermedad siempre termina siendo fatal. Los priones, proteínas mal plegadas que causan la enfermedad, persisten en el suelo y el ambiente durante años y resisten tratamientos convencionales.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la CWD fue documentada por primera vez en un laboratorio de Colorado en 1967 y desde entonces se ha expandido por gran parte de Norteamérica. La información del CDC sobre CWD es una referencia clave: "La CWD se detectó por primera vez en ciervos en Colorado en la década de 1960" (fuente: CDC - Chronic Wasting Disease).

La detección en el National Elk Refuge: un punto de inflexión

El hallazgo se produjo tras la eutanasia de un alce enfermo en el refugio y la confirmación por laboratorios estatales y federales. El National Elk Refuge alberga a la mayor manada de alces migratorios en Estados Unidos, con censos invernales recientes que han llegado a casi 7.000 individuos: el biológo del refugio informó un conteo alto de 6.970 alces en un invierno reciente. Esa densidad convierte al refugio en un lugar crítico para la vigilancia de enfermedades.

Las agencias federales y estatales ya anunciaron que incrementarán la vigilancia y reevaluarán programas vigentes. En un comunicado conjunto, el U.S. Fish and Wildlife Service y el Wyoming Game and Fish Department indicaron que “el personal del National Elk Refuge aumentará la monitorización y la vigilancia de las manadas por CWD, reevaluará algunos programas existentes e implementará protocolos adicionales de bioseguridad para mantener a salvo a las personas y a la fauna” (Wyoming Game and Fish Department).

Alimentación suplementaria: el debate que vuelve

Uno de los factores que más inquietan a especialistas es la red de feedgrounds —lugares donde autoridades y comunidades suministran heno u otros alimentos en invierno para asegurar la supervivencia de los alces y facilitar la caza ordenada—. Estas concentraciones de animales favorecen el contacto directo y la contaminación ambiental con priones.

El programa de alimentación de Wyoming es inusual y está concentrado en tres condados; cada feedground puede atraer a varios centenares de animales. Expertos y activistas han criticado por años la continuidad de estas prácticas. Lloyd Dorsey, activista ambiental que ha vivido medio siglo en el condado de Teton, resumió el sentir de parte de la comunidad conservacionista: “No es inesperado, por supuesto. Es una lástima que las agencias de manejo de fauna hayan permitido que los programas de alimentación continúen tanto tiempo cuando podrían, y deberían, haber sido eliminados hace mucho” (declaración pública recogida por medios regionales).

Consecuencias prácticas: control poblacional, tradiciones y economía

La estrategia de respuesta del refugio propuesta en 2021 contempla recomendaciones que ahora cobran nueva urgencia: pedir al estado que reconsidere los objetivos poblacionales para la manada de Jackson; revisar la tradicional recolección anual de astas por parte de organizaciones scout; y modificar prácticas de manejo para reducir riesgo de transmisión.

La recolección de astas —cuyos lotes anuales llegan a varias toneladas y generan ingresos por subastas— también enfrenta riesgos. El plan advierte sobre "consideraciones para material de astas que pueda entrar en cadenas medicinales o alimentarias"; algunos productos manufacturados a partir de astas se usan como suplementos, artículos artesanales o juguetes masticables para mascotas, lo que plantea potenciales rutas de exposición indirecta.

Riesgo para la salud humana: ¿deberíamos preocuparnos?

Hasta la fecha no existe evidencia confirmada de transmisión natural de CWD a humanos. Sin embargo, la comunidad científica adopta una postura preventiva. El CDC recomienda que no se consuma carne de animales que parezcan enfermos o que procedan de áreas con CWD conocida y sugiere pruebas de laboratorio antes de consumir carne de caza cuando sea posible.

La razón es que enfermedades priónicas como la variante de Creutzfeldt-Jakob en humanos han demostrado la capacidad de priones para saltar barreras entre especies en condiciones específicas. Aunque el riesgo sigue siendo considerado bajo, la persistencia ambiental de los priones y la posibilidad teórica de transmisión por consumo justifican medidas cautelares.

Opciones de manejo: ¿qué se puede hacer ahora?

Los expertos recomiendan una combinación de medidas inmediatas y de largo plazo:

  • Reducción o eliminación gradual de los feedgrounds: disminuir la concentración de animales para reducir el contacto directo y la contaminación ambiental.
  • Mayor vigilancia y pruebas sistemáticas: aumentar muestreos de animales cazados y muertes encontradas para mapear la extensión real de la enfermedad.
  • Protocolos estrictos de bioseguridad: manejo controlado de los restos, incineración de tejidos de riesgo y equipo de protección para trabajadores de campo.
  • Comunicación y educación para cazadores y comunidades locales: instrucciones claras sobre cómo manipular y someter a prueba la carne de caza.
  • Reevaluación de actividades tradicionales: revisar eventos como la recolección de astas y las ventas subsecuentes, con controles sanitarios adicionales.

Impacto ecológico y cultural

La manada de Jackson no es solo una cifra: tiene un valor ecológico en la dinámica de pastizales y depredadores, un valor cultural para las comunidades locales y tribus, y un valor económico ligado a turismo y caza regulada. Alterar su tamaño o comportamiento tendrá efectos en cascada. Por eso las decisiones deben equilibrar la conservación, la salud pública y las tradiciones.

Una llamada a la acción regional

La detección de CWD en el National Elk Refuge debería ser interpretada como un punto de inflexión: hay que adoptar medidas preventivas hoy para evitar escenarios mucho más complejos mañana. El problema no es local; la naturaleza de los priones y la conectividad de las poblaciones de ungulados implican que la respuesta debe ser coordinada entre agencias federales, estatales, tribales y comunidades.

En palabras del comunicado conjunto del U.S. Fish and Wildlife Service y Wyoming Game and Fish Department: “Implementaremos protocolos adicionales de bioseguridad para proteger a las personas y a la fauna” (U.S. Fish and Wildlife Service). Esa promesa exige ahora transparencia, financiación adecuada para pruebas y recursos para alternativas al programa de alimentación.

La llegada de la CWD al refugio representa una prueba de fuego para las políticas tradicionales de manejo de fauna. Responder bien —con ciencia, diálogo y medidas preventivas— será la mejor forma de honrar el legado natural y cultural del valle de Jackson.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press