El regreso espectral de Frida y Diego: 'El Último Sueño de Frida y Diego' en el Met
Una ópera contemporánea que mezcla mito, magia y la paleta íntima de una artista inmortalizada por el dolor y la pasión
En la temporada lírica del Metropolitan Opera se vive en estos días una apuesta que traza un puente entre la tradición operística y el imaginario latinoamericano: El Último Sueño de Frida y Diego, con libreto del dramaturgo Nilo Cruz y música de la compositora Gabriela Lena Frank. La obra, que tuvo su estreno retrasado en 2022 y ahora llega a la Gran Manzana, propone una fusión de biografía, mitología y realismo mágico que reencuentra a dos figuras emblemáticas del arte mexicano en una vigilia del Día de los Muertos.
Una historia no biográfica sino mítica
Lejos de plantear una biografía al uso, el libreto de Nilo Cruz rehúye la cronología para convertir a Frida Kahlo y Diego Rivera en protagonistas de una fábula que transita entre el amor, la culpa y la redención. La acción comienza tres años después de la muerte de Frida: Diego, consumido por la ausencia, intenta convocarla de la oscuridad con la esperanza de consumar una unión definitiva. Esa premisa recuerda el esqueleto narrativo de la leyenda de Orfeo, pero cruzada con símbolos y rituales propios de la cultura mexicana.
Una partitura pensada desde otras latitudes sonoras
Gabriela Lena Frank, encargada de la música, tomó distancia de los lugares comunes que podría ofrecer una ópera sobre un par de artistas mexicanos. Tal como ella misma ha explicado, su búsqueda fue «colorear» la partitura con timbres y texturas que sugieren Centroamérica y lo «otro»: marimbas que dialogan con la orquesta, texturas percusivas que envuelven la voz y sonoridades que no son fácilmente clasificables como folclore tradicional.
El resultado, según la crítica, es una atmósfera liminal: un paisaje sonoro que parece moverse entre lo onírico y lo ritual. Alex Ross, crítico del New Yorker, escribió que la compositora logra «establecer un ánimo de ensueño, liminal, desde el principio», evitando la trampa de un pastiche folklórico o de un exceso de efectos sonoros que pudieran distraer del drama (fuente: The New Yorker).
Un montaje contemporáneo que remite a la pintura
El diseño escénico, firmado por Jon Bausor, toma referencia directa de la obra pictórica de Kahlo. En particular, el óleo "Árbol de la esperanza, mantente firme" (Tree of Hope, Remain Strong) sirve como guía visual: la idea de duplicidad, del cuerpo herido y la figura frontal suspendida entre lo vivo y lo doliente, se traduce en un árbol rojo de grandes ramas que recuerda tanto arterias como raíces. Este símbolo sitúa al público en un espacio que no es «real», sino simbólico y cicatricial.
La puesta utiliza materiales poco convencionales —como plásticos reciclados teñidos de azul que funcionan como una especie de sudario— y un espejo sobre la escena que remite a la conocida costumbre de Kahlo de pintarse a sí misma proyectándose desde abajo. Así, escenografía y vestuario trabajan en conjunto para recrear la corporeidad fracturada de la artista, pero también su intensidad colorística.
Voces que habitan el mito
En la producción del Met, la mezzosoprano Isabel Leonard encarna a Frida, con el barítono Carlos Álvarez como Diego. El reparto incluye además a Gabriella Reyes como La Catrina —la guardiana del limbo— y a Nils Wanderer en el curioso papel de Leonardo, un espíritu que adopta la apariencia de Greta Garbo. Yannick Nézet-Séguin dirige la partitura en buena parte de las funciones, lo que consolida una lectura musical de alto pulso y exigencia.
La decisión de mantener un equipo creativo que ya trabajó con éxito en otras producciones contemporáneas (como el equipo reunido para Ainadamar) respondió, según el director del Met Peter Gelb, a la voluntad de ofrecer una propuesta nueva sin perder la fuerza dramática que caracterizó las presentaciones anteriores: una obra con recorrido, pero susceptible de múltiples lecturas escénicas.
Magia, dolor y fiesta: la lógica del Día de los Muertos
La ópera se aprovecha del simbolismo del Día de los Muertos: una fecha que, en México, invierte la dicotomía entre vida y muerte y convierte la pérdida en acto de memoria y celebración. Cruz, el libretista, articuló su texto para que la festividad funcionara como motor narrativo; Diego invoca a Frida bajo la lógica del ritual, pero también en la búsqueda de consuelo frente a la falta que lo desgarra.
La dramaturgia encuentra en esa confluencia una justificación para mezclas estilísticas y para la presencia de personajes que no pertenecen estrictamente a la biografía: fantasmas, figuras arquetípicas y referencias culturales se suman para crear una experiencia operística que no pretende «educar» sobre la vida de Kahlo o Rivera, sino permitir que el público experimente una emoción colectiva.
Instrumentación e innovación: el marimba como memoria
Uno de los hallazgos de la partitura es la incorporación recurrente de la marimba, un instrumento poco habitual en el repertorio operístico europeo tradicional pero con fuertes resonancias en Centroamérica. Frank utiliza la marimba en capas tímbricas que, a veces, sustituyen líneas de clarinete o incluso apoyan la emisión vocal, generando una textura que remite a paisajes culturales distintos al canon occidental.
Esta decisión timbrica aporta una sensación de familiaridad lejana: no se trata de «mexicanizar» la ópera con clichés sonoros, sino de ampliar su paleta para que la narración respire desde otras geografías musicales.
Recepción y expectativas
Desde su estreno pospuesto en 2022, la obra cosechó éxito en varias ciudades norteamericanas: San Diego, Los Ángeles y otras metrópolis la acogieron antes de llegar al Met. La producción en Nueva York incluyó seis de las siete funciones dirigidas por Nézet-Séguin, con una transmisión en vivo a cines prevista para una de las fechas, lo que abre la experiencia a audiencias globales.
En términos más amplios, el interés por óperas contemporáneas que abordan figuras históricas con herramientas teatrales no convencionales ha ido en aumento: compañías internacionales buscan ampliar su público incorporando historias cercanas a audiencias jóvenes y diversas, sin renunciar a la calidad musical ni a la exigencia escénica.
Amor después de la muerte: un tema universal
El centro emotivo de El Último Sueño de Frida y Diego reside en la idea del reencuentro post mortem: el anhelo de Rivera por reunirse con Kahlo y el desenlace que concede a ambos una forma de reconciliación que la vida no les dio. Cruz lo sintetiza como «una historia de amor después de la muerte», y en esa frase se concentra la potencia narrativa de la ópera: la muerte no anula el afecto; lo transforma.
Por qué importa esta ópera hoy
Más allá de su valor artístico, la obra invita a reflexionar sobre cómo abordamos los mitos contemporáneos. Frida Kahlo y Diego Rivera son, hoy, figuras cuya imagen circula en mercancías, redes sociales y kitsch visual. Esta ópera apuesta por devolverles una densidad humana, por recuperar la complejidad del dolor, la creación y la política personal de ambos artistas.
En tiempos en los que la cultura popular a menudo simplifica, una propuesta que respeta la ambigüedad y, al mismo tiempo, busca belleza sonora y teatral, resulta a la vez necesaria y estimulante.
Funciones y recursos adicionales:
- El Met programó varias funciones de la ópera, con al menos una transmisión en cines en alta definición para ampliar el alcance.
- La partitura incorpora instrumentos no habituales en la ópera clásica, destacando la presencia de la marimba como timbre recurrente.
- La escenografía toma inspiración directa de la pintura de Kahlo "Tree of Hope, Remain Strong" y propone símbolos que remiten al cuerpo y la herida.
Si la ópera tiene éxito en su recepción pública y crítica, podría abrir camino a nuevas obras que dialoguen con la iconografía latinoamericana sin caer en reduccionismos, y que permitan a las grandes casas de ópera repensar su repertorio con miradas más diversas y actuales.
