Cuando la solemnidad encuentra la polémica: el snorkel 'VIP' sobre el USS Arizona y la gestión pública en entredicho
El episodio del director del FBI en Pearl Harbor reaviva debates sobre protocolo, respeto a lugares sagrados y uso de recursos oficiales
El pasado verano, una visita oficial a Hawai por parte del director del FBI incluyó una actividad que encendió la polémica: un paseo acuático alrededor del USS Arizona, el acorazado hundido en Pearl Harbor que hoy funciona como monumento y tumba para cientos de marineros y marines. La información, difundida tras la obtención de correos oficiales, provocó preguntas sobre protocolos, transparencia y la conveniencia de mezclar gestos institucionales con actividades que muchos consideran inadecuadas en un sitio con peso histórico y simbólico.
El lugar y su carga histórica
El USS Arizona Memorial conmemora el ataque japonés del 7 de diciembre de 1941, un hecho que costó la vida a más de 2.400 personas en conjunto y que marcó la entrada definitiva de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. El propio acorazado Arizona alberga los restos de más de 900 tripulantes en su interior, razón por la cual el área se considera un cementerio y lugar sagrado para muchos estadounidenses y familiares de quienes allí perecieron. El Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos administra el memorial en coordinación con la Marina. Según datos oficiales del National Park Service, el monumento recibe casi dos millones de visitantes al año en condiciones normales (fuente: https://www.nps.gov/valr/index.htm).
¿Qué ocurrió y por qué genera controversia?
La polémica se centra en que un evento descrito en correos oficiales como un “VIP snorkel” incluyó la participación del director del FBI. Aunque autoridades militares han reconocido que ciertas inmersiones o recorridos acuáticos han sido permitidos a lo largo del tiempo para dignatarios y personal militar con responsabilidades relacionadas al memorial, pocas veces se documenta —y menos aún se hace público— que un funcionario de la agencia de investigación federal participe en una actividad de ese tipo en un sitio que es, ante todo, una tumba submarina.
El debate no es sólo sobre el acto en sí, sino sobre la transparencia. Oficiales del FBI y la Marina describieron la visita como parte de compromisos oficiales y señalaron que se brindaron indicaciones a los participantes para no tocar el casco ni la estructura, recordando la solemnidad del lugar. Sin embargo, críticos sostienen que la falta de divulgación completa y las dudas sobre cómo se coordinó la actividad revelan un patrón de mezclar viajes oficiales con gestos de ceremoniosa exclusividad.
Respeto, excepción y precedentes
Desde al menos la administración Obama, según fuentes que trabajaron con el memorial, se han permitido en casos excepcionales inmersiones o recorridos para ciertas autoridades y personal con responsabilidades directas sobre la conservación y operación del sitio. Estos permisos han sido raros y generalmente vinculados a labores de supervisión, investigación arqueológica o interment —es decir, actos para rendir sepultura a restos de sobrevivientes que así lo solicitaron.
No obstante, profesionales vinculados a la conservación subacuática han señalado que permitir buceos o snorkel para visitantes ajenos a tareas técnicas o científicas implica riesgos físicos y logísticos, y plantea desafíos de seguridad. Un exbuceador gubernamental entrevistado por fuentes periodísticas señaló que es inusual conceder este tipo de acceso a personas que no estén directamente vinculadas con la administración o la investigación del memorial.
El ángulo ético: ¿lugar sagrado o atractivo turístico?
Para muchos familiares de los fallecidos y para veteranos, el USS Arizona es un lugar de duelo y recuerdo; para otros, la posibilidad de conocer el casco desde el agua es una experiencia íntima que ayuda a comprender la magnitud del suceso histórico. Hack Albertson, veterano de la Marina y miembro de un grupo de veteranos parapléjicos entrenados para revisar el estado del pecio, lo resumió con dureza: «Es como hacer una despedida de soltero en una iglesia. Esto es terreno sagrado; debe tratarse con la solemnidad que merece.»
Paralelamente, hay familiares que no objetan las visitas oficiales e incluso expresan curiosidad sobre protocolos que les permitan alguna vez acceder bajo supervisión. Deidre Kelley, presidenta nacional de los Sons and Daughters of Pearl Harbor Survivors, expresó que no había escuchado objeciones masivas a las visitas esporádicas de funcionarios, aunque reconoció que la percepción puede variar entre generaciones.
Transparencia y uso de recursos públicos
El episodio se inscribe en una discusión más amplia sobre el uso de recursos oficiales y la frontera entre viajes de trabajo y actividades privadas o ceremoniales. Durante el último año, la figura del director en cuestión ha sido objeto de escrutinio por viajes internacionales, el uso de la aeronave oficial y eventos que algunos críticos consideran mezclar lo laboral con lo recreativo.
Cuando los límites entre lo protocolar y lo personal no quedan claros, surgen problemas de confianza pública. La ciudadanía espera explicaciones sobre quién autorizó el acceso, con qué criterios se seleccionaron a los invitados y qué controles existieron para garantizar respeto y seguridad. La ausencia de respuestas concretas alimenta la sospecha de que ciertos privilegios se manejan con una discrecionalidad poco compatible con la rendición de cuentas.
Seguridad, logística y riesgos
Diversos especialistas en inmersión y conservación subacuática subrayan que cualquier actividad alrededor de un pecio antiguo requiere medidas específicas: evaluación de corrientes, control de la estructura para evitar desprendimientos, equipo adecuado, tiempos de inmersión limitados y personal de apoyo entrenado para rescates. Además, al tratarse de un cementerio, existen consideraciones legales y éticas respecto al trato de los restos humanos y la preservación del sitio.
Permitir un snorkel “VIP” sin que la actividad esté claramente enmarcada en labores científicas o administrativas puede poner en riesgo tanto a los participantes como al propio monumento, si no se siguen protocolos estrictos.
Lecciones para la gestión pública
Este episodio deja varias enseñanzas relevantes para administraciones públicas y militares:
- Claridad en criterios: Si se van a autorizar excepciones, deben existir reglas transparentes sobre quién califica, por qué y bajo qué condiciones.
- Comunicación pública: La divulgación oportuna y completa evita especulaciones y demuestra responsabilidad institucional.
- Respeto histórico y ético: Los lugares con carga simbólica requieren un tratamiento preferente que priorice la memoria sobre la satisfacción de experiencias personales.
- Protocolos de seguridad estrictos: Cualquier actividad debe contar con planes de contingencia y personal cualificado.
Una discusión pública necesaria
Más allá de la figura individual involucrada, la controversia reabre un debate sobre cómo las instituciones equilibran la gestión de patrimonios históricos con las demandas de representación institucional y visitas oficiales. También plantea preguntas sobre el acceso de familiares y de la sociedad en general a lugares que, por su naturaleza, no deben convertirse en escenarios de exclusividad.
La memoria colectiva y el respeto a las tumbas de guerra no son sólo asuntos ceremoniales: condicionan la confianza en las instituciones encargadas de custodiar el pasado y velar por la dignidad de quienes allí descansan. Mantener esa confianza requiere normas claras, comunicación honesta y, sobre todo, un sentido de prioridad hacia la propia memoria histórica.
Al final, el caso del snorkel «VIP» sobre el USS Arizona es más que una anécdota: es un recordatorio sobre la fragilidad del equilibrio entre protocolo, privilegio y respeto, y sobre la importancia de que los gestores públicos actúen con transparencia cuando sus decisiones tocan símbolos nacionales.
