El misterio en alta mar: 40 migrantes desaparecidos y la búsqueda sin fin de sus familias
Cuando la travesía hacia el sueño estadounidense se convierte en tragedia, comunidades, ONG y autoridades enfrentan un laberinto de riesgos, impunidad y certezas incompletas
El 24 de diciembre de 2024, 40 personas —hombres, mujeres y niños procedentes de Cuba, Honduras y Ecuador— abordaron pequeñas embarcaciones en la costa del Pacífico mexicano con la esperanza de llegar a Estados Unidos. Para muchas de sus familias, esa llamada final anunciando la salida fue la última vez que supieron de sus seres queridos.
El escenario: una ruta marítima cada vez más usada y más mortal
La ruta marítima que parte desde puertos de Centroamérica y la costa sur de México hacia Salina Cruz o Huatulco, en Oaxaca, ha ganado protagonismo en los últimos años entre redes de traficantes y personas migrantes que buscan evitar controles terrestres. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) registra que, desde 2014, 11.475 personas han desaparecido o muerto en la ruta desde Sudamérica hacia Estados Unidos, y más de la mitad de esos casos ocurrieron en México. Esos datos, compilados en el proyecto Missing Migrants de la OIM, evidencian una crisis humanitaria constante en la que el mar se ha vuelto escenario de tragedias repetidas (fuente: OIM, Missing Migrants Project).
Los puntos de embarque identificados por la OIM incluyen puertos y caletas como Puerto de Ocós (Guatemala) y, en la costa chiapaneca, Puerto Madero, San José, Barra de Zacapulco y Paredón. Desde ahí, las embarcaciones suelen repostar y luego dirigirse a costas oaxaqueñas, donde los migrantes continúan su trayecto por tierra. Estas rutas, muchas veces controladas por redes criminales, combinan la desesperación de las personas que huyen de la pobreza o la persecución con la impunidad de quienes lucran con su tránsito.
Historias que explican números: familias en la búsqueda
El relato de Elianis Caridad Morejón Pérez, una joven cubana que llamó a su madre desde San José El Hueyate el 24 de diciembre, ilustra la experiencia de miles: un teléfono, un chaleco salvavidas, la partida nocturna. Su madre, Isis Pérez, viajó a Chiapas meses después para rastrear pistas en el pueblo y la costa, acompañada de otros parientes de desaparecidos. Los testimonios recogen la dificultad de obtener información veraz: comerciantes, pescadores y lugareños recuerdan movimiento de vehículos y embarcaciones, pero pocos o ningún testimonio concreto sobre el destino final de las personas.
Óscar Hernández, un hondureño que buscó a su hermano en San José El Hueyate, resume el dolor compartido: "Vivimos en tormento y angustia; no sabemos si están vivos ni dónde buscarlos". Ese sentimiento es común entre las familias que, pese a la distancia y la falta de recursos, no renuncian a la búsqueda.
Operaciones de rescate y medidas oficiales: límites y logros
Entre julio y noviembre de 2025, la Marina de México reportó el rescate de 22 migrantes, seis de ellos tras naufragios en alta mar y 16 en tierra antes de zarpar desde Chiapas. En respuesta a estas tragedias, las autoridades mexicanas anunciaron, en marzo, el incremento de la vigilancia en alta mar en colaboración con Guatemala para combatir tanto el narcotráfico como el tránsito irregular de personas.
Sin embargo, aumentar la vigilancia no siempre se traduce en una reducción de los riesgos. Las embarcaciones de los contrabandistas son pequeñas, rápidas y difíciles de detectar, y muchas salidas ocurren desde caletas aisladas con poca presencia estatal. Además, las políticas migratorias de los Estados Unidos pueden incentivar salidas precipitadas: la búsqueda de una ventana de oportunidad antes de cambios en las reglas de admisión o deportación es un motor poderoso para quienes toman decisiones extremas.
Factores que empujan a la gente al mar
- Económicos: la falta de trabajo y condiciones básicas en países de origen empuja a migrantes a arriesgar todo por mejores condiciones.
- Políticos y sociales: la represión, la violencia y la persecución —por motivos políticos o por delincuencia organizada— fuerzan desplazamientos.
- Expectativas frente a políticas migratorias: el temor a un endurecimiento de las leyes o a un aumento de deportaciones motiva a quienes ven una franja temporal para cruzar.
El papel de las redes de tráfico y la falta de rendición de cuentas
Las rutas marítimas están parcialmente en manos de traficantes que operan con impunidad. Las redes organizadas suelen aprovechar la corrupción, la falta de recursos en cuerpos de seguridad locales y la fragmentación de jurisdicciones entre municipios, estados y países para actuar con relativa libertad. La combinatoria entre una demanda desesperada por migrar y la oferta criminal genera un entorno en el que las tragedias son previsibles.
Además, la investigación de desapariciones en el mar enfrenta obstáculos legales y prácticos: sin restos localizados, con testigos que a menudo temen declarar y con limitaciones técnicas para la búsqueda oceanográfica, las carpetas de investigación se enfrían. En muchos casos, las familias requieren apoyo de organizaciones civiles para mantener el pulso de la búsqueda y la presión mediática.
Respuestas de la sociedad civil: búsqueda, acompañamiento y presión
Organizaciones como la Red Regional de Familias Migrantes y colectivos locales desempeñan un papel central. Ana Enamorado, coordinadora de una de estas agrupaciones, señala que la búsqueda por mar es «exponencialmente más difícil» que la búsqueda terrestre. Estas organizaciones organizan brigadas, documentan trayectos, recaban testimonios y ofrecen apoyo psicológico y legal a las familias.
Además, las iniciativas de documentación intentan crear memorias y bases de datos que faciliten la búsqueda a largo plazo. Los proyectos colaborativos entre ONGs, periodistas y universidades han aportado luz sobre patrones de tráfico y puntos críticos, aunque con frecuencia enfrentan limitaciones presupuestarias.
Qué se puede hacer: propuestas realistas y medidas urgentes
- Cooperación regional de búsqueda y rescate: ampliar la coordinación entre guardacostas y marinas de México, Guatemala y países vecinos para disponer de recursos de rastreo y respuesta rápida.
- Protección a testigos y denunciantes: mecanismos de resguardo para pescadores y lugareños que aporten información que pueda conducir al paradero de embarcaciones o redes de tráfico.
- Investigación forense y rastreo marítimo: inversión en tecnología de detección y en capacidades forenses para identificar restos cuando aparecen y vincularlos a casos abiertos.
- Atención integral a familias: acompañamiento legal, psicológico y logístico para quienes buscan a seres queridos desde otros países.
- Políticas migratorias humanas: estrategias que reduzcan la necesidad de rutas peligrosas mediante vías seguras y procesos migratorios previsibles.
Voces que siguen reclamando respuestas
La determinación de las familias que emprendieron viajes a Chiapas en busca de respuestas revela que la búsqueda humana no termina con la desaparición. «Nos vamos con el corazón pesado, pero no dejamos la esperanza; les pedimos a todos que nos ayuden a encontrarlos», dijo Isis Pérez, madre de Elianis. Esa petición de ayuda no solo interpela a autoridades locales y nacionales, sino también a la comunidad internacional, organizaciones y medios que pueden amplificar la búsqueda y exigir transparencia en las investigaciones.
Mientras tanto, la cifra de la OIM y los testimonios dispersos siguen siendo recordatorios crudos: el mar no solo separa geografías, también separa certezas. Para las familias de los 40 desaparecidos y las miles de otras, encontrar respuestas es un acto de justicia y memoria. Exigir más recursos, cooperación y voluntad política para prevenir, buscar e investigar no es solo una demanda técnica: es un reclamo ético por vidas que merecen ser encontradas y por historias que no deben perderse en el olvido.
Si bien las soluciones no son fáciles ni inmediatas, la combinación de presión social, colaboración internacional y políticas que aborden las causas estructurales de la migración puede reducir la recurrencia de estas tragedias. Hasta entonces, la búsqueda continúa, sostenida por familiares que no renuncian a la esperanza y por organizaciones que transforman el dolor en acción.
