Hawái redefine a las corporaciones para frenar el ‘dark money’: un experimento legal con alcance nacional

Una ley pionera busca limitar la influencia corporativa en elecciones tras Citizens United; expertos y opositores anticipan batallas judiciales

Hawái acaba de aprobar una ley que intenta, mediante una fórmula jurídica poco habitual, sacar a las corporaciones y a las fuentes opacas de financiación —el llamado “dark money”— del juego electoral. La norma, firmada por el gobernador demócrata y con entrada en vigor prevista para el 1 de julio de 2027, redefine el concepto de corporación en el contexto del gasto político para impedir que esas entidades financien campañas o anuncios electorales.

¿Qué cambia realmente la ley?

En esencia, la medida no prohíbe la existencia de corporaciones ni limita su actividad económica; lo que hace es redefinir legalmente qué debe entenderse por "corporación" a efectos del financiamiento electoral. Al hacerlo, pretende excluir a muchas entidades con fines de lucro —y a estructuras intermedias que canalizan recursos— del derecho a financiar de forma ilimitada anuncios políticos y otras formas de gasto indirecto.

Se trata de una vía alternativa frente a la senda tradicionalmente usada por reguladores: en lugar de intentar imponer restricciones directas sobre el gasto (lo que choca con la doctrina constitucional vigente desde Citizens United v. FEC), Hawái opta por cambiar la definición legal de quién puede considerarse sujeto con derecho a ese gasto. Es una estrategia pensada para sortear las limitaciones del fallo del Tribunal Supremo de EE. UU. de 2010, que abrió la puerta al gasto corporativo independiente en elecciones.

Contexto histórico y cifras que explican la urgencia

El fallo Citizens United (2010) tumbó restricciones federales sobre gastos electorales independientes de corporaciones y sindicatos, siempre y cuando no consistieran en donaciones directas a campañas. Desde entonces, el terreno del financiamiento político cambió radicalmente: organizaciones sin obligación de revelar sus donantes (las llamadas dark money) han crecido en influencia y volumen.

Según el grupo de vigilancia OpenSecrets, en las elecciones federales de 2024 se registraron más de 4.000 millones de dólares en gasto externo —es decir, fuera de las campañas oficiales—, casi 12 veces más que en 2008. Por su parte, el Brennan Center for Justice contabilizó un récord de alrededor de 1.900 millones de dólares procedentes de entidades que no requieren revelar a sus donantes durante ese mismo ciclo electoral.

Estas cifras ayudan a entender por qué hay urgencia: el dinero oscuro no solo infla el gasto publicitario, sino que puede condicionar agendas públicas sin que los votantes sepan quién financia los mensajes.

Apoyos y críticas: una disputa que irá a los tribunales

La ley de Hawái ha recibido aplausos de grupos progresistas y de expertos que diseñaron la estrategia legal. Tom Moore, investigador sénior del Center for American Progress, declaró: "Hawái está dando un paso valiente y audaz para sacar el dinero corporativo y oscuro de la política estadounidense. Enviará un mensaje poderoso que se escuchará a través del Pacífico y del continente". (fuente: declaraciones públicas del Center for American Progress).

No obstante, la medida también enfrenta críticas institucionales dentro del propio estado. La oficina de la fiscal general de Hawái, Anne López —quien milita igualmente en el Partido Demócrata— expresó objeciones, señalando que la ley será difícil y costosa de defender en tribunales. Esa preocupación es compartida por abogados constitucionalistas que advierten que cualquier intento de limitar el gasto político de entidades privadas puede chocar con la protección de la libertad de expresión que el Tribunal Supremo ha interpretado para incluir el gasto independiente.

En paralelo, en Montana un grupo de voluntarios recoge firmas para someter a referéndum estatal una propuesta de alcance similar en las elecciones programadas para noviembre, lo que demuestra que la iniciativa ha inspirado movimientos fuera de Hawái.

¿Por qué Hawái y por qué ahora?

La elección de Hawái no es casual. El estado ha mostrado en años recientes una disposición a experimentar en materia de regulación electoral y transparencia pública. Además, el impacto del dinero oscuro en campañas locales y en decisiones de política pública ha provocado alarma en legisladores y activistas que buscan recuperar la trazabilidad del financiamiento político.

Otra razón práctica es la oportunidad política: con legislaturas estatales que controlan los tiempos de redacción y la puesta en marcha, un Estado puede ensayar estrategias jurídicas que, si sobreviven a desafíos, sirvan de modelo para replicarlas en otros territorios. Esa es, precisamente, la intención declarada por algunos impulsores: que Hawái funcione como laboratoria legal.

Implicaciones nacionales e internacionales

Si la ley resiste los recursos judiciales y sus pilares terminan aceptándose en instancias superiores, el precedente sería relevante a nivel nacional. Cambiar la forma en que se define a las corporaciones en el contexto electoral podría abrir nuevas vías regulatorias para limitar determinados tipos de gasto sin recurrir a prohibiciones directas que, hasta ahora, han sido anuladas por la Corte Suprema.

En el plano internacional, el debate sobre transparencia y financiación política también atañe a la percepción democrática: la presencia de dinero anónimo en campañas erosiona la confianza ciudadana. Según un informe de International IDEA de 2021, la falta de transparencia en el financiamiento de partidos y campañas es una de las principales causas de desconfianza en los sistemas democráticos en todo el mundo.

Posibles escenarios legales

  1. Confirmación judicial: los tribunales estatales y federales validan la redefinición legal adoptada por Hawái, estableciendo un precedente para otros estados.
  2. Anulación por vía constitucional: los tribunales concluyen que la medida vulnera la Primera Enmienda (libertad de expresión) al prohibir el gasto independiente de ciertas entidades, y la norma queda sin efecto.
  3. Compromiso intermedio: los tribunales aceptan partes de la ley y bloquean otras, obligando a enmiendas y a una disputa prolongada que termine en el Tribunal Supremo.

Expertos legales advierten que lo más probable es una batalla prolongada que puede llegar, eventualmente, a la Corte Suprema de EE. UU. La complejidad reside en que la estrategia de Hawái no impone una prohibición frontal sino que reconfigura la categoría jurídica a la que se aplican ciertas protecciones; sin embargo, la Sala Suprema ha mostrado en el pasado predisposición a proteger el gasto político independiente como forma de expresión.

¿Qué pueden esperar los votantes y activistas?

Para los ciudadanos preocupados por la influencia de intereses corporativos, la ley supone una señal de que hay alternativas creativas a las reformas constitucionalmente inviables en el corto plazo. Para los activistas, es un llamado a la acción: replicar, mejorar y preparar defensas jurídicas y comunicacionales que expliquen por qué la medida busca fortalecer la transparencia democrática.

Para los opositores y sectores empresariales, la respuesta será litigar y movilizar opinión pública para señalar riesgos a la libertad de expresión y a la seguridad jurídica.

Reflexión final

El experimento hawaiano abre un debate central: ¿cómo equilibrar la libertad de expresión con la necesidad de proteger procesos electorales de influencias opacas? Las cifras recientes sobre gasto externo y dark money —con miles de millones de dólares involucrados en elecciones federales— muestran que la presión por nuevas soluciones va en aumento. Queda por verse si la audacia legislativa de un estado insular será la chispa que impulse una reforma más amplia o si, por el contrario, el entramado constitucional estadounidense impedirá cambios de fondo hasta una eventual revisión de doctrina por parte del más alto tribunal.

Mientras tanto, la discusión ya no es solo legal: es política y cultural. Limpiar la política del dinero secreto exige tanto herramientas jurídicas innovadoras como movilización ciudadana y transparencia informativa para que los votantes sepan quiénes financian los mensajes que reciben en campaña.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press