Caminar otra vez por Dexter Avenue: generaciones que reactivan la lucha por el voto en Estados Unidos
Desde Selma hasta Montgomery: cómo una nueva movilización rememora 1965 y enfrenta decisiones judiciales recientes que amenazan la representación
En una mañana clara en Montgomery, Alabama, decenas de activistas de varias generaciones descendieron de autobuses para recorrer parte de la ruta histórica que culminó en Dexter Avenue en 1965. Lo que para muchos fue un acto de memoria se convirtió, para otros, en un acto de reafirmación: la defensa del derecho a una representación política efectiva ante cambios legales y demográficos que, según muchos participantes, erosionan las conquistas obtenidas hace décadas.
Un pasado que no se olvida
El Movimiento por los Derechos Civiles alcanzó un punto decisivo en 1965, cuando miles de personas se movilizaron desde Selma hasta Montgomery para exigir el fin de las barreras que impedían el voto a la población negra: pruebas de alfabetización, impuestos de votación y otras prácticas discriminatorias. Aquella movilización —tras episodios de violencia y represión, como el llamado "Bloody Sunday" del 7 de marzo de 1965 en el puente Edmund Pettus— empujó al Congreso a aprobar la Ley de Derechos Electorales (Voting Rights Act), firmada por el presidente Lyndon B. Johnson el 6 de agosto de 1965. Al firmar la ley, Johnson afirmó: "This is the time for all of us to work to make a living democracy" (National Archives and Records Administration).
La aprobación de la Ley de Derechos Electorales significó la eliminación de muchos obstáculos legales que afectaban de manera desproporcionada a ciudadanos negros y otras minorías, y estableció mecanismos federales para supervisar cambios en las normas electorales de estados y condados con antecedentes de discriminación.
De la conmemoración a la movilización
Los organizadores de la caravana que llegó a Montgomery en la jornada más reciente describieron su iniciativa como una continuidad de esa tradición de presencia física en los lugares que marcaron hitos de la lucha. Hubo participantes de distintas edades: desde personas que vivieron la era de la Ley de 1965 hasta jóvenes nacidos en la era de Barack Obama. Para muchos, la marcha no fue solo recuerdo sino advertencia.
Activistas señalaron que una decisión reciente del Tribunal Supremo de Estados Unidos, en la que una mayoría de jueces consideró que la mera consideración de la raza al trazar distritos electorales puede constituir discriminación, ha debilitado herramientas que antes se empleaban para asegurar una representación justa. Los críticos sostienen que ese criterio ha facilitado nuevas estrategias de redistritación (gerrymandering) que dispersan concentraciones demográficas de votantes negros, reduciendo sus posibilidades de elegir representantes que reflejen sus intereses.
Generaciones que convergen
El panorama en Montgomery mostró diálogos intergeneracionales: veteranas que recordaban las humillaciones y las barreras que vivieron sus padres y abuelos; activistas de mediana edad que llevan años organizando campañas; y jóvenes cuya primera referencia electoral puede ser la elección de Barack Obama en 2008. Ese cruce de vivencias alimentó conversaciones sobre qué significa hoy la participación política y cómo traducir la experiencia histórica en estrategias efectivas frente a los desafíos legales y técnicos contemporáneos.
Una de las lecciones que surgió de los intercambios fue la importancia de no entender el derecho al voto únicamente como el "derecho a marcar una boleta", sino como la capacidad real de elegir representantes que comprendan y atiendan las necesidades de comunidades históricamente marginadas. La discusión recupera la distinción entre el acceso formal al sufragio y la calidad de la representación —un tema recurrente en la literatura sobre democracia representativa.
El papel de la organización política moderna
Las caravanas y apoyos logísticos para llegar a Montgomery fueron facilitados por organizaciones contemporáneas dedicadas a la movilización electoral y la defensa de derechos, algunas surgidas en la última década con modelos de organización y financiación distintos a los de los años sesenta. El activismo digital, la coordinación de transporte y la capacitación de voluntarios son signos de una infraestructura política que combina herramientas tradicionales con nuevas tecnologías.
Figuras políticas y redes de base, como las impulsadas en Georgia por líderes que han trabajado para combatir la supresión del voto y aumentar la participación, siguen jugando un papel central. Quienes organizan enfatizan que la movilización en la calle debe complementarse con esfuerzos sostenidos: registro de votantes, educación cívica, litigio estratégico y presión legislativa donde sea posible.
Decisiones judiciales, demografía y representación
La relación entre las decisiones del Tribunal Supremo y las prácticas de redistritación es compleja. En años recientes, fallos que limitan la consideración de la raza al delinear distritos han obligado a las cortes y a los legisladores estatales a replantear cómo equilibrar la igualdad formal con la necesidad de que minorías con identidades raciales o étnicas compactas puedan lograr representación efectiva.
Estudios demográficos muestran que, en muchas áreas urbanas y suburbanas, la población negra suele votar mayoritariamente por candidatos demócratas; por tanto, la dispersión de esas mayorías en mapas electorales puede traducirse directamente en la pérdida de escaños representativos. Según el Pew Research Center, en las elecciones presidenciales recientes, un porcentaje abrumador de votantes negros ha apoyado al candidato demócrata (por ejemplo, en 2020 el 87% de votantes negros respaldó a Joe Biden), lo que demuestra la correlación entre identidades raciales y preferencias partidarias en el electorado estadounidense (Pew Research Center, 2021).
Memoria, identidad y futuro
Para muchos asistentes a la movilización, Moore, Odom y otros, la visita a lugares simbólicos como Dexter Avenue no fue un ejercicio romántico sino un recordatorio de que los avances requieren vigilancia constante. Como recordó una participante veterana al evocarse los tiempos de segregación y los sacrficios de sus mayores, el progreso no es lineal: se avanza, llega la reacción y hay que volver a consolidar derechos.
La presencia de diferentes comunidades —descendientes de personas esclavizadas, inmigrantes recientes, indígenas— demuestra que la lucha por una representación efectiva no es exclusiva de un grupo: convergen aquí trayectorias diversas que buscan el cumplimiento de las promesas formales de la república. En palabras de una de las participantes: “Queremos ser tratados como personas con los mismos derechos y oportunidades que el país ha prometido”, una afirmación que, más que reivindicar privilegios, apela al cumplimiento de obligaciones democráticas.
Estrategias de acción y enseñanza para la próxima generación
Las conversaciones en Montgomery destacaron varias acciones concretas necesarias para enfrentar los desafíos actuales: fortalecer la alfabetización cívica entre jóvenes votantes; crear redes legales que contesten mapas injustos; promover leyes estatales que establezcan comisiones independientes de redistritación; y mantener la movilización comunitaria cuando surgen decisiones judiciales adversas.
Además, la experiencia demostró que las ceremonias de memoria pueden y deben convertirse en plataformas pedagógicas: enseñar la historia local (por ejemplo, la importancia de Selma y Montgomery en 1965), explicar cómo funcionan las instituciones electorales hoy y mostrar a las nuevas generaciones que la acción colectiva ha sido históricamente la herramienta para generar cambios institucionales.
En un contexto en el que las normas legales y las prácticas políticas evolucionan, la confluencia de memoria y acción se presenta como una vía para asegurar que los logros del pasado no se disuelvan ante nuevas maniobras políticas o decisiones jurídicas. La movilización reciente en Montgomery es, así, tanto un acto de homenaje como un llamado a la continuidad organizativa: recordar para reorganizar, con la vista puesta en permitir que las futuras generaciones ejerzan no solo el voto, sino la posibilidad real de ser representadas.
Mientras los autobuses regresaban a sus ciudades de origen, muchos participantes coincidieron en un punto simple y potente: la historia no termina en un monumento. Se construye cada vez que alguien decide presentarse, registrar a un vecino, asistir a una reunión y exigir mapas electorales que respeten la voz de las comunidades. La lección de Montgomery —y de 1965— permanece: la democracia requiere empeño constante, y cada generación tiene la responsabilidad de defenderla.
