Un nuevo capítulo en el comercio agrícola entre EE. UU. y China: ¿alivio real para los agricultores estadounidenses?
Acuerdos para reabrir mercados de carne y pollo y compromisos de compra ponen en juego la recuperación de exportaciones agrícolas tras la guerra arancelaria
La reciente visita del presidente Donald Trump a Pekín y los acuerdos anunciados entre Washington y Beijing han reactivado esperanzas en el campo estadounidense. China aceptó aumentar compras de productos agrícolas de EE. UU., incluidos carne de res y pollo, a un ritmo anualizado anunciado de 17.000 millones de dólares por año para 2026 y mantener ese nivel durante 2027 y 2028, según comunicados de la Casa Blanca. Pero, ¿qué tan sólido es este avance y qué significa realmente para los agricultores que sufrieron la guerra comercial?
Un contexto de pérdidas y reconfiguración de mercados
La relación comercial entre Estados Unidos y China en materia agrícola sufrió un vuelco a partir de las tensiones arancelarias iniciadas por la administración Trump en 2018–2019. China redujo drásticamente sus importaciones de productos agrícolas estadounidenses y diversificó sus fuentes hacia Brasil, Argentina y otros proveedores. Los datos oficiales del Departamento de Agricultura de EE. UU. (USDA) muestran que las importaciones chinas de bienes agrícolas estadounidenses pasaron de un máximo de 38.000 millones de dólares en 2022 a apenas 8.000 millones en 2025. Estas cifras incluyen compras de soja que en 2022 sumaron casi 18.000 millones y cayeron a 3.000 millones en 2025 (fuente: USDA).
Para muchos productores, en particular los sojeros, la pérdida de acceso a ese mercado significó caídas dramáticas de precios y la búsqueda urgente de mercados alternativos. La soja ha sido durante años el principal producto de exportación agrícola a China, usado masivamente en alimentación animal y biocombustibles. Las variaciones en la demanda china repercuten directamente en los ingresos de granjas en Estados como Iowa, Illinois y Minnesota.
¿Qué acordaron realmente ambos gobiernos?
Según la Casa Blanca, China se comprometió a restaurar el acceso al mercado para la carne de res estadounidense y a reanudar las importaciones de pollo procedente de estados certificados por el USDA como libres de influenza aviar. Además, ambas partes acordaron trabajar en la reducción recíproca de aranceles para una "gama específica de productos" y en resolver barreras no arancelarias que entorpecen el comercio agrícola.
El Ministerio de Comercio de China, por su parte, señaló que las dos partes buscarán “resolver o lograr un progreso sustancial” en asuntos relacionados con barreras no arancelarias y acceso al mercado. También se acordó crear juntas de comercio e inversión que, en teoría, funcionarían como foros para tratar temas comerciales no sensibles y para facilitar la inversión mutua.
Restauración de plantas exportadoras y el impacto en la cadena de suministro
Uno de los puntos concretos del acuerdo es la reapertura del mercado chino para cientos de plantas procesadoras de carne de res estadounidenses, incluidas plantas operadas por gigantes como Tyson y Cargill. China dejó expirar licencias de cientos de plantas en el apogeo de la disputa comercial, lo que provocó que las exportaciones de carne de res cayeran a menos de 500 millones de dólares en 2025, desde un pico de 2.14 mil millones en 2022 (datos USDA).
En el caso del pollo, las exportaciones estadounidenses a China bajaron a 286 millones de dólares en 2025, frente a más de 1.000 millones en 2022. La posibilidad de que Estados Unidos recupere presencia en estos mercados depende ahora de la rápida certificación de plantas, del reconocimiento de zonas libres de enfermedad (por ejemplo, la consideración de Shandong como zona libre de influenza aviar) y de la eliminación de otras trabas regulatorias que estaban vigentes.
¿Es suficiente el compromiso de compra de 17.000 millones anuales?
El número anunciado —17.000 millones de dólares anuales para 2026 y el mismo nivel en 2027 y 2028— es relevante porque sugiere la intención de volver a niveles significativos de comercio agrícola. No obstante, quedan preguntas sobre la composición exacta de esas compras (cuánto corresponderá a soja, carne, productos lácteos, etc.) y sobre la certidumbre real para los productores.
El acuerdo de octubre anterior entre Trump y Xi comprometió a China a comprar 12 millones de toneladas métricas de soja en el año de comercialización vigente y 25 millones de toneladas métricas para cada uno de los tres años siguientes. Aun con ese compromiso, los envíos reales han estado por debajo de los volúmenes históricos de 25–30 millones de toneladas que China adquiría en años previos. A 7 de mayo, las exportaciones de soja de EE. UU. a China acumulaban 10.9 millones de toneladas en la temporada, según datos del USDA, lo que sugiere que cumplir con compromisos más ambiciosos requeriría un aumento sostenido del ritmo de compras (fuente: USDA).
Factores que condicionan la efectividad del acuerdo
- Verificación y plazos. La restauración del acceso y la certificación de plantas lleva tiempo: inspecciones, aprobación de registros y normalización de protocolos sanitarios no suceden de la noche a la mañana.
- Confianza y cumplimiento. Históricamente, los compromisos de compra entre países pueden verse afectados por cambios de política interna, variaciones en los precios internacionales y consideraciones geopolíticas.
- Competencia internacional. China ya diversificó sus fuentes: Brasil y Argentina incrementaron sus exportaciones de soja y carne, consolidando relaciones comerciales que no se recuperarán inmediatamente.
- Factores externos. Conflictos o problemas logísticos globales —por ejemplo, la alteración del tráfico por el Estrecho de Ormuz o alzas en los precios de fertilizantes— impactan la rentabilidad y la producción agrícola.
Perspectivas para los agricultores y la cadena alimentaria
Para los productores estadounidenses, cualquier aumento en la demanda china sería bienvenido: brinda espacio para mejorar precios y reducir la dependencia de mercados secundarios. Scott Metzger, presidente de la American Soybean Association, declaró que la asociación busca "compras adicionales de soja en este año de comercialización, así como progreso continuo hacia el cumplimiento de compromisos futuros", subrayando que la certeza y consistencia en el mercado son cruciales para la toma de decisiones de los agricultores.
No obstante, los beneficios se materializarán gradualmente. Reabrir mercados puede significar recuperar parte de la cuota perdida, pero también habrá presión competitiva y la necesidad de invertir en cumplimiento sanitario y trazabilidad para mantener las ventas a largo plazo.
Implicaciones geopolíticas y económicas
Más allá del sector agrícola, el acuerdo apunta a una etapa de pragmatismo en la relación bilateral. La creación de juntas de comercio e inversión sugiere un intento por institucionalizar canales de diálogo que puedan evitar escaladas futuras y gestionar fricciones comerciales. Xi Jinping afirmó que la "puerta de oportunidad" de China se abriría más cuando se reunió con empresarios estadounidenses que acompañaron a Trump, señalando la intención de atraer inversiones y facilitar negocios conjuntos.
Sin embargo, las declaraciones políticas y los compromisos diplomáticos deben traducirse en hechos: licencias, certificaciones, tiempos de despacho y respeto a normas sanitarias. Si las medidas se implementan con transparencia y estabilidad, podrían contribuir a una recuperación sostenida de las exportaciones agrícolas estadounidenses. Si no, el anuncio podría quedarse en una medida más de mera retórica política.
Conclusión: prudencia optimista
El anuncio de 17.000 millones de dólares por año y la reapertura de mercados son señales positivas que alivian, al menos temporalmente, a agricultores y empresas exportadoras. Aun así, la historia reciente demuestra que la recomposición de mercados es un proceso que requiere tiempo, verificación y cumplimiento. Para que las promesas se conviertan en ingresos reales, será necesario que ambas partes cumplan con los plazos de certificación, eliminen barreras no arancelarias y mantengan un ritmo de compras coherente con los compromisos.
Mientras los productores esperan verdades en sus balances, los responsables políticos y las empresas deberán continuar trabajando en mejorar la resiliencia de las cadenas de suministro, diversificar mercados y fortalecer la capacidad de negociación internacional del sector agrícola estadounidense. En un mundo donde la seguridad alimentaria y la política económica están cada vez más entrelazadas, estos acuerdos constituyen un paso relevante, aunque no definitivo, hacia la reparación del viejo motor exportador que fue la agricultura estadounidense.