Billie Jean King: la victoria tardía que completa una vida de lucha por la igualdad

A los 82 años culmina su licenciatura en historia en Cal State LA, un hito simbólico que une deporte, educación y activismo

Billie Jean King no levantó la derecha en señal de triunfo por un punto en la cancha, sino por algo que durante décadas le había quedado pendiente: obtener un título universitario. A los 82 años la legendaria tenista y defensora de la igualdad caminó por el escenario del Shrine Auditorium en Los Ángeles y recibió su licenciatura en historia de California State University, Los Ángeles, acto que resonó tanto por su valor simbólico como por las demandas sociales que King ha encabezado a lo largo de su vida.

Un gesto con raíces profundas

La imagen de King con gafas rosa chillón y zapatillas azul real se convirtió en metáfora: la deportista que conquistó canchas y barreras ahora culmina una aspiración académica que había quedado interrumpida por la carrera profesional. En sus propias palabras, citadas por AP, “It’s never too late, whatever age you are, whatever your abilities are, go for it if you want it” (AP News), un mensaje cargado de esperanza y ejemplo para generaciones que debaten entre retomar estudios o priorizar otros caminos.

Contexto: por qué este título importa

El acto de graduación adquiere dimensiones que trascienden lo personal. King se matriculó originalmente en el campus en 1961, un año en el que su carrera deportiva comenzaba a proyectarse con la primera de las 20 coronas de Grand Slam que consolidarían su leyenda. En aquella época, las posibilidades de financiamiento para mujeres deportistas eran notablemente limitadas: King recordó que, mientras compañeros masculinos como Arthur Ashe y Stan Smith recibían becas, las mujeres apenas obtuvieron un vale de 45 dólares después de ganar un torneo en dobles. Ese contraste no solo marca una época, sino que explica por qué la culminación de su formación académica ahora tiene un peso político y cultural.

Cal State Los Ángeles es una universidad con una mayoría estudiantil hispana y latina, y King eligió completar allí sus estudios —en la universidad donde su estatua de bronce ya formaba parte del campus— como acto de reconocimiento y conexión con una comunidad diversa. Además, ella se convirtió en la primera de su familia inmediata en graduarse, un hecho que refleja las barreras históricas de acceso a la educación superior para muchas familias.

La educación como continuidad del activismo

La vida de Billie Jean King ha entrelazado logros deportivos con una lucha constante por la igualdad de género en el deporte y en la sociedad. Fue protagonista en la creación y consolidación del circuito profesional femenino, luchó por la equiparación de premios y protagonizó en 1973 el histórico partido conocido como “Battle of the Sexes” contra Bobby Riggs, que se convirtió en un símbolo de la batalla por el reconocimiento del deporte femenino.

Terminar la carrera universitaria es, por tanto, coherente con su trayectoria: más que un trofeo, el título es una reafirmación de su compromiso con el aprendizaje permanente y la inclusión. Como ella misma dijo tras la ceremonia, su esperanza es que “one other person will go back to school” (AP News), una invitación directa a quienes sienten que por edad o circunstancias ya no pueden retomar estudios.

Aprendizaje en diferentes eras

King subrayó otro contraste: la experiencia universitaria de los años sesenta frente a la educación de hoy. “It’s so much more virtual. Gosh, we had to be in class. I didn’t go all the time, but I loved talking to the professors and I loved learning,” comentó, recordando que entonces la presencialidad era la única opción y que, a pesar de sus viajes y obligaciones como tenista, valoraba el dialogo con docentes (AP News).

Hoy, la virtualidad y la flexibilidad permiten que estudiantes de todas las edades y con responsabilidades diversas accedan a programas universitarios. Según datos del National Center for Education Statistics de EE. UU., en la última década ha habido un incremento de la matrícula en educación continua y programas para adultos, impulsado por la oferta en línea y modalidades híbridas (NCES, 2021). Aunque la pandemia aceleró este fenómeno, las raíces de ese cambio se habían ido construyendo desde antes, y figuras como King ayudan a normalizar la decisión de volver a estudiar en cualquier etapa de la vida.

Un mensaje para el deporte y más allá

La ceremonia también ofreció momentos ligeros que humanizaron a la figura pública: cuando un bebé comenzó a llorar en la galería, King bromeó “Is it that bad?” y arrancó risas. En otro pasaje animó a la audiencia con un enérgico “¡Si se puede!”, expresión que en contextos laborales y sociales latinoamericanos se ha convertido en lema de perseverancia.

Además, King combinó la celebración académica con la celebración deportiva: acompañada por atletas estudiantes y la mascota de la universidad, lanzó pelotas de tenis autografiadas al público, un guiño a la conexión entre la cancha y el aula.

El valor simbólico frente a las cifras

Más allá de lo emotivo, la graduación de King permite reflexionar sobre desigualdades persistentes. En el deporte profesional contemporáneo, la brecha en remuneración entre géneros ha ido disminuyendo en algunos nichos pero persiste en otros. Por ejemplo, en tenis profesional, aunque torneos del Grand Slam han igualado premias monetarias desde 2007 en la mayoría de casos, todavía hay diferencias en contratos, patrocinios y exposición mediática que afectan los ingresos globales de las deportistas. Un informe del Women's Sports Foundation (2020) señalaba que las atletas reciben una fracción mínima de la inversión publicitaria y de patrocinio en comparación con los hombres, lo que impacta su capacidad para financiar carreras y, en muchos casos, estudios universitarios.

La historia de King ilustra cómo la falta de apoyo económico puede forzar decisiones difíciles: ella misma explicó que ser atleta estudiantil no equivalía a recibir beca en aquel entonces. Ese escenario llevó a muchas mujeres a sacrificar educación formal por oportunidades deportivas, o viceversa.

Aprender siempre: modelos a seguir

King admitió corregir biografías que mencionaban un título que aún no había conseguido. “I said, ‘Don’t ever say graduated, I haven’t earned it yet,’” relató, y finalmente celebró que ahora sí pueden indicar que ella se graduó (AP News). Cuando se le preguntó si consideraría un posgrado, respondió con naturalidad: citando otra figura pública que recientemente obtuvo una maestría, mencionó a Shaquille O'Neal y observó que “it’s wonderful to keep learning.”

Este tipo de actitudes —la curiosidad constante, la humildad de retomar estudios y el ejemplo público— tienen un efecto multiplicador. Investigaciones sobre aprendizaje a lo largo de la vida indican beneficios que van más allá de lo laboral: mejor salud mental, mayor participación cívica y redes sociales ampliadas (OECD, 2019).

Reflexión final: el poder de las segundas oportunidades

Aunque la expresión “segunda oportunidad” suele aplicarse a fracasos o desvíos, en el caso de Billie Jean King la oportunidad de completar su carrera se lee también como una reafirmación de principios: la educación no es un premio reservado a la juventud; la lucha por la igualdad se combina con el derecho a la formación; y el seguimiento de una vocación puede coexistir con la reconexión académica décadas después.

Para muchas personas—estudiantes no tradicionales, atletas que dejan la universidad por una carrera profesional, o adultos que desean actualizarse—la historia de King aporta un mensaje práctico y esperanzador: nunca es tarde para cerrar un ciclo y transformar una deuda personal en un acto público que inspire a otros.

Fuentes consultadas y citadas: AP News, cobertura sobre la graduación de Billie Jean King (https://apnews.com/hub/tennis); National Center for Education Statistics (NCES); Women's Sports Foundation; OECD.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press