PFAS en Bennington: cuando la contaminación perdura generación tras generación

Cómo PFOA procedente de instalaciones industriales sigue filtrándose en pozos privados, qué se está haciendo y por qué los residentes exigen más medidas de salud pública

Bennington, Vermont, enfrenta una crisis ambiental que ilustra la durabilidad y la complejidad de los contaminantes químicos modernos: las sustancias per- y polifluoroalquiladas, conocidas como PFAS, y un compuesto en particular, el PFOA (ácido perfluorooctanoico), continúan filtrándose en acuíferos y pozos privados décadas después del cierre de una fábrica que las utilizó en sus procesos.

El origen del problema y la evidencia científica

La fábrica ChemFab, que en su etapa final fue propiedad de Saint-Gobain Performance Plastics Corporation, produjo telas de fibra de vidrio recubiertas con Teflón hasta su cierre en 2002. Desde entonces, investigaciones locales, académicas y estatales han documentado la presencia persistente de PFOA en el suelo y en el agua subterránea de la región de Bennington y de la vecina Shaftsbury.

Un estudio colaborativo realizado entre profesorado y estudiantes de Bennington College y el Departamento de Conservación Ambiental de Vermont indicó que, entre 2016 y 2024, aproximadamente tres cuartas partes de los pozos privados analizados mostraron un aumento en los niveles de PFAS. Los datos también revelaron que, en la nueva zona de preocupación al sur de Bennington y en el sudeste de Shaftsbury, se detectaron concentraciones de PFOA de hasta ~60 partes por trillón (ppt), mientras que la mayoría de los pozos impactados presentaron entre 20 y 30 ppt. Estas cifras se comparan con el nuevo umbral del estado, establecido en 4 ppt para PFOA en la Regla de Protección de Aguas Subterráneas de Vermont.

Por qué esto importa: toxicidad y longevidad

Las PFAS son un amplio grupo de compuestos sintéticos caracterizados por fuertes enlaces carbono-flúor, lo que les confiere resistencia a la degradación. Eso explica por qué se les ha llamado “químicos para siempre”: permanecen en el ambiente y en organismos durante largos periodos. El PFOA, en particular, ha sido asociado por agencias internacionales con riesgos para la salud humana; por ejemplo, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) ha considerado al PFOA como un posible carcinógeno humano, con evidencia especialmente relacionada con el cáncer de riñón.

Además del potencial carcinógeno, estudios epidemiológicos han vinculado la exposición a PFAS con alteraciones en el sistema inmunológico, cambios en los niveles de colesterol, efectos en el desarrollo fetal y en la respuesta a vacunas, entre otros efectos. Esa combinación de persistencia, bioacumulación y evidencia toxicológica explica la preocupación generalizada en comunidades afectadas como Bennington.

Respuesta estatal y medidas inmediatas

Ante la detección de niveles preocupantes, el Departamento de Conservación Ambiental de Vermont está muestreando pozos privados dentro de la nueva área identificada. Hasta ahora el estado ha señalado alrededor de 250 pozos en la zona sur de Bennington y unos 50 en Shaftsbury que requieren evaluación, aunque no todas las casas han respondido al llamamiento para las pruebas.

Para las viviendas que superan la nueva norma estatal de 4 ppt, las autoridades han dispuesto medidas paliativas: suministro de agua embotellada y la instalación de sistemas de filtración certificados para remover PFAS. A mediano y largo plazo, la meta declarada por el estado es conectar los vecindarios afectados a la red de agua municipal libre de PFAS, un proyecto que ya estaba en marcha en algunas áreas mediante acuerdos previos con la empresa responsable.

Negociaciones, responsabilidades y compensaciones

Saint-Gobain, que adquirió la planta de ChemFab antes de su clausura, fue parte de un acuerdo de 2019 con el estado de Vermont para costear la mayor parte de la conexión de hogares a un abastecimiento público (Morgan Springs). Sin embargo, con la expansión del plomo de contaminación a nuevas áreas, la Agencia de Recursos Naturales ha pedido a la corporación que realice trabajos adicionales y actualmente mantiene negociaciones confidenciales con la empresa para definir responsabilidades y reparaciones complementarias.

La panorámica legal en el noreste de Estados Unidos muestra precedentes: en Hoosick Falls (Nueva York), empresas como Saint-Gobain, Honeywell y DuPont pagaron por acuerdos que superaron los 90 millones de dólares para la compensación económica y programas de vigilancia médica. Más cercano en tiempo, residentes de Bennington recibieron —a través de litigio— aproximadamente 34 millones de dólares para compensación financiera y monitorización médica en acuerdos recientes.

La demanda de pruebas sanguíneas y el debate científico

Uno de los puntos más delicados en la respuesta comunitaria es la petición de pruebas de sangre gratuitas para detectar PFAS en personas expuestas. En 2016 el estado apoyó exámenes sanguíneos en Bennington y North Bennington como parte de estudios para relacionar concentraciones en sangre con la exposición a agua contaminada. La intención de esos programas era generar datos que pudieran sustentar reclamos de responsabilidad y políticas de salud pública.

Sin embargo, en una decisión reciente el estado negó la solicitud del pueblo de Shaftsbury para financiar pruebas sanguíneas universales, aduciendo que las pruebas de PFAS en sangre no permiten predecir de forma individual si la exposición causará una enfermedad concreta ni identificar cuándo o cómo ocurrió la exposición. Julie Moore, entonces secretaria de la Agencia de Recursos Naturales, señaló que “PFAS está presente en la sangre de casi todos los estadounidenses, y una prueba sanguínea no determina que la exposición provocará problemas de salud”. Por su parte, el ayuntamiento de Shaftsbury respondió que esa posición desconoce la utilidad de los análisis como evidencia epidemiológica y como herramienta en procesos de reparación y vigilancia.

Los abogados que han trabajado casos similares sostienen que las pruebas sanguíneas han resultado valiosas en litigios para demostrar la relación entre la exposición y el perjuicio potencial, y para fundamentar demandas por monitoreo médico. No obstante, su costo y la complejidad logística para un programa masivo son factores que limitan su disponibilidad sin financiamiento estatal o acuerdos con las empresas responsables.

Impacto comunitario y la dimensión social

Más allá de los números, la contaminación por PFAS ha generado ansiedad, pérdida de confianza en instituciones y decisiones difíciles para familias que dependen de pozos privados. Muchos habitantes se enfrentan a alternativas temporales (agua embotellada, filtros) mientras se negocian soluciones definitivas que implican infraestructura costosa: la extensión de redes de agua pública.

David Bond, profesor e investigador involucrado en el estudio de Bennington College, sintetizó el sentimiento con una frase contundente: “PFAS es un desastre generacional, y apenas estamos empezando a comprender cómo responder a una crisis ambiental de esta escala y duración.” Esa afirmación subraya que la problemática no solo es técnica, sino histórica y ética: decisiones industriales de hace décadas condicionan la salud y el bienestar de comunidades actuales y futuras.

Lecciones y pasos a seguir

  1. Transparencia y comunicación: los residentes necesitan acceso claro a mapas de riesgo, resultados de laboratorio y cronogramas de mitigación. La confianza se reconstruye con información.
  2. Acceso equitativo a mitigación: medidas inmediatas (agua embotellada, filtros) y soluciones permanentes (conexión a agua pública) deben priorizarse según vulnerabilidad y exposición.
  3. Vigilancia sanitaria: aunque las pruebas sanguíneas universales plantean desafíos, programas dirigidos de monitorización médica y campañas informativas sobre riesgos y opciones de salud son esenciales.
  4. Responsabilidad corporativa y financiera: los acuerdos deben contemplar no solo infraestructura, sino fondos para salud pública y estudios científicos continuos.
  5. Investigación continua: el carácter persistente de las PFAS exige estudios longitudinales para entender efectos a largo plazo y evaluar eficacia de remediaciones.

El caso de Bennington es un recordatorio claro de que la contaminación industrial puede dejar legados que atraviesan generaciones. La combinación de ciencia, políticas públicas, litigios y acción comunitaria determinará si las promesas de reparación y prevención se concretan realmente. Mientras tanto, las familias afectadas seguirán esperando respuestas tangibles y medidas que protejan su salud y su derecho a un agua limpia.

Fuentes citadas: estudio colaborativo Bennington College–Vermont Department of Environmental Conservation (2016–2024), comunicaciones oficiales del Vermont Department of Environmental Conservation y del Vermont Agency of Natural Resources, información pública sobre acuerdos judiciales y reportes de salud pública (IARC sobre PFOA). Para lecturas adicionales sobre los efectos y la regulación de PFAS consulte publicaciones de la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. y revisiones científicas en revistas de salud ambiental.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press