Crecimiento mundial en jaque: cómo las crisis geopolíticas y la energía están moldeando la economía de 2026
El último informe de la ONU reduce las previsiones y advierte sobre inflación, choques energéticos y desigualdades regionales
La economía global encara un año más complicado. El informe World Economic Situation and Prospects de la Organización de las Naciones Unidas para mediados de 2026 ajusta a la baja sus previsiones de crecimiento y eleva las expectativas inflacionarias, en un contexto marcado por choques geopolíticos, alzas en los precios de la energía y perturbaciones en cadenas de suministro clave.
Un panorama general: cifras que preocupan
Según los economistas de la ONU, el producto interno bruto (PIB) mundial crecería un 2,5% en 2026, frente al 2,7% estimado en enero de 2026. Además, el informe advierte que, en un escenario más adverso, ese crecimiento podría caer hasta el 2,1%, una tasa que se ubicaría entre las más débiles de este siglo, fuera de las caídas relacionadas con la pandemia de COVID-19 y la crisis financiera global de 2008. Estas cifras subrayan una desaceleración notable en la dinámica económica global que exige atención urgente por parte de gobiernos y actores privados.
Inflación al alza: quiénes son los más afectados
La ONU proyecta que la inflación mundial aumentará hasta el 3,9% en 2026, 0,8 puntos porcentuales más de lo previsto a inicios del año. El incremento está estrechamente vinculado al encarecimiento de la energía y de los productos de refinería, fundamentales para la producción industrial y el transporte comercial. No obstante, el impacto será heterogéneo:
- Países desarrollados: la inflación se prevé que suba del 2,6% en 2025 al 2,9% en 2026, un aumento moderado pero relevante para bancos centrales que buscan equilibrar crecimiento y precios.
- Países en desarrollo: la inflación podría acelerarse del 4,2% al 5,2%, afectando con mayor dureza los ingresos reales y el poder adquisitivo de las poblaciones más vulnerables.
El efecto combinado de precios energéticos altos y encarecimiento del transporte e importaciones amenaza especialmente a economías con menor capacidad de amortiguamiento fiscal o reservas estratégicas.
El detonante energético: bloqueo del estrecho de Ormuz y el riesgo sistémico
Las tensiones en Oriente Medio, y en particular las respuestas y represalias que involucran rutas marinas críticas, han intensificado la volatilidad del mercado petrolero. Un hecho que ilustra el riesgo es el bloqueo temporal del estrecho de Ormuz, una vía esencial por donde transita buena parte del crudo mundial. La interrupción de esta arteria no solo encarece el petróleo, sino que genera efectos en cadena: aumento del costo del transporte marítimo, escasez de insumos como fertilizantes (fabricados a partir de gas y petróleo) y mayores costos de producción industrial.
Los precios más altos de la energía tienen un doble efecto: elevan la inflación por la vía directa del consumo de combustible y encarecen la logística y los bienes intermedios, presionando los márgenes empresariales y empujando hacia decisiones de política monetaria más restrictivas en algunos países.
Impacto regional: ganadores y perdedores
El informe de la ONU destaca que el daño económico es desigual. West Asia (Asia Occidental), conformada por 21 países árabes y estados del Golfo, sería la región más golpeada. El crecimiento regional se proyecta caer de 3,6% en 2025 a 1,4% en 2026, afectado por el shock energético, daños directos a infraestructura y severas disrupciones en la producción de petróleo, el comercio y el turismo.
En contraste:
- África apenas moderaría su ritmo: de 4,2% en 2025 a 3,9% en 2026.
- América Latina y el Caribe registrarían una desaceleración leve, de 2,5% a 2,3%.
- Estados Unidos aparece como relativamente resiliente, con un crecimiento esperado cercano al 2% para 2026, mantenido por la demanda interna y ciertos motores de inversión.
- Unión Europea y Reino Unido son más vulnerables debido a su dependencia de la energía importada: la UE pasaría de 1,5% a 1,1% y el Reino Unido de 1,4% a 0,7%.
- China muestra cierto colchón gracias a su mezcla energética diversificada, reservas estratégicas y medidas de política: su crecimiento se moderaría levemente de 5% a 4,6%.
- India seguiría siendo uno de los motores de crecimiento global, aunque con una desaceleración: se proyecta un avance de 6,4% en 2026 frente al 7,5% de 2025.
Estas diferencias regionales evidencian que las crisis globales raramente golpean de manera uniforme: países con mayor exposición a importaciones energéticas, turismo o cadenas globales de valor sufren más.
Riesgos a vigilar: inflación persistente, contagio financiero y shocks de oferta
Los analistas de la ONU subrayan varios riesgos que podrían llevar de la desaceleración a una situación más grave:
- Persistencia inflacionaria: si los precios energéticos se mantienen altos por largo tiempo, la inflación podría erosionar salarios reales y reducir el consumo, especialmente en economías emergentes.
- Contagio financiero: una prolongada subida de tasas por parte de bancos centrales para contener la inflación puede tensionar mercados financieros y desembocar en ajustes bruscos de activos.
- Shocks de oferta: interrupciones en rutas marítimas, sanciones o daños a infraestructura pueden provocar escasez y cuellos de botella que elevan costos a escala global.
Ingo Pitterle, economista sénior de la ONU citado en el informe, plantea una pregunta clave: ¿cuánto durará el conflicto y su impacto? Los «buffers» —reservas, diversificación energética, políticas fiscales— son finitos, y una prolongación del conflicto disminuiría esa capacidad de resistencia.
Políticas recomendadas: cómo mitigar el impacto
Frente a este contexto complejo, el informe sugiere una combinación de medidas orientadas a proteger a los más vulnerables y sostener la actividad económica:
- Política fiscal dirigida: focalizar transferencias y subsidios temporales hacia hogares de menores ingresos para preservar el consumo básico sin exacerbar presiones inflacionarias generalizadas.
- Cooperación internacional en energía: liberar reservas estratégicas coordinadamente, diversificar proveedores y acelerar inversiones en alternativas renovables para reducir dependencia de suministros volátiles.
- Respaldo a la liquidez financiera: en economías donde el estrés en mercados sea significativo, diseñar mecanismos temporales de apoyo a pymes y al crédito comercial para evitar quiebras en cadena.
- Políticas monetarias prudentes: combinar ajustes de tasas con comunicación clara sobre condiciones para evitar sorpresas y limitar la volatilidad en mercados de activos.
Estas acciones no son sencillas: requieren coordinación entre gobiernos, bancos centrales e instituciones multilaterales, así como medidas que equilibren la urgencia social con la estabilidad macroeconómica.
Contexto histórico y lecciones
Las grandes perturbaciones energéticas han desencadenado desaceleraciones recurrentes en la historia moderna. Por ejemplo, las crisis petroleras de la década de 1970 tuvieron efectos inflacionarios y de estancamiento que obligaron a repensar la seguridad energética y las políticas macroeconómicas. Más recientemente, la pandemia de COVID-19 mostró cómo las interrupciones simultáneas de oferta y demanda pueden producir una inflación alimentada por problemas logísticos y cambios en el consumo global.
La lección constante es que la diversificación energética, las reservas estratégicas y marcos de política económica flexibles son imprescindibles para amortiguar choques externos.
Qué puede ocurrir en los próximos meses
Si los conflictos geopolíticos escalasen o se prolongasen, es plausible que las previsiones del 2,5% se revisen aún a la baja, con mayores costos sociales especialmente en países emergentes. En el plano positivo, una desescalada rápida, acuerdos que reabran rutas comerciales y políticas coordinadas de liberación de reservas podrían atenuar el golpe inflacionario y sostener la actividad.
La economía global atraviesa una encrucijada: los próximos pasos de las políticas públicas y la evolución de los conflictos internacionales definirán si la desaceleración se mantiene como un escollo temporal o se transforma en un ciclo más prolongado de menor crecimiento y mayor desigualdad.
Fuentes: World Economic Situation and Prospects 2026, United Nations Department of Economic and Social Affairs (UN DESA); declaraciones de economistas del informe citadas en presentaciones públicas del organismo.
