Futuros más estrechos: por qué las proyecciones climáticas dejan atrás los extremos y qué significa para el planeta
Las nuevas siete trayectorias plausibles reducen los peores escenarios pero confirman que el objetivo de 1.5 °C ya no es alcanzable sin tecnologías de eliminación masiva de carbono
En los últimos años la narrativa sobre el clima ha cambiado: los pronósticos más extremos —tanto los catástrofes irreversibles como los milagros técnicos que evitarían casi cualquier daño— están perdiendo credibilidad. Investigaciones recientes proponen una lista más ajustada de siete escenarios plausibles de emisiones y calentamiento, una actualización que refleja la transformación energética en curso y, al mismo tiempo, la lenta marcha hacia la neutralidad de carbono.
Un desplazamiento de extremos
Hasta hace una década, los científicos usaban con frecuencia dos escenarios extremos para modelar el futuro climático: un camino muy pesimista, dominado por combustibles fósiles, que proyectaba aumentos de temperatura cercanos a 4.5 °C para finales de siglo; y un camino optimista, donde la descarbonización rápida permitía contener el calentamiento por debajo de 1.5 °C. Hoy ambos extremos son vistos como poco plausibles.
El motivo es doble. Por un lado, la rápida caída de costos y la masiva expansión de energías renovables como la solar y la eólica han desactivado el escenario más oscuro, el cual suponía un retroceso al uso intensivo de carbón. Por otro lado, la transición no ha sido lo suficientemente veloz como para sostener el escenario más alentador: las emisiones acumuladas hasta la fecha y la persistencia del CO2 en la atmósfera hacen que limitar el calentamiento a 1.5 °C sea ahora altamente improbable sin soluciones de eliminación de carbono a gran escala.
¿Qué dicen las nuevas trayectorias?
Las nuevas propuestas reducen el peor escenario a aproximadamente 3.5 °C de calentamiento global para 2100, alrededor de un grado menos que el extremo antiguo. El mejor de los siete escenarios planteados arroja un pico que supera ligeramente 1.5 °C —aproximadamente 1.7 °C— antes de descender si se dispone de tecnologías futuras que extraigan grandes cantidades de CO2 de la atmósfera.
Según Detlef Van Vuuren, de la Universidad de Utrecht y autor principal del estudio que revisa estas trayectorias, “el nuevo peor caso muestra un calentamiento final de cerca de 3.5 °C, mientras que el mejor caso se sitúa por encima de 1.5 °C”, una señal clara de que incluso el mejor de los caminos plausibles rompe el objetivo del Acuerdo de París de 2015 (Fuente: Universidad de Utrecht).
El planeta ya ha cambiado: las cifras lo confirman
Hoy la Tierra está aproximadamente 1.3 °C por encima de los niveles preindustriales. Los científicos observan que el calentamiento promedio global aumenta alrededor de 0.1 °C cada cinco años: un ritmo que, si no se acelera la reducción de emisiones, sigue empujando a la humanidad hacia escenarios con impactos cada vez más severos.
Esos décimos de grado importan: incrementos pequeños producen olas de calor más intensas, mayor frecuencia de lluvias extremas, alteraciones en los regímenes hídricos y pérdidas de hábitats críticos. La diferencia entre 1.5 °C y 2 °C, por ejemplo, implica cientos de millones de personas adicionales expuestas a sequías, hambre o desplazamientos climáticos a lo largo del siglo.
No es física inevitable; es política
Voces de la comunidad científica subrayan que, aunque las leyes de la física rigen la respuesta del sistema climático al CO2, la trayectoria que tomemos es resultado de decisiones políticas, económicas y tecnológicas. Como afirmó Bill Hare, de Climate Analytics: “Estamos perdiendo la capacidad de limitar el calentamiento incluso a 2 °C sin acciones contundentes; esto es un fallo político, no un acto de la naturaleza” (Fuente: Climate Analytics).
Esta afirmación señala un punto crucial: la ventana de oportunidad para evitar daños severos todavía existe, pero se estrecha. Reducir las emisiones rápidamente y desplegar medidas de adaptación efectivas puede evitar escenarios peores y mitigar impactos sociales y ecológicos.
¿Qué rol juegan las energías renovables?
Una de las razones por las que el escenario de mayor calentamiento ha perdido probabilidad es el desplome en los costos de las renovables. Keywan Riahi, del International Institute for Applied Systems Analysis, recuerda que “en los últimos 10–15 años el costo de las energías renovables, especialmente solar y eólica, ha caído casi un 90%”, lo que ha reconfigurado las expectativas sobre la matriz energética global (Fuente: IIASA).
Ese descenso de costos ha permitido una adopción masiva en muchos países y ha frenado la expansión del carbón en numerosas regiones. Sin embargo, la electrificación, la mejora en eficiencia y la sustitución de combustibles fósiles deben acelerarse aún más para transitar hacia escenarios más seguros.
El gran asterisco: los retroalimentadores climáticos
Aún cuando las emisiones humanas sean el “control principal” del clima, existen factores fuera de nuestro control —los llamados retroalimentadores o feedbacks climáticos— que pueden añadir calor adicional al sistema. Estos incluyen la liberación de carbono de suelos y océanos, la pérdida de sumideros naturales como bosques y turba, y cambios en las corrientes oceánicas o en la reflectividad de las nubes.
Expertos como Johan Rockström, director del Potsdam Institute for Climate Impact Research, advierten que esos feedbacks pueden sumar hasta medio grado Celsius (o más) al calentamiento proyectado por emisiones humanas. Rockström lo resumió así: “Hay una especie de estrechamiento de futuros. No puede ser tan malo como pensamos, pero tampoco tan bueno como esperábamos” (Fuente: Potsdam Institute).
Impactos sociales y geográficos desiguales
No todos los territorios ni todas las poblaciones sufren por igual. Las islas de pequeña escala, zonas costeras bajas y comunidades dependientes de ecosistemas frágiles son especialmente vulnerables. Natalie Mahowald, de la Universidad de Cornell, subraya que “el objetivo de 1.5 °C no es solo un número; sus implicaciones son reales para los estados insulares en desarrollo. Algunos podrían quedar bajo el agua” (Fuente: Universidad de Cornell).
Además, los efectos económicos y humanitarios —desde pérdidas agrícolas hasta migraciones forzadas— recaerán con desproporción sobre los países menos responsables históricamente de las emisiones.
Escenarios medios: la trayectoria en la que estamos
Entre los siete escenarios propuestos hay uno “medio” que sitúa el calentamiento en torno a 3 °C para 2100 si no se toman medidas adicionales sustanciales. Ese camino coincide en gran medida con las tendencias actuales de políticas y emisiones: algunos progresos en descarbonización, pero insuficientes para cumplir los compromisos más ambiciosos.
Un calentamiento de 3 °C implicaría transformaciones profundas: pérdida de biodiversidad a gran escala, estrés hídrico ampliado, aumento del nivel del mar con impactos en infraestructuras costeras y ciudades, y una mayor frecuencia de fenómenos extremos que afectarán la seguridad alimentaria y sanitaria.
¿Qué se puede hacer ahora?
- Escalada rápida de energías limpias: acelerar inversiones en solar, eólica, almacenamiento y electrificación de sectores clave.
- Políticas de reducción ambiciosas: fijar metas de emisión más estrictas con hojas de ruta verificables y plazos claros.
- Protección y restauración de sumideros: conservar bosques, humedales y suelos que atrapan carbono.
- Investigación y regulación sobre captura de carbono: evaluar la viabilidad, los costos y los riesgos de tecnologías de extracción de CO2.
- Adaptación y justicia climática: financiar infraestructuras resilientes y apoyar a las comunidades más vulnerables.
La ciencia nos ofrece un mapa más realista de los posibles futuros climáticos: no son ni los peores temores ni los mejores sueños. Ese mapa exige decisiones políticas valientes, inversiones tecnológicas y cooperación internacional. Si la humanidad actúa con rapidez y equidad, es posible evitar muchos de los peores impactos; si no, los escenarios medios y altos dibujan un mundo más costoso y desigual.
Lo importante —como enfatizan los investigadores— es comprender que estas trayectorias no son destinos fijos: son caminos condicionados por nuestras elecciones hoy. La física establece límites, pero la política y la economía determinan en gran medida cuál de esos límites encontraremos dentro de unas décadas.
