Khan al-Ahmar en la mira: política, legalidad y el futuro de un pueblo beduino en el corazón del conflicto

El anuncio del ministro israelí Bezalel Smotrich reaviva debates sobre asentamientos, derecho internacional y la viabilidad de un futuro palestino

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La orden de desalojo de Khan al-Ahmar, un pequeño asentamiento beduino en Cisjordania, volvió a poner el foco internacional sobre la política de asentamientos israelíes y las tensiones entre decisiones internas y el derecho internacional. El ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, impulsó un decreto para la evacuación inmediata del poblado, justificando la medida por la necesidad de responder —según él— ante insinuaciones de que podría ser objeto de gestiones por parte de tribunales internacionales.

Un pueblo con historia y una escuela financiada por la UE

Khan al-Ahmar, ubicado en la zona conocida como E1 entre Jerusalén y el principal núcleo palestino de la Ribera Occidental, alberga a cerca de 200 palestinos beduinos y anualmente atrae atención por su escuela, construida con fondos de la Unión Europea. Organizaciones internacionales y defensores de derechos humanos han denunciado durante años que la demolición de estructuras en este lugar no solo afectaría a sus habitantes, sino que tendría un efecto estratégico mucho más amplio: la consolidación de un bloque de asentamientos cuya existencia podría dificultar la continuidad territorial de un futuro Estado palestino.

La tensión sobre Khan al-Ahmar no es nueva. En 2018, la Corte Suprema de Israel rechazó un recurso que impedía su demolición, una decisión que desencadenó protestas y condenas internacionales. Desde entonces, la comunidad ha vivido en una situación legal precaria en la que cualquier orden gubernamental puede tradearse en intentos reales de vaciar el lugar.

La motivación política detrás del decreto

Smotrich, líder de un partido religioso de la derecha dura y responsable de las políticas referentes a asentamientos en Cisjordania, vinculó públicamente la iniciativa de desalojo con supuestas acciones de la comunidad internacional. Según sus declaraciones públicas, la posibilidad de que autoridades internacionales -en referencia a la Corte Penal Internacional- analicen imputaciones en su contra justificaba una respuesta contundente: “Desde hoy, cualquier objetivo económico u otro que tenga el poder de dañar dentro del marco de mis funciones como ministro de Finanzas y como ministro en el Ministerio de Defensa será atacado”, declaró Smotrich en un comunicado difundido por su oficina.

Organizaciones de vigilancia y grupos pro-derechos han interpretado esa frase como una represalia política dirigida a presionar a la comunidad internacional. Peace Now, un observatorio israelí contra los asentamientos, criticó que el ministro “pretende vengarse de La Haya y de la comunidad internacional a costa de una de las comunidades más vulnerables”, y consideró la maniobra parte de “un plan gubernamental más amplio para controlar el centro de Cisjordania y desplazar a palestinos de la zona” (declaraciones publicadas por Peace Now en su web oficial).

Implicaciones legales: ¿es ejecutable el desalojo?

El decreto de Smotrich, como han señalado medios y analistas legales, requiere todavía la aprobación del gabinete de seguridad para su ejecución efectiva. Además, existen precedentes de recursos judiciales que han frenado intentos anteriores de desalojo. El escenario legal es, por tanto, una combinación de decisiones administrativas internas, recursos ante tribunales nacionales y presiones internacionales.

Quienes apoyan la demolición advierten que las estructuras fueron levantadas sin permisos y que el Estado tiene potestad para ordenar su retiro. Los críticos, en cambio, replican que la política de permisos impone obstáculos casi insalvables a los palestinos, convirtiendo en “ilegal” lo que en la práctica es una consecuencia de una política discriminatoria en la planificación urbanística.

El factor internacional y el antecedente de la Corte Penal Internacional

La referencia de Smotrich a la Corte Penal Internacional (CPI) no es gratuita. La CPI ha abierto investigaciones relacionadas con presuntos crímenes cometidos en territorios palestinos y, en los últimos años, ha llegado a emitir órdenes de detención contra figuras vinculadas al conflicto. Aunque Israel no reconoce la jurisdicción de la CPI, las gestiones judiciales internacionales tienen una capacidad política real: limitan movimientos internacionales, estigmatizan actores y movilizan a diplomacias y ONG.

El uso de medidas internas de presión y represalia como respuesta a procesos internacionales plantea cuestiones de legitimidad y de proporcionalidad. Expertos en derecho internacional señalan que responder a posibles investigaciones internacionales con acciones que afecten a poblaciones civiles vulnerables puede constituir, además de un acto político, una táctica que agrava la responsabilidad moral y jurídica del Estado que la ejecuta.

Consecuencias humanitarias y sociales

Un desalojo forzado tendría impacto directo en las familias de Khan al-Ahmar: pérdida de viviendas, de enseres, interrupción de la educación de los niños y la fractura de una comunidad cuya subsistencia depende en gran medida de un acceso restringido a recursos. La escuela, sostenida parcialmente por fondos externos, ha sido descrita por organizaciones educativas como un ejemplo de resiliencia comunitaria y como un recurso vital para los niños de la zona.

Según datos de organizaciones humanitarias, desde 2009 las autoridades israelíes han demolido cientos de estructuras palestinas en Cisjordania alegando falta de permisos; esas demolicióness han dejado a miles de personas afectadas temporal o permanentemente. La estadística más citada por ONG muestra que el acceso a permisos de construcción en áreas controladas por Israel es extremadamente limitado para la población palestina, lo que genera un ciclo de construcciones “ilegales” que terminan siendo demolidas.

El proyecto E1 y la disputa territorial

El área E1, donde se ubica Khan al-Ahmar, es particularmente controvertida. El desarrollo de un bloque de asentamientos en E1 conectaría Jerusalén con los grandes asentamientos del este de Cisjordania, creando un cinturón que muchos expertos consideran incompatible con la creación de un Estado palestino contiguo y viable. Autoridades palestinas y numerosos gobiernos europeos han advertido reiteradamente que los planes en E1 socavan la posibilidad de una solución de dos Estados.

En términos estratégicos, la consolidación de asentamientos en E1 tendría el efecto de fragmentar el territorio palestino y de crear hechos consumados en el terreno que luego son difíciles de revertir diplomáticamente. Por eso, cualquier orden de vaciado o demolición en esa zona tiene más impacto que el simple realojo de unas pocas decenas de personas.

Reacciones internacionales y sanciones

La comunidad internacional ha mostrado en distintas ocasiones su rechazo hacia la expansión de los asentamientos. En junio de 2025, por ejemplo, varios países —entre ellos Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Noruega— impusieron sanciones a figuras políticas israelíes por lo que describieron como “incitación a la violencia extremista” contra palestinos en Cisjordania. Esos gestos diplomáticos, aunque simbólicos, evidencian la creciente incomodidad de ciertos gobiernos ante las políticas de asentamientos y las acciones unilaterales en territorios ocupados.

La posible demolición de Khan al-Ahmar volvería a poner a prueba la reacción de actores internacionales: desde presiones diplomáticas hasta movilizaciones de ONG y llamados a medidas más restrictivas en materia de cooperación y financiamiento.

Escenarios posibles y reflexiones finales

El curso de los acontecimientos dependerá de varios factores: la aprobación del gabinete de seguridad, la capacidad de actores locales y organizaciones de llevar recursos ante tribunales, la presión internacional y las estrategias de movilización de la comunidad afectada. Si la demolición procede, no será un episodio aislado; será parte de un patrón más amplio que influye en la geografía del conflicto y en las posibilidades de una solución negociada a largo plazo.

Si se impide el desalojo, el veredicto —legal o político— enviará a su vez mensajes sobre la fortaleza de las vías judiciales, la influencia de la diplomacia internacional y la persistencia de las comunidades locales frente a decisiones de Estado.

En cualquier escenario, Khan al-Ahmar sigue siendo más que un asentamiento: es un símbolo vivo de las tensiones entre seguridad, legalidad, derechos humanos y los proyectos territoriales que definirán el futuro de la región. Su destino probablemente marcará, una vez más, el tono de las relaciones entre Israel, la comunidad internacional y la población palestina en los años venideros.

Fuentes citadas:

  • Declaraciones oficiales de Bezalel Smotrich, publicadas por su oficina y difundidas en medios israelíes (declaraciones públicas de Smotrich, 2025).
  • Comunicados de Peace Now sobre Khan al-Ahmar y la política de asentamientos (Peace Now, notas públicas y comunicados, 2018–2025).
  • Información histórica sobre la decisión del Tribunal Superior de Israel en 2018 respecto a Khan al-Ahmar, accesible en registros judiciales y reportes legales sobre el caso (Tribunal Superior de Israel, 2018).
  • Datos y análisis sobre el impacto de demolición de estructuras en Cisjordania, recopilados por ONG humanitarias que documentan demoliciones y desplazamientos en la ocupación.
Este artículo fue redactado con información de Associated Press