Paz frágil y amenazas transregionales: cómo el desarme en Gaza y los ataques con drones en el Golfo configuran una nueva etapa del conflicto

Análisis de los obstáculos al plan de alto el fuego, el papel del Board of Peace y el riesgo de escalada por milicias regionales

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El tablero de Medio Oriente vuelve a mostrar piezas que se mueven con cautela y urgencia. El informe reciente del llamado Board of Peace —el órgano internacional creado en el marco del plan de alto el fuego impulsado por Estados Unidos— presenta el desarme de Hamas como condición central para avanzar hacia la reconstrucción, el retiro de fuerzas israelíes y el establecimiento de un gobierno palestino tecnocrático. Al mismo tiempo, ataques con drones dirigidos a la planta nuclear de Barakah en los Emiratos Árabes Unidos recuerdan que la guerra y la presión militar se han regionalizado, con actores no estatales e interferencias que complican cualquier solución local.

El puzzle del alto el fuego: qué pide el Board of Peace y por qué importa

El Board of Peace, según un informe visto por medios internacionales, plantea que el principal obstáculo para la implementación plena del cese al fuego es la negativa de Hamas a aceptar una desmovilización verificada y a relinquecer el control coercitivo sobre Gaza. Ese planteamiento coloca el desarme como la llave que —en la lógica del informe— desbloquearía la reconstrucción, la retirada de fuerzas israelíes en un plazo fijado y la posibilidad de un camino creíble hacia la autodeterminación palestina.

El plan de alto el fuego de veinte puntos promovido por la administración estadounidense propone, entre otras medidas, la entrega de armas por parte de Hamas, la destrucción de la red de túneles, la salida de tropas israelíes de Gaza, la instalación de un gobierno palestino tecnocrático, el despliegue de una fuerza internacional de seguridad y un vasto programa de reconstrucción. En la práctica, esa hoja de ruta intenta combinar seguridad inmediata con cambios institucionales de largo alcance.

Nickolay Mladenov, ex enviado de la ONU para el Medio Oriente y actual presidente del Board of Peace, ha señalado que el alto el fuego se ha estancado desde su entrada en vigor y que el punto de bloqueo es precisamente la desmilitarización. En palabras atribuidas a su oficina: “Reconstruction cannot commence where weapons have not been laid down” —una afirmación que ilustra la visión securitizante del proceso: sin desarme, no hay confianza para permitir que la reconstrucción y la administración civil progrese de manera sostenida.

Hamas y la contraparte: por qué rechazan el marco del desarme

Desde la perspectiva de Hamas, exigir la entrega previa del armamento constituye una imposición que exime a Israel de sus responsabilidades bajo la primera fase del acuerdo. El movimiento palestino ha respondido rechazando el informe y calificando su contenido de lleno de “fallacies” —es decir, errores o falacias—, según el comunicado que difundió en respuesta. Hamas vincula la desmilitarización con la retirada de las tropas israelíes: para sus líderes, entregar el arsenal sin garantías de que las fuerzas ocupantes se retiren supone un riesgo político y militar inaceptable para la resistencia y la seguridad de la población palestina.

Además, Hamas denuncia restricciones continuas al acceso humanitario, controles en los pasos fronterizos y la falta de equipos y materiales esenciales para la reparación de infraestructura básica y shelter para una población mayoritariamente desplazada. Esa narrativa subraya un punto clave: las condiciones sobre el terreno influyen decisivamente en la disposición de grupos armados a aceptar cesiones de poder militar.

Violaciones diarias y el costo humano

El informe del Board of Peace reconoce lo que observadores sobre el terreno han repetido: existen violaciones del alto el fuego casi a diario, algunas de ellas graves. La consecuencia es clara y medible en términos humanos: civiles asesinados, familias que viven en el miedo permanente y obstáculos persistentes al acceso de ayuda humanitaria. Según estimaciones ampliamente citadas, la Franja de Gaza alberga alrededor de 2 millones de personas; tras más de dos años de guerra y violencia sostenida, la mayoría vive en condiciones extremadamente precarias, muchas en campamentos temporales o albergues que carecen de servicios básicos.

El informe subraya que “la desmovilización de armas no es meramente un requisito” de la resolución de la ONU destinada a poner fin al conflicto, sino que es “crítica para que la reconstrucción comience, para un retiro de las fuerzas israelíes con plazos y para una vía creíble hacia la autodeterminación palestina y el estado”. Esa formulación refleja la creencia de que la seguridad externa —entendida como la ausencia de armas en manos de grupos armados— debe preceder a la reconstrucción y a cambios políticos profundos.

Implicaciones prácticas: ¿es viable exigir el desarme hoy?

Exigir la entrega verificable de armas a un actor como Hamas implica una serie de desafíos operativos y políticos:

  • Verificación técnica: ¿quién controla y cataloga las armas? ¿qué mecanismos independientes pueden certificar la entrega y destrucción de arsenales? La confianza en mecanismos de verificación es central para cualquier proceso de desarme.
  • Orden público y seguridad: en ausencia de un Estado plenamente funcional que garantice seguridad y servicios, los actores armados pueden sostener que sus arsenales son la única garantía frente a ofensivas futuras o a la represión.
  • Legitimidad política: pedir el desarme sin ofrecer una alternativa política y garantías a la población suele provocar rechazo. Para muchos palestinos, el armamento de grupos resistentes ha simbolizado una forma de defensa y representación frente a un poder militar opuesto.
  • Retribuciones y responsabilidades: el desarme exigido unilateralmente puede facilitar procesos de rendición de cuentas selectivos si no se incluyen acuerdos sobre impunidad, amnistías o reconciliación política.

En la práctica, un desarme completo y verificable requiere pasos simultáneos: medidas de seguridad alternativas (por ejemplo, una fuerza internacional), garantías políticas (un calendario creíble de transferencias de poder) y garantías económicas y humanitarias (es decir, reconstrucción efectiva y sostenida).

La regionalización del conflicto: ataques con drones y el efecto multiplicador

Mientras el debate sobre el desarme en Gaza se desarrolla, la región mira con inquietud cómo actores externos y milicias apoderadas por potencias regionales multiplican los focos de tensión. El ataque con drones contra la planta nuclear de Barakah en los Emiratos Árabes Unidos —de acuerdo con declaraciones oficiales citadas por medios— procedió desde territorio iraquí, lo que sugiere la participación de milicias chiíes vinculadas a Irán. Aunque ninguna organización reclamó la autoría, el patrón corresponde a una oleada previa de ataques con drones y misiles por parte de grupos pro-Irán tras el inicio de hostilidades entre Irán, Estados Unidos e Israel a finales de febrero.

Barakah, construida con asistencia de Corea del Sur y valorada en unos 20.000 millones de dólares, es la única central nuclear operativa en el mundo árabe y puede suministrar aproximadamente un cuarto de la energía del país. Un ataque a una instalación de este tipo, aunque no haya causado liberación radiológica según reportes oficiales, incrementa dramáticamente los riesgos estratégicos: el objetivo no solo es el daño físico sino también la señal política a aliados y adversarios.

La atribución de ataques a milicias permite a estados y actores estatales distanciarse formalmente de la acción, al tiempo que ejercen presión indirecta. Para Irán y sus aliados, esos grupos actúan como multiplicadores de capacidad y como instrumentos de disuasión y represalia sin entrar en confrontación abierta por cuenta propia.

Los riesgos de escalada: ¿hacia dónde puede evolucionar la situación?

Si se combinan las presiones internas en Gaza con ataques transregionales, surgen varias rutas posibles de evolución:

  1. Estancamiento prolongado: la más probable a corto plazo si ninguna de las partes da concesiones significativas. Un estancamiento con violaciones parciales del alto el fuego mantendría el sufrimiento y la fragmentación de gobernanza en Gaza.
  2. Escalada localizada: choques puntuales entre Israel y milicias pro-iraníes en fronteras o en espacios aéreos del Golfo que no se conviertan en guerra convencional pero sí aumenten la tensión y afecten el comercio y la seguridad energética.
  3. Regionalización mayor: si ataques a infraestructuras críticas (como Barakah) se multiplican o se atribuyen formalmente a actores estatales, podría desencadenarse una respuesta que traslade el conflicto a una fase más amplia, involucrando a potencias regionales con intereses contrapuestos.
  4. Proceso político condicionado: un acuerdo de desarme que incluya garantías multilaterales y un plan creíble de reconstrucción podría posibilitar una transición lenta hacia mayor estabilidad, pero requiere inversión, tiempo y supervisión internacional sostenida.

La historia reciente muestra que los procesos de desarme en contextos de ocupación o enfrentamiento asimétrico son extremadamente complejos. Los acuerdos que buscan desactivar conflictos han tenido éxito cuando integran seguridad, justicia transicional y mejora material de las condiciones de vida. Sin esos elementos, cualquier desarme corre el riesgo de ser superficial y reversable.

Actores internacionales: ¿qué papel pueden y deben jugar?

El Board of Peace fue respaldado por una resolución del Consejo de Seguridad en noviembre, lo que le confiere un mandato político significativo. Sin embargo, la efectividad de cualquier órgano internacional depende de varios factores:

  • Coherencia diplomática: los estados con mayor influencia en la región deben mantener una postura coordinada. La fragmentación entre aliados o la instrumentalización del proceso por intereses nacionales deteriora la confianza.
  • Capacidad de verificación: establecer mecanismos independientes y técnicamente robustos para certificar el desarme, la retirada de tropas y la entrega de ayuda humanitaria.
  • Presencia de fuerzas internacionales: cualquier transición que implique desarme sostenido probablemente requerirá una fuerza de seguridad internacional con mandato claro para prevenir vacíos de seguridad.
  • Apoyo económico y logístico: la reconstrucción masiva de Gaza exige compromisos financieros a largo plazo, gestión transparente y participación de organizaciones humanitarias y del sector privado en la rehabilitación de infraestructuras.

El fracaso o la debilidad de estos elementos puede traducirse en un retorno rápido a la violencia. Por eso el Board of Peace enfatiza que la desmovilización verificada es el “factor crítico” que desbloquea el resto del plan.

Perspectiva histórica y lecciones del pasado

La experiencia internacional con procesos de desarme y reconstrucción en zonas de conflicto ofrece lecciones útiles. Tras las guerras civiles y conflictos prolongados en diversos lugares del mundo, se ha constatado que los programas de desarme, desmovilización y reintegración (DDR) requieren:

  • Incentivos tangibles para los combatientes (empleo, formación, integración política).
  • Garantías de seguridad verificables (presencia de fuerzas neutrales o de observadores internacionales).
  • Mecanismos de justicia transicional que permitan lidiar con crímenes sin provocar venganza en cadena.
  • Participación local y regional para asegurar legitimidad y sostenibilidad.

Si trasladamos esas lecciones a Gaza, queda claro que el simple acto formal de depurar arsenales no es suficiente. La población debe ver beneficios inmediatos y percibir un cambio real en su seguridad, movilidad y acceso a servicios esenciales.

Humanidad en el centro: ¿cómo mirar más allá de los términos militares?

Al discutir desarme y medidas políticas, es imprescindible no perder de vista la dimensión humana: el costo de la guerra se mide en vidas, en traumas, en infraestructura destruida y en generaciones afectadas. La reconstrucción debe priorizar la recuperación de hogares, agua potable, electricidad, escuelas y hospitales. Sin condiciones mínimas de vida digna, cualquier arreglo político quedará desconectado de la realidad cotidiana de la población.

Organizaciones humanitarias han advertido que la reconstrucción única y exclusivamente orientada por criterios de seguridad sin integrar necesidades sociales y económicas corre el riesgo de fallar. Por tanto, cualquier estrategia de desarme debe ir acompañada de un plan detallado y financiado para la reconstrucción, gestión de desplazados y fortalecimiento institucional.

Reflexión final: ¿es posible una salida viable?

No hay soluciones fáciles. El informe del Board of Peace vuelve a subrayar aquello que muchos actores ven como central: sin reducción verificable de las capacidades militares de Hamas y de grupos armados en Gaza, la reconstrucción y la soberanía palestina son difíciles de concretar. No obstante, exigir ese desarme sin abordar las preocupaciones de seguridad de la población y sin ofrecer un andamiaje político, humanitario y económico sólido equivale a pretender construir encima de cimientos inestables.

Al mismo tiempo, la regionalización del conflicto —ejemplificada por los ataques con drones a instalaciones en los Emiratos— recuerda que cualquier solución local está condicionada por dinámicas más amplias: rivalidades regionales, redes de milicias y la capacidad de potencias externas para presionar o respaldar soluciones. La estabilidad en Gaza requiere, por tanto, no solo gestos bilaterales sino una arquitectura de seguridad regional que reduzca el incentivo de emplear milicias como instrumentos de política exterior.

En definitiva, la vía hacia la paz en Gaza parece periodizarse en tres frentes simultáneos: un acuerdo de seguridad verificable, un plan político creíble y un programa humanitario y de reconstrucción robusto. Sin esos tres elementos actuando de manera coordinada, el peligro es que el alto el fuego se convierta en una pausa prolongada y precaria en la que persista la angustia de millones y se mantenga latente el riesgo de una nueva escalada.

Fuentes citadas: declaraciones públicas de Nickolay Mladenov y comunicados oficiales de Hamas; informes oficiales de las autoridades de los Emiratos Árabes Unidos sobre el ataque a la planta de Barakah; estimaciones demográficas internacionales sobre la población de Gaza (aprox. 2 millones).

Este artículo fue redactado con información de Associated Press