Tras las huellas del colilargo: la investigación en Ushuaia por el brote de hantavirus que sacudió un crucero
Científicos del Instituto Malbrán realizan trampeo de roedores en Tierra del Fuego mientras crecen las preguntas sobre el origen del contagio a bordo del MV Hondius
La imagen de científicos enfundados en guantes azules y mascarillas, revisando 150 cajas-trampa en los bosques que rodean Ushuaia, resume una escena insólita para la ciudad conocida como “el fin del mundo”. No se trataba de una campaña ecológica rutinaria, sino del inicio de una investigación epidemiológica urgente: detectar la posible presencia del hantavirus en ratas de la zona tras el mortal brote que afectó al crucero MV Hondius y causó tres muertes.
Un operativo poco común en una provincia acostumbrada al turismo
Ushuaia, puerta principal hacia la Antártida y destino turístico de viajeros de todo el planeta, enfrenta ahora la delicada tarea de demostrar si el virus estuvo presente en su entorno o si el origen del contagio ocurrió en otro tramo del itinerario del crucero. El equipo enviado por el Instituto Malbrán —el centro estatal de referencia para enfermedades infecciosas— instaló trampas durante la noche y, al día siguiente, recogió los ejemplares muertos que fueron embalados y trasladados a un laboratorio improvisado para la extracción de muestras sanguíneas.
Según autoridades provinciales, la rutina de trampeo se repetiría durante al menos tres días antes de que las muestras regresaran a Buenos Aires para su análisis. Las pruebas de laboratorio, explicaron, podrían demorar hasta un mes. Mientras tanto, los investigadores evitaron hablar con la prensa en el terreno, lo que añadió un componente de hermetismo a un operativo que, para los lugareños, supone tanto una preocupación sanitaria como una carga simbólica para la economía turística regional.
La incógnita epidemiológica: ¿Ushuaia o zonas endémicas del continente?
El hecho central que dispara la investigación es que el hantavirus que causó las muertes a bordo del MV Hondius —identificado como virus de los Andes en la región austral— jamás se había detectado oficialmente en Ushuaia ni en gran parte del archipiélago de Tierra del Fuego. Tradicionalmente, los focos humanos más frecuentes en Argentina se localizan en la Patagonia continental, donde el roedor conocido como colilargo (Oligoryzomys longicaudatus) es el reservorio sylvático del virus.
El caso se complicó porque los primeros pacientes reconocidos del brote, una pareja de turistas neerlandeses aficionada a la observación de aves, realizaron un largo periplo por Chile y Argentina antes de embarcar. Según relatos de autoridades sanitarias provinciales y del equipo de investigación, esos turistas terminaron su viaje con varios días de actividades en Ushuaia antes de subir al crucero el 1 de abril. Sin embargo, funcionarios en otras provincias patagónicas —donde sí circula el virus y existe una mayor presencia del colilargo— sostienen que la pareja no estuvo en sus jurisdicciones durante el periodo en que se cree se produjo la infección.
La discrepancia en los itinerarios y la muerte de los primeros casos complican la reconstrucción epidemiológica: sin testimonios directos de los pacientes, rastrear el origen del contagio implica combinar datos de movilidad, entrevistas con contactos, registros de actividades y, crucialmente, la detección del virus en el ambiente.
El colilargo y su biología: por qué es clave identificarlo
El colilargo es una pequeña rata de cola larga vinculada a ambientes boscosos y matorrales del sur de Sudamérica. El virus de los Andes —una de las variantes del hantavirus en la región— se transmite principalmente por la inhalación de partículas en suspensión provenientes de orina, excrementos o saliva de los roedores infectados. En casos menos frecuentes, y específicamente con el virus de los Andes, se han registrado transmisiones interhumanas limitadas.
La observación central de los científicos en Tierra del Fuego fue la presencia de una subespecie de colilargo en los bosques alrededor de Ushuaia. Durante años se consideró que el estrecho de Magallanes y las condiciones climáticas de la isla hacían poco probable la circulación del colilargo típico del continente. No obstante, la existencia de una subpoblación local plantea preguntas abiertas: ¿esa subespecie puede albergar y transmitir el virus? ¿Su distribución ha cambiado por factores ambientales o antropogénicos?
Clima, expansión de hábitats y riesgo emergente
Los científicos locales y nacionales han señalado el cambio climático como uno de los factores que potencialmente está modificando la distribución de numerosas especies. En el caso del colilargo, el calentamiento y la alteración de hábitats por actividades humanas pueden permitir que poblaciones de roedores amplíen su rango geográfico. Esa hipótesis encaja con una tendencia observada en Argentina: en los últimos años se ha registrado un aumento en el número de casos de hantavirus en distintas provincias, asociado por algunos estudios a la expansión del reservorio y a cambios en el uso del suelo.
Martín Alfaro, vocero del Ministerio de Salud de Tierra del Fuego, declaró que “lograron capturar lo esperado” en las áreas trampeadas, destacando la importancia de despejar dudas sobre si la transmisión pudo ocurrir en la provincia. (Ministerio de Salud de Tierra del Fuego)
El procedimiento de campo: ciencia y protocolos
Los investigadores realizaron un operativo de trampeo con cajas-trampa para roedores, siguiendo protocolos de bioseguridad: uso de guantes, mascarillas y embalaje seguro de los animales capturados. Los ejemplares fueron colocados en bolsas plásticas negras y trasladados en vehículos hacia un laboratorio de campaña cercano, donde se extrajeron muestras de sangre y tejidos que luego fueron enviadas al Instituto Malbrán para técnicas de laboratorio más complejas como PCR y pruebas serológicas.
Este tipo de trabajo de campo persigue varios objetivos simultáneos: confirmar la presencia del reservorio, detectar circulación viral en poblaciones animales, localizar las áreas de mayor densidad de roedores y establecer mapas de riesgo que ayuden a orientar medidas de prevención para la población y para quienes trabajan en turismo, agricultura o actividades al aire libre.
Plazos, expectativas y limitaciones
Desde el punto de vista técnico, las pruebas moleculares y serológicas pueden tardar semanas en arrojar resultados concluyentes. Los equipos mencionaron que los análisis podrían demorar hasta un mes una vez las muestras lleguen al laboratorio central en Buenos Aires. Además del tiempo, existen limitaciones: la detección del virus en roedores no necesariamente prueba que ese fue el origen del brote en humanos, pero sí aporta evidencia sobre la circulación viral en un territorio donde nunca antes se habían realizado estudios sistemáticos.
Un resultado positivo en roedores podría alterar la narrativa pública sobre el brote y obligar a replantear medidas de prevención en Tierra del Fuego. Un resultado negativo, en cambio, reforzaría la hipótesis de que la cadena de transmisión se originó en otro punto del itinerario, probablemente en zonas más al norte del continente donde la presencia del colilargo es endémica.
El desafío de la comunicación en situaciones de crisis
El caso deja en evidencia otro problema recurrente en emergencias sanitarias: la tensión entre la necesidad de informar con transparencia y la preocupación por no generar pánico ni afectar actividades económicas fundamentales, como el turismo. Autoridades provinciales han mostrado receptividad a la investigación y han sostenido que es clave “descartar” la presencia de hantavirus en su territorio para proteger la imagen de la provincia, pero también para diseñar estrategias sanitarias basadas en evidencia.
Al mismo tiempo, la discreción y la reserva informativa en el lugar de trabajo de campo han sido fuentes de inquietud para la prensa y la comunidad. Para manejar la comunicación, los especialistas recomiendan claridad en los mensajes, plazos realistas para los resultados y la participación de referentes científicos que expliquen las implicancias de cada hallazgo.
Hantavirus en cifras y contexto regional
En América del Sur, el hantavirus (especialmente el virus de los Andes) es una de las causas de síndrome pulmonar por hantavirus (SPH), una enfermedad aguda con elevada letalidad. Las tasas de mortalidad varían según la serie y el acceso a la atención intensiva, pero en varias epidemias documentadas el SPH por virus de los Andes mostró cifras de letalidad superiores al 30% en ausencia de intervenciones tempranas.
En Argentina, los registros oficiales y estudios epidemiológicos han señalado fluctuaciones en la incidencia anual, con picos asociados a cambios ecológicos y demográficos. La combinación de manejo de residuos, ampliación de zonas periurbanas hacia áreas rurales y cambios climáticos que favorecen la proliferación de roedores configuran un escenario de riesgo creciente si no se implementan medidas preventivas basadas en vigilancia y educación comunitaria.
Implicancias para el turismo y la economía local
Tierra del Fuego y Ushuaia poseen economías fuertemente dependientes del turismo: cruceros, excursiones a parques nacionales y visitas a la Antártida atraen anualmente a miles de visitantes. La reputación sanitaria de un destino puede impactar de manera directa en la demanda turística, por lo que las autoridades enfrentan la doble obligación de garantizar la salud pública y sostener la actividad económica.
En este sentido, un abordaje prudente implica comunicar riesgos reales sin sobredimensionarlos, ofrecer pautas claras para operadores y visitantes (por ejemplo, medidas de higiene, manejo seguro de residuos, recomendaciones para evitar contacto con roedores) y fortalecer la vigilancia sanitaria en puertos y zonas de llegada de pasajeros.
Lecciones y pasos a seguir
- Fortalecer la vigilancia animal: los programas de monitoreo de roedores en áreas clave deben convertirse en actividades regulares, no en respuestas puntuales a crisis.
- Integrar datos de movilidad humana: reconstruir itinerarios de casos y sus contactos, y cruzar esa información con la distribución conocida de reservorios, ayuda a acotar hipótesis de origen.
- Comunicación efectiva: mensajes unificados entre el nivel nacional y provincial reducen confusión y evitan el pánico que podría dañar innecesariamente al sector turístico.
- Investigación ecológica continua: entender cómo el cambio climático y la transformación del entorno afectan las poblaciones de roedores es clave para anticipar riesgos.
La operación de trampeo en Ushuaia, aunque discreta y temporal, simboliza una apuesta mayor: combinar la vigilancia epidemiológica con la ciencia ecológica para resolver enigmas que ya no pueden ser atribuidos solo al azar. La circulación potencial de virus emergentes en territorios hasta ahora considerados «seguros» obliga a repensar fronteras sanitarias y a diseñar respuestas integradas entre salud pública, ciencia y gestión ambiental.
Mientras las muestras viajan a Buenos Aires y los laboratorios trabajan en su análisis, la comunidad local, los operadores turísticos y las autoridades observan con atención y prudencia. No se trata solamente de identificar un virus en una rata: se trata de comprender cómo nuestras acciones y los cambios ambientales reconfiguran riesgos que hasta hace poco parecían confinados a otras latitudes.
En los próximos días y semanas, los resultados del Instituto Malbrán serán decisivos para reconstruir la secuencia del brote y para orientar medidas que protejan tanto la salud de las personas como la actividad económica de la región. Hasta entonces, la escena de científicos barranco abajo, recuperando ejemplares entre el barro patagónico, permanecerá como una foto de la intersección entre la naturaleza, la salud pública y la urgencia de respuestas basadas en evidencia.
