Calor y fútbol: por qué el Mundial 2026 necesita protocolos de enfriamiento más ambiciosos

Jugadores, expertos y movimientos climáticos piden medidas médicas y operativas más estrictas ante riesgos de estrés térmico

El Mundial de 2026, que se celebrará en Estados Unidos, Canadá y México, promete ser una fiesta planetaria del fútbol. Pero junto con la expectación por el regreso de selecciones históricas y nuevas promesas, surge una preocupación sanitaria que crece entre jugadores, médicos y colectivos medioambientales: el calor extremo y sus efectos sobre el rendimiento y la seguridad de futbolistas y oficiales.

Un llamado conjunto: jugadores y expertos en la misma línea

Recientemente, una carta abierta impulsada por el New Weather Institute y firmada por varios futbolistas —entre ellos el internacional noruego Morten Thorsby, conocido por su movimiento "We Play Green"— pide a la FIFA una revisión urgente de sus protocolos sobre estrés térmico. En la misiva se afirma que "es esencial que la mejor evidencia médica esté puesta en práctica" durante el torneo y que las guías actuales de la organización "son inadecuadas y pondrán a los jugadores en riesgo de lesión por calor".

Ese reclamo no surge en el vacío: un grupo de destacados expertos en salud publicó la semana pasada advertencias sobre "niveles preocupantes de estrés por calor" a los que podrían exponerse jugadores y oficiales durante el campeonato, solicitando medidas concretas como pausas de enfriamiento de seis minutos y equipos adecuados en los vestuarios para enfriamiento agresivo antes y durante el entretiempo.

¿Por qué es tan relevante el concepto de temperatura húmeda de bulbo (wet-bulb globe temperature)?

Una de las métricas que más interesa a los científicos y médicos deportivos es la temperatura húmeda de bulbo (WBGT, por sus siglas en inglés). Esta medida compuesta considera temperatura del aire, humedad, radiación solar y viento, y ha sido empleada históricamente para estimar el riesgo de golpes de calor en actividades deportivas y laborales.

Investigaciones previas han apuntado que hasta 14 de las 16 ciudades anfitrionas del Mundial podrían experimentar niveles de calor extremo, con cifras de WBGT que en algunas tardes podrían superar los 32 °C (90 °F), especialmente en Monterrey, México, mientras ciudades como Miami presentan "humedades particularmente altas". En condiciones de WBGT elevadas, incluso descansos cortos no son suficientes para disipar la acumulación de calor en los jugadores, sobre todo cuando la intensidad del partido es alta y los períodos de recuperación son mínimos.

Impacto en el rendimiento y la salud

El calor extremo afecta de manera directa tanto la capacidad física como la cognitiva de los futbolistas. Estudios en ciencias del ejercicio muestran que el rendimiento de resistencia disminuye al incrementarse la temperatura corporal central: la fatiga aparece antes, la velocidad de reacción se reduce y aumenta la probabilidad de errores técnicos y tácticos. Desde el punto de vista médico, el calor extremo eleva el riesgo de calambres, agotamiento por calor y golpe de calor, una situación potencialmente mortal que requiere atención médica inmediata.

Además, los equipos médicos de los clubes y selecciones se enfrentan a la dificultad añadida de gestionar cargas físicas elevadas en contextos de recuperación mínima entre partidos, especialmente en fases de calendario apretadas o con traslados largos entre sedes.

Medidas que ya ha adoptado la FIFA y por qué algunos las consideran insuficientes

FIFA respondió creando una Heat Illness Mitigation and Management Task Force y desplegando protocolos que incluyen, entre otros, pausas de hidratación de 3 minutos a mitad de cada tiempo y bancos climáticamente controlados (climatized benches) para suplentes y staff. También se han tenido en cuenta las condiciones climáticas a la hora de programar ciertos partidos.

No obstante, profesionales de la salud y jugadores piden ir más allá. La diferencia entre una pausa de 3 minutos y otra de 6 minutos puede ser crucial para medir el descenso de la temperatura central y permitir estrategias de enfriamiento más efectivas como inmersión parcial en agua fría, compresas frías y ventilación forzada. Los firmantes de la carta argumentan que la evidencia científica disponible exige protocolos más agresivos y uniformes para proteger al colectivo de futbolistas que estará expuesto durante un mes entero.

Propuestas prácticas que deberían considerarse

  • Pausas de enfriamiento de mayor duración: establecer, cuando la WBGT supere ciertos umbrales, descansos de 6 minutos para permitir intervenciones activas de enfriamiento.
  • Equipamiento obligatorio en vestuarios: hielo clínico, dispositivos de enfriamiento por ventilación dirigida y medios para inmersión o compresas frías, disponibles para todas las selecciones y en todos los estadios.
  • Protocolos basados en evidencia: umbrales de WBGT que desencadenen medidas automáticas, comunicados públicos y criterios de cambio en la programación para favorecer partidos en franjas horarias más seguras.
  • Monitoreo individualizado: control de signos vitales y temperatura central en jugadores susceptibles y protocolos de retirada preventiva si los datos indican riesgo.
  • Formación y simulacros: entrenar a los equipos médicos y operativos en la identificación temprana de problemas por calor y en las técnicas de enfriamiento más eficaces.

Contexto climático y responsabilidad organizativa

El Mundial de 2026 se inscribe en un planeta que, según la Agencia Meteorológica Mundial y múltiples informes climáticos, ha mostrado una tendencia clara al calentamiento en las últimas décadas. Eventos deportivos globales deben adaptar sus planes no solo por comodidad, sino por seguridad y ética. Cuando la organización de un evento masivo conoce riesgos previsibles y existe evidencia sobre cómo mitigarlos, la responsabilidad de implementar medidas robustas es mayor.

Desde la perspectiva de los jugadores, la petición de Thorsby y otros deportistas también refleja una conciencia creciente sobre la intersección entre deporte y clima: cuidar la integridad física de los futbolistas hoy implica reconocer y actuar ante riesgos climáticos que, si bien no pueden eliminarse por completo, sí pueden minimizarse con protocolos científicos y recursos adecuados.

¿Qué dicen los datos y la historia?

Históricamente, el fútbol ha tenido que adaptarse a retos físicos y sanitarios: desde la introducción del VAR hasta protocolos contra la transmisión de enfermedades en pandemias. En el plano del calor, competiciones como algunos torneos de atletismo y partidos de ligas en zonas tórridas han adoptado criterios de suspensión o modificación en función de la WBGT y de indicaciones médicas. La experiencia acumulada sugiere que una combinación de medidas (programación estratégica, pausas de enfriamiento, equipamiento y educación) produce mejores resultados que soluciones aisladas.

En términos cuantitativos, la literatura científica sobre ejercicio en ambiente caliente subraya que una reducción de la temperatura central de 0,5–1,0 °C tras intervenciones de enfriamiento puede mejorar significativamente el rendimiento y reducir complicaciones médicas. Por ello, la petición de pausas más largas y equipamiento adecuado no es un capricho, sino una demanda fundada en fisiología del ejercicio.

Resistencia, logística y la mirada del aficionado

Naturalmente, cualquier cambio operativo en un evento de la escala del Mundial implica desafíos logísticos: coordinación con transmisiones, aceptación por parte de comités organizadores locales, y comunicaciones claras con la afición. Sin embargo, la seguridad debe primar. Los aficionados, además, suelen ser receptivos a medidas que garanticen que los jugadores compiten en condiciones justas y seguras —y muchas veces prefieren una pausa breve a ver un jugador sufrir consecuencias graves por calor.

Reflexión final: deporte y prudencia científica

El fútbol es un espejo social: refleja valores, prioridades y, en este caso, la capacidad de las instituciones para integrar la ciencia en la práctica. A medida que el calendario global del deporte se desarrolla en un clima cambiante, la adopción de protocolos sólidos contra el estrés térmico no solo protegerá a los atletas, sino que también servirá como ejemplo de responsabilidad organizativa en un mundo donde los extremos climáticos son cada vez más frecuentes.

Si la FIFA escucha a médicos, jugadores y expertos ambientales, el Mundial 2026 podría convertirse en un modelo de cómo combinar espectáculo y seguridad. Si no lo hace, podría enfrentarse a consecuencias médicas evitables y a críticas fundamentadas por poner en riesgo a quienes hacen posible el juego: los futbolistas.

Imagen relacionada: jugador se refresca bajo los aspersores durante un partido del Club World Cup, ilustrando la necesidad de medidas activas de enfriamiento en grandes torneos.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press