Entre la lealtad y el desgaste: cómo la crisis del servicio militar ultraortodoxo sacude a Netanyahu
El conflicto entre la necesidad de tropas y las concesiones a la comunidad ultraortodoxa precipita la disolución del gobierno y redefine el mapa político israelí
Desde hace décadas, la relación entre los partidos ultraortodoxos y los gobiernos israelíes ha sido un eje central de la política nacional. Sin embargo, lo que durante mucho tiempo fue visto como una alianza estable y casi automática para Benjamin Netanyahu ha comenzado a resquebrajarse a medida que la seguridad nacional, la presión pública por la igualdad en las obligaciones cívicas y el desgaste tras años de conflicto obligan a replantear privilegios históricos.
Una alianza que ya no resulta intangible
Netanyahu, que ha ocupado la primera magistratura de forma intermitente durante gran parte de los últimos 17 años, apoyó y se apoyó en partidos ultraortodoxos para armar mayorías parlamentarias en un sistema político fragmentado. En la práctica, ese apoyo incluía, entre otras cosas, tolerancia y gestos legislativos hacia las exenciones de servicio militar para hombres ultraortodoxos que cursan estudios religiosos a tiempo completo.
Pero la catástrofe del 7 de octubre de 2023, seguida de años de operaciones militares y movilización masiva de reservistas, cambió el paisaje: la sociedad israelí ha sentido de forma aguda el costo humano y material de mantener tropas en múltiples frentes —Gaza, Líbano, Siria y tensiones crecientes con Irán— y la tolerancia hacia las excepciones ya no es universal entre los votantes.
La exención que nació en 1948 y hoy genera controversia
El origen de la exención tiene raíces históricas: tras la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, los liderazgos fundacionales del Estado de Israel acordaron salvaguardar la continuidad de la erudición religiosa ofreciendo protecciones a los estudiantes de seminarios religiosos (yeshivot). Lo que nació como una excepción limitada para unos pocos se institucionalizó con el tiempo y se convirtió en un componente político aprovechado por partidos que representan a comunidades ultraortodoxas.
Su peso demográfico ha aumentado: hoy los ultraortodoxos constituyen aproximadamente el 13% de la población judía en Israel y son el sector de más rápido crecimiento demográfico. Cada año, unas 13.000 personas ultraortodoxas alcanzan la edad de conscripción, pero —según datos parlamentarios citados por analistas— menos del 10% se alista en las fuerzas armadas.
La política del veto: cómo la ausencia de un acuerdo rompió la coalición
La incapacidad de Netanyahu para concretar una reforma que legalice las exenciones provocó la ruptura con dos grandes partidos ultraortodoxos, que retiraron su apoyo hace unas semanas. Esa salida dejó a la coalición sin mayoría en la Knesset y desencadenó el proceso de disolución parlamentaria que puede adelantar las elecciones previstas para octubre hasta septiembre.
El colapso de esta alianza es más que un problema de aritmética parlamentaria: cuestiona la estrategia política de Netanyahu y lo pone entre dos fuegos. Por un lado, conservar la fidelidad de los ultraortodoxos es casi imprescindible para mantener opciones de gobernabilidad; por otro, seguir protegiéndolos sin cambios le cuesta apoyo entre sectores cada vez más enfadados que han visto a familiares y amigos movilizados como reservistas durante cientos de días.
Voces desde dentro: el conflicto de legitimidad
La tensión se manifestó de manera dramática en la votación para disolver la Knesset, cuando la diputada Sharren Haskel, veterana en un unit de combate y defensora de posiciones más igualitarias, apareció vestida con su uniforme militar para subrayar su rechazo a la propuesta del gobierno de formalizar las exenciones. Haskel afirmó en ese acto que el sector ultraortodoxo “está intentando extorsionarnos. Es inmoral. No es justo” (fuente: AP).
Desde la vereda del otro lado, legisladores ultraortodoxos han sido igualmente explícitos. Yitzhak Pindrus, uno de los parlamentarios que representa a esos partidos, declaró a la prensa: “Necesitamos el proyecto de ley de reclutamiento”, subrayando que sin la legalización de las excepciones no volverán al gobierno (fuente: AP).
Analistas como Shmuel Rosner, del Jewish People Policy Institute, sintetizan el drama: “Hizo una promesa a sus aliados más leales en la coalición, y no pudo cumplirla, fue posponiendo” (fuente: AP). Esa incapacidad de entregar lo prometido es lo que en última instancia detonó la ruptura.
Impacto social: el servicio militar como símbolo de integración
Para amplios sectores de la mayoría judía israelí, el servicio militar es más que una obligación legal: es un rito de paso y una herramienta integradora que une a jóvenes de distintos orígenes sociales. La percepción de que un grupo numeroso elude ese rito, recibiendo además subvenciones y supports económicos, genera resentimiento en una sociedad que está pagando un altísimo precio en tiempo de guerra.
En contraste, buena parte de la comunidad ultraortodoxa defiende sus exenciones como un mecanismo de preservación cultural y religiosa. Muchos temen que un servicio obligatorio exponga a sus jóvenes a influencias secularizadoras que erosionarían su estilo de vida y prácticas comunitarias.
Escenarios electorales: quién gana y quién pierde
Si Netanyahu consiguiera aprobar alguna versión del proyecto que legalice las exenciones, el mapa electoral podría cambiar drásticamente. Un acuerdo que privilegie de nuevo a los ultraortodoxos arriesga alienar a votantes conservadores y centristas que respaldan la exigencia de un servicio más equitativo; por el contrario, una reforma que avance hacia una mayor integración de los ultraortodoxos al servicio militar podría erosionar el apoyo que Netanyahu recibe de esos partidos y ponerle en riesgo de perder el liderazgo.
Los expertos coinciden en que, sin el respaldo ultraortodoxo, Netanyahu tendría muy pocas chances de formar gobierno tras las próximas elecciones. Al mismo tiempo, sin reformas que alivien el malestar público, su base entre los reservistas y sus familias se resiente. Esa disyuntiva convierte la cuestión del reclutamiento en un factor potencialmente decisivo para el resultado electoral.
Posibles salidas y reformas en discusión
Los debates políticos han explorado alternativas: desde un endurecimiento de las normas de conscripción y sanciones económicas hasta programas especiales de servicio civil que respeten sensibilidades religiosas; también se ha analizado la ampliación de incentivos para fomentar el alistamiento voluntario dentro de la comunidad ultraortodoxa.
La Suprema Corte de Israel ya sentenció en 2017 que las exenciones tal como existían eran ilegales, pero sucesivos gobiernos han extendido de facto la situación mediante decisiones políticas y retrasos legislativos. Frente a ello, el Estado está ante la necesidad de diseñar una solución sostenible: una reforma que equilibre la seguridad nacional, la cohesión social y el respeto a la diversidad religiosa.
Un pulso que definirá la próxima etapa política
La crisis del reclutamiento revela algo más profundo: la tensión entre un proyecto de Estado que aspira a igualdad de obligaciones y una sociedad plural cuyos sectores reclaman reconocimiento especial por razones históricas y religiosas. Israel se dirige a unas elecciones en un clima cargado de frustración y demandas contradictorias.
Sea cual sea el desenlace inmediato —si el gobierno logra algún compromiso o si las urnas reconfiguran de raíz las alianzas—, la discusión sobre el servicio militar y las exenciones ultraortodoxas habrá dejado de ser un tema reservado a negociaciones entre bastidores y se habrá convertido en un debate público de primera magnitud, con consecuencias directas sobre la gobernabilidad, la defensa nacional y la convivencia social en Israel.
Imagen relacionada: manifestaciones y confrontaciones entre la policía y miembros ultraortodoxos en Jerusalén, un reflejo visual de la tensión política y social que atraviesa al país en este momento.
