La contagiada imitación: cómo los ataques en línea impulsan la violencia contra lugares de culto

De Christchurch al ataque en el Centro Islámico de San Diego: la radicalización digital, la ‘propaganda de la acción’ y cómo proteger comunidades vulnerables

En menos de una década, la manera en que se conciben, comunican y reproducen los actos de violencia masiva ha cambiado radicalmente. El reciente atentado contra el Centro Islámico de San Diego, perpetrado por dos adolescentes que dejaron detrás documentos plagados de odio y una clara referencia a un atacante previo, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta inquietante: ¿por qué algunos agresores buscan activamente emular ataques pasados y cómo las plataformas digitales facilitan esa imitación?

Un patrón reconocible: inspiración y emulación

Cuando los investigadores del extremismo analizan episodios como el ocurrido en San Diego, encuentran un esquema ya visto anteriormente: autores que toman como ejemplo atentados previos, incorporan extractos de manifiestos anteriores y, en ocasiones, se autodenominan heredero de aquel que causó mayor daño simbólico. En el caso más citado de los últimos años, el ataque de Christchurch en Nueva Zelanda en 2019 —donde un agresor mató a 51 personas en dos mezquitas— marcó un precedente por su violencia, por el extenso documento ideológico que acompañó al atacante y, sobre todo, por la transmisión en directo de la masacre.

La influencia de Christchurch se ha observado en posteriores ataques: la estrategia de publicar largos manifiestos y de glorificar el acto como ejemplo a seguir ha sido señalada como un motor de contagio por analistas del comportamiento extremista. Katherine Keneally, directora de análisis de amenazas en el Institute for Strategic Dialogue, declaró que “parte de lo que vemos en las comunidades extremistas en línea es el deseo de emular los ataques que han tenido más víctimas”, y calificó esa dinámica como una suerte de gamificación de la violencia (Institute for Strategic Dialogue, 2022).

¿Qué es la ‘propaganda de la acción’ y por qué sigue vigente?

La “propaganda de la acción” no es una idea nueva. En décadas pasadas, grupos extremistas entendieron que el acto violento en sí podía funcionar como señuelo: el ataque demostraba la capacidad del grupo y servía para reclutar o inspirar a imitadores. Con el auge de internet, esa propaganda dejó de depender de medios impresos o de circulación limitada y ganó alcance global en tiempo real.

El caso de Anders Behring Breivik en Noruega (2011) es un ejemplo temprano moderno: su masacre y su extenso manifiesto circularon ampliamente, y desde entonces los investigadores han observado una mayor frecuencia de atacantes que acompañan sus acciones con textos extensos que citan a predecesores. Brian Levin, director fundador del Center for the Study of Hate and Extremism, ha señalado que los documentos y citas entre atacantes buscan posicionar cada hecho como un “capítulo” dentro de una cadena continua de extremismo, reforzando la sensación de movimiento y continuidad del proyecto violento (Center for the Study of Hate and Extremism, CSUSB).

El papel de las redes sociales y la transmisión en vivo

Las plataformas digitales aceleran la difusión de ideas extremas por varias vías: foros cerrados y algoritmos de recomendación que radicalizan, comunidades que celebran o normalizan la violencia, y la capacidad —aunque sea temporal— de difundir imágenes o vídeos de los propios ataques. La transmisión en vivo se convirtió en un multiplicador: la posibilidad de emitir en directo un atentado no solo busca el impacto inmediato, sino la grabación y la reutilización posterior por imitadores.

Estudios recientes han documentado cómo algoritmos que priorizan la interacción pueden llevar a usuarios vulnerables a contenidos cada vez más radicales. Un informe de 2021 sobre radicalización en línea encontrado por académicos y organizaciones civiles subraya que los caminos de radicalización suelen empezar con búsquedas aparentemente inocuas que, a través de recomendaciones y comunidades, derivan en material extremista. Aunque las plataformas han adoptado medidas para moderar contenido y bloquear transmisiones, los mecanismos de evasión y la fragmentación en espacios menos regulados complican el control.

Perfil de los agresores jóvenes: vulnerabilidades y búsqueda de identidad

En muchos de estos episodios recientes, los atacantes son jóvenes que combinan sentimientos de alienación, frustración personal y la pretensión de adherirse a una causa mayor. En los textos dejados por los agresores de San Diego, se pueden identificar elementos de ideologías de supremacía étnica y religiosa, pero también rasgos íntimos: referencias a problemas personales, rechazo interpersonal y problemas de salud mental.

Es crucial no simplificar: la gran mayoría de las personas con problemas personales o con diagnósticos de salud mental no cometen actos violentos. No obstante, la confluencia entre vulnerabilidades psicológicas, acceso a narrativas extremistas y ecos digitales que validan la violencia aumenta el riesgo de que individuos aislados tomen decisiones letales.

El doble efecto: cómo la violencia genera también actos de defensa

Las consecuencias de los ataques trascienden el daño directo. Ante el incremento de amenazas, muchas comunidades han reforzado la seguridad en lugares de culto, centros educativos y espacios comunitarios. El caso del guardia de seguridad del Centro Islámico de San Diego, Amin Abdullah, ilustra otra cara de la inspiración: la decisión de arriesgar su vida para proteger a otros tuvo como trasfondo su preocupación por el crecimiento de la retórica antiinmigrante y anti-musulmana en el discurso público.

Testimonios de allegados describen a Abdullah como alguien que percibía la correlación entre la violencia verbal en medios o en discursos políticos y la violencia física dirigida contra su comunidad. Su acción defensiva —y su trágica muerte al repeler la amenaza— es un recordatorio de que la inspiración puede operar en sentidos opuestos: tanto para incitar ataques como para movilizar resistencia y protección comunitaria.

Estadísticas y tendencias recientes

  • Según el Center for the Study of Hate and Extremism de la Universidad Estatal de California en San Bernardino, los delitos de odio y los incidentes basados en prejuicios han mostrado variaciones importantes desde 2015, con picos asociados a eventos internacionales o retórica política polarizada (CSUSB, informes anuales).
  • En 2025, Estados Unidos registró 47 ejecuciones federales y estatales; aunque esta cifra no está directamente relacionada con los ataques motivados por extremismo ideológico, ilustra un contexto de violencia de Estado que convive con la violencia de actores individuales (datos oficiales de ejecuciones en EE. UU., 2025).
  • Investigaciones sobre radicalización en línea indican que una proporción relevante de ataques masivos recientes estuvo precedida por la publicación de manifiestos en línea o comentarios extensos que citaban a atacantes previos (análisis de incidentes 2011–2024, múltiples fuentes académicas).

Qué se puede hacer: estrategias de prevención y resiliencia comunitaria

Abordar la imitación de violencia exige intervenciones en varios frentes:

  1. Moderación y diseño de plataformas: las empresas tecnológicas deben mejorar la detección temprana de contenidos que glorifican la violencia y limitar la difusión viral de material sensacionalista. Esto incluye respuestas más rápidas a transmisiones en vivo de crímenes y a la reemisión de grabaciones.
  2. Programas de intervención temprana: iniciativas de prevención que identifiquen jóvenes en riesgo y ofrezcan apoyo psicosocial pueden reducir la probabilidad de que vulnerabilidades personales deriven en acciones violentas.
  3. Fortalecimiento de la seguridad comunitaria: recursos para protección de templos, mezquitas y sinagogas, capacitación de personal de seguridad y planes de respuesta coordinados con autoridades locales son medidas prácticas que ya han demostrado su utilidad.
  4. Contranarrativas y educación: promover educación crítica sobre desinformación, alfabetización mediática y ofrecer narrativas que deslegitimen la violencia como medio para cualquier fin político o identitario.
  5. Políticas públicas y cooperación internacional: el intercambio de información entre países y la participación de organismos civiles y académicos ayudan a trazar patrones y a diseñar respuestas más efectivas.

Reflexión final

Los ataques recientes evidencian que la violencia masiva no surge en el vacío: es el resultado de una mezcla de ideologías tóxicas, condiciones personales, ecos digitales y fallas en la detección y prevención. Comprender la mecánica de la emulación y la propagación en línea es esencial para diseñar contramedidas que protejan a comunidades vulnerables sin amplificar la notoriedad buscada por los atacantes.

Mientras tanto, la memoria de quienes defendieron a otros —como Amin Abdullah— y la resiliencia de las comunidades afectadas deben inspirar políticas públicas y esfuerzos ciudadanos que reduzcan la probabilidad de que la violencia se convierta en modelo a seguir.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press