La metamorfosis de Benito Juárez: entre obras, presión mundial y la urgencia de modernizar la puerta de México
Con la Copa Mundial 2026 a la vuelta de la esquina, la terminal capitalina se somete a una obra faraónica que revela años de abandono, retos técnicos y decisiones estratégicas para el futuro del transporte aéreo en México
El Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México vive un momento crítico: a menos de un mes de que comience la Copa Mundial de la FIFA 2026, las principales terminales muestran un paisaje de obras, grúas y obreros que trabajan contrarreloj para entregar una infraestructura capaz de soportar el flujo de pasajeros y la presión internacional.
Un desafío largamente pospuesto
Lo que hoy se observa no es solo la puesta a punto para un evento global: es la materialización de años de negligencia. Según cifras compartidas por las autoridades aeroportuarias, las terminales atienden a alrededor de 120,000 pasajeros diarios, volumen que puso en evidencia problemas estructurales como filtraciones, techos dañados y sobrecarga en instalaciones concebidas décadas atrás. “Estamos enfrentando años de abandono”, dijo Juan José Padilla, director general del aeropuerto, para explicar por qué la rehabilitación no fue sencilla ni rápida.
Las complicaciones técnicas surgieron cuando los equipos se toparon con infraestructura de hace medio siglo y, en varios puntos, sin planos originales que guiaran la intervención. Esa falta de documentación obligó a replantear soluciones en obra, incrementar estudios y, en algunos casos, demorar cronogramas. El resultado es un trabajo más costoso y complejo del inicialmente proyectado.
Una inversión millonaria y un plan en fases
La modernización, iniciada en mayo de 2025, se diseñó como un proyecto de aproximadamente 500 millones de dólares financiados por la propia administración aeroportuaria. Entre las mejoras previstas se cuentan fachadas renovadas, sanitarios actualizados, carruseles de equipaje modernizados y la sustitución de casi 100,000 metros cuadrados de pisos y sistemas de iluminación. Además, el rediseño interno recuperó cerca de 30,000 metros cuadrados de espacio para salas de espera y circulación de viajeros.
El ambicioso programa de trabajo se desarrolla por fases. La primera alcanzó más del 90% de avance en algunos frentes durante el primer año de intervención; la segunda fase estaba programada para comenzar en agosto, una vez concluidas las exigencias inmediatas de la Copa Mundial, y se extenderá hasta diciembre. La lógica del proyecto responde a la necesidad de mantener operaciones mientras se rehabilita el aeropuerto, lo que obliga a una logística de obra compleja y secuencial.
Medidas de seguridad y tecnología: cámaras, IA y anti-drones
Como parte de la renovación, las autoridades anunciaron un incremento importante en la vigilancia: el parque de cámaras pasará de 2,200 a más de 4,000. Estos dispositivos se integrarán a sistemas de análisis apoyados en inteligencia artificial destinados a identificar vehículos o equipaje sospechoso, y detectar patrones anómalos de comportamiento en tiempo real. Adicionalmente, se planea la instalación de un sistema anti-drones para mitigar posibles contingencias que puedan afectar las operaciones.
Esos cambios reflejan una tendencia global: los aeropuertos están modernizando su vigilancia y gestión del flujo de personas con soluciones digitales que permiten respuestas más rápidas y eficaces ante incidentes. Sin embargo, la implementación exitosa depende no solo de la tecnología, sino de protocolos operativos, capacitación del personal y mecanismos de privacidad y control de datos bien definidos.
El contexto político y administrativo
La modernización del Benito Juárez está enmarcada en una gestión que, desde 2023, dejó la administración civil para quedar bajo la responsabilidad de la Armada de México. Ese cambio organizacional fue parte de una estrategia más amplia para atender la operación y la seguridad del aeropuerto tras un periodo conflictivo.
Además, la obra se inscribe en un esfuerzo mayor impulsado por la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, cuyo gobierno busca consolidar una respuesta a los años en los que proyectos alternativos —como el intento de redirigir operaciones a un aeropuerto nuevo bajo control militar durante la gestión previa— generaron incertidumbre en la política aeroportuaria del país. El “nuevo” Benito Juárez pretende ser, ahora, la solución pragmática para las necesidades inmediatas y el crecimiento proyectado del tráfico aéreo.
Slots, acuerdos internacionales y presión de las aerolíneas
Más allá de la obra física, existen negociaciones y acuerdos que afectan la operatividad. En fechas recientes se anunció un acuerdo con el Departamento de Transporte de los Estados Unidos para aplicar medidas del tratado bilateral de 2015 relacionadas con frecuencias y horarios de despegues y aterrizajes (slots). En años recientes, la disponibilidad de slots se redujo: en un momento se bajó de 61 a 43 por hora, aunque el número repuntó a 44 antes de las gestiones más recientes.
Como parte del acuerdo y de los ajustes operativos, se prevé aumentar el número de slots a 46 por hora, equilibrando las solicitudes de aerolíneas estadounidenses y la demanda de operadores domésticos e internacionales. Para las aerolíneas y los pasajeros, estos incrementos significan mayor conectividad, pero también retos en la planificación de vuelos y en la administración del tránsito aéreo en un espacio ya densamente ocupado.
Impacto en pasajeros y comercio local
Los testimonios de viajeros y trabajadores del aeropuerto muestran dos caras: por un lado, la molestia por obras visibles —polvo, andamios y tránsito temporalmente reducido—; por otro, la esperanza de contar con instalaciones dignas y funcionales. Luis Ibarra, ingeniero de 28 años que pasaba por la terminal, aseguró que no le molestaban las obras: “Después de años con goteras y problemas, es necesario arreglarlo”. Esa percepción es compartida por comerciantes y empleados aeroportuarios, que confían en que la modernización mejore la experiencia de viaje y el atractivo del aeropuerto como puerta de entrada y salida del país.
En las inmediaciones, la actividad comercial vinculada al turismo —restaurantes, tiendas y servicios de traslado— espera beneficiarse de una infraestructura renovada, especialmente durante los picos de demanda como los que genera un evento deportivo internacional.
Riesgos, lecciones y la oportunidad de planear a largo plazo
Las obras agobiadas por la falta de planos y por el envejecimiento del edificio subrayan una lección clara: la infraestructura crítica requiere mantenimiento continuo, inversión estable y documentación técnica actualizada. La intervención actual intenta corregir décadas de postergaciones, pero también debe sentar las bases para una gestión preventiva que evite crisis recurrentes.
Otro riesgo es la posibilidad de que, al priorizar plazos inmediatos por motivos de calendario (como la Copa Mundial), se tomen decisiones de corto plazo que no satisfagan necesidades futuras. Por ello, expertos en infraestructura recomiendan incorporar criterios de sostenibilidad, accesibilidad y flexibilidad operativa que permitan ampliar servicios sin necesitar reformas costosas a corto plazo.
Mirando más allá del evento
Si las obras cumplen las expectativas, la Ciudad de México ganará una terminal más funcional y segura, capaz de absorber el crecimiento del tráfico aéreo en los próximos años. La modernización plantea, además, una oportunidad para mejorar la imagen internacional del país y para demostrar capacidad técnica y administrativa en proyectos de alta complejidad.
Pero la verdadera medida del éxito no será la conclusión de la fase para una fecha determinada, sino la persistencia en un plan de mantenimiento, la transparencia en la ejecución de recursos y la capacidad de gestionar el aeropuerto como un activo público que requiere visión de largo plazo. En definitiva, transformar el Benito Juárez en una terminal moderna implica más que obras: exige un cambio cultural en la manera en que se administra la infraestructura estratégica de México.
Imagen relacionada: trabajadores transportan un rollo de espuma junto al trofeo de la Copa Mundial durante una visita de prensa al sitio de renovación en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez, preparativo para el Mundial 2026.
