El regreso de las cricketers afganas: un viaje de resistencia y de esperanza en Inglaterra

Un equipo de refugiadas afganas emprende una gira en Inglaterra que busca recuperar carreras, visibilidad y el lugar que les fue arrebatado

En junio de 2026, un grupo de mujeres afganas que vivieron la exclusión sistemática del deporte tras el regreso del régimen talibán llegará a Inglaterra para disputar partidos y entrenamientos, y para presenciar la final del Mundial T20 femenino en Lord’s. Más allá de los encuentros deportivos, su gira simboliza una lucha por la dignidad, el derecho a competir y la reivindicación de un lugar en la comunidad internacional del cricket.

Por qué esta gira importa

La noticia de la gira de las cricketers afganas no es solo un acontecimiento deportivo: es un gesto político y cultural con implicaciones humanas profundas. Tras la toma de poder por los talibanes en agosto de 2021, las mujeres en Afganistán fueron progresivamente excluidas de los espacios públicos, incluida la práctica deportiva organizada. El equipo que visita Inglaterra está formado por jugadoras que en su momento habían sido contratadas por la federación afghana y que se vieron forzadas a abandonar el país. Según el análisis de la BBC, desde 2021 las mujeres fueron impedidas de competir oficialmente y muchas perdieron acceso a entrenamientos, instalaciones y empleo deportivo.

Un recorrido de cinco años: reconstruir carreras

La gira es el desenlace visible de un proceso que ha durado años. Muchas de las jugadoras se reasentaron en países como Australia, donde continuaron participando en competiciones locales, pero sin posibilidad de volver al escenario internacional. La persistente petición de estas deportistas fue que se reconociera su situación y se les permitiera competir bajo la modalidad de equipo de refugiadas o de selección alterna, una vía que han explorado otras disciplinas y organizaciones internacionales.

La England and Wales Cricket Board (ECB) explicó que el programa incluye partidos Twenty20, sesiones de entrenamiento y la asistencia a la final del Mundial T20 femenino en Lord’s el 5 de julio. El objetivo, subrayó la entidad, es ofrecer visibilidad, oportunidades y apoyo continuado: “Esta gira representa no solo una oportunidad competitiva, sino un momento para que el cricket en este país se posicione por la inclusión y la protección de la participación de las mujeres en el deporte”, señaló la ECB en su comunicado.

Voces que marcan la diferencia

Personas vinculadas a la organización del viaje y al apoyo a las jugadoras han destacado la valentía y el compromiso de las cricketers. Mel Jones, exjugadora australiana y cofundadora de la consultora que acompaña la reintegración de las afganas, afirmó: “Estas jugadoras han mostrado una valentía y un compromiso extraordinarios con el juego, a pesar de todo lo que les ha sido arrebatado. Merecen más oportunidades como esta; merecen ser reconocidas como parte de la comunidad internacional del cricket” (ECB).

De forma paralela, Clare Connor, directora adjunta ejecutiva de la ECB, hizo un llamado a la continuidad: “El cricket tiene la responsabilidad de defender la inclusión y la oportunidad” y resaltó que la gira debería ser el inicio de acciones más sostenidas para integrar a estas jugadoras en circuitos competitivos y brindarles apoyo a largo plazo (ECB).

Contexto regulatorio y desafíos institucionales

Existe además una dimensión institucional que complica la situación: el Consejo Internacional de Cricket (ICC) establece que los miembros con estatus de prueba deben promover y apoyar tanto equipos masculinos como femeninos. Sin embargo, el caso afgano expuso fisuras entre normativa y realidad: tras 2021, la exclusión forzada de las mujeres del deporte en Afganistán creó una situación en la cual las jugadoras no pudieron representar a su país en el plano internacional.

Organizaciones y expertas han exigido soluciones creativas y humanitarias, como la aceptación de equipos de refugiadas o la concesión de estatus especial que permita a atletas desplazados competir bajo banderas neutrales o de organizaciones protectoras. La experiencia de otros deportes —como el equipo olímpico de refugiados— demuestra que estas alternativas son viables y tienen precedentes.

Impacto humano: más allá de las estadísticas

Detrás de cada ficha técnica y de cada resultado hay historias personales de pérdidas, decisiones difíciles y resistencia cotidiana. Muchas de las jugadoras relataron la imposibilidad de acceder a instalaciones, la cancelación de contratos y el temor por su seguridad y la de sus familias. La práctica deportiva, para ellas, no es solo un empleo o un pasatiempo: es una forma de identidad, de empoderamiento y de comunidad.

La gira a Inglaterra ofrecerá:

  • Partidos T20 frente a equipos locales y combinados.
  • Sesiones de entrenamiento con entrenadores y exjugadoras profesionales.
  • Visibilidad en grandes escenarios, incluida la final del Mundial T20 femenino.
  • Oportunidades para la formación y la conexión con ligas y clubes internacionales.

Estadísticas y perspectivas globales

Si bien el cricket femenino ha crecido significativamente en la última década —con aumentos en televisiones que transmiten torneos y en inversiones de franquicias—, las disparidades entre países son notorias. Por ejemplo, el torneo Women’s T20 World Cup ha aumentado su audiencia año a año: la edición de 2020 generó millones de espectadores en distintos mercados, y la tendencia de crecimiento se mantuvo en los ciclos siguientes según reportes del sector deportivo. Aun así, países con restricciones a la participación femenina han quedado aislados de ese crecimiento.

La integración de jugadoras afganas desplazadas puede interpretarse como una aportación doble a la comunidad del cricket: enriquece la calidad competitiva y, al mismo tiempo, refuerza la narrativa de que el deporte sirve como herramienta de inclusión y resiliencia social.

Retos logísticos y de sostenibilidad

Organizar una gira de este tipo implica retos prácticos: visados, alojamiento, seguridad, compatibilidad con calendarios internacionales y la necesidad de apoyo psicológico y social para las jugadoras que han vivido procesos traumáticos. Además, para que la gira deje una huella duradera se requiere acompañamiento posterior: programas de reinserción competitiva en ligas locales, acceso a visas deportivas de larga duración y acuerdos con clubes que puedan integrar a las jugadoras en sistemas semiprofesionales o amateur de alto nivel.

Qué puede aprender el cricket internacional

La experiencia de las cricketers afganas pone sobre la mesa lecciones que pueden aplicarse de forma más amplia:

  1. Políticas flexibles y humanitarias: Las federaciones internacionales deben contemplar mecanismos de integración para atletas desplazados o exiliados.
  2. Compromiso a largo plazo: Las iniciativas puntuales son valiosas, pero solo los programas sostenidos generan trayectorias deportivas y personales estables.
  3. Alianzas multidisciplinares: Colaboraciones entre federaciones, ONG, gobiernos y clubes aseguran soporte integral (formación, empleo, salud mental).
  4. Visibilidad y coberturas: Dar plataforma mediática a estas historias multiplica el impacto y atrae recursos y voluntades.

Historias que inspiran

Más allá de titulares y cifras, la verdadera medida del éxito de esta gira será la capacidad de transformar oportunidades individuales en cambios estructurales. Que jugadoras que perdieron su país y su acceso al deporte puedan volver a sentirse parte de una comunidad, competir en estadios reconocidos y aspirar a contratos, becas o cargos técnicos significa algo más que un resultado deportivo: es una restauración de dignidad y un mensaje claro contra la exclusión.

Como dijo Mel Jones en el comunicado de la ECB, “merecen ser reconocidas como parte de la comunidad internacional del cricket” (ECB). Ese reconocimiento no debe quedarse en palabras: requiere inversión, voluntad política y compromisos sostenidos por parte de las instituciones del cricket mundial.

Mirada al futuro

La gira de junio-julio es un paso importante, pero la pregunta que queda es si será un gesto aislado o el inicio de un proceso capaz de devolver a estas jugadoras la normalidad deportiva que les fue arrebatada. Si las federaciones y ligas europeas, oceánicas y asiáticas responden con programas de integración, becas y acuerdos de competición, podemos estar ante un cambio real que permita que el talento de estas deportistas no sea desperdiciado por razones políticas.

En definitiva, este equipo de cricketers afganas trae consigo más que técnica y pasión por el juego: trae una narrativa de resistencia, de reconstrucción y de exigencia a la comunidad deportiva global para que el deporte vuelva a cumplir su promesa de inclusión. Verlas jugar en Inglaterra no será solo disfrutar del cricket; será también un recordatorio de por qué el deporte importa en la vida de las personas.

Fuentes citadas y recomendadas: ECB — England and Wales Cricket Board, BBC — informes sobre la exclusión de mujeres en Afganistán, ICC — normativa y comunicados.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press