Maika Monroe, Daniel Roher y la nueva vocabulario del cine en Cannes: del horror cómico a la rehabilitación creativa
Cómo la actriz se rehace a sí misma entre risas y sangre y cómo un director superó la parálisis creativa para volver a contar historias que importan
Maika Monroe volvió a pasear por la alfombra de Cannes con una mezcla de reconocimiento y desafío: reconocimiento por haber iniciado una carrera que despegó precisamente en ese festival, y desafío por haberse atrevido a desdoblarse en un registro insospechado, donde la comedia mórbida y el histrionismo conviven con la violencia y la atmósfera gótica.
Un origen en Cannes que define una trayectoria
Para muchos cineastas y actores, el Festival de Cannes representa una plataforma que puede catapultar proyectos modestos hacia una visibilidad global. En el caso de Monroe, su punto de inflexión fue It Follows, una cinta de horror independiente cuya proyección en Critics’ Week en 2014 significó el inicio de su asociación pública con el género. Como ella misma recuerda: "I was a newbie... I’m pretty sure I spent my 21st birthday here" (AP News).
Esa frase no solo es anecdotaria; sintetiza el vínculo íntimo entre un artista en formación y un festival que, históricamente, ha sido la vidriera para propuestas de autor y soluciones formales arriesgadas. Cannes, fundado en 1946, ha sido desde entonces un termómetro para las tendencias del cine mundial: si algo se coloca allí, suele recalcar un cambio de paradigma o la consolidación de una corriente estética determinada.
El giro del género: del tabú a la programación oficial
Durante décadas, Cannes mantuvo una postura ambivalente frente al cine de género (terror, ciencia ficción, slasher): lo trataba con distancia, prefería destacar el cine de autor y las propuestas consideradas “serias”. Sin embargo, en los últimos años esa frontera se ha diluido. Este festival, antes rehén de ciertas etiquetas, ha permitido la presencia de películas que mezclan el terror con la sátira, la ciencia ficción con el comentario social, e incluso propuestas transgresoras que juegan con la tradición del melodrama gótico.
Ejemplos recientes que dieron cuenta de esa mudanza son títulos que combinaron elementos de género y autoría, como la irreverente Teenage Sex and Death at Camp Miasma de Jane Schoenbrun o Hope, un mashup coreano entre monstruo y ciencia ficción. Y, por supuesto, la propia Victorian Psycho, protagonizada por Monroe, que se presentó en la sección Un Certain Regard.
Maika Monroe: ¿Scream Queen o camaleón cómico?
La etiqueta de “Scream Queen” —esa denominación que suele asociarse a actrices que se convierten en emblemas del cine de terror— ha seguido a Monroe durante buena parte de su carrera: su desempeño en It Follows, Watcher y Longlegs la consolidó como una figura reconocible dentro del género. Pero Victorian Psycho la muestra en otra clave: la de una protagonista que raya en la histeria cómica, que sonríe con frecuencia y que transforma la violencia en un elemento de comedia negra.
Monroe admite cierto vértigo al aceptar este papel: "I didn’t know if I could pull it off. I decided to take the leap... There’s so much freedom in this role. It will definitely be the character I’ll miss the most" (AP News). Esa libertad se traduce en una actuación más exteriorizada, jugada al exceso y a la ironía, muy ligada a referentes clásicos del cine norteamericano como Jack Nicholson en The Shining (citado por Monroe como influencia) y a la versatilidad emocional de intérpretes contemporáneas como Olivia Colman.
Ese guiño a Nicholson no es casual: la idea del personaje que sonríe en medio del dolor, que combina encanto y locura con una mezcla incómoda, es un recurso que remite a tradiciones cinematográficas mayores. Monroe retoma esa herencia y la pone al servicio de una comedia macabra que, a la vez, dialoga con la represión de la era victoriana: "In the Victorian era, there was suppression... That’s what was such a joy in this" (AP News).
La comicidad como revalorización actoral
Más allá del género, Victorian Psycho funciona como una revalorización de las capacidades de Monroe. Actuar en clave comicó-mórbida implica dominar tiempos y registros muy distintos a los del horror puro: la cadencia lingüística, el ritmo físico, la construcción de una presencia que resulta simultáneamente entrañable y perturbadora.
Monroe admite que su carrera la ha llevado a una zona de confort interpretativo en el género, pero a la vez celebra la posibilidad de expandir su propia paleta: "Some of the films I’m most proud of are in this space of genre... So, what can you do?" (AP News). Ese pragmatismo revela una conciencia profesional madura: en un mercado donde la marca de un actor puede ser definitoria, jugar con las expectativas es también una estrategia para evitar el encasillamiento.
Daniel Roher: la otra cara del éxito precoz
Si la historia de Monroe nos habla de una actriz que creció con el festival, la de Daniel Roher es la de un director que experimentó tanto la cima (un Oscar por el documental Navalny) como la sensación de vacío creativo posterior. Roher contó que, tras ganar el premio, se sintió paralizado a los 29 años: inquieto por la posibilidad de que su obra cumbre funcionara como un monolito imposible de superar.
“There’s a pattern of young people winning and then sort of struggling to figure out what’s next”, dijo Roher, en una confesión que refleja un fenómeno real en el cine: la presión que impone el reconocimiento temprano. Ese miedo —que se traduce en bloqueo— no es anecdótico: la historia del cine registra casos de artistas que, tras un éxito, perdieron la brújula creativa o se sienten forzados a repetir fórmulas.
De la parálisis a la invención: el nacimiento de Tuner
Roher superó esa crisis creativa mediante la curiosidad y la observación: un encuentro casual con un afinador de pianos le inspiró la trama de Tuner, una película que mezcla crimen, comedia romántica y drama de personajes. La premisa es sencilla y al mismo tiempo sugerente: ¿qué pasa si alguien que vive de un oficio vinculado al oído y la precisión (un afinador de pianos) pierde esa habilidad? ¿Qué identidad le queda a una persona cuando ya no puede hacer aquello que la define?
La génesis de la idea fue íntima y anecdótica: Roher, en la etapa de conocer a la familia de su pareja en Los Ángeles, entabló amistad con un afinador que, según contó, no era ajeno a actividades de cerrajería y pequeños hurtos. Esa observación realista le permitió imaginar una fábula moderna sobre la ambivalencia moral y la economía de la supervivencia.
Tuner: un cine que recupera la mezcla de géneros
Tuner, estrenada en festivales como Telluride, es una película que muchos espectadores evocan como “lo que ya no se hace”: un híbrido de thriller criminal, comedia romántica y drama íntimo que recuerda la era en que los cuentos de personajes podían sostener a la vez suspenso y ternura. Leo Woodall interpreta a Niki, un aprendiz de afinador cuya curiosidad lo empuja a colaborar con delincuentes tras hallarse en una situación límite. Dustin Hoffman encarna a Harry Horowitz, el veterano del oficio, y la dinámica entre ellos incorpora tanto la tradición actoral como la frescura de la nueva generación.
Woodall, al describir la cinta, dijo: “It has what I want from a movie. It’s entertaining and it’s a simple story, well-told...” (AP News). Esa apreciación subraya una verdad del cine contemporáneo: la audiencia sigue valorando historias claras, personajes tridimensionales y una economía narrativa que no sacrifica la emoción por la originalidad formal.
Dirigir a un ícono: la experiencia con Dustin Hoffman
Un dato llamativo de Tuner es la presencia de Dustin Hoffman, un veterano que representa una tradición actoral dificilísima de igualar. Dirigir a actores de su nivel puede intimidar a cualquier cineasta, especialmente a uno que, hasta entonces, había trabajado principalmente en documentales. Pero la relación entre Roher y Hoffman resultó ser sorprendentemente fluida: Roher combinó respeto y claridad en su dirección, y Hoffman respondió con profesionalismo, incluso cuando improvisaba.
Woodall recordó con humor cómo Roher manejaba los desvíos: “if Dustin was going a little too far off piece improvising, he would go ‘Dustin, Dustin, let’s do the lines now,’” y la respuesta del veterano era, según Woodall, “yes, sir” (AP News). Esa anécdota ilumina una lógica en el trabajo con actores experimentados: el equilibrio entre permitir la libertad interpretativa y proteger la estructura dramática del texto.
Creatividad en tiempos de fragmentación: la práctica constante de Roher
Una imagen recurrente en la entrevista con Roher es la de un creador que no deja de producir, incluso cuando está en conversaciones o en tránsito. Esquemas, dibujos, notas y pequeñas piezas creativas le sirven como alimento permanente. En sus palabras, si él fuera un término de montaje, sería “una especie de montaje humano”: una acumulación de ideas, gestos y propuestas que se ensamblan de manera rápida y constante.
La intensa actividad de los últimos años —hacer simultáneamente Tuner y un documental sobre inteligencia artificial— representa para Roher una especie de renacimiento creativo: “The last few years have been an extraordinary creative renaissance... Having to balance both of those films at the same time was a very profound creative challenge” (AP News).
Reflexiones sobre los caminos del festival y la industria
- El festival como flashpoint: Cannes continúa siendo un lugar donde se visibilizan matrices cinematográficas. No solo se premia, sino que se legitiman mutaciones estéticas: la inclusión creciente del género en sus secciones secundarias y principales apunta a una mayor porosidad entre lo que se considera ‘cine serio’ y ‘cine de entretenimiento’.
- La identidad profesional y la reinvención: Tanto Monroe como Roher muestran estrategias distintas para manejar la presión de la propia imagen: ella expande su registro desde el horror hacia la comedia macabra; él transforma el bloqueo en germen para otra historia. Ambos casos hablan de la necesidad contemporánea de diversificar la práctica artística.
- La convivencia intergeneracional: Proyectos como Tuner (con la presencia de Hoffman) muestran cómo la colaboración entre generaciones puede revitalizar relatos clásicos y acercarlos a nuevas sensibilidades.
Lo que estas películas nos dicen sobre el público
Más allá de los lauros y las anécdotas, la recepción de títulos como Victorian Psycho y Tuner sugiere que el público contemporáneo —y los programadores de festivales— están dispuestos a abrazar combinaciones arriesgadas: comedia y violencia, carácter y trama, pasado histórico y sensibilidad moderna. Esa apertura responde a una demanda por historias que sean al mismo tiempo disruptivas y emocionalmente honestas.
El placer de lo inesperado
Quizá la lección más clara que dejan las trayectorias de Monroe y Roher es el valor de lo inesperado. La actriz que cumplió 21 años en Cannes y emergió como icono del horror decidió, años después, reírse de la propia lucha contra el pánico en pantalla; el director que ganó un Oscar y entró en crisis creativa convirtió un encuentro casual en la chispa de una ficción rica en matices. En ese sentido, Cannes funciona como espejo: refleja y multiplica las transformaciones que ya ocurren en la práctica cinematográfica.
En un momento en que la industria y los públicos cambian con rapidez, la combinación de riesgo estético y estabilidad profesional se vuelve una fórmula atractiva. La carrera de Maika Monroe ya no puede reducirse a una sola etiqueta, y Daniel Roher parece haber encontrado, tras la parálisis, una nueva fuente de impulso creativo. Es probable que ambos sigan desafiando expectativas: ella, con personajes que mezclan risa y peligro; él, con películas que revalorizan la mezcla de géneros y la economía narrativa.
Si algo muestran estas historias es que la reinvención, cuando viene acompañada de honestidad y riesgo, no solo beneficia a los artistas: enriquece el panorama del cine contemporáneo y le devuelve al público la posibilidad de sorprenderse. Cannes, con su historia y su capacidad de amplificación, seguirá siendo el escenario ideal para estos repliegues y arranques: allí donde una carrera puede comenzar y, también, transformarse por completo.
Fuentes citadas en las entrevistas y testimonios: AP News — cobertura de Cannes y entrevistas con Maika Monroe y Daniel Roher (https://apnews.com/hub/movies).