Cima de muchos: el auge de escaladores en el Everest y el dilema de la seguridad
Cuando la montaña más alta del mundo se convierte en una autopista: congestión, riesgos y propuestas para regular el ascenso
Una temporada sin precedentes
Este año el Himalaya registró cifras que han sacudido a la comunidad montañista: desde la vertiente nepalí del Monte Everest se expidieron 494 permisos de escalada y, en un solo día, 274 personas alcanzaron la cumbre. Estos números, potenciados por el cierre temporal de la ruta desde el Tíbet, han generado un debate urgente: ¿cómo gestionar el acceso a un pico que no crece, pero sí lo hacen las filas en sus empinadas aristas?
El fenómeno de la congestión y sus consecuencias
Escalar el Everest nunca fue una empresa fácil. A 8.849 metros sobre el nivel del mar, las ventanas meteorológicas favorables son estrechas y el oxígeno escaso convierte cada hora de exposición en un cálculo de vida o muerte. Cuando cientos de escaladores coinciden en esos mismos momentos, la montaña puede convertirse en lo que muchos llaman una "autopista" vertical: largas colas sujetas a las cuerdas fijas, esperas inmóviles y decisiones forzadas por el reloj y la meteorología.
Las consecuencias no son solo logísticas. A mayor congestión, mayor probabilidad de accidentes por fatiga, congelaciones, errores humanos y mala gestión del material. Además, la acumulación de personas en tramos estrechos aumenta la exposición total al viento, al frío y a las tormentas súbitas que caracterizan la alta montaña.
Voces desde la cima: experiencia que advierte
Una de las voces más autorizadas en este debate es la de Kami Rita Sherpa, guía sherpa de referencia mundial, quien recientemente alcanzó la cumbre por su 32.ª vez. Tras su descenso declaró: “It was very crowded this year compared to last year because there was more clients. There is a need for authorities to control this number.” (AP). Su experiencia acumulada, que se remonta a su primer Everest en 1994, no solo le da prestigio, sino que aporta datos de primera mano sobre cómo la afluencia masiva puede transformar una ascensión técnica en una operación de gestión de multitudes.
¿Qué ha cambiado en la última década?
Varias dinámicas han contribuido a este aumento de aspirantes a la cima. Entre ellas:
- Comercialización de las expediciones: empresas que ofrecen paquetes completos han reducido las barreras de entrada para clientes con menos experiencia técnica, apoyándose en guías y logística profesional.
- Mayor interés global por experiencias extremas: la cultura de logro y la visibilidad mediática de las cumbres han incentivado a más personas a intentar la hazaña.
- Condiciones políticas y sanitarias: cierres temporales de rutas, como los ocasionados por conflictos, pandemia o restricciones nacionales, concentran en una sola cara de la montaña a quienes antes se repartían entre Nepal y China.
Riesgos específicos de las "horas perdidas" en la alta montaña
Cada minuto en la zona conocida como la "zona de la muerte" (por encima de los 8.000 m) tiene un coste fisiológico. La reducción del oxígeno disponible provoca deterioro cognitivo, disminución de la coordinación y decisiones erráticas. Cuando las colas obligan a los escaladores a permanecer más tiempo del previsto en ese tramo, aumentan los episodios de desorientación, hipoxia severa y fallo físico.
Además, la espera en espacios estrechos limita la capacidad de maniobra ante una emergencia y complica el rescate. Los equipos de oxígeno pueden agotarse antes, y las ayudas externas —helicópteros, evacuaciones— se vuelven más complejas por la altitud y las condiciones meteorológicas.
Propuestas realistas para desahogar la montaña
Frente a este desafío, varios actores —guías locales, autoridades nepalíes, operadores internacionales y organismos de conservación— han planteado soluciones que buscan equilibrar el derecho a la aventura con la obligación de preservar vidas y el medio ambiente. Entre las medidas más discutidas están:
- Cuotas estrictas y límites diarios: establecer un número máximo de ascensos por día para evitar picos de concurrencia en las ventanas meteorológicas más seguras.
- Endurecer requisitos técnicos y de experiencia: exigir un historial mínimo de ascensiones a otras montañas de alta altitud o certificaciones que demuestren capacidad para gestionar situaciones críticas.
- Regulación de operadores: licencias más exigentes para empresas que organizan expediciones, con inspecciones y sanciones por incumplimientos de seguridad y abandono de desechos.
- Sistemas de reserva y horarios escalonados: asignación de franjas horarias para ascensos, de forma que las cimas se conviertan en destinos repartidos a lo largo del día en lugar de concentrarse en una ventana única.
- Mayor protagonismo y remuneración para las comunidades sherpas: invertir en formación, equipos de seguridad y condiciones laborales dignas para los guías que, además de su labor técnica, asumen la gestión de muchos riesgos humanos.
Balance económico y social
Los permisos de ascenso son una fuente significativa de ingresos para Nepal. El valor económico de las expediciones incluye permisos, logística, alojamiento y comercio local. Sin embargo, la dependencia excesiva de estos ingresos puede generar incentivos para autorizar más escaladores de los que la montaña puede soportar con seguridad.
Por eso la reforma debe considerar mecanismos que redistribuyan beneficios: tarifas diferenciadas según el nivel de servicio, fondos para conservación y compensación a las comunidades afectadas, y programas de turismo sostenible que contemplen la protección del entorno y la seguridad de los participantes.
Historia y aprendizaje: cómo ha evolucionado la ascensión al Everest
Desde la primera cumbre verificada en 1953 por Sir Edmund Hillary y Tenzing Norgay, el Everest pasó de ser una hazaña reservada a equipos de élite a convertirse en un objetivo accesible para clientes con apoyo comercial. Ese tránsito ha traído avances en tecnología, logística y medicina de alta montaña, pero también desafíos éticos y de capacidad de respuesta ante emergencias masivas.
Los episodios más trágicos en la historia del Everest han servido como llamadas de atención para mejorar protocolos de seguridad, gestión de residuos y criterios de autorización. El reto actual es integrar esas lecciones en una política coherente y sostenible que evite replicar errores del pasado.
El papel de la comunidad internacional y la responsabilidad conjunta
La regulación del Everest no puede recaer solo en una nación. Aunque Nepal gestiona la vertiente sur, la montaña es patrimonio mundial de la comunidad alpinista global. Se requiere coordinación entre gobiernos, federaciones de montaña, operadores y ONG ambientales para consensuar estándares mínimos que prioricen la vida humana y la conservación.
Un enfoque colaborativo debe incluir investigación sobre impactos ambientales, transparencia en la información sobre número de expediciones y protocolos de rescate compartidos. También es esencial escuchar a las comunidades sherpas, guardianes tradicionales del Himalaya, quienes aportan conocimientos locales y ven de primera mano las consecuencias del turismo masivo.
Hacia una nueva cultura de la cumbre
Escalar una montaña como el Everest implica una mezcla de deseo individual y responsabilidad colectiva. La gloria de la cumbre no debería convertirse en una trampa para la seguridad. Las políticas que limiten el acceso, aumenten los requisitos técnicos y fortalezcan la gestión local pueden parecer restrictivas, pero buscan conservar la posibilidad de que futuras generaciones también puedan contemplar el mundo desde su cima.
En palabras de quienes conocen la montaña desde dentro: no se trata de negar la experiencia, sino de garantizar que esa experiencia no cueste vidas ni degrade un entorno único. Si el alpinismo aspira a ser auténtico y sostenible, la respuesta a la congestión del Everest tendrá que combinar prudencia, ciencia, ética y, sobre todo, respeto por la montaña y por quienes la guían.
Fuente de la cita: declaración de Kami Rita Sherpa en el aeropuerto de Katmandú, reportada por AP.
Si quieres profundizar en cifras y cronologías históricas sobre el Everest, hay abundante literatura y bases de datos de montañismo que registran ascensos, permisos y acontecimientos relevantes a lo largo de las décadas.
