La encrucijada latina en Arizona: cómo la ofensiva migratoria y la inflación ponen a prueba el voto que llevó a Trump al poder
Entre arrepentimientos, apoyos y preocupaciones económicas, el electorado latino que ayudó a la victoria de 2024 puede redefinir las batallas políticas de 2026 y 2028
En los vecindarios latinos de Phoenix se vive una tensión política tangible: el mismo bloque de votantes que, en 2024, dio pasos hacia el Partido Republicano y contribuyó a la reelección presidencial ahora muestra señales de desaliento. Entre redadas migratorias, subidas de precios y recuerdos de políticas locales duras, muchos latinos que apoyaron a la candidatura republicana comienzan a cuestionar su decisión.
Un giro reciente en el apoyo
Las encuestas más recientes apuntan a un retroceso significativo en la aprobación del presidente entre los votantes latinos que le dieron su voto en 2024. Según un sondeo del Pew Research Center realizado en abril de 2026, la aprobación entre esos votantes cayó de un 93% a comienzos del mandato a un 66% en abril de 2026; entre los votantes no latinos que apoyaron al presidente también hubo declive, pero menos pronunciado, del 95% al 79% en el mismo período (Pew Research Center, abril de 2026).
Ese tipo de variaciones no son meramente numéricas: en estados y condados donde los márgenes son estrechos —como Maricopa County en Arizona, el condado de mayor población en un gran estado bisagra— la pérdida de entusiasmo de un segmento del electorado latino puede traducirse en cambios decisivos en elecciones estatales y nacionales.
Voces desde South Phoenix: arrepentimientos y apoyos firmes
En una tarde de mercado y misa en español, las opiniones en South Phoenix —un enclave predominantemente latino— reflejan la polarización. Sandra Ramírez, quien rompió con la tradición familiar demócrata para votar por Trump en 2024, confiesa: "Sé que mi voto por Trump fue un error" y añade que ver operaciones de control migratorio en barrios y escuelas la hizo sentir que sus vecinos eran blanco por el color de su piel. Su frase resume una sensación extendida entre quienes sienten que la aplicación de la ley se ha vuelto demasiado amplia y punitiva.
En contraste, otros residentes mantienen su respaldo. Ronnie Martínez, veterano del Ejército, explica su apoyo en términos de seguridad fronteriza: "No quiero criminales indocumentados viniendo de Guatemala, Venezuela y Centroamérica". Para muchos como él, la prioridad es el control de fronteras y la percepción de orden público.
Entre ambos extremos hay voces como la de Albert Rodríguez, artista del tatuaje, que votó por Trump y ahora se arrepiente al ver operaciones de inmigración que, según él, golpean a vendedores ambulantes y familias. "La policía de inmigración está tirando a la paleta del paletero", dice, ilustrando cómo las redadas han alcanzado a trabajadores informales que no encajan con el perfil de ‘criminal’ que prometía perseguir la campaña.
Las raíces históricas en Arizona
Arizona no es un caso aislado: su historia política respecto a la inmigración ha sido determinante en la configuración del sentimiento latino. En 2010 la Legislatura estatal aprobó la ley SB1070, que exigía a la policía comprobar el estatus migratorio de cualquier persona sobre la que recayera la sospecha de estar en el país sin autorización. La polémica ley y las actividades del entonces sheriff Joe Arpaio —con redadas y prácticas que organizaciones de derechos civiles calificaron de perfil racial— dejaron una huella profunda en la comunidad latina.
Informes oficiales reforzaron esas críticas: en 2011 el Departamento de Justicia de Estados Unidos publicó un documento que encontró prácticas discriminatorias en la oficina del sheriff Arpaio. Más adelante, en 2013, un fallo federal declaró que la oficina había ilegalmente perfilado y detenido a latinos. Arpaio fue posteriormente condenado por desacato y luego indultado por la presidencia; episodios así alimentaron la memoria colectiva y la desconfianza hacia políticas y figuras públicas asociadas con medidas de mano dura.
El factor económico: inflación y poder adquisitivo
Otro elemento que explica el retroceso en la aprobación es el económico. Muchos votantes latinos centran sus decisiones en la economía doméstica: el costo de la vivienda, la gasolina y los precios de los alimentos. Encuestas y análisis post-electorales han mostrado que la preocupación por la economía fue un motor importante del giro hacia el Partido Republicano en 2024. No obstante, si la percepción es que la mejora prometida no llega o que el aumento del costo de la vida erosiona los ingresos familiares, el apoyo puede revertirse rápidamente.
Jan Brewer, ex gobernadora republicana de Arizona y firmante de SB1070, reconoció públicamente que la inflación y el encarecimiento de bienes básicos pueden alejar a los votantes latinos del Partido Republicano si no se perciben soluciones tangibles. Ese reconocimiento subraya que la consolidación de un nuevo electorado requiere más que promesas; exige políticas que incidan directamente en la economía familiar.
Organización y memoria colectiva como factores de resistencia
Demócratas y organizaciones comunitarias en Arizona llevan años construyendo redes de movilización entre latinos, muchas veces en respuesta a políticas de mano dura. Activistas y grupos de base han trabajado en registro de votantes, educación cívica y respuesta ante redadas, y esos esfuerzos han demostrado ser resilientes. Salvador Reza, activista local, sintetiza: "Fuimos el laboratorio donde se implementaron muchas de estas políticas con el sheriff Joe; ahora vemos esas mismas tácticas extendidas a nivel nacional". Esa memoria y experiencia organizativa pueden funcionar como contrapeso frente a intentos de atracción partidaria mediante discursos o medidas simbólicas.
El impacto de la movilización se vio en elecciones recientes: la franja de votantes latinos que se mantiene informada y organizada tiende a traducirse en participación más consistente en urnas municipales, estatales y federales. Para los demócratas, recuperar a los latinos que migraron al voto republicano en 2024 pasa por reforzar esa organización y ofrecer alternativas políticas creíbles; para los republicanos, la tarea es sostener el vínculo con votantes para los que la seguridad fronteriza y medidas económicas fueron determinantes.
¿Qué está en juego para 2026 y 2028?
La posibilidad de una erosión continua del apoyo latino al presidente tiene implicaciones estratégicas. En estados con condados bisagra, incluso cambios modestos en la participación o la preferencia del electorado pueden inclinar resultados. Maricopa County, con un tercio de su población identificada como latina y una proporción importante de inmigrantes, es un ejemplo claro: su comportamiento electoral ha cambiado en la última década y ahora es determinante para candidatos y estrategias nacionales.
Además, más allá del resultado de una elección concreta, está en juego la confianza de comunidades enteras en las instituciones y en quién vela por sus intereses. Si las políticas de inmigración y las operaciones de control siguen percibiéndose como indiscriminadas o vigorizan prácticas de perfilamiento, parte del electorado latino podría desplazarse nuevamente o, al menos, reducir su entusiasmo —lo que es igual de peligroso electoralmente en contiendas cerradas.
Claves para los partidos
- Para los demócratas: reforzar la organización comunitaria, ofrecer mensajes y políticas económicas concretas que alivien la presión sobre el bolsillo familiar y presentar alternativas creíbles en seguridad pública y migración.
- Para los republicanos: mantener la promesa de control fronterizo sin alienar a votantes que se sienten atacados por la aplicación de medidas; traducir los apoyos económicos en beneficios tangibles que la comunidad perciba.
- Para ambas fuerzas: escuchar de forma sostenida a líderes locales y organizaciones de base, porque el voto latino no es monolítico y responde tanto a símbolos como a resultados concretos.
En definitiva, el caso de Arizona y de Phoenix muestra que el bloque latino no es un elector cautivo: reaccionó en 2024 a mensajes y preocupaciones concretas y ahora vuelve a modular su apoyo en función de las políticas implementadas y del impacto real en la vida cotidiana. Entre arrepentimientos personales, prioridades de seguridad y la presión del costo de la vida, las próximas elecciones serán una prueba para medir si ese desplazamiento de voto fue una tendencia momentánea o el inicio de una realineación más duradera.