Cadenas cortadas: cómo el cierre de rutas marítimas y terrestres ahoga la ayuda y el comercio en Afganistán

La guerra en el estrecho de Ormuz y el cierre de la frontera con Pakistán multiplican costos, retrasan suministros humanitarios y ponen en riesgo la subsistencia de familias y negocios afganos

Afganistán afronta una crisis silenciosa pero devastadora: cuando una nación depende en gran medida de rutas externas para recibir alimentos, medicinas y bienes esenciales, el cierre de pasos fronterizos y la paralización de vías marítimas se traducen rápidamente en hambre, sobrecostos y colapso de cadenas productivas.

El cortocircuito geográfico: de Karachi a Bandar Abbas y luego al desvío por Asia Central

A finales del año pasado, con el cierre de la frontera entre Afganistán y Pakistán tras un conflicto bilateral, empresas afganas y organizaciones humanitarias buscaron alternativas. Una de las más naturales fue el puerto iraní de Bandar Abbas, en el estrecho de Ormuz, tradicional puerta de entrada para carga que se dirige al interior de Asia Central y Afganistán. No obstante, la guerra en Irán desató un efecto en cadena: la presencia de combates y de bloqueos en el Estrecho de Ormuz dejó hundidos cientos de buques y miles de tripulantes, imposibilitando el tránsito habitual de mercancías.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA, o WFP por sus siglas en inglés) —que suministra suplementos nutricionales vitales para madres y niños y galletas energéticas fortificadas para escolares— vio cómo su abastecimiento se asfixiaba. Antes de la crisis los suministros nutricionales del PMA para Afganistán provenían mayoritariamente de Pakistán; tras el cierre de esa frontera en octubre, el organismo reruteó por Dubái e Irán. Con la escalada del conflicto en el estrecho, esa ruta quedó prácticamente anulada.

Impacto inmediato en salud y nutrición

Los efectos son tangibles y brutales: por meses el PMA ha registrado incrementos exponenciales en costos de transporte y cadenas de suministro rotas. A mediados de abril los suplementos nutricionales se habían agotado en los almacenes de operaciones para Afganistán. John Aylieff, director del PMA en Afganistán, advirtió que “en un momento en que la desnutrición ya está en niveles cercanos a récords, madres y niños debilitados y desesperados están siendo rechazados en los centros de salud porque no tenemos comida para entregarles” (comunicado del PMA, abril de 2026).

La magnitud del problema se comprende mejor con cifras: el PMA ha recibido únicamente el 8% de su financiación anual prevista para sus operaciones en el país este año, lo que multiplica la vulnerabilidad de la respuesta humanitaria. A ello se suma que los costos de los suplementos nutricionales aumentaron alrededor de un 35% y que los costos logísticos generales del organismo se triplicaron en algunos corredores alternativos, según datos internos del PMA compartidos por su representación en Kabul.

Rutas que se estiran kilómetros y meses

La necesidad de evitar el estrecho derivó en soluciones logísticas extraordinarias: algunos envíos salieron de Dubái y, en lugar de cruzar el Golfo, emprendieron una travesía por carretera y mar mucho más larga. Un cargamento de galletas energéticas fortificadas quedó varado en Emiratos Árabes Unidos por la imposibilidad de cruzar hacia Irán. Finalmente esa partida emprendió una ruta que pasó por Arabia Saudí, Jordania, Siria, Turquía, Georgia, Azerbaiyán y cruzó el mar Caspio hacia Turkmenistán, antes de entrar por la red terrestre hacia Afganistán. Ese envío estuvo en tránsito durante tres meses.

Para el sector privado las cifras son igualmente dramáticas. Antes de la guerra en Irán, el alquiler de un contenedor rondaba entre 3.000 y 3.600 dólares por envío; ahora, en muchos casos, supera los 7.000 dólares y para ciertos trayectos llega a superar los 11.000 dólares. Para cargas de electrónica importadas desde China, algunos comerciantes pasaron de pagar 1.100–1.500 dólares por entrega a facturas superiores a 15.000 dólares. Estos incrementos multiplican los costos de reposición y erosionan márgenes hasta volver inviables negocios formales.

Historias detrás de los números: empresarios y familias al borde

El testimonio de Lutfullah Akbari, empresario importador de equipos de construcción en Kabul, ilustra el drama: con sus suministros bloqueados y la logística volviéndose prohibitivamente cara, contempla la posibilidad de abandonar su carga. “La guerra Irán-EE. UU. ha tenido un enorme impacto en mi empresa”, afirmó. Otros comerciantes describen presiones del sector logístico para cobrar más que el valor de la mercancía, lo que empuja a algunos a vender a pérdida o a abandonar consignaciones retrocediendo la actividad económica local.

La consecuencia para la población es doble: escasez de productos básicos —desde alimentos y fertilizantes hasta repuestos y materiales de construcción— y un aumento de precios que reduce el poder adquisitivo de los hogares. Aunque el gobierno de facto afgano trata de minimizar el efecto general argumentando que los precios permanecen relativamente estables (alrededor de un incremento del 3% en ciertos índices), la percepción en el terreno es de presión creciente en mercados y cadenas de suministro.

Central Asia: un parche costoso y limitado

Ante la disrupción del comercio por el sur, la mayor parte del flujo comercial afgano ha girado hacia el norte. Según autoridades de la Cámara de Comercio e Inversión de Afganistán, más del 60% del comercio ahora pasa por rutas que atraviesan Asia Central —corredores ferroviarios y carreteros que conectan con Uzbekistán, Turkmenistán y Kazajistán; además, Rusia y China cubren parte de la demanda. Turquía ha emergido como un actor logístico clave: mercancías enviadas por ese país se transportan a menudo por ferrocarril o carretera y cruzan por Azerbaiyán o Irán hasta puntos de entrada al país.

El reencauzamiento hacia Asia Central mitiga parcialmente el efecto de la guerra en Irán, pero no lo elimina: la distancia aumentada, las transiciones multimodales (camión-ferrocarril-barco) y las múltiples aduanas elevan tiempos, riesgos y costos, además de requerir infraestructuras fronterizas que en algunos pasos son insuficientes para la demanda nueva.

Opciones y restricciones políticas

Resolver la crisis no depende únicamente de corredores logísticos: tiene un componente geopolítico. La normalización del comercio con Pakistán requeriría un arreglo político entre Kabul y Islamabad; por ahora, las tensiones mantienen cerradas varias rutas clave. Por otra parte, la reapertura plena del estrecho de Ormuz depende de la evolución del conflicto en Irán y de medidas internacionales para garantizar la seguridad marítima en la región.

En paralelo, las organizaciones humanitarias enfrentan un círculo vicioso: menos fondos (8% de la financiación anual prevista para el PMA) y costos crecientes reducen la capacidad de respuesta, lo que hace más urgente pero más difícil financiar operaciones. “A esto se suma la crisis de financiación; el conflicto en Oriente Medio y el cierre de la frontera con Pakistán están asfixiando las operaciones del PMA —bloqueando rutas de suministro, encareciendo costos y tensionando mercados en el peor momento posible”, señaló Aylieff (comunicado del PMA, abril de 2026).

Qué se puede hacer: soluciones de corto y medio plazo

  1. Corredores humanitarios y acuerdos temporales: negociar corredores seguros para bienes esenciales y combustible mediante mediación internacional puede reducir tiempos y costos para ayuda humanitaria en lo inmediato.
  2. Apoyo financiero urgente: aumentar los aportes a organismos como el PMA es crítico; cada mes sin fondos suficientes implica vidas en riesgo por desnutrición infantil y necesidades médicas no cubiertas.
  3. Inversión en infraestructura fronteriza: mejorar nodos logísticos en las fronteras con Asia Central (terminales, almacenamiento, pasos aduaneros) para absorber el incremento del tránsito.
  4. Política y diplomacia regional: impulsar negociaciones entre Afganistán, Pakistán e Irán con facilitación internacional para restablecer rutas comerciales tradicionales y mecanismos de tránsito.
  5. Diversificación de orígenes de suministro: promover compras regionales y producción local de algunos insumos básicos cuando sea posible para reducir dependencia de pasos geopolíticamente vulnerables.

La adopción simultánea de medidas logísticas, financieras y diplomáticas es la vía más realista para prevenir que la actual crisis se convierta en una catástrofe humanitaria de largo plazo. Para millones de afganos, el restablecimiento de cadenas de suministro no es un asunto técnico: es la diferencia entre alimentar a un niño y verlo empeorar por desnutrición.

Mientras tanto, las historias desde Kabul —como la de comerciantes que contemplan abandonar su carga o clínicas que ya no pueden entregar suplementos a madres y niños— recuerdan que los efectos de las guerras a distancia no respetan fronteras: se filtran por puertos, carreteras y estaciones hasta tocar la vida cotidiana de la gente más vulnerable.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press