Tom Steyer y la campaña más cara de California: ¿puede el dinero comprar la gobernación?

Un análisis sobre el efecto del gasto publicitario récord en la contienda por la gobernación de California y lo que realmente mueve el voto en tiempos de saturación mediática.

La carrera por la gobernación de California se ha convertido en un experimento sobre el poder del dinero en la política moderna. Tom Steyer, multimillonario y activista liberal que se reinventó tras una carrera en fondos de inversión, ha convertido su candidatura en la campaña publicitaria más cara del país este año: más de 195 millones de dólares gastados o contratados en anuncios para televisión, cable y radio, según datos de rastreadores publicitarios como AdImpact.

Un torrente de publicidad y la acusación de “comprar” la oficina

El despliegue de anuncios de Steyer ha generado críticas inmediatas: rivales y observadores han dicho que su estrategia equivale a intentar comprar la gobernación. En comparación, su inmediato rival demócrata ha destinado una fracción de ese monto. Esa disparidad levanta preguntas sobre equidad, visibilidad y la dinámica de las primarias abiertas en California, donde más de 50 nombres figuran en la boleta y el sistema “top two” deja avanzar a los dos con más votos, sin importar el partido.

La saturación de mensajes —spots en horarios estelares, cuñas en radio, y una presencia constante en plataformas digitales como YouTube e Instagram— ha convertido a Steyer en el candidato más visible. Para muchos votantes esto significa conocer su nombre; para otros, genera rechazo por la sensación de sobreexposición y la percepción de que la influencia del dinero eclipsa el debate de ideas.

¿Gasto extremo igual a ventaja electoral?

La historia política estadounidense ofrece ejemplos que iluminan, y a la vez desmienten, la suposición de que el dinero asegura la victoria. En 2010, la empresaria Meg Whitman gastó en torno a 178,5 millones de dólares —muchos de ellos de su propio bolsillo— en la contienda por la gobernación de California y perdió. Más cerca en el tiempo, en 2022, el multimillonario Rick Caruso invirtió más de 100 millones para la alcaldía de Los Ángeles y fue derrotado por un rival con mucho menos gasto. Hay casos extremos: la campaña presidencial de Michael Bloomberg en 2020 superó el billón de dólares en gastos propios sin lograr la nominación.

Estos ejemplos muestran que, si bien el dinero compra anuncios y atención, no garantiza adhesión ni movilización de electores en la proporción esperada. Factores como carisma del candidato, mensajes que resuenen con preocupaciones concretas (vivienda, seguridad, economía), y la calidad de la movilización en terreno suelen ser decisivos.

La estrategia de visibilidad y sus límites

Steyer ha usado su ventaja financiera para no depender solo de la difusión tradicional: la campaña ha pagado a creadores de contenido e influencers, ha producido anuncios digitales segmentados y ha lanzado mensajes que buscan desgastar la imagen de rivales clave. Esa táctica amplifica su presencia en audiencias que consumen menos televisión tradicional y más formatos en línea.

No obstante, la presencia omnipresente también tiene costos. En encuestas y conversaciones públicas, algunos votantes expresan hastío por la repetición constante de anuncios; otros perciben que los recursos destinados a publicidad masiva podrían ser mejor invertidos en organización de base, movilización en distritos claves y contacto directo con comunidades afectadas por problemas reales: acceso a vivienda asequible, servicios públicos, salud mental y seguridad ante incendios y cortes de seguros por riesgos climáticos.

El debate sobre influencia y legitimidad

Más allá de la eficacia electoral, la contienda plantea un debate ético y político: ¿debe permitirse que una persona con gran riqueza personal monopolice la exposición mediática en una elección? Hay defensores que argumentan que en una democracia abierta cualquier ciudadano puede invertir su dinero para participar en la conversación pública. Otros señalan que esa lógica favorece desproporcionadamente a quienes ya poseen enormes recursos y empuja a la periferia a candidatos con menos fondos pero con propuestas sustantivas.

En California, una comunidad política con fuerte tradición activista y grupos comunitarios consolidados, esa tensión es palpable. Candidatos y organizaciones locales presionan por límites a la influencia del dinero oscuro y mayor transparencia en la publicidad política, mientras los tribunales han ido moldeando el terreno legal sobre la libertad de gasto independiente en campañas.

Ventaja en publicidad, desventaja en legitimidad

La ventaja de Steyer no se limita a publicidad: el flujo constante de anuncios le permite controlar narrativas y fijar la agenda de campaña. Sin embargo, el valor de esa visibilidad puede erosionarse si los anuncios no construyen confianza ni conectan con percepciones de legitimidad. Estudios sobre conducta electoral indican que la exposición repetida puede aumentar el reconocimiento del nombre, pero la decisión de voto depende de evaluación de competencia, valores y cercanía por temas locales.

En el contexto californiano, donde la crisis de vivienda y los costos de vida son prioritarios para muchos electores, un candidato debe demostrar políticas concretas y capacidad de gestión más allá del dinero gastado en promoción.

Movilización en terreno: la clave que el dinero no compra

Campañas exitosas combinan recursos económicos con estrategia de campo: organizar voluntarios, crear redes de contacto comunitario, traducir mensajes a múltiples idiomas y articular propuestas claras sobre problemas cotidianos. Ejemplos recientes muestran que la inversión en infraestructura de campaña y contacto personal suele rendir más votos por dólar que la mera saturación publicitaria.

En una primaria con más de cincuenta candidatos y votación por correo en marcha, la capacidad de movilizar a simpatizantes y de persuadir a votantes indecisos en distritos clave puede marcar la diferencia. Un gasto monumental en medios puede producir reconocimiento, pero sin un esfuerzo sostenido de campo y políticas palpables, la conversión de ese reconocimiento en votos queda en entredicho.

Transparencia, influencias externas y nuevas tácticas

La era digital ha introducido nuevas dinámicas: contenido patrocinado por influencers, anuncios micro-segmentados y campañas digitales que se asemejan más a estrategias de marketing comercial. Eso plantea preguntas sobre transparencia: ¿quién financia qué mensaje y cómo afecta eso a la confianza ciudadana? Además, la capacidad de pagar a creadores de contenido para amplificar mensajes políticos abre un frente de debate normativo y ético.

Los votantes parecen receptivos a la información directa, pero también desconfían de mensajes que perciben como comprados o manipulados. En este sentido, las campañas que combinen claridad programática, fiscalización abierta de financiamiento y conexiones auténticas con comunidades tienen un camino más sólido hacia la legitimidad.

Reflexión final: ¿qué ganará primero, la atención o la elección?

La contienda por la gobernación de California es un laboratorio sobre la relación entre dinero, comunicación política y democracia. Tom Steyer ha logrado, sin duda, algo que pocos candidatos alcanzan: dominar la conversación pública a través del gasto masivo. Pero la historia política reciente advierte que la atención comprada no siempre se traduce en victorias electorales. En una campaña donde los problemas estructurales de California —vivienda, presupuestos, incendios, servicios sociales— pesan en la vida cotidiana de millones, la pregunta crucial es si el nivel de gasto puede transformarse en confianza y votos.

En las próximas semanas, a medida que se acerque la primaria, veremos si la inversión publicitaria se sostiene con organización territorial, propuestas concretas y la capacidad de articular soluciones reales. Si no ocurre, la campaña podría quedar como un caso emblemático: el costo de dominar la pantalla sin haber ganado del todo la voluntad del electorado.

  • Dato relevante: AdImpact registró más de 195 millones de dólares en gasto o contratación publicitaria para la campaña de Steyer (AdImpact).
  • Comparación histórica: En 2010, Meg Whitman gastó aproximadamente 178,5 millones de dólares en su campaña por la gobernación de California, en su mayoría fondos personales (registro electoral público de California, 2010).
  • Contexto electoral: California emplea un sistema de primaria “top two” en el que los dos candidatos con más votos avanzan a la elección general, sin importar su filiación partidista (Código electoral de California).

Si desea profundizar en los números de publicidad política digital y televisión, puede consultar los informes de rastreadores de gasto publicitario como AdImpact y los archivos de financiamiento de campañas del estado de California.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press