Tejer una vida nueva: la reinvención de una amputada ucraniana tras la guerra
Cómo la pérdida física y el duelo se entrelazan con la rehabilitación, la comunidad y el símbolo inesperado de una capibara
Kryvyi Rih — Cuando una explosión cambió para siempre la anatomía y la rutina de Iryna Nakonechna, lo hizo también con su identidad cotidiana. Perdió la pierna izquierda y, con ella, una serie de certezas: la costumbre de caminar sin pensar, la posibilidad de abrazar con facilidad a su nieto, la convivencia con su marido, fallecido el día siguiente al ataque. Desde entonces, su proceso de reconstrucción ha sido, a la vez, una operación práctica sobre el cuerpo y una operación simbólica sobre la memoria y el sentido de sí.
Una decisión radical: borrar lo que queda
Tras la amputación, Iryna tomó una decisión radical: despojar su hogar de la mayoría de los objetos que la conectaban con la vida anterior. Cortó su cabello oscuro y ondulado, regaló o cambió muebles, dejó en el olvido ropa y fotografías; solo quedó un retrato de ella con su esposo. Según sus propias palabras durante una entrevista en Kryvyi Rih, quitarse esos anclajes fue «necesario para sobrevivir y construir una nueva vida con una prótesis».
Ese gesto —que para algunos sería extremo— revela una lógica comprensible: cuando el cuerpo deja de coincidir con la memoria, la vivienda y las pertenencias pueden volverse fricciones constantes con el duelo. Para muchas personas que sobreviven a amputaciones traumáticas, la reinvención del entorno forma parte de la rehabilitación psicosocial, no solo de la física.
La tecnología de la reintegración: prótesis y taller emocional
El avance de la guerra desde la invasión a gran escala de Rusia en febrero de 2022 ha generado, además de una tragedia humanitaria, una demanda inusitada de servicios de rehabilitación y prótesis en Ucrania. Las heridas causadas por minas terrestres, artillería, misiles y drones han convertido a miles de civiles y combatientes en amputados o personas con discapacidades permanentes. Aunque el número exacto de amputaciones derivadas del conflicto varía según las fuentes y las fechas, organizaciones médicas y de rehabilitación hablan de un incremento sostenido que ha obligado a hospitales y centros especializados a adaptarse rápidamente.
Las prótesis modernas ya no son solo piezas de metal: combinan biomecánica, materiales livianos y, en algunos casos, componentes electrónicos que mejoran la marcha y la estabilidad. Sin embargo, la prótesis por sí sola no lo es todo. La recuperación efectiva requiere fisioterapia intensiva, entrenamiento para la marcha, adaptación a la vida diaria y terapeutas que trabajen tanto la fuerza como la confianza. En el caso de Iryna, su prótesis llega hasta el muslo y todavía requiere que dependa de un bastón mientras aprende a confiar en ella.
El trabajo del cuerpo y el de la mente
Las sesiones semanales con su fisioterapeuta, Anastasiia Stetsenko, son una demostración de un trabajo dual: ejercicios que reconstruyen fuerza y movilidad y, al mismo tiempo, enseñan a la mente a aceptar movimientos que antes eran automáticos. La terapia con Iryna se inicia con quitar la prótesis y dejarla apoyada en la pared; ese gesto reconoce que gran parte del aprendizaje es interno, corporal y psicológico.
- Calentamiento controlado: levantamiento de una barra plástica sentado, coordinado con la respiración.
- Movilidad residual: rotaciones lentas del muñón para mejorar el rango articular.
- Reaprendizaje funcional: sentadillas sujetándose a una barra de ballet para recuperar la fuerza en piernas y estabilidad del tronco.
Para Iryna, actividades tan simples como agacharse a recoger algo del suelo, subir escalones o perseguir a su nieto en el parque se transforman en ejercicios de confianza. «Las personas piensan que solo hacen falta ejercicios físicos; pero hay que reconstruir la certeza de que el cuerpo no fallará», explica su terapeuta.
El duelo oculto tras la narrativa de la resiliencia
En los relatos públicos sobre víctimas de la guerra suelen predominar las historias de superación. Y aunque la resiliencia es real y digna de reconocimiento, existe una dimensión menos visible: la persistente tristeza por lo perdido, el duelo por lo que fue y ya no será. Iryna muestra ambos estados: una presencia chispeante, risueña, capaz de tejer con sus manos pequeñas capibaras de lana; y, al mismo tiempo, una tristeza tejida en lo cotidiano, en las tareas que ya no puede hacer con facilidad y en la memoria no resuelta de su marido.
Ella lo expresa sin ambages: «Lo más difícil fue aceptarme con estas heridas, heridas que no son solo físicas. Aceptar cuánto ha cambiado mi vida ha sido muy duro». Esa frase sintetiza un proceso que atraviesa muchos supervivientes: aceptar un yo modificado, convivir con una nueva corporalidad y mantener la motivación para los ejercicios repetitivos del día a día.
El símbolo inesperado: la capibara como insignia de ternura y resistencia
Una de las imágenes más llamativas de la recuperación de Iryna es su afición por tejer pequeñas capibaras de lana. La animalito, en apariencia trivial, ha adquirido un significado social potente entre amputados y veteranos: sirve como llavero, muñeco o etiqueta en prótesis; funciona como una marca de identificación no confrontativa que facilita la interacción con desconocidos y disminuye la tensión al encontrar una extremidad protésica en público.
El episodio que inspiró a Iryna fue doméstico y tierno: su nieto, Tymofii, de dos años, pegó en la prótesis de la abuela una calcomanía de una capibara con pata protésica. Ella la dejó allí. Luego empezó a tejer las figuritas en el centro de rehabilitación Superhumans. «Cuando cuento las puntadas solo pienso en las puntadas, no en la vida que pudo haber sido y, desafortunadamente, no fue», dice.
La adopción de símbolos de ternura —peluches, dibujos, stickers— entre personas que han sufrido lesiones visibles no es nueva, pero en el contexto ucraniano ha adquirido matices colectivos: la capibara se ha convertido en un emblema de la capacidad de reclamar la alegría como forma de resistencia. Poner un muñeco en una prótesis es decir, sin palabras, que la persona no se define únicamente por la herida.
Vida doméstica y dependencia: límites prácticos de la recuperación
La vida cotidiana presenta desafíos concretos. Iryna vive ahora con su madre de 77 años, que padece demencia. Aunque en la escena doméstica la abuela cuida y aporta rituales —como servir borscht en la mesa—, muchas tareas se han vuelto arduas: levantar ollas, cargar compras o cargar al propio nieto están fuera del alcance físico de Iryna por el momento. Confiesa que no puede levantar todavía a Tymofii: un gesto pequeño que simboliza, a la vez, frustración y espera.
Ese contraste —cocinar y compartir, pero no poder realizar tareas físicas que antes eran sencillas— es común en procesos de rehabilitación prolongados. La adaptación del hogar, la disponibilidad de ayudas técnicas (barras, rampas, mobiliario accesible) y la presencia de una red social son elementos clave para mejorar la autonomía.
Rehabilitación en tiempos de guerra: demandas y respuestas
El número de personas que requieren rehabilitación y prótesis en Ucrania ha crecido desde 2022. Aunque las cifras totales varían según las fuentes y las fechas, organizaciones humanitarias han advertido repetidamente sobre la saturación de servicios médicos en zonas de conflicto y la necesidad de recursos especializados para amputados. La respuesta incluye centros públicos y privados, organizaciones no gubernamentales y redes comunitarias que buscan proveer prótesis, terapia física y apoyo psicosocial.
Un desafío adicional es la continuidad del tratamiento: una prótesis adecuada exige ajustes periódicos, reemplazos y entrenamiento prolongado. En tiempos de conflicto, la logística —fabricación de componentes, transporte, electricidad para talleres avanzados— se vuelve más complicada, afectando la calidad y el alcance de la rehabilitación.
Comunidad y sentido: la importancia del acompañamiento
Más allá de las máquinas y los ejercicios, la comunidad juega un rol central. Para Iryna, su relación con la terapeuta Stetsenko ha evolucionado de profesional a amiga: entre esfuerzos físicos y chistes —«Esto se siente como un deporte extremo», bromea Iryna en medio de una sesión— se construye una alianza que sostiene la motivación. Las conversaciones, las risas y los pequeños actos de complicidad son terapéuticos tanto como las repeticiones de ejercicios.
Además, los grupos de supervivientes y los talleres de artesanía funcionan como espacios de reparación emocional: allí se comparten experiencias, se intercambian trucos prácticos y se resignifican las pérdidas mediante la creatividad. Las capibaras de lana no son solo objetos: son puentes que conectan manos que alguna vez estuvieron intactas con otras manos que hoy las sostienen.
Pequeños logros, grandes símbolos
Uno de los hitos más personales para Iryna fue vestirse por primera vez con pantalones cortos desde la amputación. Ese gesto, aparentemente menor, implicó aceptar la mirada sobre su prótesis, sentirse cómoda en su cuerpo y declarar: «Me acepté tal como soy». Los actos de visibilidad voluntaria suelen ser pruebas de autonomía y autoestima en procesos de reintegración.
La aceptación corporal es un camino que implica pequeñas victorias acumuladas: caminar unos metros sin bastón, poder subir una escalera, peinarse sola, salir al parque con el nieto o simplemente sentarse a tejer sin que la tristeza eclipse la calma creativa. Estas microconquistas son, a la larga, las que sostienen la reconstrucción de una vida plena.
Política, sistema sanitario y futuros pendientes
La escala del problema exige respuestas políticas y de salud pública. La rehabilitación en contexto de guerra plantea preguntas sobre financiación, priorización de recursos y capacitación técnica. ¿Cómo asegurar que personas en zonas afectadas reciban prótesis y seguimiento? ¿Cómo formar profesionales especializados en ajustes protésicos y en el tratamiento del dolor fantasma, la salud mental y la reintegración laboral?
En muchos países afectados por conflictos, la experiencia sugiere que la inversión en rehabilitación temprana reduce costos a largo plazo y mejora la calidad de vida de las personas. Además, la normalización social de las prótesis —hacer visible la diversidad corporal en espacios públicos, laborales y culturales— puede transformar prejuicios en prácticas inclusivas.
Historias que enseñan: memoria colectiva y resiliencia
La historia de Iryna no es un caso aislado, pero tiene rasgos que iluminan aprendizajes universales. La pérdida de una extremidad es tanto un desafío técnico como una apuesta por un nuevo relato personal. La reinvención pasa por aceptar la fragilidad, construir apoyos y habilitar espacios de pertenencia: desde un taller donde se tejen capibaras hasta un salón terapéutico donde una terapeuta cuenta chistes para aliviar la tensión del ejercicio.
La guerra deja derrotas que no se miden solo en mapas o en estadísticas. Se miden en la contabilidad privada de las pérdidas: ausencias en la mesa, fotografías que ya no se miran, nombres a los que no se dijo adiós. La reparación social exige, además de prótesis y terapia, memoria y políticas que acompañen la justicia de las víctimas.
Una lección de humanidad
En palabras de Iryna, que recoge un tono de honestidad tranquila: «Cuando cuento las puntadas, solo pienso en las puntadas». Ese enunciado resume una técnica de supervivencia emocional: concentrarse en la labor manual para encontrar un refugio contra la nostalgia y el dolor. Al mismo tiempo, tejer capibaras es un acto de comunión: produce objetos que otros abrazan, convierte el trauma en una pequeña porción de belleza útil y, en el proceso, regenera la dignidad.
Su itinerario —del extravío físico a la reconstrucción con manos creadoras— nos recuerda que la recuperación no es lineal. Está hecha de retrocesos, reacomodos y también de sorpresas dulces: un sticker infantil que vuelve a la persona visible y a la vez protegida. Cuando Iryna se levanta para aplaudir el avance de una repetición en la sesión de fisioterapia, lo hace con la sonrisa de quien ha aprendido a celebrar lo que antes no sería digno de celebración: una pequeña autonomía que, día tras día, va recomponiendo una vida nueva.
Nota sobre fuentes y contexto: La invasión a gran escala de Rusia comenzó en febrero de 2022. La magnitud de las amputaciones y las necesidades de rehabilitación en Ucrania han aumentado desde entonces, provocando respuestas de organismos sanitarios, centros especializados y organizaciones comunitarias. Las citas directas de Iryna y descripciones de sus sesiones provienen de entrevistas realizadas en Kryvyi Rih con la propia afectada y su terapeuta, y fueron utilizadas aquí para reconstruir la experiencia personal y su encaje en un fenómeno más amplio.
