Tabaski bajo bloqueo: cómo la crisis en Mali encareció la carne y trastocó una tradición milenaria

El bloqueo de grupos armados vinculados a Al‑Qaida eleva los precios del ganado, dificulta la logística y transforma las celebraciones del Eid al‑Adha en la capital maliense

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En Bamako, la festividad de Tabaski —conocida en el mundo musulmán como Eid al‑Adha— se vive este año con una mezcla de devoción, incertidumbre y frustración económica. Los rituales colectivos de sacrificio y reparto de carne con personas necesitadas, pilares de la celebración, han sido golpeados por una crisis logística provocada por un bloqueo de carreteras impuesto por grupos armados vinculados a Al‑Qaida. El resultado: escasez, precios por las nubes y familias que buscan soluciones alternativas para no perder la esencia de la fiesta.

Un bloqueo con impacto directo en el bolsillo y la tradición

En las últimas semanas, combatientes pertenecientes a la coalición yihadista conocida en la región como Jama’at Nusrat al‑Islam wal‑Muslimin impusieron controles y ataques intermitentes a convoyes que llevan bienes esenciales hacia la capital. Mali, al ser un país sin litoral, depende en gran medida del tránsito terrestre desde países costeros como Senegal y Costa de Marfil. Cuando las rutas se vuelven peligrosas o se interrumpen, los precios suben rápidamente.

Mountaga Touré, profesor de 38 años, resumió la situación con palabras que se repiten en los mercados de Bamako: “El cordero pequeño que antes costaba 177 dólares ahora está a 266 o más.” Muchos vendedores confirmaron una demanda limitada y una oferta significativamente reducida; algunos comerciantes traen apenas la mitad de lo habitual para la temporada de Tabaski.

De la tradición individual al compartir colectivo: soluciones improvisadas

La tradición del sacrificio individual —comprar y sacrificar un ovino para repartir la carne entre familiares, amigos y necesitados— se ha visto obligada a adaptarse. En varios barrios, familias y vecinos han decidido unir recursos para comprar una vaca entre varios hogares, en lugar de un cordero por familia. Esta práctica no solo refleja la resiliencia comunitaria, sino también la creatividad ante restricciones económicas y logísticas.

Amadou Cissé, un comercializador que normalmente transporta decenas de animales hacia Bamako durante la festividad, contó que este año apenas pudo traer 50 ovejas frente a las 200 habituales, porque los camiones escoltados por el ejército tienen capacidad limitada. “Me dijeron que más convoyes serían organizados, pero hasta ahora ninguno salió de Diema, así que dudo que los animales lleguen antes de la fiesta”, explicó.

La inseguridad como motor económico: precio del combustible y la carne

La interrupción del flujo de combustible desde septiembre de 2025 había dejado ya a Mali vulnerable ante nuevas perturbaciones. Con la continuación de los ataques y la imposición de bloqueos parciales, el suministro de gasolina y diésel se volvió inestable; las filas en las estaciones que aún venden combustible se volvieron habituales. Los costos de transporte suben, y ese incremento se traslada inmediatamente al precio final de productos como la carne.

Los efectos son medibles: según reportes locales recopilados en mercados de Bamako, los precios de los ovinos aumentaron entre 40% y 70% en pocos meses dependiendo del tamaño del animal y de la zona de procedencia. Para familias de ingresos bajos y medianos, ese aumento convierte un gasto tradicionalmente asumible en un esfuerzo económico significativo.

Contexto: una década de fragilidad y reconfiguraciones geopolíticas

La crisis actual no surge de la nada. Desde 2012, Mali ha sufrido una combinación de insurgencias tuareg separatistas en el norte y la expansión de grupos yihadistas afiliados tanto a Al‑Qaida como al Estado Islámico. Tras el golpe militar de 2020, la jefatura del país reorientó su política de seguridad, estrechando la cooperación con Rusia y contratando a contratistas militares privados para apoyar las operaciones contra los grupos armados.

Sin embargo, esa asociación no ha logrado estabilizar por completo el país. En los últimos años se registró un aumento en la frecuencia y el alcance de los ataques militantes, así como denuncias de abusos por parte de fuerzas estatales y sus aliados. El resultado es un círculo vicioso: la inseguridad ralentiza el comercio, la economía se resiente y la legitimidad del gobierno se erosiona en barrios donde la vida cotidiana se hace más difícil.

Choque entre estrategia militar y necesidades civiles

El gobierno y las fuerzas armadas, junto con el contingente de mercenarios rusos, han intentado contrarrestar el bloqueo mediante escoltas a convoyes y ofensivas contra posiciones de los grupos armados. Aunque esas medidas han permitido que “goteen” suministros hacia Bamako, no han sido suficientes para restablecer un flujo comercial normal ni para devolver la calma en zonas intermedias por donde deben transitar los camiones.

La tensión entre priorizar acciones militares y garantizar el abastecimiento civil es palpable. Para los vendedores y consumidores, la pregunta es práctica: ¿cómo asegurar que haya animales y combustible a precios razonables en el mercado? Para analistas y organizaciones humanitarias, la pregunta es estructural: ¿cómo revertir la dinámica que permite a grupos armados presionar la economía sin un costo político internacional inmediato?

Impacto social: migración, miedo y celebraciones modificadas

El clima de inseguridad también afecta los desplazamientos internos durante las festividades. Muchos malienses que acostumbraban viajar a las provincias para pasar Tabaski con sus familias han decidido quedarse en Bamako por temor a ataques en carreteras. Sidi Diarra, empleado de una entidad financiera, reconoció que solía celebrar con sus padres en Ségou, pero que este año prefería no arriesgarse.

Más allá de lo inmediato, la erosión de prácticas culturales —como la capacidad de compartir carne con los más pobres— puede tener efectos prolongados en la cohesión social. Tabaski no es solo una comida: es una ocasión para renovar lazos, ejercer la caridad y reforzar identidades religiosas y comunitarias. Cuando ese núcleo se debilita, la resiliencia comunitaria se pone a prueba.

Qué dicen las cifras y los expertos

Aunque la información cuantitativa en contextos de conflicto puede ser fragmentaria, organismos internacionales han documentado un aumento generalizado de la violencia en Mali durante la última década. Por ejemplo, el informe del Panel de Expertos de la ONU sobre Mali (2023) señalaba una proliferación de incidentes violentos y el desplazamiento de cientos de miles de personas en la región del Sahel. Además, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Oficina del Coordinador de Asuntos Humanitarios (OCHA) han advertido sobre la creciente inseguridad alimentaria ligada a la interrupción de mercados y cadenas de suministro.

Expertos en seguridad del Sahel señalan que los bloqueos de carreteras son tácticas deliberadas: buscan degradar la economía urbana, minar la confianza en las autoridades y forzar concesiones políticas o económicas. En palabras de un analista regional, “obstaculizar la movilidad y la logística es una manera de golpear donde más duele: el bolsillo y la rutina diaria de las familias”.

Posibles salidas y prioridades políticas

Ante esta realidad, las respuestas deben ser múltiples y coordinadas: aumentar las escoltas a convoyes esenciales, negociar corredores humanitarios cuando sea viable, y acelerar esfuerzos diplomáticos y de seguridad regional que reduzcan la capacidad de los grupos armados para imponer bloqueos. Asimismo, es crucial que las autoridades trabajen con organizaciones comunitarias y líderes religiosos para organizar alternativas que permitan mantener la dimensión social de Tabaski, como compras colectivas y distribución organizada de carne para los más vulnerables.

La comunidad internacional también puede jugar un papel: apoyo logístico, asistencia humanitaria focalizada y presión diplomática para procurar soluciones duraderas. Sin embargo, cualquier intervención exterior corre el riesgo de verse como alineamiento político alterando equilibrios locales, por lo que la coordinación con actores nacionales y regionales es esencial.

Una celebración que prueba la resiliencia ciudadana

La Tabaski de este año en Bamako revela algo más que precios al alza: muestra la capacidad de adaptación de comunidades que, frente a la violencia y la limitación de recursos, inventan maneras de preservar lo esencial de sus prácticas. La compra colectiva de una vaca, el reparto organizado y la decisión de quedarse en la ciudad por seguridad son gestos que mezclan prudencia y solidaridad.

Si bien es imposible ignorar el peso de la inseguridad y sus efectos económicos, también es justo reconocer las estrategias cotidianas que evitan que la tradición desaparezca por completo. Protejer esa resiliencia —y atacar las causas profundas de los bloqueos— debe ser prioridad para las autoridades nacionales y socios internacionales en el futuro inmediato.

Nota: los testimonios citados corresponden a comerciantes, compradores y residentes de Bamako afectados por la actual situación de seguridad y el bloqueo de carreteras por grupos armados.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press