Costuras que sostienen: cómo congregaciones de Durham rellenaron el vacío para mujeres afganas recién llegadas
Un taller de costura impulsado por iglesias y sinagogas de Durham conecta, empodera y compensa recortes en servicios para refugiados
En medio de recortes en los programas oficiales de reasentamiento y de políticas migratorias que han dejado a muchas familias vulnerables sin recursos, dos congregaciones de Durham, Carolina del Norte, decidieron ponerse manos a la obra: organizaron un círculo de costura para mujeres afganas recién reasentadas que no solo enseñó técnicas textiles, sino que también ofreció transporte, cuidado infantil y un espacio para socializar y sanar.
Un taller que nació de la necesidad
El proyecto, titulado “Stitching for Hope” (Costurando Esperanza), fue coordinado por la Eno River Unitarian Universalist Fellowship en alianza con la Judea Reform Congregation. Ante la incapacidad temporal de la organización local Refugee Community Partnership para sostener su tradicional círculo de costura —debido a recortes en admisiones de refugiados y en la financiación de organizaciones que brindan apoyo—, estas congregaciones asumieron los costos logísticos y humanos: donaron el espacio, reunieron voluntarios para transportar a las participantes que no conducen y ofrecieron guardería durante las clases.
Audrey Green, coordinadora de la clase y miembro de la congregación unitaria, resumió con claridad la dimensión social del proyecto: “Una de las grandes metas de este programa, igual o más importante que aprender a coser, es que las mujeres tengan tiempo con otras mujeres. Viven vidas tan aisladas, y cuentan historias tan duras que nadie más puede entender realmente” (Religion News Service).
Más que puntadas: comunidad y autonomía
Las sesiones de siete semanas culminaron en una clase final donde nueve mujeres llevaron sus máquinas de coser y un plato tradicional para compartir un potluck como muestra de agradecimiento hacia los voluntarios. Durante ese encuentro, las participantes limpiaron y repararon sus máquinas con la ayuda de técnicos voluntarios para que el oficio pudiera sostenerse en casa. Algunas, con años de experiencia, confeccionaron túnicas, velos y vestidos tradicionales; otras iniciaron su primera práctica con aguja y dedal.
El valor del proyecto no se limita a la adquisición de una habilidad manual. Para muchas de estas mujeres, la costura se traduce en una oportunidad económica y cultural: “Quizá surja una pequeña industria doméstica donde las mujeres puedan encontrar mercados para vender cosas”, comentó Green, con la visión de convertir una actividad comunitaria en vías de ingreso.
Contexto: políticas, cifras y retos
El contexto en el que nacen iniciativas como ésta es complejo. Tras la evacuación de Afganistán en 2021, se estima que aproximadamente 200,000 afganos ingresaron a Estados Unidos; de ellos, 4,369 fueron reasentados en Carolina del Norte, según datos citados por la oficina estatal de refugiados de Carolina del Norte (North Carolina State Refugee Office) y difundidos por Religion News Service. Estas cifras muestran el impacto local de una crisis internacional y la necesidad de redes de apoyo comunitarias.
Al mismo tiempo, decisiones federales han complicado el panorama: la administración —citada en reportes nacionales— había fijado un cupo de admisión de refugiados en niveles récordmente bajos y, en semanas recientes, consideró ajustes y cambios en las políticas de inmigración que afectan a quienes esperan establecerse de forma permanente. Para muchos afganos, los obstáculos son prácticos: falta de educación formal, dominio limitado del inglés y ausencia de licencia de conducir —un requisito que complica el acceso al empleo en zonas con movilidad reducida—. En este entorno, los esfuerzos de congregaciones y organizaciones civiles se vuelven fundamentales para ofrecer apoyo inmediato y presencial.
El papel de las congregaciones: herramientas concretas
La iniciativa en Durham ejemplifica cómo instituciones religiosas pueden transformar sus recursos en servicios sociales. Además del espacio físico y el reclutamiento de voluntarios, ambas congregaciones gestionaron la donación de al menos una docena de máquinas de coser y coordinaron instructora y traductora a través del Refugee Community Partnership, que permaneció como patrocinador fiscal del programa.
Ash Nuckols, gerente de desarrollo y comunicaciones de la Refugee Community Partnership, resumió la sensación de urgencia: “Mientras las instituciones nos fallan y el gobierno ataca a las personas inmigrantes y refugiadas, esta comunidad utiliza las herramientas que tiene para cuidarse entre sí” (Religion News Service).
Impacto humano: relatos desde las participantes
Más allá de datos y logística, el efecto sobre la vida cotidiana de las mujeres que asisten a la clase es tangible. Muchas dijeron, a través de intérpretes, que el programa les brindó alegría, compañía y una sensación de normalidad. La celebración con platos tradicionales —pollo, arroz y baklava— fue, según las participantes, una forma de reafirmar identidad y gratitud.
Voluntarias como Jane Weinberger, de la Judea Reform Congregation, compartieron su experiencia: “Fue encantador conocer a las mujeres y sus hijos, y verlas relacionarse entre sí; sé lo aisladas que están muchas, especialmente las que no hablan inglés o no conducen. Esto es un salvavidas para muchas” (Religion News Service).
Lecciones prácticas y visión a futuro
- Sinergia intercongregacional: la colaboración entre una iglesia unitaria y una sinagoga demuestra que alianzas interreligiosas pueden multiplicar impacto.
- Servicios integrados: ofrecer transporte y cuidado infantil es clave para la participación de mujeres que, de otro modo, quedarían en aislamiento.
- Sostenibilidad: arreglar y donar máquinas de coser busca que el aprendizaje no sea efímero, sino que perdure en talleres domésticos o microemprendimientos.
- Formación complementaria: combinar la enseñanza de una habilidad manual con clases de inglés funcional o educación vial puede desbloquear oportunidades laborales.
Green planea repetir y ampliar el programa en el otoño, con la ambición de duplicar participantes y explorar mercados para la venta de prendas tradicionales. Esa meta conecta lo cultural con lo económico: las prendas afganas que producen estas mujeres no solo representan tradición, sino también una posibilidad de ingreso estable en un entorno donde las barreras institucionales persisten.
¿Qué puede aprender otra comunidad?
La experiencia de Durham ofrece un modelo replicable para otras localidades que enfrentan olas de llegada de refugiados o inmigrantes con necesidades similares. Algunas recomendaciones prácticas para organizaciones comunitarias y congregaciones que quieran replicar la iniciativa:
- Mapear recursos disponibles: espacios comunitarios, voluntarios con habilidades técnicas y donaciones de equipos.
- Formar alianzas con organizaciones especializadas en refugiados para apoyo legal, traducción y acceso a servicios sociales.
- Priorizar la logística que posibilita la asistencia: transporte solidario y cuidado infantil.
- Combinar talleres con capacitación en idioma y orientación laboral para fomentar la autonomía.
- Considerar canales de comercialización local y en línea si se quiere transformar la producción en ingreso.
Al fin y al cabo, las políticas migratorias y los recortes presupuestarios pueden cambiar el mapa de la ayuda formal, pero la solidaridad organizada a nivel local —como lo muestra este círculo de costura— puede ser una respuesta eficaz y humana. Las puntadas que dieron vida al taller no solo cerraron roturas en telas: empezaron a remendar el tejido social de mujeres que buscan reconstruir su vida en un país nuevo.
Si bien el contexto político nacional determina muchas de las oportunidades y limitaciones que enfrentan las personas migrantes, historias como la de Durham recuerdan que las comunidades locales tienen la capacidad de generar soluciones creativas, inmediatas y compasivas.
Fuentes: cobertura original de Religion News Service sobre el proyecto “Stitching for Hope” y datos citados del North Carolina State Refugee Office sobre reasentamiento de afganos en Carolina del Norte.
