Cazadores de oscuridad: cómo Al Quaa devuelve la Vía Láctea a los habitantes de los Emiratos

Voluntarios y familias viajan desde las ciudades iluminadas para redescubrir estrellas, mitos beduinos y el cielo nocturno en el desierto de Abu Dhabi

Al caer la noche en Al Quaa, el desierto recupera lo que las ciudades le han arrebatado: un techo de estrellas. Muy lejos de los rascacielos de Dubai y las luces de Abu Dhabi, grupos de voluntarios han convertido esas noches en pequeñas celebraciones astronómicas que permiten a residentes y visitantes reconectarse con la Vía Láctea y con tradiciones de navegación celeste que durante siglos guiaron a los beduinos por la Península Arábiga.

La pérdida del firmamento y el despertar de la curiosidad

El rápido desarrollo urbano de los Emiratos Árabes Unidos trajo prosperidad y un skyline llamativo, pero también un problema moderno: la contaminación lumínica. Un estudio científico de 2016 alertó que gran parte de la humanidad vive bajo un velo de luz artificial que oculta la galaxia que nos rodea; según ese trabajo, casi el 99% de la población de algunos países del Golfo no puede ver la Vía Láctea desde sus hogares (Falchi et al., Science Advances, 2016).

Frente a ello, iniciativas como las del Dubai Astronomy Group organizan salidas nocturnas a lugares como Al Quaa Desert, uno de los puntos más oscuros y accesibles del país. Allí, en ambientes donde la contaminación lumínica disminuye abruptamente, las familias extienden alfombras sobre la arena y miran hacia una bóveda celeste que, para muchos, parecía perdida.

La experiencia en Al Quaa: más que mirar estrellas

El viaje desde Abu Dhabi implica recorrer alrededor de 100 kilómetros hasta alcanzar el oasis de Al Ain y luego internarse por pistas que se internan en la vastedad del Desierto de Rub al-Jali. A medida que desaparecen las luces urbanas, la sensación cambia: el ruido se atenúa, la temperatura baja y el cielo empieza a revelar una densidad de puntos luminosos que la retina urbana ya no distingue.

Las actividades organizadas por los voluntarios combinan relatos, observación telescópica y técnicas prácticas: cómo capturar la galaxia con la cámara del móvil usando exposiciones largas, cómo identificar constelaciones y qué historias antiguas se asocian a ciertos astros. Sheeraz Awan, coordinador del grupo, comenta que la experiencia no es solo científica sino también existencial: “Nos ayuda a apreciar nuestra existencia en esta galaxia”, dice mientras apunta hacia un tenue arco que se confirma como la banda de la Vía Láctea.

Los asistentes describen momentos de sorpresa al ver meteoros cruzar la noche, y de complicidad cuando alguien identifica a simple vista una nebulosa o un cúmulo estelar. Para muchos niños, la primera visión de la galaxia a simple vista despierta preguntas y emociones que en la ciudad rara vez se generan.

Un contraste radical: de LED y espectáculos a la inmensidad

El turismo luminoso en Emiratos ha sido furioso en la última década: fachadas iluminadas, pantallas LED monumentales y espectáculos en rascacielos que se han convertido en atractivos globales. No obstante, ese mismo brillo urbano ha comprometido la observación del cielo. Ante ello, algunas autoridades locales han empezado a elaborar políticas de gestión lumínica: por ejemplo, Abu Dhabi presentó en 2024 una política de “Dark Sky” destinada a regular la iluminación en espacios públicos y privados para preservar zonas oscuras esenciales.

La iniciativa refleja una tensión creciente entre desarrollo y patrimonio natural: la capacidad de ver el cielo nocturno es a la vez un bien cultural y un recurso para la ciencia ciudadana. Proyectos internacionales, como las nominaciones de Reservas de Cielo Oscuro de la International Dark-Sky Association (IDA), muestran que mantener espacios oscuros tiene beneficios en biodiversidad, salud pública y calidad de vida urbana.

Educación y conservación: dos objetivos complementarios

Las salidas a Al Quaa cumplen una doble función: educar y generar conciencia sobre la contaminación lumínica. Los voluntarios enseñan prácticas sencillas para minimizar el impacto lumínico, desde el uso de luminarias direccionales hasta la reducción del brillo innecesario en horarios nocturnos.

Además, estas actividades promueven la participación comunitaria en observaciones científicas. Datos de observación ciudadana contribuyen a catálogos de lluvias de meteoros, seguimiento de eventos transitorios y mapeo de la calidad del cielo. En un mundo donde los telescopios profesionales compiten por tiempo de observación, la colaboración ciudadana ofrece una base amplia y continua de registros que complementan la investigación formal.

Tradición y modernidad: el legado beduino

Mirar el cielo no es una moda reciente en la región; históricamente, los beduinos se guiaron por las estrellas para orientarse en el desierto. Las constelaciones y la posición de la Luna servían para localizar oasis y trazar rutas entre dunas móviles. Recuperar ese conocimiento implica también reconocer una memoria cultural que se diluye con la urbanización.

Durante las noches en Al Quaa, los voluntarios relatan mitos y usos tradicionales de ciertas constelaciones, integrando la astronomía moderna con historias ancestrales. Esa mezcla facilita que diferentes generaciones —incluidos migrantes que hablan ruso, inglés y árabe— sientan que el cielo nocturno es un patrimonio compartido.

Beneficios para la salud y el bienestar

La exposición al cielo oscuro tiene efectos positivos comprobados: la reducción de la exposición a luz artificial durante la noche mejora los ritmos circadianos y la calidad del sueño. Estudios en medicina del sueño señalan que la iluminación nocturna excesiva puede alterar la secreción de melatonina y contribuir a problemas de insomnio y trastornos metabólicos. Recuperar momentos de oscuridad, aunque sea en salidas esporádicas, ayuda a restablecer sensaciones naturales y aliviana el estrés urbano.

Retos y oportunidades

A pesar del entusiasmo, la tarea enfrenta obstáculos. La expansión urbana continúa y los proyectos de entretenimiento con gran carga lumínica —como pantallas gigantes y arquitecturas iluminadas— son un motor económico difícil de frenar. La clave está en políticas públicas que equilibren turismo, seguridad y conservación del cielo nocturno.

Las soluciones técnicas ya existen: luminarias con control de intensidad, horarios de apagado parcial, filtros espectrales y diseño de iluminación orientada hacia el suelo reducen el impacto sin comprometer la seguridad. Asimismo, la catalogación de zonas oscuras accesibles, como Al Quaa, y su promoción responsable puede convertirlas en destinos sostenibles que atraigan a un turismo interesado en la naturaleza nocturna.

Una invitación a mirar hacia arriba

Al regresar a las autopistas iluminadas, los visitantes llevan consigo otra manera de mirar: no solo la fascinación estética por la Vía Láctea, sino la conciencia de que la noche es un recurso compartido. Actividades como las de Al Quaa demuestran que, aún en un país moderno y potente, es posible recuperar prácticas que conectan a las personas con el cosmos y entre sí.

Si existe una lección clara, es que la modernidad no tiene por qué borrar nuestras raíces cósmicas. Con voluntad y diseño inteligente, las ciudades pueden seguir brillando sin robarnos el firmamento. Y en las noches claras del desierto, la Vía Láctea aguarda a quien quiera reencontrarse con ella.

  • Cita científica: “La humanidad ha quedado envuelta en una niebla luminosa global”, Falchi et al., Science Advances, 2016 (estudio sobre contaminación lumínica y visibilidad de la Vía Láctea).
  • Recomendación práctica: para fotografiar la Vía Láctea con un teléfono móvil, use modo de exposición larga y ancle el dispositivo sobre una superficie estable o un pequeño trípode.
Este artículo fue redactado con información de Associated Press