Cuando la guerra roba la infancia: el repunte de los matrimonios infantiles en Gaza

Desplazamiento, hambre y desesperación: cómo el conflicto impulsa matrimonios de niñas y sus devastadoras consecuencias

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La decisión de Majda parecía, en el momento más oscuro, la única salida posible. Después de perder a su marido y a su hijo mayor en bombardeos, viviendo en una tienda improvisada junto al mar entre ratas, lluvia y aguas residuales, creyó que casar a sus hijas de 13 y 14 años sería una forma de protegerlas y asegurar su supervivencia. Hoy, con sus hijas maltratadas, embarazadas y marcadas por traumas físicos y emocionales, Majda repite: “Creí que las protegía. El miedo me estaba matando”.

Un retroceso estadístico en medio del colapso

Antes del estallido del conflicto a gran escala, la tendencia en Gaza hacia la reducción del matrimonio infantil era clara. Según el organismo estadístico oficial palestino, en 2022 el 17.8% de los matrimonios registrados incluían a una mujer menor de 18 años, cifra que había descendido desde más del 22% en 2015 (Palestinian Central Bureau of Statistics, 2022). Sin embargo, los recientes años de guerra y desplazamiento han interrumpido ese progreso. Datos del registro de matrimonios de la corte religiosa en Gaza indican que, entre 2024 y 2025, el 20.6% de los 35,474 matrimonios registrados involucraron a una menor de 18 años, incluyendo 627 matrimonios de niñas menores de 15 años (datos de la Supreme Shariah Court, 2025).

Estas cifras representan solo la punta del iceberg: la cantidad real probablemente sea mayor, ya que durante la guerra muchas uniones no se registraron formalmente debido al caos, la destrucción de oficinas y la movilidad forzada de las familias. La propia corte registró una caída del 35% en el número absoluto de contratos matrimoniales inscritos en 2024, lo que refleja interrupciones administrativas y el fenómeno de matrimonios informales o comunitarios fuera del registro oficial.

Factores que empujan hacia matrimonios tempranos

El aumento del matrimonio infantil en contextos de conflicto no es un fenómeno exclusivo de Gaza: la literatura humanitaria y los estudios de género muestran consistentemente que guerras, desplazamientos masivos y crisis económicas incrementan la vulnerabilidad de las niñas (UNICEF; Human Rights Watch). En Gaza, varias dinámicas se entrecruzan:

  • Desplazamiento y hacinamiento: Casi toda la población ha sido forzada a dejar sus hogares. Millones se han concentrado en campamentos temporales, escuelas y tiendas donde no existe privacidad ni seguridad, y donde las niñas deben caminar hacia letrinas comunitarias expuestas a riesgos de acoso y violencia.
  • Colapso de servicios y educación: El cierre y la interrupción de escuelas dejan a las adolescentes sin rutas de escolarización ni perspectivas académicas, aumentando la percepción de que el matrimonio es la única alternativa.
  • Inseguridad alimentaria y dependencia de la ayuda: Cuando los recursos familiares se vuelven insuficientes, algunas familias consideran que casar a una hija reduce la carga económica o permite que la nueva pareja sea considerada como unidad separada para recibir asistencia de ONG y agencias de ayuda.
  • Tradición y retroceso conservador: En tiempos de guerra, comunidades que habían avanzado hacia prácticas más igualitarias pueden volver a normas tradicionales como mecanismo de protección percibida y control social.

Relatos que evidencian el drama humano

Los testimonios recopilados en Gaza muestran cómo la combinación de desesperación y expectativas sociales se convierte en decisiones que destruyen vidas. Jóvenes que todavía son niñas aceptaron casarse para aliviar la carga familiar, para asegurar alimento, o para sentir que recuperaban una apariencia de normalidad. Una chica de 16 años, desplazada numerosas veces durante el conflicto, contó que sus padres cedieron a la presión de la pobreza pese a que su padre siempre había defendido que ella siguiera sus estudios universitarios. “No podía perdonarme por tomar una ración más de comida”, dijo. Meses después estaba embarazada.

En el caso de Majda, el intento de protección se transformó en violencia sistemática. Sus dos hijas, una de 14 y otra de 13 al momento de casarse, fueron entregadas a dos hermanos jóvenes que prometieron seguridad y esperar a que pasara la guerra para llevarlas a vivir con ellos. Pronto las promesas se rompieron: ambas relataron agresiones, violaciones repetidas, ataduras y golpes perpetrados por los esposos y la familia extensa del marido. Una de las niñas sufrió dos abortos inducidos por la violencia física; la otra dio a luz y por falta de condiciones adecuadas casi muere por hemorragia postparto, agravada por malnutrición.

Consecuencias para la salud física y mental

Los centros de maternidad en Gaza han observado un aumento en la tasa de embarazos adolescentes durante la crisis. El jefe de una sala de maternidad en un hospital central comentó que muchas de estas jóvenes llegan en estados de desnutrición severa y con complicaciones obstétricas que elevan el riesgo de mortalidad materna e infantil. Las adolescentes enfrentan, en promedio, embarazos de mayor riesgo: el cuerpo aún no está completamente desarrollado, la probabilidad de hemorragias, preeclampsia y partos complicados es mayor, y los sistemas de salud colapsados reducen las posibilidades de atención adecuada.

En lo psicológico, las consecuencias son igualmente graves. Los testimonios describen cuadros de depresión profunda, estrés postraumático, aislamiento social y estigmatización. Muchas de las jóvenes retornan a casa con niños pequeños tras rupturas matrimoniales y sin redes de apoyo, repitiendo un ciclo de vulnerabilidad y pobreza que afecta a toda una generación.

El marco legal y las lagunas en la práctica

En Gaza la edad mínima legal para contraer matrimonio es de 17 años, con excepciones permitidas mediante consentimiento parental y autorización judicial. Las autoridades religiosas han establecido instrucciones para que los funcionarios no autoricen excepciones por debajo de los 14 años y siete meses. Sin embargo, en la práctica existen múltiples vías que eluden la protección legal: acuerdos informales, registros fuera de la jurisdicción, o matrimonios ceremonialmente celebrados sin inscripción en los registros oficiales.

Contrastando, en la Cisjordania bajo la Autoridad Palestina, la edad mínima se elevó a 18 años en 2019, lo que ha contribuido a disminuir los matrimonios infantiles en esa jurisdicción a alrededor del 5% según estadísticas locales. La disparidad subraya cómo decisiones legislativas y políticas públicas pueden incidir en prácticas sociales, pero también revela que en contextos de violencia prolongada incluso la ley puede resultar insuficiente frente a la presión de la sobrevivencia inmediata.

¿Qué dicen las organizaciones de derechos humanos y actores locales?

Responsables de organizaciones locales de defensa de la mujer señalan que el fenómeno no es solo una cuestión legal, sino una crisis social y humanitaria que exige respuestas multisectoriales. Amal Siyam, directora de un centro de asuntos femeninos en Gaza, ha descrito cómo los conflictos generan un regreso a tradiciones más conservadoras, incrementando la vulnerabilidad de las niñas frente a violencias sexuales y domésticas. “Las guerras y los desplazamientos llevan a un retorno a costumbres más conservadoras”, advierte, y añade que las jóvenes que se casan temprano son más susceptibles a sufrir violencia por parte de suegros y esposos, con consecuencias duraderas.

Agencias humanitarias internacionales, como UNICEF y otras organizaciones que trabajan en salud reproductiva y protección infantil, señalan que la prevención del matrimonio infantil en emergencias requiere mantener la provisión de educación, asegurar espacios seguros, proporcionar asistencia económica dirigida a familias vulnerables y servicios legales y psicosociales accesibles para las niñas y mujeres.

Programas de mitigación y desafíos de implementación

En contextos de conflicto la implementación de programas de protección enfrenta barreras significativas: acceso limitado por inseguridad, recursos insuficientes, interrupciones en la cadena de suministro de ayuda y, en ocasiones, restricciones políticas que impiden la operación de ONG. Aun así, experiencias en otras crisis ofrecen pistas útiles:

  • Transferencias condicionadas de efectivo: Proyectos que entregan ayudas económicas a madres y familias a cambio de mantener a las niñas en la escuela han mostrado reducción del riesgo de matrimonios tempranos en contextos de pobreza extrema.
  • Programas educativos de emergencia: Mantener espacios de aprendizaje y actividades extracurriculares reduce la percepción de que la educación es una opción perdida y ofrece protección en términos de supervisión y redes sociales.
  • Centros de apoyo y líneas de denuncia: Puntos focales en campamentos y hospitales donde las niñas puedan denunciar violencia y acceder a servicios de salud sexual y reproductiva, apoyo psicológico y asesoría legal.
  • Campañas comunitarias: Trabajo con líderes religiosos y comunitarios para generar mensajes que deslegitimen el matrimonio infantil y promuevan alternativas de protección comunitaria para niñas y adolescentes.

No obstante, en Gaza, el acceso a recursos es extremadamente limitado. Las restricciones a la entrada de insumos médicos y la inseguridad generalizada dificultan la ampliación de programas y la continuidad de los servicios.

Perspectiva histórica y lecciones comparadas

El fenómeno de aumento de matrimonios infantiles en períodos de conflicto tiene precedentes. Durante los conflictos en Siria, Yemen y otras zonas en guerra, organizaciones humanitarias documentaron incrementos similares, principalmente vinculados al desplazamiento, la inseguridad y la crisis económica. En muchos casos, los picos en matrimonios tempranos se moderaron cuando hubo intervenciones sostenidas que combinaron apoyo económico, acceso educativo y campañas de cambio social. Sin embargo, los procesos de cambio social son lentos y requieren estabilidad a largo plazo, algo que escasea en escenarios de guerra prolongada.

Históricamente, el derecho internacional y los tratados de derechos humanos han avanzado en la protección de la infancia y la mujer. La Convención sobre los Derechos del Niño (1989) y los compromisos de organismos multilaterales han establecido estándares que buscan erradicar el matrimonio infantil. No obstante, la transición desde normas internacionales hasta prácticas locales implica superar barreras culturales, económicas y de seguridad, particularmente difíciles en zonas de conflicto.

Voces de las niñas: entre el arrepentimiento y la resignación

Además de las cifras, lo que revela el fenómeno son las voces de las propias jóvenes. Algunas aceptaron el matrimonio porque creían aliviar la carga familiar; otras lo hicieron buscando una supuesta protección o normalidad. Pero la mayoría describe arrepentimiento, miedo y pérdida de futuro. Una joven que regresó a la escuela después de casarse con un bebé dijo sentirse excluida y avergonzada: “Soy la única que está casada y con un niño. Soy una niña siendo madre”, expresó. Otra afirmó que la idea de regresar con su marido le parecía “muerte”.

Estas declaraciones, aunque anónimas por razones de seguridad, subrayan un punto clave: el matrimonio infantil en este contexto no es una elección plenamente libre, sino una respuesta forzada por condiciones extremas.

Políticas urgentes para evitar que la desesperación determine el destino de las niñas

Eliminar el matrimonio infantil en situaciones de conflicto exige una combinación de acciones inmediatas y de mediano plazo:

  1. Priorizar ayuda económica dirigida a familias con niñas en edad escolar para reducir el incentivo económico del matrimonio como mecanismo de supervivencia.
  2. Restaurar y sostener servicios educativos incluso en formatos no tradicionales (educación en campamentos, aprendizaje a distancia cuando sea posible), para mantener perspectivas de futuro.
  3. Garantizar acceso a salud sexual y reproductiva y atención obstétrica segura para adolescentes.
  4. Fortalecer mecanismos de protección y denuncias en campamentos y centros de atención, con rutas claras para asistencia legal y psicosocial.
  5. Trabajar con líderes comunitarios y religiosos para condenar el matrimonio infantil y promover medidas alternativas de protección para niñas.
  6. Monitorear y registrar matrimonios con mecanismos que eviten que los actos se celebren informalmente sin supervisión judicial.

Estas medidas requieren voluntad política, financiamiento sostenido y seguridad para que las organizaciones puedan operar en terreno. Sin seguridad ni acceso, incluso las mejores políticas quedan en el papel.

Reflexión final: una generación en riesgo

El repunte del matrimonio infantil en Gaza no es solo una estadística: representa el desplazamiento de oportunidades, salud y seguridad para miles de niñas. Cada boda forzada implica años de interrupción educativa, riesgos sanitarios graves y una potencial perpetuación de la pobreza y la violencia. Mientras la comunidad internacional y las autoridades locales no coordinen respuestas que aborden las causas profundas —suministro de ayuda, seguridad, educación y cambio cultural—, la guerra seguirá reconfigurando los destinos personales y comunitarios sobre la base de la desesperación.

Proteger a las niñas en contextos de guerra exige, además de asistencia material, proteger su derecho a la infancia y a un futuro con opciones reales. Porque cuando la supervivencia inmediata se convierte en el único criterio, las sociedades pierden la capacidad de invertir en su capital humano más esencial: las nuevas generaciones.

Fuentes citadas: Palestinian Central Bureau of Statistics (estadísticas sobre matrimonios, 2022); datos de la Supreme Shariah Court de Gaza (registro de matrimonios 2024-2025); declaraciones de personal sanitario y defensoras de derechos de la mujer en Gaza.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press