Viandas de la selva y virus: por qué el consumo de carne silvestre en el Congo sigue alimentando riesgos de brotes de ébola

Entre tradición, necesidad y precariedad, el comercio de viandas de brousse en el Congo Basin mantiene la amenaza de zoonosis y complica la respuesta sanitaria

Kinshasa — En los mercados del Congo, como el bullicioso Masina de Kinshasa, la venta de carne silvestre —viande de brousse— forma parte de la vida cotidiana: antílopes, roedores gigantes, serpientes e incluso murciélagos aparecen en canastos y mostradores. Para muchos es una fuente esencial de proteína y una práctica cultural arraigada; para los epidemiólogos es, en ocasiones, la chispa que enciende brotes devastadores de enfermedades zoonóticas como el ébola.

Una práctica con profundas raíces sociales y económicas

El consumo y comercio de carne silvestre en las cuencas forestales africanas responde a una combinación de factores: escasez de alternativas proteicas accesibles, tradiciones culinarias, prestigio social asociado a ciertos animales y redes económicas locales que dependen de esa actividad. Como cuenta un vendedor del mercado de Masina, “vendemos carne silvestre; con esto nos ganamos la vida”.

Para muchas comunidades rurales y urbanas de la cuenca del Congo, la vianda silvestre no es un lujo sino una necesidad. Estudios sobre extracción de fauna señalan que la tasa anual de extracción de carne silvestre del Congo Basin se sitúa en torno a 4,5 millones de toneladas, según el Center for International Forestry Research (CIFOR), una escala que ejerce presión sobre la biodiversidad y alimenta mercados formales e informales.

El riesgo de salto de especie: de animal a humano

El virus del ébola se origina, con alta probabilidad, en reservorios animales —entre ellos algunos murciélagos frugívoros— y puede desbordarse hacia humanos cuando hay contacto directo con animales infectados: caza, desuello, manipulación o consumo de carne contaminada. El mecanismo de contagio inicial (spillover) se produce al romper la barrera ecológica entre especies.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. (CDC), aunque el ébola no suele transmitirse por los alimentos en general, los brotes documentados han estado asociados a actividades de caza y procesamiento de animales infectados. Por eso, cuando una comunidad consume o manipula animales silvestres sin protección ni conocimiento, se crea una vulnerabilidad epidemiológica grave.

El contexto actual en el Congo: cifras y desafíos

En el brote reciente en la región oriental del Congo, las autoridades reportaron más de 1.000 casos sospechosos y al menos 220 muertes desde la declaración del foco el 15 de mayo, según comunicados del gobierno congoleño y reportes internacionales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la cifra real podría ser mayor, dado el subregistro y la capacidad limitada de vigilancia en zonas afectadas por conflicto.

Además, el tipo de virus implicado en esta ola —el virus de Bundibugyo, una variante menos frecuente— no cuenta con vacunas ni medicamentos aprobados específicamente para su manejo, lo que complica la respuesta clínica y las estrategias de contención. En ese escenario, la interacción entre crisis sanitaria y contextos de inseguridad (presencia de grupos armados, desplazamientos masivos de población) multiplica las dificultades para rastrear contactos, vacunar o aislar focos.

Por qué la educación y la salud pública deben priorizar la prevención

Expertos señalan que más allá de prohibiciones legales dirigidas a la caza de especies protegidas, es imprescindible una estrategia sostenida de educación y comunicación que explique cómo se inicia y se propaga el ébola. Gladys Kalema-Zikusoka, fundadora de Conservation Through Public Health, insiste en la necesidad de campañas que informen claramente: “comer carne de un animal muerto o de origen desconocido es un no rotundo”.

El enfoque “Una sola salud” (One Health), que integra salud humana, animal y ambiental, se vuelve clave. Como ha dicho el doctor Tolbert Geewleh Nyenswah, de los Africa Centres for Disease Control and Prevention, “una vez que hay interfaz humano-animal-ambiente, tenemos este tipo de brotes con frecuencia”. Esa visión enfatiza intervenciones transversales: mejorar el manejo de fauna, fortalecer la vigilancia veterinaria, ofrecer alternativas proteicas y capacitar a cazadores y comerciantes en prácticas seguras.

Obstáculos culturales y económicos

Las recomendaciones sanitarias frecuentemente chocan con realidades culturales profundas. En muchas comunidades el consumo de determinadas carnes silvestres es un acto identitario o tiene valor ritual; además, no existe una confianza inmediata hacia mensajes que se perciben como externos. Como explicó el microbiólogo Misaki Wayengera, “es muy difícil cambiar algunas de estas prácticas centrales”.

Asimismo, las prohibiciones legales a la caza de animales en peligro suelen ser insuficientes si no van acompañadas de alternativas económicas para quienes dependen de esa actividad. En el ámbito urbano, restaurantes y mercados que ofertan viandas silvestres generan demanda sostenida, lo que refuerza rutas de suministro desde zonas rurales.

Impacto ambiental y de conservación

La extracción masiva de fauna impacta la biodiversidad de la cuenca del Congo, que además de ser hogar de especies emblemáticas — como gorilas, bonobos y elefantes— es un sumidero de carbono crucial para el clima global. La presión sobre poblaciones animales por la caza comercial contribuye al declive de especies y altera ecosistemas. A la vez, la pérdida de biodiversidad puede crear situaciones que faciliten la aparición de nuevas enfermedades emergentes.

La FAO y organizaciones de conservación han advertido que, aunque los eventos de salto de especies son raros, sus consecuencias son catastróficas. El brote de ébola en África occidental entre 2014 y 2016 ilustró esta realidad: se estima que aquel episodio infectó alrededor de 28.000 personas y provocó más de 11.300 muertes (OMS), desbordando sistemas sanitarios y produciendo impactos socioeconómicos duraderos.

Medidas prácticas y recomendaciones

  1. Campañas de educación culturalmente adaptadas: mensajes diseñados con líderes locales, en idiomas y códigos culturales pertinentes, que expliquen riesgos y prácticas seguras.
  2. Alternativas alimentarias sostenibles: programas de seguridad alimentaria que faciliten acceso a fuentes de proteína asequibles —avicultura, piscicultura o apoyo a la agricultura local— para reducir la dependencia de la caza.
  3. Fortalecimiento de la vigilancia zoonótica: integrar sistemas veterinarios y humanos para detectar tempranamente eventos inusuales en fauna y prevenir spillovers.
  4. Protección de los trabajadores sanitarios: formación y suministro de equipos de protección personal, especialmente en zonas remotas y en contextos de violencia.
  5. Control del comercio ilegal y sostenible: políticas que combinen fiscalización con incentivos económicos para sustituir actividad depredadora por alternativas lícitas.

El dilema ético y político

Exigir cambios rápidos sin atender las causas profundas —pobreza, inseguridad, falta de infraestructura— puede ser contraproducente. La respuesta eficaz requiere inversión en desarrollo local, empatía con prácticas culturales y cooperación internacional sostenida que apoye sistemas de salud y conservación.

Como resumen, el vínculo entre consumo de carne silvestre y brotes de ébola no es un problema únicamente sanitario: es un desafío multidimensional que convoca a la salud pública, la conservación, la economía y la justicia social. Atenderlo implica, sobre todo, reconocer que la prevención exige abordar las necesidades reales de las comunidades que hoy, por necesidad o tradición, llevan a su mesa alimentos con los que también se juegan la salud colectiva.

Fuentes citadas y para profundizar: CIFOR sobre extracción de carne silvestre en el Congo Basin: https://www.cifor.org/; Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC): https://www.cdc.gov/vhf/ebola/index.html; Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre brotes y cifras históricas: https://www.who.int/.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press