California en la encrucijada: la primaria que puede redibujar el poder estatal

Cómo la primaria “top-two”, el dinero y una constelación de candidatos redefinen la carrera por la gobernación más observada de Estados Unidos

El martes decisivo para la política californiana no es cualquier jornada electoral: se trata de la primaria que podría determinar el rumbo de un estado que, por población y poder económico, rebasa con creces el peso de muchos países. Con más de 39 millones de habitantes y una economía cuyo producto supera los 3,7 billones de dólares, California no sólo define políticas internas, sino que funciona como laboratorio nacional para ideas progresistas y, al mismo tiempo, es un objetivo preferente de la crítica conservadora (U.S. Census Bureau, Bureau of Economic Analysis).

La peculiaridad del sistema: la primaria “top-two”

Desde 2010, California eligió cambiar su sistema de primarias por uno conocido como "jungle primary" o primaria de lista única, mediante la aprobación de la Proposición 14. Bajo este mecanismo, todos los candidatos aparecen en la misma papeleta y los dos aspirantes con más votos, sin importar su afiliación partidaria, avanzan al balotaje general (Ballotpedia). El efecto práctico es moldear las estrategias de campaña: los candidatos deben atraer votantes más allá de su base, cuidar la exposición mediática y, sobre todo, administrar enormes sumas de dinero para sobresalir entre decenas de aspirantes.

¿Quiénes lideran la contienda y por qué?

Aunque en la boleta figuran más de 60 nombres, la atención y los recursos se han concentrado en un puñado con trayectoria política o capacidad de gasto personal:

  • Xavier Becerra (Demócrata): Con una carrera de 35 años en la política estatal y nacional, Becerra fue congresista, fiscal general de California y secretario de Salud y Servicios Humanos en la administración de Joe Biden. Su narrativa combina experiencia administrativa y un historial de litigios contra políticas federales que percibió como adversas a intereses estatales. Tras la salida de candidatos de peso, logró consolidar apoyos institucionales significativos dentro del Partido Demócrata.
  • Steve Hilton (Republicano): Con la bendición pública del expresidente Donald Trump, Hilton aporta el apoyo de sectores conservadores. Ex comentarista y exasesor político británico, intenta seducir al electorado republicano con promesas de alivio fiscal ambicioso —incluida la propuesta de eximir los primeros 100,000 dólares de ingresos de impuestos estatales— y un mensaje de menor intervención gubernamental.
  • Tom Steyer (Demócrata): Millonario filántropo y exaspirante presidencial, Steyer ha volcado enormes recursos propios en la campaña: su publicidad ha sido omnipresente, y su discurso combina el progresismo climático con un populismo anticorrupción. Aunque nunca ha ocupado un cargo electo, su bolsillo le ha dado visibilidad.
  • Katie Porter (Demócrata): Exprofesora universitaria y congresista conocida por su estilo directo y su uso pedagógico de la pizarra blanca en audiencias, Porter se presenta como una defensora del consumidor frente a grandes corporaciones. Su imagen pública ha sido a la vez un activo comunicacional y una fuente de controversia tras filtraciones que mostraron episodios tensos con colaboradores.
  • Matt Mahan (Demócrata): Alcalde de San José, representa la corriente pro-innovación y proempresa del ala demócrata; su mensaje apela a soluciones tecnocráticas para problemas urbanos como la vivienda y la seguridad. Ha atraído donantes del mundo tecnológico, lo que genera fricciones internas con sectores laborales del partido.
  • Antonio Villaraigosa (Demócrata): Exalcalde de Los Ángeles y ex presidente de la Asamblea estatal, su candidatura se apoya en experiencia ejecutiva municipal y en la idea de reconectar el liderazgo estatal con el sur de California tras años de gobernantes del área de la Bahía de San Francisco.
  • Chad Bianco (Republicano): Sheriff del condado de Riverside, centra su campaña en la seguridad pública y en la firmeza frente a la criminalidad. Su perfil pro-Trump y decisiones polémicas en torno a investigaciones electorales lo han puesto bajo la lupa y polarizado opiniones.

Dinero, anuncios y la batalla por la atención

La contienda californiana exhibe las dos formas de poder que determinan campañas modernas: la financiación privada masiva y el respaldo institucional. Tom Steyer ha demostrado que el gasto personal puede comprar presencia mediática y saturación publicitaria; sin embargo, eso no siempre se traduce en confianza electoral persistente. Por otro lado, Becerra ha cosechado apoyos de sindicatos, organizaciones por los derechos reproductivos y grupos civiles, una red que tradicionalmente moviliza votantes y recursos más allá del simple gasto en medios.

Un factor crucial en California es la geografía del voto: la vasta diferencia entre los condados urbanos de la costa —donde los demócratas son abrumadores— y el interior y exurbios, más reacios al rumbo progresista. Las estrategias deben combinar mensajes nacionales (p. ej., oposición a políticas federales conservadoras) con soluciones concretas a problemas locales: vivienda, tránsito, crisis de salud mental y seguridad pública.

Encuestas y escenarios

Dos encuestas realizadas a mediados y finales de mayo colocaron a Becerra y a Hilton rondando el 20% entre los votantes probables, con Steyer, Bianco y Porter fluctuando detrás según el sondeo. No obstante, ninguna de estas cifras asegura el paso al balotaje: en primarias multitudinarias, la fragmentación del voto puede catapultar a candidatos menos previstos, especialmente si logran consolidar una base disciplinada y bien movilizada.

El cálculo estratégico cambia si la segunda plaza queda ocupada por un republicano o por otro demócrata. Una final entre dos demócratas ampliaría el debate interno sobre la dirección del partido en el estado —entre progresismo y pragmatismo—; una final bipartidista, en cambio, convertiría la elección en un plebiscito sobre el control demócrata en Sacramento.

El efecto Swalwell y la volatilidad de la carrera

La campaña sufrió un cimbronazo cuando el congresista Eric Swalwell, entonces consolidando apoyo en círculos moderados, se vio forzado a retirarse tras acusaciones que dañaron su viabilidad. Su salida redistribuyó apoyos y recursos, subrayando lo volátil que puede ser una primaria con tantos aspirantes y la facilidad con que acontecimientos extra-electorales reconfiguran el tablero.

Política nacional y el laboratorio californiano

California es observada como un barómetro nacional. Las políticas que se prueban aquí —desde regulaciones ambientales hasta reformas de justicia penal y modelos de atención sanitaria— influyen en propuestas fuera del estado. A su vez, la presencia de figuras mediáticas, sector tecnológico y la industria del entretenimiento convierte cada elección estatal en un caso de estudio sobre cómo interactúan capital y narrativa pública.

La eventual llegada de un gobernador republicano tendría implicaciones inmediatas: intentos por revertir regulaciones ambientales, presión sobre impuestos estatales y cambios en la administración de programas sociales. Un gobernador demócrata, en cambio, podría consolidar y profundizar políticas progresistas, usando el poder estatal como contrapeso a políticas federales conservadoras.

Qué observar el día de la elección

  1. Participación: el número de votantes registrados que realmente acuda a las urnas o envíe su boleta determinará si triunfa la base partidaria o las coaliciones moderadas.
  2. Mapas regionales: el desempeño en la Bahía de San Francisco, Los Ángeles y el Valle Central mostrará qué coaliciones territoriales se están moviendo.
  3. Redistribución del voto: con tantos candidatos, los segundos y terceros lugares en distritos clave pueden señalar quién pasará al balotaje.
  4. Impacto del gasto: comparar la presencia mediática con el resultado final permitirá evaluar el retorno electoral del dinero en campaña.

Reflexión final: por qué importa

Más allá del ganador, esta primaria ofrece lecciones sobre cómo se gobierna y se compite en una democracia grande y compleja. La interacción entre capital privado, redes de apoyo institucional y un electorado diverso obliga a los candidatos a combinar mensaje nacional y oferta de soluciones concretas a problemas locales. California no es sólo un estado: es un microcosmos de tensiones políticas contemporáneas, y el resultado de su elección de gobernador tendrá efectos que resonarán en agendas políticas, mercados y conversaciones públicas durante años.

Para quienes siguen la política estadounidense, observar cómo se desenvuelve esta primaria ofrece pistas sobre el estado de los partidos, la eficacia del gasto electoral y la capacidad de los votantes para elegir entre experiencia, dinero y promesas. Sea cual sea el resultado, la lección será clara: en un sistema con primarias de lista única, la habilidad para construir amplias coaliciones y traducir recursos en confianza ciudadana sigue siendo la moneda más valiosa.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press