Cuando la guerra redibuja la fertilidad de la tierra: del fertilizante químico al compost y los biofertilizantes

Cómo el alza de precios y la vulnerabilidad de las cadenas globales empujan a agricultores del Senegal a la India y Brasil hacia alternativas orgánicas y microbianas

La reciente crisis geopolítica en el Golfo Pérsico no solo alteró precios del petróleo y rutas marítimas: también sacudió la manera en que se nutre la tierra. Para millones de pequeños agricultores en África, Asia y América Latina, el encarecimiento del fertilizante químico está convirtiendo en urgente una transición hacia el compost, los biofertilizantes y prácticas que priorizan la salud del suelo.

Un golpe a la cadena global de insumos

El estrecho control ejercido por potencias regionales sobre las rutas del petróleo y el gas ha tenido un efecto en cadena. La producción del fertilizante químico, en particular la que depende del gas natural para sintetizar nitrógeno, se ha visto afectada por la incertidumbre en el suministro. Según el International Food Policy Research Institute (IFPRI), la región del Golfo produce cerca del 30% del fertilizante químico comercializado internacionalmente (IFPRI). Al mismo tiempo, el índice de precios del fertilizante del Banco Mundial registró aumentos significativos en meses recientes, elevando el coste para quienes dependen de importaciones.

Casos sobre el terreno: Senegal y la apuesta por lo local

En Senegal, donde el sistema agrícola de muchos productores es de subsistencia, la dependencia histórica de insumos químicos dejó a comunidades enteras expuestas. El país importa aproximadamente 125.000 toneladas de fertilizantes anualmente, una cifra que muestra la magnitud de la dependencia externa.

Existen, sin embargo, ejemplos de resiliencia. Agricultores como Abou Sow cambiaron hace años del fertilizante químico al compost orgánico y al uso de estiércol local. Sow coordina la compra de estiércol entre pequeños criadores y enseña técnicas de compostaje — un gesto que va más allá de la técnica: redefine la economía y la autonomía de la finca. “No podemos permitirnos esperar un cese del conflicto”, dice Sow en su comunidad; su experiencia ilustra que la transición requiere planificación, infraestructura de recolección y cadenas locales de suministro.

Beneficios ambientales y límites prácticos

La sustitución parcial del fertilizante químico por enmiendas orgánicas tiene efectos medibles: mejora la estructura del suelo, aumenta la capacidad de retención de agua y favorece el secuestro de carbono. Investigadores del International Panel of Experts on Sustainable Food Systems señalan que las fuentes orgánicas reducen emisiones asociadas a la producción industrial de fertilizantes y disminuyen problemas de escorrentía que contaminan cursos de agua (IPES-Food).

No obstante, la adopción masiva enfrenta barreras reales. En zonas remotas, recolectar y transportar grandes volúmenes de estiércol o compost es logísticamente costoso. Además, la aplicación de enmiendas orgánicas exige mayor mano de obra y, a corto plazo, puede implicar una caída en rendimientos si no se acompaña de manejo integrado del cultivo y prácticas de rotación.

Biofertilizantes: la vía intermedia entre lo natural y lo industrial

Una alternativa complementaria en expansión son los biofertilizantes: formulaciones basadas en microorganismos que mejoran la disponibilidad de nutrientes como el nitrógeno y el fósforo. Estas soluciones, que incluyen bacterias fijadoras de nitrógeno y hongos micorrízicos, pueden reducir la necesidad de insumos sintéticos y adaptarse bien a sistemas agrícolas diversos.

En Brasil, por ejemplo, el sector de biofertilizantes mostró un crecimiento notable: la estatal Embrapa reportó un crecimiento del 15% en el segmento de biofertilizantes entre 2023 y 2024, impulsado por la necesidad de reducir costos y por condiciones climáticas que limitan la eficiencia de los fertilizantes químicos en regiones tropicales (Embrapa).

Política pública y subvenciones: el factor decisivo

Las señales de las políticas públicas son centrales. A nivel mundial, los gobiernos destinan una enorme suma a subsidios agrícolas—la OCDE estima que esos apoyos alcanzan cientos de miles de millones de dólares cada año, con una proporción importante dirigida a fertilizantes químicos (OCDE). Esa política puede distorsionar mercados, haciendo más barato el fertilizante sintético y menos competitivas las alternativas locales.

Expertos sostienen que si parte de esos fondos se redirigiera a infraestructura para compostaje, formación en manejo del suelo y producción de biofertilizantes, la transición sería más rápida y equitativa. En Senegal, el anuncio gubernamental de subvencionar y distribuir 30.000 toneladas de productos orgánicos es un paso, pero para muchos agricultores resulta insuficiente frente a la demanda nacional.

Historias de escala: India y México

En la India, el movimiento por la agricultura natural ganó impulso antes de la crisis reciente. En estados como Telangana y Andhra Pradesh, alrededor de 1,7 millones de agricultores han experimentado con prácticas de agricultura natural que integran jivamrita —una mezcla tradicional que incluye estiércol de vaca, orina, harina y azúcar— para sustituir fertilizantes químicos. El gobierno central anunció una misión nacional para promover la agricultura natural y reducir el uso de fertilizantes en un 50%, respondiendo tanto a preocupaciones ambientales como a la presión de suministro (Gobierno de India).

Por contraste, en México la adopción es más limitada: subsidios persistentes a fertilizantes químicos y falta de financiamiento para alternativas han ralentizado la transición. Investigadores locales afirman que la coyuntura global podría acelerar la adopción de orgánicos, pero señalan la necesidad de políticas activas de apoyo técnico y financiero.

Economía de la transición: ¿quién paga el cambio?

La reconversión hacia prácticas menos dependientes de combustibles fósiles tiene costos y beneficios distribuibles. En algunos casos, como en fincas pequeñas cercanas a mercados y ciudades, la producción y venta de compost o biofertilizantes puede convertirse en ingreso adicional. En otros, la transición requiere inversión en transporte, sistemas de compostaje comunitario y capacitación técnica.

Un punto clave es la democratización del conocimiento: en Brasil las leyes de patentes y el desarrollo de soluciones abiertas permitieron que agricultores elaborasen biofertilizantes a menor coste, facilitando la difusión. Políticas públicas que promuevan laboratorios locales, investigación participativa y transferencias de tecnología pueden marcar la diferencia.

Miradas a futuro: resiliencia, clima y soberanía alimentaria

Más allá de la urgencia coyuntural, la crisis del fertilizante revela una oportunidad estratégica: reconstruir sistemas agroalimentarios menos vulnerables a shocks geopolíticos y fósiles. La inversión en salud del suelo, biodiversidad agrícola y cadenas locales de insumos contribuye a la resiliencia climática y a la soberanía alimentaria.

Como resume Susan Chomba, investigadora en sistemas alimentarios sostenibles: “Está bien para el planeta porque se reduce la dependencia de combustibles fósiles en la producción de alimentos” —una observación que invita a repensar incentivos económicos y prioridades de inversión.

Acciones prácticas que pueden impulsar el cambio

  1. Inversión en infraestructuras comunitarias de compostaje y plantas de biofertilizantes para economías de escala.
  2. Redirección de subvenciones públicas hacia prácticas regenerativas y apoyo a la investigación local.
  3. Programas de extensión agrícola que enseñen manejo de suelos, rotaciones y uso de microorganismos benéficos.
  4. Promoción de mercados locales para enmiendas orgánicas y certificaciones que valoricen productos cultivados con suelos sanos.

La presión de los mercados internacionales puede haber precipitado la crisis, pero también ha abierto una puerta para que millones de agricultores experimenten y adopten prácticas más sostenibles. El desafío es convertir las iniciativas dispersas en sistemas escalables y equitativos que protejan la producción de alimentos sin reproducir viejas dependencias.

Imagen relacionada: agricultor aplicando compost orgánico en cooperativa en Rufisque, Senegal.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press