Entre la vecindad y la crisis: la diplomacia estadounidense entre República Dominicana y Haití
Un viaje oficial que revela prioridades económicas, seguridad regional y desafíos humanitarios en la isla de La Hispaniola
La reciente visita del subsecretario de Estado de EE. UU., Christopher Landau, a la República Dominicana y Haití puso en evidencia una realidad inevitable: los destinos compartidos de ambos países en la isla de La Hispaniola obligan a diseñar respuestas conjuntas que combinen seguridad, cooperación económica y atención humanitaria.
Contexto del viaje y objetivos declarados
Landau realizó una gira oficial de dos días que incluyó encuentros en Puerto Príncipe y en Santo Domingo. Según la comunicación oficial del Departamento de Estado, las conversaciones se centraron en intereses económicos y comerciales mutuos, así como en prioridades regionales, entre las que la seguridad ocupa un lugar destacado.
En su breve mensaje en X, Landau sintetizó el objetivo estratégico: "Security, stability, and prosperity in Haiti is in both our nations’ interests." (X) Este énfasis resume por qué los actores internacionales, y en particular Estados Unidos, no pueden tratar a Haití como un caso aislado: la seguridad en la isla impacta de manera directa a la República Dominicana y a la región caribeña.
República Dominicana: socio estratégico y desafíos fronterizos
En los últimos años la República Dominicana ha ampliado su rol como socio clave de Washington en la región. El presidente Luis Abinader autorizó medidas para permitir la operación de fuerzas o cooperaciones estadounidenses dentro de áreas restringidas en el país con el fin de colaborar en la lucha contra el narcotráfico. Este tipo de acuerdos subraya la prioridad dominicana de contener flujos ilícitos que afectan su seguridad y economía.
La frontera entre ambos países, de aproximadamente 386 kilómetros, no es solo una línea geográfica: es una zona de intensa movilidad humana y comercial, donde convergen migración, comercio informal y, en ocasiones, actividades delictivas transfronterizas. La interdependencia es clara: cuando Haití sufre colapso institucional, la presión migratoria y los riesgos de seguridad repercuten de inmediato en la República Dominicana.
Haití: violencia, gobernabilidad y crisis humanitaria
Haití atraviesa desde hace años una severa crisis política y de seguridad. Grupos armados (gangs) han expandido su control territorial, impidiendo el funcionamiento normal del Estado en varias regiones. En la región de Artibonite, por ejemplo, operaciones policiales recientes para recuperar zonas tomadas por bandas derivaron en enfrentamientos que dejaron víctimas entre agentes y civiles, mostrando la precariedad de la respuesta estatal.
Las cifras disponibles ilustran la magnitud del problema: según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), en 2024 más de 4 millones de haitianos necesitaban asistencia humanitaria en un país con una población estimada en torno a 11.5 millones (OCHA, 2024). La inseguridad limita el acceso de ONG y organismos internacionales para prestar ayuda, agravando el sufrimiento de la población civil.
¿Por qué EE. UU. se involucra?
- Intereses de seguridad regional: El colapso del orden público en Haití facilita el tráfico de drogas y armas, la migración irregular y el surgimiento de redes criminales con alcance transnacional.
- Preocupaciones humanitarias: La inestabilidad pone en riesgo a millones de personas y genera flujos migratorios que afectan a países vecinos y a la región en general.
- Estabilidad económica y comercial: Estados Unidos mantiene vínculos comerciales y de inversión con la República Dominicana; la desestabilización en Haití puede afectar mercados, puertos y rutas logísticas en el Caribe.
Cooperación práctica: seguridad y operaciones conjuntas
Las declaraciones oficiales han señalado un interés por coordinar esfuerzos para enfrentar el narcotráfico y la violencia armada. En la práctica, esto puede traducirse en:
- Compartir inteligencia y apoyar capacitación policial.
- Asistencia técnica y logística para fortalecer la frontera y combatir rutas ilícitas.
- Apoyo a programas de desarrollo económico puntual que reduzcan incentivos para el crimen.
Sin embargo, la cooperación de seguridad no es una panacea. En Haití, por ejemplo, operaciones militares o policiales sin una estrategia política y social integral pueden generar resistencias, violaciones de derechos y desplazamientos adicionales.
Dimensión humanitaria y migratoria
La crisis haitiana tiene un fuerte componente migratorio. La República Dominicana ha visto llegar a migrantes haitianos y retornos forzosos en contextos de emergencia. Las políticas públicas deben equilibrar el control fronterizo con obligaciones humanitarias y protección a la población vulnerable.
Organizaciones de derechos humanos han señalado que las respuestas puramente securitarias pueden vulnerar derechos y no atender las causas de fondo como la pobreza extrema, la falta de empleo y el debilitamiento institucional. Por tanto, la agenda debe incluir medidas de protección, programas de asistencia y vías legales para migrantes y desplazados.
Economía: comercio, inversión y oportunidades compartidas
Más allá de la seguridad, la visita de Landau también enfatizó los intereses económicos y comerciales. La República Dominicana es una de las economías más dinámicas del Caribe, con sectores como turismo, zonas francas y remesas que la convierten en socio estratégico. Fortalecer la economía dominicana y apoyar estabilizadores regionales puede ayudar a crear condiciones más favorables en la vecindad.
Es importante recordar que el crecimiento económico sostenible requiere gobernanza, infraestructura y políticas inclusivas que no siempre están presentes en Haití. Proyectos binacionales de infraestructura, comercio formalizado y cooperación en energía y transporte podrían beneficiar a ambas naciones si se diseñan con criterios de equidad y sostenibilidad.
Lecciones históricas: intervenciones externas y autonomía local
La historia haitiana está marcada por intervenciones externas que han generado controversia. Desde la ocupación estadounidense entre 1915 y 1934 hasta diferentes formas de asistencia internacional, la percepción local de la intervención extranjera es sensible. La lección es clara: cualquier apoyo externo debe respetar la soberanía, contar con la legitimidad local y estar orientado a fortalecer instituciones haitianas, no a sustituirlas.
Un ejemplo paradigmático es la intervención de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), que tuvo éxitos en reducir la violencia en ciertos períodos, pero también fue objeto de críticas por falta de resultados sostenibles y por incidentes que afectaron a la población. Esto subraya la necesidad de enfoques más integrales y con fuerte componente civil.
Un enfoque integral: seguridad, política y desarrollo
Para que la isla de La Hispaniola avance hacia mayor estabilidad, es necesario un enfoque que combine tres ejes:
- Seguridad responsable: apoyo a las fuerzas locales con respeto a derechos humanos, fortalecimiento de la policía y programas de desarme y reintegración.
- Respuesta política: respaldo a procesos políticos inclusivos que permitan gobernabilidad y representatividad, acompañados de reformas institucionales.
- Desarrollo sostenible: inversión en empleo, educación, servicios básicos y proyectos binacionales que generen oportunidades económicas.
Solo un equilibrio entre estas facetas puede transformar la dinámica actual de violencia, exclusión y dependencia externa en una senda de estabilidad duradera.
Retos y preguntas abiertas
Aunque los anuncios oficiales marcan una dirección, permanecen preguntas difíciles:
- ¿Cuál será la duración y el alcance real de la asistencia estadounidense en temas de seguridad?
- ¿Cómo se garantizará que la cooperación respete derechos humanos y fortalezca, en lugar de socavar, las instituciones locales?
- ¿Qué mecanismos diplomáticos se activarán para asegurar el financiamiento y la cooperación multilateral en proyectos de desarrollo?
La historia reciente muestra que respuesta corta y militarizada no reemplaza la necesidad de reformas profundas. Por ello, el paso de Landau por la isla debe interpretarse como una oportunidad para impulsar un enfoque integral que combine esfuerzos diplomáticos, políticos, económicos y humanitarios.
Reflexión final: interdependencia y responsabilidad compartida
La tragedia que se vive en Haití no es un problema aislado ni exclusivo de los haitianos: afecta a toda la región, incluyendo a la República Dominicana y Estados Unidos. Las soluciones requieren cooperación multinivel, respeto a la soberanía y compromiso con el bienestar de las poblaciones más vulnerables. Si la comunidad internacional y los gobiernos locales logran coordinar una respuesta equilibrada, habrá posibilidades reales de transformar la crisis en un proceso de reconstrucción y desarrollo para La Hispaniola.
