Fuego sobre el sur del Líbano: Beaufort, desalojos y la larga estela de un conflicto inconcluso

La ofensiva alrededor del castillo cruzado de Beaufort revela cómo la guerra entre Israel y el Líbano sigue redefiniendo fronteras, patrimonios y vidas civiles

  •  EnPelotas.com
    EnPelotas.com   |  

El sur del Líbano vuelve a ser epicentro de un conflicto que enfrenta dinamismo militar y devastación humana. En las últimas semanas los enfrentamientos se han concentrado en torno a una cota estratégica donde se erige el castillo de Beaufort, fortificación cruzada que domina valles y rutas y que, históricamente, ha sido clave para el control territorial de la región.

Un escenario con memoria histórica: Beaufort y su valor estratégico

El castillo de Beaufort, situado aproximadamente a 15 kilómetros de la frontera con Israel, no es solo un monumento medieval. Desde la época de las Cruzadas hasta la ocupación por tropas israelíes entre 1982 y 2000, su posición en altura lo convirtió en un punto de observación y control militar. Esa misma lógica estratégica explica por qué, décadas después, las operaciones militares modernas vuelven a centrar su impacto en sus cercanías: dominar Beaufort significa controlar rutas, vigilancia y proyección de poder sobre amplias zonas del sur libanés.

¿Qué está ocurriendo sobre el terreno?

Enfrentamientos aéreos y artilleros han azotado durante días localidades próximas a Nabatieh y al propio castillo: Yohmor, Zawtar al-Sharqieh y otras aldeas en las faldas del monte. Fuerzas israelíes han avanzado tras cruzar el río Litani, que en la práctica ha funcionado como línea de incidencia militar desde hace años. A pesar de un alto al fuego auspiciado por mediación estadounidense el 17 de abril, amplias zonas del sur permanecen bajo control militar israelí y se registran constantes advertencias de evacuación para decenas de poblaciones.

El coste humano y el desplazamiento

El precio para la población civil ha sido altísimo. Los informes agregados en las últimas semanas sitúan en miles las víctimas y en millones los desplazados en los distintos frentes de la región. Por citar cifras que han circulado en organismos y medios, se ha hablado de más de 3.300 fallecidos en Líbano y de más de un millón de personas desplazadas internamente como consecuencia del conflicto en la zona. Organizaciones internacionales como la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) han documentado desplazamientos masivos en episodios recientes de tensión en la región (ver OCHA).

Un ejemplo trágico que simboliza la vulnerabilidad civil es la muerte de una familia siria alawita —padre, madre embarazada y seis hijos— alcanzada por una incursión en la localidad costera de Adloun. Familias que habían huido de la violencia en Siria se encontraron, en pocos años, desplazadas de nuevo y expuestas a ataques que terminaron con sus vidas sin aviso previo. Testimonios de parientes, como el de Ali al-Bakir, hermano de la víctima, subrayan la sensación de impotencia: “Él solo trabajaba la tierra y velaba por sus hijos”, dijo en declaraciones recogidas por medios locales.

Patrones de conflicto: bombardeos, artillería y cohetes

Los combates revelan un patrón conocido de escalada: bombardeos aéreos y de artillería por parte de Israel sobre posiciones o zonas donde se sospecha actividad de militantes, y respuesta con cohetes por parte de Hezbollah hacia el norte de Israel. En distintos episodios se han registrado ataques a zonas civiles en ambos lados de la frontera y misiles que alcanzan ciudades y poblaciones, como Kiryat Shmona o Safed, aumentan la tensión y multiplican el riesgo de una conflagración mayor.

Además, el empleo de drones para ataques selectivos ha aumentado la sensación de inseguridad: un ataque con dron que impactó una carretera en la conexión entre Ebba y Nabatieh hirió a dos soldados del ejército libanés, lo que muestra que no solo civiles y objetivos civiles resultan afectados, sino que incluso fuerzas estatales sufren el impacto de las operaciones.

Patrimonio en riesgo: la demolición y el bulldozer como táctica

Además del costo humano, la destrucción de viviendas y de sitios históricos ha despertado alarma. Autoridades libanesas denunciaron que equipos de demolición y movimientos de tierra, a veces justificados por necesidades militares, han afectado barrios enteros y lugares con valor patrimonial. El presidente y el primer ministro del Líbano han reafirmado que intensificarán contactos diplomáticos para detener lo que describen como demoliciones y alertas de evacuación que afectan tanto a viviendas como a sitios históricos.

Cuando un conflicto desdibuja la línea entre lo militar y lo civil, el patrimonio cultural queda especialmente expuesto. Los daños a monumentos como Beaufort son además simbólicos: representan pérdidas de memoria colectiva y de identidad local que tardarán generaciones en recuperarse, si es que alguna vez lo hacen por completo.

El complejo mapa diplomático

Mientras las balas y los misiles marcan el terreno, la vía diplomática registra pasos tímidos y tensos. En el marco de la escalada, oficiales militares de Líbano e Israel sostuvieron reuniones directas en instalaciones estadounidenses —algo inusual en décadas— lo que subraya el papel de mediadores regionales y globales. Sin embargo, las conversaciones aún no han logrado frenar la práctica de avisos de evacuación, operaciones artilleras o el intercambio de ataques entre Israel y Hezbollah.

La volatilidad en el sur libanés se inserta en una región donde las alianzas y rivalidades son complejas: la acción militar de Israel se relata en contexto con la dinámica con Irán, el apoyo que ese país brinda a grupos como Hezbollah y los reacomodos post-2024 en la zona. Todo ello contribuye a que las soluciones de corto plazo aparezcan frágiles y las reacciones militares sean recurrentes.

Consecuencias regionales y humanitarias

El impacto trasciende las líneas de fuego. La acumulación de desplazados e infraestructura dañada presiona a organizaciones humanitarias y a países vecinos. En Líbano, un país ya afectado por crisis económicas, políticas y sociales, una nueva ola de desplazamiento y destrucción complica la respuesta humanitaria. A su vez, el efecto contagio en términos políticos es real: tensiones internas, crisis de legitimidad y presiones sobre gobiernos para actuar o negociar aparecen a diario en la agenda pública.

Expertos en estudios de conflicto advierten que, cuando no se aborda tanto la dimensión militar como la socioeconómica, los procesos de radicalización y la permanencia de grupos armados en territorios marginados se hacen más probables. La reconstrucción, en caso de alcanzar acuerdos, exigirá no solo fondos sino garantías de seguridad y procesos de reconciliación locales.

Voces desde el terreno

Más allá de las cifras, las historias personales describen la urgencia humanitaria. Las madres que cargan con niños en brazos para evacuar, los agricultores que ven sus tierras arrasadas y los ancianos que rehúsan abandonar las casas que han habitado toda la vida son las imágenes que repiten organismos de derechos humanos. Un informe de organizaciones civiles recientes indica que los civiles son quienes más sufren en la línea de fuego, tanto por impactos directos como por la interrupción de servicios básicos: agua, electricidad y atención sanitaria.

Mirando hacia adelante: ¿hay vías realistas para reducir la violencia?

Reducir la violencia requiere, como mínimo, tres elementos que deben concurrir: presión internacional sostenida para garantizar el cumplimiento de ceses al fuego; canales directos y permanentes de comunicación entre las partes para evitar escaladas por malentendidos; y protección efectiva de la población civil mediante acuerdos que limiten operaciones en zonas habitadas y aseguren acceso humanitario. Sin esos tres componentes, las treguas parciales pueden funcionar como pausas temporales pero no como soluciones de fondo.

Como recordó recientemente un analista regional, “los castillos pueden cambiar de manos, pero son las comunidades las que cargan el peso de la guerra”. Esa frase resume la lección más dura: mientras el tablero estratégico se mueva, los ciudadanos y el patrimonio seguirán pagando el precio más alto.

Fuentes y lecturas recomendadas:

El sur del Líbano sigue siendo una región donde la historia, la geografía y la política confluyen de forma dramática. Mientras no existan soluciones políticas sostenidas y garantías internacionales creíbles, la población civil continuará en el centro del conflicto y la fragilidad de la paz seguirá siendo la regla, no la excepción.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press