Asnos terapeutas: cuando la compañía animal abre puertas en la salud mental
En un hospital psiquiátrico francés, donkeys y otros animales se han convertido en mediadores emocionales que facilitan la recuperación y la reinserción social
La presencia de animales en tratamientos de salud mental deja de ser anécdota para perfilarse como una intervención complementaria con efectos observables. En las afueras de París, un programa que utiliza asnos —junto a conejos, cobayas y aves— ofrece a pacientes institucionalizados una experiencia terapéutica que combina movimiento, cuidados compartidos y vínculo afectivo. Este acercamiento plantea preguntas sobre qué entiende la medicina moderna por rehabilitación y cómo integrar recursos no farmacológicos en planes de cuidado.
Un vínculo humilde pero poderoso
Los asnos del hospital Ville-Évrard llegaron como proyecto piloto en 2016 y, desde entonces, han demostrado una capacidad casi instintiva para conectar con personas que afrontan ansiedad, depresión, esquizofrenia o trastornos del espectro autista. Ermelinda Hadey, enfermera especializada en psiquiatría y cofundadora del programa, describe al asno como «un animal calmado y sociable que actúa como esponja emocional» (entrevista con Ermelinda Hadey, 2026).
La relación paciente-animal trasciende la simple compañía: al encargarse de alimentar, asear o pasear al animal, los pacientes realizan actos que funcionan como ejercicios terapéuticos encubiertos. «Trabajamos la higiene del animal y, por efecto espejo, la del paciente», explica Hadey. Estas actividades permiten abordar hábitos alimentarios, rutinas de cuidado personal y la autoestima sin entrar de inmediato en la dinámica clínica típica de una consulta.
Beneficios observados y la necesidad de evidencia
Los equipos clínicos del centro reportan mejoras en la regulación emocional, la comunicación y la interacción social. Pacientes como Nathalie, de 60 años, explican que la experiencia de cuidar del asno «trae alivio» y que «deja de pensar en todo lo demás», mientras que Jérôme, de 52, destaca que le ayuda a «romper la rutina del tratamiento» y a reducir la soledad. Estas observaciones coinciden con hallazgos publicados en la literatura científica sobre terapia asistida por animales (TAA).
Revisiones sistemáticas muestran efectos positivos en síntomas de ansiedad, depresión y estrés postraumático, aunque los autores advierten sobre la heterogeneidad metodológica de los estudios. Por ejemplo, una revisión publicada en 2019 en la revista Frontiers in Psychology señaló que la TAA puede mejorar el estado de ánimo y la sociabilidad, pero insistió en la necesidad de ensayos controlados aleatorizados de mayor calidad para determinar magnitud y duración de los efectos (Frontiers in Psychology, 2019).
En el caso específico de animales de gran tamaño como los asnos, la investigación es más limitada que la realizada con perros equinos o pequeños mamíferos. Por eso el equipo en Ville-Évrard reclama estudios que evalúen resultados clínicos estandarizados: reducción del consumo de fármacos sedantes, mejoría en escalas de depresión o integración social tras el alta.
Diseño del programa: más que una distracción
El programa en el hospital francés no es un simple paseo dominguero; desde 2022 tiene estatus oficial como unidad sanitaria, con tres enfermeros a tiempo completo y apoyo de voluntarios. Las sesiones son gratuitas para los pacientes y se adaptan a sus capacidades: algunos participan caminando junto al asno, otros realizan cuidados en el establo o trabajan en actividades manuales relacionadas.
La selección de animales sigue criterios de temperamento y salud: muchos de los asnos fueron adoptados de refugios tras experiencias de abandono o maltrato, lo que añade una dimensión terapéutica adicional —la recuperación del animal como espejo de la propia recuperación humana—. François Hadey, encargado del adiestramiento, recalca que hay que «explicar las cosas despacio» a estos animales para que comprendan el trabajo que deben realizar (entrevista con François Hadey, 2026).
Impacto social y humano: relatos que importan
Más allá de medidas clínicas, los testimonios tienen peso en la valoración del programa. Los pacientes cuentan que salir del recinto hospitalario y participar en una actividad cotidiana reintroduce una sensación de normalidad: compartir la calle con un animal, conversar con un cuidador en el paseo o preparar la comida del asno son experiencias que fomentan responsabilidad y hábitos. Alicia Fabi, estudiante de enfermería que colabora en las jornadas, señala que los pacientes vuelven «calmados y satisfechos», lo cual facilita la adherencia a otras terapias.
Estos relatos coinciden con un enfoque de salud pública centrado en la recuperación: la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha subrayado la importancia de intervenciones que promuevan la inclusión social y la rehabilitación psicosocial en salud mental, además del tratamiento farmacológico (WHO, Mental health action plan).
Riesgos, ética y bienestar animal
Ningún programa serio ignora los posibles riesgos: alergias, accidentes por manejo inadecuado o estrés del propio animal. En Ville-Évrard existe un protocolo de higiene, capacitación del personal y límites en la duración de las sesiones para proteger el bienestar de los animales. Además, el adiestramiento y la selección de los asnos priorizan animales con temperamento estable y tolerante al contacto humano.
En términos éticos, la terapia con animales plantea interrogantes sobre el uso instrumental de seres vivos con capacidad de sentir. Los responsables del programa insisten en que el trato a los animales es prioritario y que muchos de los asnos rescatados han encontrado en el trabajo terapéutico una vida más estable y cuidada que la que tenían en abandono.
Escalabilidad y coste: ¿puede extenderse este modelo?
La formalización de la unidad en 2022 permitió emplear personal estable, pero multiplicar estos programas requiere inversión: entrenadores, veterinarios, instalaciones y seguros. Aun así, algunos sistemas sanitarios apuestan por modelos comunitarios que reduzcan costes a largo plazo al mejorar la reinserción social y disminuir readmisiones hospitalarias.
Un argumento económico a favor es que intervenciones psicosociales bien diseñadas suelen ofrecer beneficios en indicadores de calidad de vida y productividad laboral. Según un informe de 2016 del Banco Mundial, cada dólar invertido en salud mental en países de ingresos bajos y medios genera entre 2,3 y 4,9 dólares en productividad a lo largo de la vida laboral, por lo que inversiones en rehabilitación integral también tienen retorno socioeconómico (World Bank, 2016).
Hacia un reconocimiento clínico
El equipo de Ville-Évrard reclama investigación robusta que permita reconocer oficialmente a la terapia asistida por animales como complemento terapéutico en psiquiatría. «Tenemos muchos relatos y observaciones diarias, pero hace falta investigación», dice Ermelinda Hadey. Estudios con diseños controlados, mediciones estandarizadas y seguimientos a largo plazo ayudarían a integrar la intervención en guías clínicas y a definir para qué condiciones y qué pacientes resulta más efectiva.
Mientras tanto, el enfoque sirve como recordatorio de que la recuperación en salud mental no es solo la reducción de síntomas, sino la reconstrucción de rutinas, vínculos y sentido. La escena de una persona acariciando un asno en un sendero arbolado resume una idea potente: la ayuda puede venir de formas inesperadas, y la compasión no conoce especies.
Imagen relacionada: Paciente con afecciones de salud mental cuida los ojos de un asno durante una sesión de terapia en un hospital psiquiátrico en Neuilly-sur-Marne.
