El sendero del berrendo: cómo Wyoming avanza para preservar una de las migraciones terrestres más largas de Norteamérica
Tras décadas de resistencia y desarrollo energético, el reconocimiento oficial de un corredor migratorio para los pronghorn podría marcar un antes y un después en la conservación de paisajes conectados
Por generaciones, las llanuras y valles del oeste de Wyoming han sido escenario de un ritual natural: miles de pronghorn (antílopes americanos o berrendos) recorren cada año hasta 150 millas en busca de pastos, nieve derretida y condiciones favorables para reproducirse. Ese movimiento estacional, que conecta la I-80 con el Parque Nacional Grand Teton, ha sido conocido y utilizado por las poblaciones locales y por ecólogos que, como Joel Berger, han seguido la travesía durante décadas.
Una migración en riesgo
Los pronghorn (Antilocapra americana) realizan una de las migraciones terrestres más largas del hemisferio norte. En Wyoming, la llamada Sublette Pronghorn Herd realiza desplazamientos que superan las 100 millas en su recorrido completo; algunos animales llegan a cubrir hasta 150 millas (≈240 km) entre sus áreas de invernada y verano. Estos corredores no son rutas pavimentadas ni senderos marcados: son mosaicos de hábitat, pasos entre cerros, valles bajos y praderas que deben mantenerse conectados para que la migración sea viable.
Durante las últimas dos décadas, el auge de la explotación de gas natural —con desarrollos como Pinedale Anticline y el campo de Jonah— fragmentó grandes extensiones del paisaje donde migran los pronghorn. La presión del desarrollo extractivo, junto a intereses agrícolas y disputas jurisdiccionales entre condados y agencias federales, dificultó las primeras iniciativas para proteger estos corredores.
La larga campaña de conservación
El trabajo por formalizar protección a los corredores migratorios llevó años. Joel Berger, científico conservacionista que vivió en Jackson Hole, fue una voz insistente desde comienzos de los 2000. En 2003 escribió un artículo provocador: “Is it acceptable to let a species go extinct in a national park?” — planteando una pregunta difícil en el contexto de parques nacionales y especies migratorias cuyas rutas atraviesan paisajes fuera de los límites de protección formal. Casi quince años después, los esfuerzos empezaron a rendir frutos.
En 2008, la U.S. Forest Service protegió aproximadamente 47,000 acres mediante una enmienda al plan del Bosque Nacional Bridger-Teton, una medida dirigida a asegurar parte del corredor en su porción norte. Sin embargo, en el sur del corredor la protección fue más compleja: gobernadores, funcionarios locales y agencias como el Bureau of Land Management mostraron reservas, ya sea por preocupaciones económicas o por presiones políticas de grupos extractivos.
Un proceso estatal pionero
La reciente noticia relevante es que Wyoming, tras un proceso estatal liderado por una orden ejecutiva del gobernador Mark Gordon, llegó a un punto clave: un grupo de trabajo nombrado por el gobernador completó su revisión y acordó recomendaciones que podrían formalizar la designación del corredor migratorio conocido como Path of the Pronghorn. La decisión final corresponderá al gobernador, quien recibirá las recomendaciones para su revisión y determinación.
Meghan Riley, del Wyoming Outdoor Council, resumió el significado del proceso cuando dijo al grupo de trabajo: “This is the first time that the state has ever gone through the full designation process under the executive order. And it’s the very first time the state has ever tried to do this for pronghorn” (WyoFile). La cita subraya que, más allá de la protección puntual de fragmentos de hábitat, el estado está desarrollando por primera vez un procedimiento formal para reconocer y gestionar corredores migratorios a escala estatal.
Un consenso difícil pero posible
El camino hasta la propuesta actual estuvo lleno de tensiones: siete años atrás, industrias extractivas, autoridades condales y grupos agrícolas bloquearon el primer intento del Wyoming Game and Fish Department de proteger las rutas del rebaño Sublette. Esa reacción llevó a la administración estatal a crear un proceso más inclusivo, mediante un grupo de trabajo de 11 personas que representaba intereses diversos: conservacionistas, representantes de la industria petrolera y gasífera, agricultura y funcionarios locales.
En la votación final del grupo, ningún miembro se opuso de manera radical a la designación, aunque varios votaron con reservas. Por ejemplo, la representante de la industria del petróleo y gas, Jasmine Allison, apoyó la designación “with serious reservations”, y representantes de la agricultura y la minería la respaldaron “with reservation”. Pese a ello, la mayoría (ocho de los once) fue plenamente favorable. Ese resultado demuestra que, con diálogo y concesiones, es posible construir medidas de conservación que consideren preocupaciones económicas y al mismo tiempo protejan rutas de vida silvestre.
Por qué importan los corredores migratorios
La conectividad del paisaje es un principio básico de la ecología de poblaciones. Las migraciones permiten a las especies acceder a recursos estacionales, evitar depredadores, encontrar pareja y mantener la salud genética a través de interacciones entre subpoblaciones. La pérdida o fragmentación de corredores puede llevar a incrementos en mortalidad, restricciones en la capacidad de respuesta al cambio climático y eventualmente al colapso poblacional.
En el caso de los pronghorn, la velocidad y la necesidad de realizar migraciones largas son adaptaciones a praderas abiertas donde la fuga es a menudo la mejor defensa. A diferencia de los grandes ungulados forestales que usan corredores más estrechos o de bosques, los pronghorn necesitan amplias extensiones de terreno sin obstáculos —por ejemplo, cercas inadecuadas o carreteras congestionadas pueden convertirse en barreras fatales.
¿Qué incluye la propuesta estatal?
Las recomendaciones del grupo de trabajo, según las discusiones públicas, buscan un equilibrio: proteger áreas críticas y crear medidas que reduzcan la fragmentación sin imponer prohibiciones absolutas al desarrollo. Se trata de un enfoque pragmático que reconoce la realidad económica del condado de Sublette y otras comunidades locales, pero que también establece salvaguardas para que la migración pueda continuar en el largo plazo.
Ese tipo de medidas pueden incluir: gestión del uso del suelo alrededor de pasos migratorios clave, mejores prácticas para la instalación de cercas (o su modificación para permitir el paso de pronghorn), planificación de carreteras y cruces seguros, y la preservación de parches de hábitat crítico mediante acuerdos voluntarios con propietarios privados y empresas.
Lecciones a escala regional y global
El proceso de Wyoming ofrece varias lecciones aplicables en otros lugares donde conviven conservación y desarrollo. Primero, que la inclusión de múltiples partes interesadas —desde extractivas hasta conservacionistas— puede llevar a soluciones practicables y duraderas. Segundo, que la acción estatal, aun limitada, puede ser clave cuando los niveles federales tardan en responder o cuando la jurisdicción ambiental se fragmenta. Tercero, que la evidencia científica y los líderes locales que la impulsan (como Joel Berger) son esenciales para conciliar intereses y mostrar la urgencia del problema.
Berger expresó su satisfacción por el avance: “Wyoming sometimes leads, and Wyoming sometimes lags way behind. It’s really nice to see Wyoming, after a quarter of a century, step up and formally declare how important migration corridors are” (WyoFile). Esa reflexión remarca que la conservación muchas veces es un proceso de largo aliento que requiere paciencia, persistencia y adaptación.
Desafíos por delante
A pesar del avance, persisten desafíos: la implementación real de las medidas propuestas demandará recursos, monitoreo científico continuo y mecanismos que incentiven a propietarios privados a cooperar. Además, el cambio climático plantea incertidumbres adicionales: patrones de nieve, fenología de plantas y disponibilidad hídrica pueden modificar las rutas tradicionales, lo que obliga a que las políticas sean flexibles y basadas en datos actualizados.
Otra dificultad es la aparente resistencia de autoridades locales que desean conservar autonomía. La posición expresada por el comisionado del condado de Sublette, Lynn Bernard —“we’ll control our own county”— ilustra esa tensión entre política local y visión de paisaje regional. La solución posiblemente pasa por acuerdos de co-gestión y beneficios tangibles para las comunidades que participen en la conservación.
Un paso estratégico para la biodiversidad
La posible designación del corredor de migración en Wyoming no es un gesto simbólico: representa una apuesta por mantener la funcionalidad ecológica de un territorio. Si se concreta con medidas claras y financiación adecuada, puede servir de modelo para otros estados y países que buscan proteger movimientos migratorios terrestres sin recurrir a modelos rígidos que excluyan el uso humano sostenible.
En definitiva, el Path of the Pronghorn es más que una ruta de animales: es un diálogo vivo entre sociedad, economía y naturaleza. Su conservación es un recordatorio de que el futuro de muchas especies depende tanto de decisiones políticas como de la voluntad colectiva de conservar conectividad en un mundo cada vez más fragmentado.
Fuentes citadas: cita y declaraciones recogidas en cobertura de WyoFile y reportes del grupo de trabajo estatal (WyoFile, cobertura pública del proceso).