La encrucijada de California: primarias caóticas, costos de vida y la batalla por el futuro político del estado
Un repaso profundo a la primaria: más de 60 aspirantes, dos finalistas que definirán noviembre y la lucha sobre vivienda, energía y representación
California llega a un momento decisivo: la primaria para gobernador y una oleada de contiendas congresionales han puesto en el centro del debate público los problemas más acuciantes del estado —el alto costo de la vida, la vivienda, la energía y la representación política— y han dibujado un mapa electoral imprevisible gracias al sistema primario donde los dos más votados avanzan a la general, independientemente de su afiliación partidista.
Un tablero electoral inédito
Este ciclo electoral carece de la figura estelar que en otras décadas eclipsó las primarias californianas: no hay un Schwarzenegger mediático ni un Jerry Brown con retorno anunciado. En cambio, más de 60 candidatos aparecían en la boleta para gobernador, muchos desconocidos para el electorado de casi 23 millones de votantes registrados. Bajo el sistema de boleta única que California emplea desde 2014, los dos candidatos con más votos —sin importar de qué partido sean— pasan a la elección de noviembre. Ese diseño ha añadido una capa de incertidumbre estratégica: los partidos deben decidir si consolidar candidaturas o arriesgarse a fragmentarse y quedar fuera del resultado final.
Los contendientes y los ejes de la contienda
Entre los demócratas emergieron varios nombres con capacidad para disputar la contienda: Xavier Becerra, exfiscal general del estado y exsecretario de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos; Tom Steyer, multimillonario activista climático; Katie Porter, excongresista conocida por sus interrogatorios a ejecutivos; y Matt Mahan, alcalde de San José. En el campo republicano destacaron el comentarista conservador Steve Hilton y el sheriff del condado de Riverside, Chad Bianco. La polarización y la competencia interna dentro de cada partido marcaron gran parte del ritmo de la campaña.
Los demócratas enfatizaron la defensa de políticas liberales frente a lo que describieron como ataques de la administración federal, mientras que los republicanos prometieron cambio después de más de 15 años con control mayoritario demócrata en Sacramento. Sin embargo, el tema que unificó la agenda y la percepción ciudadana fue el costo de la vida: los precios de la vivienda, la gasolina y la electricidad se convirtieron en ejes de la discusión pública y en argumentos centrales en los discursos de campaña.
Datos que marcan la urgencia
Los números ayudan a entender por qué la economía doméstica domina la política local. A finales de mayo, el precio promedio por galón de gasolina en California alcanzó los $6.08, lo que representa aproximadamente $1.65 por encima del promedio nacional, según el servicio de movilidad y energía AAA. En materia de vivienda, la Oficina del Analista Legislativo de California (Legislative Analyst’s Office) estimó que el valor típico de una vivienda en el estado ronda los $775,000, cifra que duplica con creces el promedio nacional y explica la presión social para encontrar soluciones inmediatas e inclusivas.
Además, los californianos pagan una de las tarifas eléctricas residenciales más altas del país, solo por detrás de Hawái, según la Administración de Información Energética de EE. UU. (EIA). Estos factores económicos alimentan propuestas tan diversas como la suspensión temporal del impuesto a los combustibles —que suma cerca de 70 centavos por galón en impuestos estatales—, subsidios a la matrícula universitaria pública y, en casos más radicales, sistemas de salud estatales que reemplacen a los seguros privados.
Promesas, ataques y el papel del dinero en la política
Las campañas reflejaron distintas prioridades y estrategias. Algunos aspirantes demócratas defendieron la expansión de programas sociales; unos pocos propusieron eliminar el seguro privado a favor de un sistema público sin primas. Los republicanos, por su parte, abogaron por aumentar la producción de petróleo y gas y por reducir regulaciones consideradas onerosas para la economía.
La influencia del gasto en publicidad política fue clara en la contienda: el equipo de Tom Steyer gastó o reservó más de $203 millones en anuncios para televisión, cable y radio, según el rastreador de inversión publicitaria AdImpact. Ese volumen de gasto alimentó críticas sobre la posibilidad de que grandes inversiones privadas modifiquen el balance competitivo de la contienda. Como dijo Xavier Becerra en una entrevista con CNN en abril: “This race will come down to those who’ve earned it versus those who are trying to buy it” (Esta carrera se reducirá a quienes la han merecido frente a quienes intentan comprarla) — declaración que reflejó la narrativa en torno al papel del dinero en la política estatal.
Escándalos y retiradas que reconfiguraron la carrera
La campaña también estuvo marcada por escándalos que alteraron los alineamientos. La renuncia del congresista demócrata Eric Swalwell y su retirada de la carrera por acusaciones de agresión sexual dejaron huecos y reasignaron apoyos: Xavier Becerra aprovechó la coyuntura para ganar impulso, aumentar recaudación y atraer el respaldo de sindicatos y líderes latinos. No obstante, su gestión como secretario de Salud fue objeto de críticas, particularmente por la gestión de menores no acompañados en la frontera en 2021, una cuestión que sus rivales usaron para cuestionar su liderazgo en crisis.
La amenaza de la fragmentación partidista
Un riesgo latente que preocuparon a los demócratas fue la posibilidad de que la dispersión del voto entre múltiples candidatos del mismo partido permitiera a dos republicanos avanzar a la general, dejando a los demócratas fuera del balotaje para gobernador. Aunque esa preocupación se moderó a medida que la contienda tuvo algunos candidatos claramente por delante, el temor volvió a tomar fuerza en distritos congresionales específicos, como el rediseñado distrito 48 del sur de California, donde una avalancha de aspirantes demócratas podría facilitar el paso de candidatos republicanos a la siguiente ronda.
El ejemplo del distrito 48 ilustra la complejidad estratégica: tras la jubilación del republicano Darrell Issa, varios demócratas como Ammar Campa-Najjar, la concejal de San Diego Marni von Wilpert y el inversor Brandon Riker compiten para enfrentar al supervisor republicano Jim Desmond. Campa-Najjar, que representó esa inquietud, dijo: “After millions of dollars and a nationwide effort to redraw these districts in response to Texas, Democrats being shut out would be a nightmare” (Después de millones y un esfuerzo nacional para redibujar estos distritos en respuesta a Texas, que los demócratas queden fuera sería una pesadilla) — una cita que expresa la apuesta estratégica detrás del redistritaje y la tensión por no perder oportunidades en el Congreso.
Redistritaje, represalias y juego a largo plazo
El mapa legislativo fue otra pieza central de la batalla política. California se erigió como un contrapeso a maniobras republicanas en otros estados: tras el rediseño en Texas que favoreció a los republicanos, los votantes californianos aprobaron medidas para ajustar distritos y potencialmente ganar hasta cinco escaños en la Cámara de Representantes. Sin embargo, la complejidad del proceso y decisiones judiciales en otros estados (como el bloqueo en Virginia por parte de la corte suprema estatal) y la reciente decisión de la Corte Suprema federal sobre una disposición clave de la Ley de Derechos Electorales han introducido incertidumbres sobre la efectividad y el alcance del redistritaje como herramienta partidista.
Cambios locales: disputas por asientos seguros y desafíos generacionales
Más allá de la contienda por la gobernación, las primarias californianas incluyeron múltiples rifirrafes internos en distritos considerados seguros para los demócratas. En San Francisco, Scott Wiener surgió como favorito para la contienda por el escaño dejado por la ex presidenta de la Cámara Nancy Pelosi, pero enfrentó rivales con fondos considerables como Saikat Chakrabarti y aliarse o no con figuras del establishment marcó la batalla interna.
En Sacramento, la concejal Mai Vang desafió a la veterana congresista Doris Matsui; en el sur de California, el representante Brad Sherman enfrenta a Jake Levine, quien argumenta que es tiempo de renovación después de 15 mandatos. Asimismo, en un distrito que conecta Napa con comunidades rurales conservadoras, el veterano congresista Mike Thompson vio surgir un competidor joven con raíces en la inversión de riesgo, un síntoma de la renovación generacional que se filtra en la política estatal.
Disputas del lado republicano: sello pro-Trump y fracturas internas
El ala republicana no estuvo exenta de conflictos. Steve Hilton y Chad Bianco, principales figuras del bando conservador, compitieron por la atención de los votantes y por consolidar el apoyo del partido. La intervención de Donald Trump, quien en abril respaldó públicamente a Hilton y continuó exhortando a votar por él en el tramo final, posiblemente inclinó la balanza dentro del electorado republicano, al tiempo que dificultó la posibilidad de que ambos candidatos republicanos avanzaran juntos a la general.
El endorsement de figuras nacionales en contiendas estatales tiene efectos mixtos: puede consolidar bases pero también polarizar y ahuyentar a sectores moderados. En la retórica de Hilton se leyó un diagnóstico claro: “The truth is that we’ve gone off track — we’ve got one-party rule… It is time for some balance” (La verdad es que nos hemos desviado —tenemos un gobierno de un solo partido… Es hora de equilibrio) — un planteamiento que apeló a votantes desencantados pero que, por sí solo, no garantiza la victoria en un estado con mayoría demócrata en el padrón.
El conteo extendido: voto por correo y resultados que se alargan
Otra particularidad que define el ritmo político californiano es la logística del voto: todos los electores reciben boleta por correo y las boletas con matasellos dentro de la fecha límite pueden contarse hasta una semana después del día de las elecciones. Ese procedimiento provoca conteos prolongados que en ocasiones dejan resultados definitivos días o incluso semanas después, complicando las valoraciones instantáneas y alimentando especulación y expectativas en medios y redes sociales.
Lecciones estratégicas y proyecciones para noviembre
Las primarias ofrecieron lecciones claras para partidos y candidatos: la necesidad de consolidar apoyos, evitar la dispersión del voto en carreras competitivas y traducir las proposiciones de campaña en soluciones viables para problemas estructurales como la vivienda, la energía y el transporte. La fragmentación dentro de cada partido, la influencia del gasto millonario y la intervención de figuras nacionales configuran un escenario donde la movilización, la organización local y la narrativa sobre cómo mejorar la vida cotidiana de los californianos serán decisivas.
Además, las primarias dejaron en evidencia la transformación generacional y táctil del electorado: aspirantes jóvenes y con background en tecnología o activismo compiten junto a veteranos con redes institucionales, y la tensión entre ala progresista y alas más moderadas dentro del Partido Demócrata se replicó en múltiples condados y distritos.
Qué observar en adelante
- Cómo se traduce el gasto publicitario en apoyo electoral efectivo y si candidaturas financiadas masivamente logran sostener momentum orgánico.
- Si el Partido Republicano logra consolidar su base sin fragmentarse y si el respaldo de figuras como Trump impulsa o limita la competitividad en distritos azules.
- Las propuestas concretas sobre vivienda y energía: si algún candidato logra articular planes financiables y atractivos que ofrezcan alivio a corto plazo sin sacrificar sostenibilidad a largo plazo.
- El desenvolvimiento del conteo postal y las decisiones judiciales que pudieran afectar el mapa electoral en el mediano plazo.
California, con su peso demográfico y económico, funciona a menudo como una anticipación de debates nacionales. En este ciclo, la primaria ha sido un termómetro de fricciones internas, de los límites del sistema de boleta única y de la capacidad de los partidos para transformar preocupaciones cotidianas —como cuánto cuesta llenar el tanque o cuánto cuesta vivir cerca del trabajo— en políticas públicas creíbles. La respuesta a esas preguntas definirá no solo quién gobierne California, sino qué lecciones políticas y políticas públicas se envíen al resto del país en un momento de alta polarización y desafíos estructurales compartidos.
En definitiva, la primaria cerró un capítulo, pero dejó abiertas las preguntas esenciales: ¿podrá el próximo gobernador reducir la factura de la vida sin sacrificar la transición energética ni la protección ambiental? ¿Podrán los partidos aprender de la fragmentación y presentar alternativas competitivas en noviembre? Y, en última instancia, ¿conseguirán los electores traducir su frustración en mandatos que impulsen soluciones reales y sostenibles para el futuro de California?
