Partos en la frontera: cómo los recortes de ayuda y los conflictos elevan la mortalidad materna en la República Centroafricana
Refugiadas, centros cerrados y sistemas sanitarios al borde del colapso: historias reales que revelan una crisis de salud pública olvidada
La noche en que Maude Ahmad Fadala dio a luz en una calle de Birao resume, con brutal claridad, la cadena de fallas que empuja a mujeres y recién nacidos hacia resultados prevenibles pero fatales: desplazamiento por conflicto, fragilidad del sistema sanitario local y recortes en la financiación humanitaria. Débil por la fiebre tifoidea y sin recursos para el traslado, Fadala caminó hasta dejarse caer en la vía pública; allí, sin personal sanitario que la asistiera, tuvo a su bebé. “No había doctor, no había partera, y nadie que me tomara la mano”, dijo. Esta voz, de una madre superviviente, es la misma que se repite en decenas de campamentos y periferias urbanas de países afectados por la guerra.
La estadística que duele
El problema no es anecdótico: casi dos tercios de las muertes maternas en el mundo ocurren en contextos de conflicto o fragilidad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En la República Centroafricana (RCA), una de las naciones más pobres del planeta y desgarrada por años de violencia interna, la tasa de mortalidad materna es espeluznante: 829 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos, cifra que la ONU ha contrastado con realidades más seguras —por ejemplo, Estados Unidos— donde la probabilidad es decenas de veces menor. En términos sencillos: las mujeres en la RCA son alrededor de 40 veces más propensas a morir durante el embarazo o el parto que mujeres en países con sistemas sanitarios robustos.
Conflicto, desplazamiento y pérdida de servicios
Cuando estallan guerras o enfrentamientos armados, la salud reproductiva es una de las primeras víctimas. Las rutas se vuelven peligrosas, las infraestructuras colapsan y el personal sanitario puede huir o quedar sin salario. En el caso de Birao, en el extremo norte de la RCA, el flujo de refugiadas desde Sudán aumentó la demanda de atención obstétrica en un sistema ya sobrecargado. Espacios que antes funcionaban como “lugares seguros” para gestantes, servicios de transporte a hospitales y clínicas respaldadas por organismos internacionales cerraron tras recortes drásticos de fondos.
La pérdida de personal ha sido tangible: en el hospital distrital donde muchas mujeres intentan llegar, docenas de profesionales perdieron su empleo por la reducción de la ayuda externa. Entre ellos estaba un grupo de parteras que atendían no solo a la población local sino también a decenas de miles de refugiadas. Una de esas parteras, Clara Abessendé, relató la sensación de culpa al abandonar sus labores cuando los fondos desaparecieron: “Los niños que nacieron en mis manos... los abandoné así”, dijo. El testimonio refleja cómo las decisiones de política exterior y financiación internacional se traducen en vidas humanas perdidas o amenazadas en rincones remotos.
El papel de la ayuda internacional y sus recortes
En los últimos años, la financiación para agencias que proveen salud sexual y reproductiva ha variado por decisiones políticas de países donantes. En Birao, el recorte de acuerdos financieros con la agencia especializada en salud reproductiva de la ONU redujo a la mitad el presupuesto disponible en la RCA en apenas dos años, según informes de la propia agencia en el país. El resultado fue el cierre de centros y la suspensión de servicios esenciales: suministros de anticonceptivos, antibióticos, tratamiento antipalúdico y apoyo para partos seguros. El impacto es claro: menos servicios significa menos controles prenatales y más partos en condiciones de riesgo.
Atención prenatal insuficiente: la bomba de tiempo
La OMS recomienda al menos ocho consultas prenatales durante el embarazo para detectar complicaciones como preeclampsia, anemia grave, malaria o problemas de presentación fetal. Sin embargo, para muchas mujeres refugiadas el acceso a estas consultas es prácticamente inexistente. La vida en un campamento obliga a vivir en modo supervivencia: conseguir agua, alimentos y seguridad ocupa la atención diaria, desplazando la salud reproductiva a un segundo plano. Además, la desinformación y la falta de educación sanitaria aumentan la probabilidad de que las mujeres lleguen al hospital solo cuando el trabajo de parto está avanzado o cuando ya existe una complicación, reduciendo las opciones de intervención segura.
Viajes peligrosos y soluciones improvisadas
En zonas remotas como las que rodean Birao, las distancias son largas y las vías intransitables. Algunas gestantes arriesgan viajes en moto a través de caminos de tierra; otras caminan durante horas bajo calor extremo. Cuando llegan a la maternidad, muchas veces ya es tarde: embarazos desatendidos, presentaciones anormales (como fórceps o posición de nalgas) y hemorragias que podrían haber sido tratadas con mayor antelación. Las historias de mujeres como Amna Adam Hessen —llevada en moto desde el campamento, con fiebre por malaria y un feto en presentación de nalgas, que terminó perdiendo a su bebé tras una hemorragia— son un recordatorio de que cada eslabón roto en la cadena de atención incrementa el riesgo de mortalidad perinatal y materna.
Factores estructurales: pobreza, distancia y desigualdad
Más allá de la violencia, la RCA enfrenta desafíos estructurales: pobreza extrema (una de cada tres personas vive con menos de 2 dólares al día), escasez de infraestructura sanitaria fuera de las ciudades principales y dependencia de la ayuda externa para abastecer servicios básicos. Estos factores interactúan para crear un entorno donde la salud materna es particularmente vulnerable. Según estimaciones de organismos internacionales, en países en conflicto seis de cada diez muertes maternas ocurren precisamente por la combinación de estos factores.
Qué cambios son urgentes y viables
La solución exige abordajes simultáneos y realistas:
- Restauración y protección de financiamiento: la inversión sostenida en salud sexual y reproductiva es vital. Los fondos no solo pagan sueldos, sino también suministros (antibióticos, anticonceptivos, materiales para parto seguro) y transporte para derivaciones.
- Fortalecimiento de la cadena de suministros: garantizar que las clínicas locales tengan medicamentos esenciales y equipos, especialmente en contextos remotos.
- Capacitación y retención de personal: incentivos para mantener a parteras y enfermeras en sus puestos, así como programas de formación locales que reduzcan la dependencia en personal extranjero.
- Redes de transporte de emergencia: sistemas comunitarios para trasladar rápidamente a gestantes con complicaciones a centros de referencia.
- Empoderamiento y educación: campañas de información dirigidas a desplazadas y comunidades anfitrionas sobre la importancia de las consultas prenatales y signos de alarma.
Voces que exigen responsabilidad
Los actores sobre el terreno advierten que la situación puede empeorar si la ayuda internacional sigue menguando. “El riesgo de muerte materna va a aumentar si no hay una solución”, afirmó un director de programa de la agencia que trabajaba en la región. Estas palabras no solo son un llamado de alerta: son una invitación a que gobiernos donantes y organismos multilaterales reconsideren las decisiones que, lejos de ser abstractas, se traducen en muertes evitables.
Para las mujeres como Katidje Idrisse Tahire, que huyó de Darfur y hoy recorre el campamento cargando niños, la perspectiva es simple y urgente: ella necesita saber que, cuando llegue el momento, habrá alguien capacitado para asistir su parto; que habrá medicinas; que no tendrá que elegir entre arriesgar su vida o la del bebé. La salud materna en contextos de conflicto es una prueba de nuestra capacidad colectiva para proteger a las poblaciones más vulnerables. No se trata solo de cifras y presupuestos: se trata de sostener la promesa básica de que toda mujer tiene derecho a un parto seguro.
En una crisis que combina guerra, pobreza y recortes presupuestarios, las soluciones deben ser tanto humanitarias como estructurales: restaurar servicios ahora y construir sistemas resilientes que permitan que el próximo parto, en Birao o en cualquier frontera, ocurra con una partera, un equipo y medicinas a la mano —no en la soledad de una calle al anochecer.
Fuentes citadas: Organización Mundial de la Salud (OMS); Naciones Unidas —datos sobre mortalidad materna y condiciones en países en conflicto—. Testimonios recogidos en terreno por corresponsales con profesionales y madres afectadas.
