Cuando la ciencia se encuentra en jaque: las suspensiones de subvenciones de la NSF a la Universidad de California, Berkeley

Qué significan para la investigación, quiénes resultan afectados y por qué la comunidad científica vuelve a respirar con cautela

En abril de 2026 la Fundación Nacional de Ciencias (NSF, por sus siglas en inglés) suspendió 18 subvenciones a la Universidad de California, Berkeley, por un monto conjunto cercano a los 21 millones de dólares. La medida encendió alarmas en la comunidad académica estadounidense y reavivó un debate que no es nuevo: ¿hasta qué punto la política puede condicionar y restringir la investigación científica financiada con recursos federales?

Un golpe en apariencia administrativo, con impacto real

Las 18 suspensiones afectan proyectos cuyo alcance va desde estudios básicos en química y biología hasta iniciativas aplicadas, como investigación sobre edición genética en cultivos o un proyecto educativo en el Lawrence Hall of Science. Aunque financieramente la pérdida directa puede representar una fracción del presupuesto multimillonario de Berkeley, el efecto práctico es inmediato: investigaciones pausadas, contratos cumplidos a medias, personal temporal que queda en incertidumbre y, sobre todo, un clima de inseguridad que desincentiva solicitudes futuras.

Según datos facilitados por la universidad, Berkeley recibió 92 millones de dólares en subvenciones de la NSF durante el año fiscal 2025, en comparación con un presupuesto institucional que supera los 4.000 millones de dólares. Por sí sola, la cifra de 21 millones en suspensiones no arruina una universidad como Berkeley; sin embargo, el problema radica en la precedencia y la señal que envía a investigadores jóvenes y grupos de trabajo que dependen de la continuidad de fondos federales para mantener laboratorios y líneas de investigación.

¿Cuál es la razón oficial de la NSF?

La NSF alegó que las suspensiones se debían a omisiones en las declaraciones sobre financiación extranjera por parte de los investigadores involucrados. En las cartas enviadas por la agencia se hace referencia a la falta de divulgación y, en algunos casos, se habla de conductas que la agencia calificó de “mala conducta” o de poner en riesgo la integridad del proceso de revisión por pares.

En una explicación pública citada en las comunicaciones oficiales, Jason Bossie, jefe de gestión de premios de la NSF, señaló que “la integridad científica de los programas de investigación de la NSF se basa en nuestro proceso de revisión por pares, que UCB ha puesto en riesgo al no divulgar plenamente toda la financiación extranjera” (carta de la NSF reproducida en informes sobre las suspensiones). Fuente: Berkeleyside

Investigación colaborativa vs. preocupaciones de seguridad

La ciencia es, por naturaleza, una actividad internacional. Colaboraciones entre universidades, centros de investigación y agencias públicas de distintos países aceleran descubrimientos y permiten aplicar recursos complementarios. La política pública, no obstante, está cada vez más sensible a la procedencia de los fondos y a los posibles riesgos de seguridad nacional que suponen algunas alianzas. En las cartas de la NSF se citan países aliados como el Reino Unido, Australia y Suiza entre los supuestos orígenes de fondos no divulgados, lo que subraya un punto: no se trata únicamente de vínculos con países catalogados como rivales estratégicos, sino de una revisión más amplia sobre la transparencia en la financiación.

De las 18 subvenciones suspendidas, solo una mencionó financiación desde China, el país que los organismos de inteligencia de EE. UU. suelen señalar como principal competidor estratégico. El resto aludía a naciones como Francia, Suecia, Alemania, Japón y Brasil. Esto complica la narrativa simplista que reduce el problema a una cuestión de espionaje o de influencias de potencias hostiles; el asunto abarca también cómo se reporta y rastrea el flujo de fondos en un ecosistema científico globalizado.

Casos concretos y la voz de los científicos

Markita Landry, investigadora en Berkeley, relató que su proyecto sobre edición genética en plantas —financiado por aproximadamente 600.000 dólares— quedó interrumpido cuando recibió la notificación de suspensión. Su equipo buscaba aplicar técnicas para hacer cultivos más resistentes a plagas y estrés climático. Landry señaló que la alegación de financiamiento del Reino Unido le sorprendió, pues no recordaba vínculos financieros directos con ese país.

Otro ejemplo es el proyecto del Lawrence Hall of Science, que había sido suspendido anteriormente y luego reinstaurado tras un litigio. Ari Krakowski, investigadora vinculada al proyecto, indicó que la NSF afirmó que había recibido fondos de Alemania; ella dijo que no tenía constancia de financiación extranjera directa para ese programa y que la confusión podría provenir de fundaciones intermediarias o de cadenas de financiamiento internacionales cuyos orígenes no siempre resultan evidentes para los investigadores individuales.

Estas declaraciones personales ponen de relieve la complejidad de las cadenas de financiación y la dificultad práctica de cumplir con requisitos de divulgación que, en apariencia, están abiertos a varias interpretaciones.

El contexto político: ¿una política consistente o una campaña administrativa?

Las suspensiones se registran en un contexto de tensiones entre la administración federal y ciertos sectores universitarios. En los últimos años hubo episodios de cancelaciones masivas de subvenciones por parte de agencias federales y propuestas para dar a funcionarios políticos mayor control sobre la asignación de fondos científicos. Grupos de seguimiento independiente como Grant Witness han documentado una ola previa de cancelaciones, y activistas científicos alarman sobre un “efecto escalofriante” en la investigación.

Noam Ross, cofundador de Grant Witness, calificó a Berkeley como “el canario en la mina de carbón”, señalando que estas acciones podrían anunciar un patrón más amplio de control y restricción de fondos sobre temas que la administración no favorezca. Fuente: Grant Witness

Consecuencias a corto y largo plazo

  • Corto plazo: interrupción de proyectos, retrasos en cronogramas, riesgo de perder talento postdoctoral y técnico, y la reinstalación de personal en medio de incertidumbre presupuestal.
  • Mediano plazo: cambios en la conducta de solicitantes y universidades: más cautela al presentar líneas de investigación sensibles, autocensura temática y una administración más proactiva de declaraciones de financiación.
  • Largo plazo: potencial debilitamiento de la ciencia abierta y colaborativa; pérdida de atractivo internacional para estudiantes e investigadores; y un posible retraimiento de la innovación si las reglas del juego cambian abruptamente según prioridades políticas.

¿Qué pueden hacer las universidades y los investigadores?

Ante este escenario, varias medidas prácticas pueden ayudar a mitigar riesgos:

  1. Fortalecer las oficinas de cumplimiento y transparencia para asesorar a los investigadores sobre cómo identificar, documentar y reportar flujos de financiación complejos, incluidos los provenientes de fundaciones que a su vez reciban recursos extranjeros.
  2. Promover auditorías internas periódicas de contratos y subcontratos para detectar posibles omisiones antes de presentar solicitudes a agencias federales.
  3. Incentivar la formación en administración de proyectos internacionales para investigadores jóvenes, de modo que comprendan mejor las implicaciones de aceptar recursos externos.
  4. Fomentar mecanismos institucionales de respuesta rápida (incluyendo apoyo legal) cuando se producen suspensiones, a fin de presentar evidencia adicional y preservar la continuidad de la investigación.

Reflexión final: la ciencia entre la cooperación global y la demanda de transparencia

La suspensión de subvenciones en Berkeley no es un hecho aislado; es un síntoma de tensiones mayores entre la lógica de la investigación científica —intrínsecamente colaborativa y transnacional— y la creciente exigencia de controles y transparencia por motivos de seguridad nacional y responsabilidad fiscal. El desafío está en encontrar un equilibrio que permita proteger la seguridad y la integridad de los fondos públicos sin asfixiar la cooperación que ha llevado a avances críticos en salud, agricultura, energía y tecnología.

Si las reglas para la financiación federal se vuelven demasiado onerosas o ambiguas, el riesgo es que la investigación académica se fragmente, se vuelva menos atractiva para socios internacionales y pierda impulso en áreas vitales para el futuro. Y si la ciencia debe responder a ciclos políticos, la sociedad entera podría pagar el precio en forma de menos innovación, menos preparación ante crisis y menos soluciones a problemas globales como el cambio climático y la seguridad alimentaria.

Por ahora, investigadores, administradores universitarios y observadores de política científica están atentos. Berkeley y sus académicos trabajan para responder y recabar documentación adicional con la esperanza de revertir las suspensiones. Pero la pregunta perdura: ¿lograrán la transparencia y la seguridad sin sacrificar la colaboración global que impulsa el conocimiento?

Para más detalles y reconstrucciones periodísticas sobre los episodios, véase la cobertura de Berkeleyside y el seguimiento de Grant Witness sobre cancelaciones y reinstauraciones de subvenciones.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press