Mette Frederiksen y el arte de gobernar en coalición: un tercer mandato entre desafíos interiores y geopolíticos
Cómo una primera ministra socialdemócrata vuelve al poder en Dinamarca negociando alianzas, políticas migratorias estrictas y el pulso global por el Ártico
Mette Frederiksen inicia su tercer mandato como primera ministra de Dinamarca tras dos meses de negociaciones y varias rondas fallidas para formar gobierno. Su liderazgo, marcado por una mezcla de políticas sociales y medidas restrictivas en materia migratoria, vuelve a comandar una coalición heterogénea que reúne fuerzas del centro-izquierda y del centro político: su Partido Socialdemócrata, el partido Moderado del saliente ministro de Asuntos Exteriores Lars Løkke Rasmussen, la Izquierda Verde (SF) y el Partido Social Liberal Danés.
Un pacto con matices: la naturaleza de la nueva coalición
El sistema de representación proporcional de Dinamarca favorece gobiernos de coalición, lo que obliga a los líderes a negociar acuerdos amplios para asegurar estabilidad parlamentaria en una cámara única de 179 escaños. Tras las elecciones de marzo, ninguna de las dos grandes coaliciones tradicionales —ni la de izquierda ni la de derecha— obtuvo mayoría, lo que convirtió a Frederiksen en la figura capaz de articular un acuerdo de gobierno multipartidario.
La composición de la coalición refleja un cálculo político pragmático: sumar fuerzas del centro y de la izquierda para construir mayorías puntuales, a la vez que buscan preservar la identidad socialdemócrata del Ejecutivo. En palabras de la Casa Real de Dinamarca, Frederiksen afirmó que será un gobierno que trabajará “por el pueblo de Dinamarca, por las generaciones venideras y por los animales” (Kongehuset.dk).
Resultados electorales y mapa parlamentario
En estas elecciones, el Partido Socialdemócrata obtuvo 38 escaños, una cifra inferior en 12 escaños respecto a 2022. Esa pérdida obligó a Frederiksen a buscar aliados más allá de su espacio ideológico habitual. El escenario político danés actual muestra una fragmentación creciente: el elector no solo castiga o premia a un partido, sino que obliga a una negociación constante entre formaciones con demandas distintas.
Históricamente, Dinamarca ha privilegiado coaliciones estables. Desde la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los gobiernos daneses han sido coaliciones multipartidarias; según registros parlamentarios, en las últimas cuatro décadas los ejecutivos rara vez se apoyaron en un solo partido mayoritario, lo que condiciona la gobernabilidad y la necesidad de consensos continuos.
Una primera ministra con sello socialdemócrata... y mano firme
Mette Frederiksen, de 48 años, es una figura política que combina postulados tradicionales del socialismo nórdico —como la prioridad por el estado de bienestar— con políticas conservadoras en materia de migración y seguridad. Desde que asumió por primera vez en 2019, su estilo ha sido directo y pragmático, y en el plano internacional se ha posicionado como firme defensora de Ucrania frente a la agresión rusa.
En el terreno doméstico, Frederiksen propuso este año medidas destinadas a endurecer el control migratorio: contempló mecanismos de “freno de emergencia” para las solicitudes de asilo y la deportación de extranjeros condenados por delitos graves, incluyendo penas de un año o más. Estas propuestas buscaban responder a la presión política de la derecha y a escenarios internacionales —por ejemplo, la inestabilidad generada por conflictos regionales como el de Irán— que podrían aumentar flujos migratorios hacia Europa.
El peso de la economía: inflación, costo de vida y pensiones
Uno de los factores que erosionó el apoyo a Frederiksen durante su segundo mandato fue el aumento del costo de vida. La inflación y la preocupación por las pensiones y la posible implementación de impuestos sobre grandes fortunas se convirtieron en temas centrales de la campaña electoral. Estos asuntos no son exclusivos de Dinamarca: en 2022 y 2023, buena parte de Europa experimentó presiones inflacionarias y preocupaciones sobre la redistribución fiscal, lo que tensionó gobiernos de diversos signos políticos.
En Dinamarca, la percepción pública sobre la capacidad del gobierno para proteger el poder adquisitivo y garantizar pensiones dignas influyó en el mapa electoral y empujó a Frederiksen a ofrecer propuestas económicas que buscaran recuperar confianza entre votantes preocupados por su estabilidad financiera.
Greenlandia y el Ártico: una disputa que marcó la agenda
Uno de los episodios internacionales que favoreció temporalmente a Frederiksen fue la crisis diplomática con el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, respecto a la intención de Washington de considerar la adquisición de Groenlandia. Frederiksen llegó a advertir que una posible toma estadounidense del territorio podría significar “el fin de la OTAN” —una afirmación que captó la atención global y le dio visibilidad en su país.
Aunque Groenlandia no fue un tema central en la campaña (hay un consenso amplio sobre su lugar dentro del Reino), la tensión con Estados Unidos ofreció a Frederiksen una narrativa de defensa de la soberanía y de las alianzas tradicionales. Tras la escalada de enero, la crisis amainó y las partes iniciaron conversaciones técnicas sobre un eventual acuerdo de seguridad ártico entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia.
Desafíos políticos y de gobernabilidad
El nuevo gobierno de Frederiksen nace con varios desafíos estructurales:
- Necesidad de mantener la cohesión interna entre partidos con orígenes y prioridades dispares: desde medidas sociales hasta enfoques más liberales en economía y posturas más centristas en migración.
- Responder a la demanda ciudadana por medidas que alivien el costo de la vida y protejan las pensiones sin sacrificar la sostenibilidad fiscal del Estado del bienestar.
- Gestionar la política exterior en un momento de polarización geopolítica, destacando el papel de Dinamarca en la OTAN y su posición frente a Rusia y en el Ártico.
¿Qué se puede esperar del tercer mandato?
En los primeros días del nuevo Ejecutivo se anunció que las prioridades del gobierno serían presentadas formalmente, con la designación de ministros a seguirse de cerca. Es probable que la agenda combine:
- Medidas económicas para aliviar la presión sobre los hogares y asegurar la sostenibilidad de las pensiones.
- Políticas migratorias más estrictas o matizadas que traten de equilibrar control fronterizo y obligaciones humanitarias.
- Compromisos continuos con la defensa europea y el apoyo a Ucrania, alineándose con la postura de seguridad colectiva de la OTAN.
La habilidad de Frederiksen para articular consensos será puesta a prueba: gobernar con una coalición amplia exige capacidad negociadora y disposición a concesiones sin perder identidad política. Si logra equilibrar estabilidad fiscal, protección social y control migratorio, su coalición podría sostenerse; de lo contrario, la fragmentación parlamentaria permanecerá como amenaza constante.
Reflexión final: liderar en tiempos de complejidad
El regreso de Frederiksen al poder subraya una realidad contemporánea de la política europea: líderes que combinan políticas tradicionales de bienestar con respuestas firmes a desafíos de seguridad y migración, intentando satisfacer electorados cada vez más variados. En un mundo marcado por tensiones geopolíticas, crisis económicas y debates sobre la identidad del Estado social, la capacidad de construir mayorías flexibles y resilientes es hoy uno de los activos políticos más valiosos.
Dinamarca observará ahora si la nueva coalición logra traducir acuerdos de mesa de negociación en políticas efectivas que respondan a las urgencias de la ciudadanía, sin sacrificar la cohesión que requiere un gobierno multipartito.
