Omma Poom: el muro de los nombres y la memoria de los adoptados coreanos

Cómo un parque-memorial en Paju reúne a adoptados de todo el mundo y reabre preguntas sobre identidad, fraude y reconciliación

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Omma Poom —que literalmente significa “abrazo de la madre”— se ha convertido en un lugar de encuentro, duelo y búsqueda para cientos de personas nacidas en Corea y adoptadas al extranjero. En una ladera de Paju, cerca de la frontera con Corea del Norte y de antiguas instalaciones militares estadounidenses, una pared cubierta de malla exhibe más de 900 plaquitas de cerámica pintadas a mano: nombres, años de nacimiento y lugares de procedencia, suspendidos como cartas que nunca llegaron a su destino.

Una herida nacional que se hace visible

El fenómeno de la adopción internacional desde Corea del Sur tiene raíces en la posguerra: tras el conflicto de 1950-1953, la sociedad coreana quedó marcada por la presencia de niños de origen mixto —hijos o hijas de mujeres coreanas y soldados extranjeros— que a menudo fueron estigmatizados. Con el tiempo, la adopción internacional se institucionalizó y, en particular durante las décadas de 1970 y 1980, miles de niños fueron enviados a familias en América del Norte y Europa.

La concentración de placas rojas y celestes en Omma Poom refleja precisamente esos picos: los colores indican la década de adopción –la mayoría provinieron de los años setenta y ochenta– y hay fichas blancas que recuerdan a adoptados que fallecieron sin haber sido reunidos con sus familias de origen. Aunque las cifras varían según la fuente, registros históricos y estudios demográficos coinciden en que durante los años ochenta las adopciones internacionales alcanzaron varios miles anuales, un flujo sostenido que transformó a Corea en uno de los mayores exportadores de niños adoptados en el mundo.

Memoria individual, trauma colectivo

Los visitantes a Omma Poom no llegan solo a mirar; la mayoría lleva consigo historias y búsquedas. Muchas personas adoptadas anhelan respuestas sobre su historia biológica: quién era su madre, por qué se separaron, si hubo consentimiento real. Ese deseo de conocer rasgos físicos, orígenes y relatos de vida motiva viajes largos, campañas en redes y la colocación de perfiles en el museo contiguo, donde alrededor de mil fichas biográficas intentan dejar constancia de identidades y mensajes dirigidos a posibles progenitoras.

Las experiencias personales que rodean la adopción son heterogéneas. Algunas personas relatan historias de crianza estable en sus familias adoptivas; otras describen maltrato, abandono o conflictos de identidad. Entre quienes llegaron a Omma Poom hay quienes emprendieron búsquedas activas durante años, pegaron volantes por ciudades coreanas o siguieron pistas documentales que, con frecuencia, terminan en callejones sin salida. La incertidumbre y la esperanza alternan en muchas de esas trayectorias emocionales.

Fraude, falsificación y presión social

Una parte oscura del fenómeno es la documentación irregular y los casos de tráfico infantil que se han denunciado. Durante las décadas de adopciones masivas, hubo episodios en los que niños fueron registrados como huérfanos o entregados a agencias mediante prácticas dudosas. En instituciones, hospitales y agencias se han identificado operaciones que manipularon historias de origen para facilitar la salida al exterior. Estas irregularidades produjeron consecuencias duraderas: adoptados que crecieron sin conocer su verdadera familia biológica y madres que, presionadas por normas sociales y por dificultades económicas, vieron a sus hijos partir sin claridad sobre lo ocurrido.

El contexto político también influyó: en ciertos periodos, gobiernos autoritarios buscaron reducir la población vulnerable y fomentaron soluciones que, en la práctica, facilitaron la adopción internacional como mecanismo de alivio social. Ese contexto estructural explica, en buena medida, por qué el fenómeno se amplificó en años concretos y dejó huellas intergeneracionales.

Omma Poom como acción de reparación simbólica

El parque-memorial se inauguró después de una campaña prolongada impulsada por colectivos de adoptados y por fotoperiodistas locales. La iniciativa nace de la necesidad de crear un espacio donde la diáspora adoptiva pueda reconocerse y visibilizar su historia. Además del muro con placas, en un edificio reconvertido cercano hay un archivo con perfiles y fotografías que documentan búsquedas y mensajes hacia posibles madres biológicas.

Este tipo de lugares no sustituyen procesos jurídicos ni investigaciones formales, pero sí generan reconocimiento público. Para muchas personas, el acto de dejar su nombre en Omma Poom equivale a afirmar su derecho a la memoria y a la identidad: un gesto que contiene dolor, orgullo y el deseo de crear comunidad con otros que comparten una trayectoria similar.

Reencuentros y rechazos: las búsquedas no siempre terminan bien

Las búsquedas de parentesco biológico arrojan resultados diversos. En algunos casos se producen reencuentros emotivos; en otros, la persona buscada niega la relación o rehúye el contacto. Hay relatos de adoptados que siguieron pistas hasta encontrar una mujer cuya biografía parecía coincidir con la de su madre, pero que se negó a reconocer a la persona o a establecer vínculos. Esas respuestas reabren heridas y muestran la complejidad ética y emocional de la reconciliación: no toda búsqueda culmina en la satisfacción emocional esperada.

A su vez, muchas madres biológicas enfrentan estigmas sociales por haber dado a un hijo en adopción, especialmente si la entrega ocurrió en condiciones de pobreza, coerción o falta de alternativas. La presencia de Omma Poom pretende también abrir un diálogo que reconozca esas presiones y la necesidad de justicia, transparencia y reparaciones cuando hubo prácticas ilegales o coercitivas.

Preguntas públicas: investigaciones y demandas

En años recientes han crecido las voces que exigen investigación por adopciones irregulares. Hay grupos de madres y organizaciones de adoptados que han presentado reclamos y pedido que comisiones o tribunales indaguen posibles tráficos y falsificaciones de registros. Estas exigencias se inscriben en un movimiento global que reclama mayor transparencia en los procesos de adopción internacional y, cuando corresponde, reparaciones y la restitución de la verdad histórica.

La claridad documental y el acceso a archivos estatales son temas clave: muchas personas adoptadas buscan expedientes originales que permitan verificar su origen. La apertura de registros y la colaboración de agencias son pasos necesarios para esclarecer casos de fraude y para facilitar reencuentros cuando ambos lados lo desean.

Memoria, identidad y generaciones futuras

Para quienes hoy son padres o madres adoptivos, la historia también plantea preguntas sobre cómo transmitir un legado cultural que muchos adoptados no conocen. Algunos adoptados que se convirtieron en progenitores sienten una urgencia por recuperar la herencia coreana para sus hijos: aprender el idioma, visitar lugares de origen, celebrar tradiciones o simplemente contar la verdad sobre el origen. Esa búsqueda identitaria es un puente entre generaciones que, a menudo, nace del deseo de ofrecer a la siguiente generación raíces más visibles.

Por último, el fenómeno de Omma Poom exhibe cómo una política pública, decisiones institucionales y dinámicas sociales pueden producir consecuencias personales a gran escala. La creación de un memorial aporta reconocimiento y ofrece un espacio para la comunidad; sin embargo, la reparación integral exige medidas complementarias: investigación, acceso a la verdad, apoyo psicosocial para sobrevivientes de adopciones traumáticas y políticas que eviten que situaciones similares se repitan.

En Paju, las plaquitas colgadas en la malla no solo son nombres. Son testimonios de vidas que buscaron y buscan entender su origen; son recordatorios de que las decisiones públicas tienen rostros; y son, finalmente, promesas de que la memoria colectiva, aunque tardía, puede transformarse en un paso hacia la justicia y la reconciliación.

  • Dato histórico: Las adopciones internacionales desde Corea del Sur aumentaron de forma notable a partir de la década de 1970 y alcanzaron su punto más alto en los años 1980, cuando miles de niños fueron enviados anualmente al exterior.
  • Acción comunitaria: Omma Poom fue impulsado por colectivos de adoptados y activistas locales que reclamaban un lugar de memoria y encuentro.
  • Desafíos actuales: las búsquedas familiares enfrentan obstáculos documentales, resistencias personales y la necesidad de garantías institucionales para esclarecer prácticas fraudulentas pasadas.

Para quienes deseen conocer más sobre la historia de la adopción internacional desde Corea y las experiencias de la diáspora adoptiva, existen investigaciones académicas y organizaciones de apoyo que compilan relatos, archivos y recursos para la búsqueda de orígenes y la reparación histórica.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press