Agustina, la calle y la memoria: por qué Argentina volvió a gritar Ni Una Menos
El feminicidio de una adolescente reaviva la tensión entre movimiento social y un gobierno que minimiza la violencia de género
Buenos Aires — La muerte brutal de Agostina, una niña de 14 años hallada semanas atrás desmembrada y con signos de violencia sexual en la provincia de Córdoba, no es un hecho aislado en la estadística ni un episodio privado de dolor: es un detonante social. En Argentina, país que dio nombre y energía a un movimiento continental contra los asesinatos de mujeres —Ni Una Menos—, la revuelta en las calles vuelve cada vez que la violencia de género se muestra con crudeza imposible de ignorar.
Un símbolo que nació del horror
El grito Ni Una Menos surgió en mayo de 2015 después del crimen de Chiara Páez, una niña de 14 años asesinada por su novio adolescente. Aquella movilización masiva en Argentina se convirtió en punto de partida de una visibilización sostenida del fenómeno del feminicidio en América Latina. Medios y análisis posteriores recuerdan que la protesta no solo fue una condena popular, sino un llamado a transformar estructuras judiciales, policiales y culturales que habían naturalizado la violencia contra las mujeres (BBC Mundo, 2015).
Los hechos recientes y las dudas sobre la respuesta institucional
En el caso de Agostina, la familia denunció que la búsqueda inicial no tuvo la celeridad esperada: el primer aviso oficial de desaparición tardó más de 80 horas en circular por la provincia, según relatos de allegados. La autopsia preliminar sugiere agresión sexual seguida de estrangulamiento y posterior desmembramiento. El principal sospechoso está detenido y niega los cargos, pero las dudas sobre la respuesta policial y judicial prendieron la mecha social.
La reacción popular incluyó marchas en Córdoba y en la Capital Federal, con piquetes y enfrentamientos con fuerzas de seguridad. La exigencia central fue que este crimen fuera investigado y tipificado como feminicidio, una figura penal que, en Argentina, conlleva penas agravadas y, en la práctica, un enfoque investigativo específico hacia la violencia por razones de género.
¿Por qué nombrar importa?
La palabra feminicidio no es una etiqueta literaria: tiene consecuencias jurídicas y políticas. En el ordenamiento argentino, el reconocimiento de un homicidio como feminicidio activa protocolos distintos, agrava penas y orienta a la investigación hacia móviles vinculados al género. Para las organizaciones que trabajan con las víctimas, su uso es imprescindible: “Si no nombramos la violencia por su nombre, no podemos dimensionarla ni prevenirla”, declaró Lucila Galkin, directora del programa de género y diversidad de Amnistía Internacional Argentina, en el marco de las movilizaciones recientes.
El debate público, sin embargo, choca con decisiones políticas. El gobierno de Javier Milei ha cuestionado la conceptualización y la política pública sobre género en múltiples frentes: desarticuló la Secretaría de Políticas de Género, recortó programas de asistencia a víctimas y anunció propuestas para moderar o reconfigurar la figura del feminicidio en el código penal. Para muchas organizaciones, esas medidas no solo representan un retroceso administrativo; constituyen un intento de invisibilizar una problemática sistémica.
Datos, cifras y percepción
Las estadísticas oficiales y las mediciones de organizaciones civiles muestran tensiones que dificultan leer una sola tendencia clara. Según información difundida por la Corte Suprema de Justicia, los casos contabilizados como femicidios bajaron un 12% en el último año en comparación con el período previo. Sin embargo, grupos como el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y equipos de abogadas especializadas sostienen que la baja aparente puede deberse a cambios en la clasificación judicial y a la falta de voluntad para aplicar la figura de feminicidio en causas concretas.
Organizaciones civiles han reunido listados con más de 100 nombres de mujeres asesinadas en el año, argumentando que muchos casos no fueron tipificados como feminicidios pese a elementos que indicarían violencia de género. Esta discrepancia alimenta la desconfianza ciudadana y la sensación de que las instituciones no terminan de adaptarse a la experiencia social que Ni Una Menos logró visibilizar.
Política, austeridad y derechos
Más allá de la calificación legal, hay un impacto práctico: programas de acompañamiento, líneas telefónicas de atención 24/7, asistencia legal gratuita y subvenciones directas para mujeres en riesgo han sufrido recortes o desmantelamiento en los últimos dos años. Antes de los ajustes, el plan Acompañar asistió a cientos de miles de mujeres brindando subsidios para su autonomía económica y acceso a recursos básicos; su desfinanciamiento —junto con el recorte en líneas de atención— redujo la capacidad estatal de respuesta en instantes críticos.
Para muchas activistas, la combinación de desmantelamiento institucional y relativización discursiva del problema por parte de funcionarios no es inocua: debilita las redes de protección y alienta la impunidad.
La movilización como mecanismo de memoria y presión
La convocatoria anual de Ni Una Menos ha pasado de ser una protesta de dolor a convertirse en un mecanismo de memoria colectiva. Cada marcha renueva demandas concretas: capacitación judicial y policial en perspectiva de género, políticas de prevención en escuelas y comunidades, refugios suficientes y protocolos ágiles para la búsqueda de personas desaparecidas. El lema —que nació para reclamar que no desaparezca ni una vida más por violencia machista— actúa como epítome de una agenda que combina lo simbólico con lo material.
La movilización también visibiliza otras demandas conexas: justicia para víctimas, investigación transparente, acceso a asistencia y prevención de violencia en ámbitos como la educación y el trabajo. Como remarca Natalia Gherardi, directora del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), “negar la existencia de la violencia por motivos de género es intentar retroceder dos décadas de avances en políticas públicas y derechos” (declaración pública de ELA, 2024).
Lo que piden las organizaciones y qué podría cambiar
- Registro unificado y transparente: un sistema público que contemple todas las muertes violentas de mujeres y permita distinguir qué casos corresponden a femicidios, cuáles a homicidios con otra motivación y cuáles requieren investigación más profunda.
- Protocolos urgentes de búsqueda: desde la notificación a la comunidad hasta alertas públicas y coordinación entre fuerzas provinciales y nacionales.
- Reforzamiento de la red de protección: refugios, asistencia económica y asesoramiento legal con financiamiento estable y suficiente.
- Capacitación obligatoria: formación en perspectiva de género para policías, fiscales y jueces, con evaluación periódica de su aplicación.
- Políticas educativas: programas de prevención en escuelas que incluyan educación sexual integral, resolución no violenta de conflictos y desmontaje de estereotipos de género.
¿Hay camino hacia adelante?
La presión social fuerza a que el tema vuelva a la agenda pública. Las movilizaciones, si bien son expresión del dolor colectivo, funcionan también como termómetro: muestran dónde las instituciones fallan y dónde la sociedad exige cambios. El desafío central es traducir esa demanda en medidas efectivas y sostenibles, más allá de la intensidad de la noticia o del ciclo electoral.
Mientras tanto, familias como la de Agostina esperan respuestas concretas y justicia. Para que ese clamor se sostenga más allá del impacto mediático, será necesario construir mecanismos que eviten que cada femicidio sea tratado como una excepción fatal en lugar de un eslabón más de una cadena prevenible.
Fuentes y datos citados: Ni Una Menos y el contexto histórico del movimiento: BBC Mundo, 2015. Declaraciones y posiciones de organizaciones de derechos humanos: publicaciones oficiales de ELA (Equipo Latinoamericano de Justicia y Género) y Amnistía Internacional Argentina. Estadísticas generales sobre femicidios publicadas por la Corte Suprema de Justicia (informes anuales accesibles en su sitio web).
