China en tensión: memoria cercenada en Tiananmén y la presión sobre parlamentarios extranjeros

Cómo la represión interna y la diplomacia coercitiva revelan la estrategia del poder en Pekín

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Beijing ha intensificado en los últimos años una táctica dual: borrar recuerdos internos incómodos y ejercer presión exterior sobre quienes desafían sus reclamaciones políticas. Dos episodios recientes —la prohibición a familiares de las víctimas de 1989 para visitar tumbas en el aniversario de la masacre de la Plaza de Tiananmén y la sanción a cuatro legisladores neozelandeses tras una visita a Taiwán— muestran dimensiones distintas de la misma política: control de la narrativa y coerción diplomática.

Represión de la memoria: Tiananmén y el cerco a los allegados

El 4 de junio de 1989 marcó un antes y un después en la historia contemporánea de China. Las protestas estudiantiles en favor de la democracia, que durante semanas congregaron a miles en la Plaza de Tiananmén y sus alrededores, terminaron con una intervención militar que dejó «cientos, y posiblemente miles», de muertos, según estimaciones difundidas por organizaciones de derechos humanos y testimonios de la época. A tres décadas y siete años de aquel suceso, las autoridades chinas han llevado la política de olvido a un nuevo grado: impedir que los familiares de las víctimas conmemoren a sus seres queridos incluso en un cementerio de Pekín.

Familias que forman parte del colectivo conocido como las Tiananmen Mothers —un grupo que durante más de treinta años ha exigido justicia, claridad sobre los hechos y reparación por las pérdidas— fueron advertidas por la policía de que no podían acudir al cementerio en la fecha conmemorativa. La tradición de estas visitas, en la que los familiares leen declaraciones y recuerdan a los fallecidos bajo vigilancia policial, se remontaba a años atrás y simbolizaba una memoria colectiva persistente ante el intento estatal de borrarla.

La respuesta internacional fue inmediata. Amnistía Internacional calificó la prohibición como «un acto desalmado» que agrava el sufrimiento de las familias; Sarah Brooks, subdirectora regional para Asia de la organización, dijo: «Prohibir que los familiares de las personas muertas en la represión de Tiananmén visiten las tumbas de sus seres queridos es un acto cruel por parte de las autoridades chinas» (Amnesty International, comunicado, 2026).

Entre las voces de quienes resisten el olvido figura Zhang Xianling, miembro de Tiananmen Mothers, que en un mensaje grabado señaló: «El sacrificio de nuestros familiares es un dolor indeleble grabado en nuestros corazones. Nuestras lágrimas se han secado, el duelo está enterrado en lo más profundo, lo que queda es el recuerdo eterno y el odio al crimen de masacrar a la gente» (video publicado en redes por Zhang, 2026). La difusión de estas palabras tuvo que recurrir a plataformas bloqueadas en China, como Facebook, lo que explica la escasa visibilidad del testimonio dentro del propio país.

La lógica del olvido: por qué un Estado borra su pasado

Eliminar conmemoraciones y purgar relatos históricos responde a objetivos concretos de un régimen autoritario: consolidar legitimidad, evitar la contagiosa inspiración de movimientos disidentes y controlar la narrativa nacional. En el caso chino, la trama es más compleja porque la legitimidad del Partido Comunista se ha reconfigurado alrededor del éxito económico y la estabilidad social desde las reformas de Deng Xiaoping en los años 1980. La represión de 1989 fue, precisamente, el punto de inflexión que acentuó esa trayectoria: se eligió el desarrollo económico sin concesiones políticas.

Históricamente, la narrativa oficial minimiza el episodio o lo describe como un levantamiento contrarrevolucionario que atentó contra la estabilidad. La maquinaria mediática estatal y los sistemas de vigilancia digital han logrado que la memoria de Tiananmén sea prácticamente inexistente en la esfera pública china contemporánea. Investigaciones sobre censura en Internet muestran que términos y fechas vinculadas a la masacre son sistemáticamente bloqueados y que las búsquedas relacionadas devuelven resultados sanitizados o vacíos (Freedom House, informes sobre censura digital, años recientes).

Hong Kong: el eco de la conmemoración y su cierre

La isla de Hong Kong, durante décadas un lugar donde se expresaba la memoria de Tiananmén con vigiles multitudinarias en Victoria Park, ha visto también mermada esa posibilidad. Desde 2020, las autoridades han prohibido oficialmente la vigilia, al principio amparándose en restricciones por la pandemia, y luego aplicando la Ley de Seguridad Nacional de 2020 para procesar a organizadores. Tres de los principales organizadores fueron procesados bajo esa ley: uno se declaró culpable y los otros dos fueron enjuiciados y aguardaban sentencia, según reportes periodísticos vinculados al caso en 2026.

La represión de actos simbólicos se amplió incluso a intervenciones artísticas. En días cercanos al aniversario, la policía hongkonesa detuvo a dos artistas por actos simbólicos menores: uno mostró un globo con forma de signo de interrogación frente a un centro comercial, otro fue detenido por una acción performativa. Estas medidas señalan no sólo la criminalización de la protesta sino la penalización de la memoria simbólica que podría reactivar un debate público sobre derechos civiles y libertades.

Coerción más allá de las fronteras: la sanción a legisladores de Nueva Zelanda

Mientras China estrecha el control interno sobre memoria y disenso, también proyecta poder mediante sanciones diplomáticas y restricciones a los viajes. En Wellington, la embajada china comunicó a través de canales oficiales que cuatro parlamentarios neozelandeses quedaban vetados de viajar a China, Hong Kong y Macao durante un año, tras una visita parlamentaria a Taiwán.

La exigencia condicional fue que los legisladores pidieran disculpas por haber visitado Taiwán para que la sanción pudiera levantarse. La embajada justificó la medida afirmando que China se opone a contactos oficiales con la «región de Taiwán» por parte de parlamentarios de países que reconocen a la República Popular —una lectura rígida de la política de una sola China que Pekín aplica con creciente asertividad.

Este gesto no es nuevo en la práctica diplomática china: Pekín ha impuesto sanciones o restricciones a políticos de varios países que han mostrado apoyo a Taiwán o han recibido a representantes de su gobierno. Sin embargo, el hecho de que la medida afectara a legisladores de Nueva Zelanda llamó la atención porque supone una presión directa sobre la actividad parlamentaria de un país con el que China mantiene relaciones comerciales estrechas: China es, hoy día, uno de los principales socios comerciales de Nueva Zelanda y el primer país con el que Wellington firmó un tratado de libre comercio entre países occidentales (Acuerdo de Libre Comercio China–Nueva Zelanda, 2008).

Entre los parlamentarios sancionados, algunos rechazaron la demanda de disculpas como inaceptable. La diputada Laura McClure calificó la exigencia de «insulto» y se negó a disculparse. Duncan Webb, del Partido Laborista, afirmó: «Si el precio de mantener nuestra libertad de acción y nuestros principios democráticos es ser excluido de China por un año, pagaré ese precio» (declaraciones públicas a medios neozelandeses, 2026).

La coherencia estratégica: interno y externo como caras de la misma moneda

Ambas dinámicas —censura interna y coerción externa— forman parte de una estrategia más amplia de Pekín para afirmar su soberanía, tanto sobre la memoria nacional como sobre su perímetro político. Internamente, el borrado de la memoria evita que episodios traumáticos alimenten demandas de reforma política. Externamente, la presión a actores que vulneran sus «líneas rojas» busca disuadir gestos simbólicos que podrían legitimar reclamos de independencia o autonomía en Taiwán y en otras zonas de interés geopolítico.

Es relevante subrayar que estas acciones repercuten en la percepción internacional de China. Mientras el Estado promueve una narrativa de estabilidad y proyección global, medidas como la censura de conmemoraciones o las sanciones a legisladores generan críticas sobre el autoritarismo y la instrumentalización de relaciones comerciales para obtener concesiones políticas. Un ejemplo emblemático de esa tensión fue la declaración del entonces senador estadounidense Marco Rubio, que durante un viaje oficial a Pekín afirmó en un comunicado: «Ninguna cantidad de censura puede borrar el pasado. Los que sacrificaron sus vidas por el derecho inalienable a la libertad de expresión y de reunión pacífica serán vindicados algún día.» (declaración citada en comunicados oficiales, 2026).

Implicaciones para derechos humanos y diplomacia

Las consecuencias de estas políticas son múltiples. En primer lugar, existe un costo humano directo: impedir que las familias honren a sus muertos o restringir el derecho a expresar duelo equivale a una nueva victimización. En segundo lugar, las medidas erosionan el espacio cívico y el debate público, al convertir la memoria histórica en un territorio vedado. En tercer lugar, al intervenir en la autonomía de actores políticos extranjeros, Pekín introduce una variable de coerción en las relaciones internacionales que puede alterar la conducta de legisladores, académicos y organizaciones civiles en todo el mundo.

Analistas de relaciones internacionales remarcan que el uso de sanciones selectivas o vetos a viajes como herramienta de política exterior busca crear un efecto disuasorio. Un estudio sobre sanciones políticas (recientes análisis en revistas de ciencias políticas y relaciones internacionales) muestra que las sanciones dirigidas a individuos pueden lograr rendimientos simbólicos pero rara vez generan cambios de política sustanciales sin un costo reputacional para quien las impone. En otras palabras, la sanción puede funcionar como advertencia, pero también marca a su emisor como actor que intenta instrumentalizar lazos bilaterales para fines políticos.

¿Qué pueden hacer las democracias y la sociedad civil?

Frente a estas prácticas, las democracias cuentan con herramientas diversas: diplomacia bilateral, foros multilaterales, sanciones recíprocas y defensa de principios en organismos internacionales. Sin embargo, esas respuestas deben calibrarse para no derivar en escaladas que perjudiquen relaciones económicas y cooperación global.

La cooperación entre gobiernos, organizaciones de derechos humanos y plataformas digitales también es esencial para proteger la memoria histórica en contextos de censura. Por ejemplo, iniciativas de archivo y preservación de testimonios, además de reportes periódicos sobre libertad de expresión, ayudan a mantener registros que las autoridades intentan borrar. Estas iniciativas ya han sido empleadas para documentar episodios como Tiananmén: archivos personales, testimonios de exiliados y reportes periodísticos complementan la memoria oficial y ofrecen recursos para la investigación y la educación futura.

Reflexión final: memoria y presión en la era de la interdependencia

Los eventos recientes —la prohibición a las Tiananmen Mothers de visitar tumbas y las restricciones impuestas a legisladores neozelandeses— son indicadores de una política de Estado que combina control interno y presión externa. En ambos casos, el objetivo parece claro: disuadir actos que desafíen la narrativa dominante o que eleven la legitimidad de reclamaciones contrarias a los intereses de Pekín.

Pero la memoria tiene una capacidad peculiar para resistir. A pesar de la censura y la represión, los relatos, los testimonios y las conmemoraciones encuentran canales alternativos de difusión, desde redes sociales en el extranjero hasta iniciativas de archivado y testimonios de sobrevivientes y familiares. La dinámica entre un Estado que intenta borrar y una sociedad que recuerda seguirá siendo, en el siglo XXI, uno de los factores decisivos para entender no sólo la política china sino también las tensiones que atraviesan las relaciones internacionales en una era de interdependencia económica y confrontación política.

  • Fuente de citas: Declaraciones de Amnistía Internacional y de activistas citadas en reportes periodísticos sobre el aniversario de Tiananmén (2026).
  • Contexto histórico: Datos sobre la fecha del 4 de junio de 1989 y la magnitud de la represión recogidos de investigaciones periodísticas y académicas sobre Tiananmén (informes históricos y de derechos humanos, décadas posteriores a 1989).
Este artículo fue redactado con información de Associated Press