Cuando la fe, el misterio y las redes se encuentran: el caso del exorcista removido por vincular OVNIs con lo demoníaco

La arquidiócesis de Washington aparta a Mons. Stephen Rossetti por declaraciones públicas que relacionan avistamientos con presencia demoníaca y por el uso de redes sociales de su centro espiritual

La tensión entre la tradición eclesial, la responsabilidad pública y la cultura digital alcanzó un punto crítico en Washington D.C. Esta historia combina preguntas sobre la doctrina católica, la expansión de audiencias mediante redes sociales y la inquietud social frente a fenómenos —reales o interpretados— como los avistamientos de objetos voladores no identificados (OVNIs). El reciente retiro de Mons. Stephen Rossetti como exorcista por parte del cardenal Robert McElroy, arzobispo de Washington, abrió un debate que conviene analizar con cuidado: ¿qué dice la Iglesia sobre lo demoníaco y el exorcismo? ¿Cuál es el margen para las opiniones personales de clérigos con plataformas masivas? ¿Qué papel juegan las redes sociales en la difusión de explicaciones teológicas a audiencias amplias?

Una decisión eclesial que busca claridad doctrinal

El cardenal Robert McElroy informó públicamente la decisión de apartar a Mons. Stephen Rossetti de su cargo como exorcista de la arquidiócesis y de cortar vínculos con el St. Michael Center for Spiritual Renewal, el organismo dirigido por Rossetti. Según el comunicado de la arquidiócesis, las declaraciones que vinculan los avistamientos de OVNIs con una presencia demoníaca y el uso reciente de redes sociales por parte del Centro “socavan gravemente la enseñanza precisa de la Iglesia sobre el diablo, los demonios y el exorcismo”. Para la arquidiócesis, existía el riesgo de confundir a los fieles y al público en general sobre doctrinas complejas que tienen procedimientos y límites pastorales muy concretos.

Las palabras y la audiencia: el poder de una plataforma

Mons. Rossetti, además de sacerdote y exorcista, es psicólogo y figura pública con una presencia importante en redes sociales, donde reúne decenas de miles de seguidores. En un video difundido por sus canales, expresó su convicción personal de que “probablemente muchos, si no la mayoría, de estos avistamientos de OVNIs son en realidad demonios” y avisó sobre la capacidad de lo demoníaco para ocultarse y manipular percepciones. En otro momento, pidió perdón por posibles insuficiencias en su apego a la enseñanza magisterial de la Iglesia, prometiendo someter su actividad y la del Centro a la obediencia eclesial.

El problema aquí no fue solo la opinión en sí, sino el contexto: un sacerdote con autoridad reconocida al que oyen miles de personas, interpretando fenómenos públicos (avistamientos) a la luz de una hipótesis espiritual que puede resultar alarmante o confusa para muchos.

Doctrina, ritual y límites: ¿qué dice la Iglesia?

La Iglesia católica posee textos y protocolos claros sobre el exorcismo. El rito vigente —revisado y publicado a finales del siglo XX— regula quién puede realizar un exorcismo, las condiciones pastorales necesarias y la cautela diagnóstica frente a fenómenos que podrían tener explicación médica, psicológica o sociocultural. El documento oficial “Rituale Exorcismi” (1999) establece procedimientos y resalta la necesidad de discernimiento pastoral y colaboración con profesionales de la salud.

Además, el Catecismo de la Iglesia Católica dedica secciones al diablo y a los demonios, recordando que la fe cristiana distingue claramente entre creencias religiosas y explicaciones empíricas o científicas de la realidad (Catecismo).

Contexto social y científico: la otra cara del fenómeno OVNI

En paralelo a las interpretaciones religiosas, la comunidad científica y las instituciones públicas han incrementado la atención sobre avistamientos no identificados. La exploración espacial y el descubrimiento masivo de exoplanetas han ampliado la discusión pública sobre vida fuera de la Tierra: la NASA registra miles de exoplanetas descubiertos desde la década de 1990, lo que alimenta tanto la curiosidad científica como la especulación popular (fuente: NASA Exoplanet Archive).

Del lado social, encuestas y estudios muestran que las creencias sobre vida extraterrestre y fenómenos aéreos no identificados varían ampliamente por región, educación y contexto cultural. La confluencia de noticias, testimonios personales y una creciente atención mediática ha producido un ecosistema en el que afirmaciones sensacionales pueden viralizarse con rapidez, especialmente cuando provienen de figuras con autoridad religiosa o científica.

El riesgo pastoral: cuándo la explicación teológica puede ser contraproducente

Para los responsables pastorales, el reto consiste en ofrecer acompañamiento espiritual sin caer en afirmaciones que excedan su competencia o que generen pánico o confusión. Cuando un exorcista, que tradicionalmente trata casos de supuesta influencia demoníaca en espacios controlados y con criterios estrictos, postula públicamente que la mayoría de los OVNIs son demonios, se crean al menos tres riesgos:

  • Confundir fenómenos que requieren evaluación científica o médica con explicaciones sobrenaturales.
  • Alentar interpretaciones conspirativas o de miedo que afecten la paz de comunidades enteras.
  • Desdibujar la distinción entre enseñanza magisterial y opinión personal, sobre todo si la comunicación se hace sin matices ni respaldo institucional.

Libertad de expresión, obediencia eclesial y responsabilidad pública

El caso demuestra el choque entre la libertad de expresión del clérigo y la obligación de la jerarquía de proteger la enseñanza pública y la unidad pastoral. La arquidiócesis argumentó que la comunicación pública de Rossetti —y la forma en que su Centro empleó las redes sociales— justificaba una intervención para preservar la claridad doctrinal. Rossetti, por su parte, expresó tristeza por la acción y reafirmó su intención de someterse a la obediencia eclesial, al mismo tiempo que defendió su derecho a advertir sobre peligros espirituales desde su experiencia como exorcista.

Un fenómeno que exige diálogo interdisciplinar

Más allá del conflicto inmediato, este episodio subraya la necesidad de diálogo entre teólogos, pastores, científicos y especialistas en comunicación. Algunas ideas para avanzar en ese sentido:

  1. Protocolos claros sobre comunicación pública para figuras religiosas que ocupan cargos sensibles o tienen plataformas masivas.
  2. Formación básica en pensamiento crítico y en límites de la propia competencia profesional para quienes opinan desde la fe sobre temas con dimensiones científicas.
  3. Espacios de cooperación entre la pastoral y especialistas en salud mental y ciencias físicas para discernir casos concretos sin perder la dimensión espiritual.

Reflexión final: autoridad y humildad en la era digital

Este episodio sirve como recordatorio: los líderes religiosos que acceden a audiencias amplias mediante redes sociales llevan una doble responsabilidad. Por un lado, deben cuidar la fidelidad a la doctrina y la integridad pastoral; por otro, deben medir cómo sus interpretaciones personales repercuten en la percepción pública, la salud mental de los fieles y la convivencia social. La Iglesia, por su parte, enfrenta el reto de articular mejor sus enseñanzas en un mundo saturado de información y teorías, distinguiendo con precisión entre creencia, opinión y evidencia empírica.

Como dijo en su declaración la arquidiócesis, la protección de la enseñanza y la prevención de confusión requieren a veces medidas firmes. Al mismo tiempo, el diálogo respetuoso y la formación interdisciplinar pueden convertir episodios conflictivos en oportunidades para clarificar, acompañar y enriquecer la comprensión pública sobre fenómenos que despiertan miedo, esperanza y preguntas profundas sobre nuestro lugar en el cosmos.

Fuentes consultadas: declaración pública de la Arquidiócesis de Washington; sitio del St. Michael Center for Spiritual Renewal; Rituale Exorcismi (Santa Sede); NASA Exoplanet Archive.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press