El hilo rojo y la memoria acallada: cómo Hong Kong perdió su ritual del 4 de junio

La detención de un artista por exhibir un hilo rojo revela la contracción de la libertad de expresión en Hong Kong a 37 años de la masacre de Tiananmén

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Hong Kong conserva todavía calles, plazas y recuerdos que hablan de un pasado en el que la ciudad podía ser un espacio para la conmemoración colectiva. Sin embargo, los últimos años han demostrado que esos vestigios de memoria están siendo reemplazados por restricciones, controles y, en muchos casos, por el miedo. El intento de un artista de colocar un hilo rojo de 6,4 metros en Causeway Bay para recordar a las víctimas de la represión del 4 de junio de 1989 —una acción simbólica breve y sobria— terminó con una búsqueda de su bolso por la policía y su liberación posterior. Ese gesto mínimo encapsula una transformación mucho más profunda: la lenta desaparición de un ritual público que durante décadas sirvió para mantener viva la memoria de Tiananmén en el ámbito público chino.

El gesto simbólico y su carga

Que el artista eligiera un hilo rojo y lo midiera en 6,4 metros no fue azar: la cifra evoca de manera inequívoca el 4 de junio. En un contexto donde las conmemoraciones oficiales están prohibidas y las expresiones públicas recordatorias se han vuelto peligrosas, el hilo actuaba como un emblema pequeño pero cargado de sentido. Según reportes locales, agentes policiales detuvieron al autor brevemente, revisaron sus pertenencias y lo dejaron marchar; su explicación, según él, fue que el gesto buscaba "expresar condolencias a quienes murieron" (ver: BBC, 2026).

De Victoria Park a la ausencia colectiva

Durante décadas, Victoria Park fue el corazón de la conmemoración en Hong Kong: una vigilia masiva que, en sus mejores años, convocó a decenas de miles de personas para encender velas y recordar a las víctimas en la noche del 4 de junio. Esa plaza representó durante años una excepción territorial dentro del amplio mapa de la República Popular China, un lugar donde la memoria podía sostenerse públicamente. No obstante, en 2020 la vigilia fue prohibida oficialmente en el contexto de la pandemia de COVID-19; la suspensión se combinó con la entrada en vigor de una nueva ley de seguridad nacional que transformó el paisaje político y civil de la ciudad.

Desde entonces la fricción entre memoria y poder ha sido constante: el espacio antes ocupado por las velas fue sustituido por otros eventos autorizados —como una feria pro-gubernamental— y a quienes intentan conmemorar públicamente se les ha respondido con detenciones, citaciones y campañas de intimidación. La desintegración de las organizaciones cívicas que antiguamente organizaban las vigilias ha completado el cuadro: muchas se disolvieron ante la amenaza de sanciones y persecución. Estas acciones ilustran una transformación no solo física del espacio público, sino también simbólica: de un lugar de duelo colectivo a un vacío regulado por la política de seguridad.

La ley de seguridad nacional y sus efectos

La ley impuesta en 2020 por el gobierno central y aplicada en Hong Kong con carácter de urgencia ha tenido un efecto disuasorio potente. Aunque las autoridades sostienen que la norma es "esencial para la estabilidad" y que "los derechos humanos serán respetados en el marco de la salvaguarda de la seguridad nacional" (comunicados oficiales del gobierno de Hong Kong), la praxis ha mostrado un endurecimiento de las medidas contra la disidencia, la prensa crítica y las organizaciones civiles. Algunos exorganizadores de la vigilia fueron formalmente acusados de delitos graves relacionados con la seguridad nacional y enfrentan penas que pueden alcanzar una década de prisión si son condenados. Esa criminalización implica, además, un efecto ejemplarizante: nuevas generaciones y activistas se exponen a riesgos elevados si insisten en formas de protesta que antes eran relativamente toleradas.

Memoria en fuga: la diáspora lleva la vigilia

Con las calles de Hong Kong cada vez menos disponibles para la conmemoración, comunidades en el extranjero tomaron la posta del recuerdo: vigílias y manifestaciones en ciudades como Londres, Toronto y Vancouver han servido para recuperar la narrativa y mantener viva la memoria de Tiananmén en el ámbito internacional. Estas acciones de la diáspora son importantes por dos razones: primero, porque sostienen la historia frente a la voluntad institucional de borrarla; segundo, porque escenifican la pérdida de un espacio cívico que era distintivo de Hong Kong.

Por qué importa recordar

Recordar un acontecimiento traumático conlleva dimensiones personales, sociales y políticas. La memoria colectiva ayuda a construir marcos de justicia, a prevenir la repetición y a dar voz a las víctimas. En el caso del 4 de junio de 1989, la represión que terminó con las protestas estudiantiles en Beijing fue simultáneamente un punto de inflexión para la política china contemporánea y una herida abierta en la conciencia internacional. Las cifras sobre el número de muertos nunca fueron plenamente aclaradas —estimaciones varían ampliamente y muchas fuentes coinciden en que el número real es aún discutido— pero la importancia del suceso no se mide únicamente por una cifra: se mide por el alcance simbólico de la represión y por la forma en que marcó la relación entre Estado y sociedad.

Libertad de expresión en retroceso

La detención momentánea del artista que sujetaba un hilo rojo es apenas un ejemplo de un fenómeno más amplio: la reducción del espacio de expresión pública en Hong Kong. Periodistas, activistas y líderes cívicos han visto cómo su margen de maniobra se estrecha. Medios que antes eran críticos han cerrado o cambiado de rumbo; grupos de la sociedad civil han preferido disolverse antes que exponerse a cargos potencialmente devastadores. Como resultado, la esfera pública ha ido perdiendo su capacidad de articular memoria, demanda y crítica.

¿Qué queda de la memoria pública?

Algunas iniciativas culturales y artísticas han buscado caminos alternativos para preservar el recuerdo: performances discretos, obras de arte con símbolos apenas perceptibles, o actos conmemorativos en espacios privados o digitales. Estas estrategias, sin embargo, coexisten con una sensación de vigilancia que condiciona la espontaneidad y la fuerza de la memoria colectiva. Incluso gestos simbólicos mínimos —un hilo rojo, una pregunta trazada en el aire, un globo en forma de interrogante— pueden desencadenar intervenciones policiales.

Voz de quienes recuerdan

Quienes han intentado recordar de forma pública en años recientes han hablado de la sensación de incomodidad y vigilancia. En palabras de un artista local citado por medios internacionales: "Es anormal que te vigilen por decir o hacer algo" (ver: BBC Chinese). Esa frase condensa la experiencia cotidiana: la memoria se ve obligada ahora a buscarse a sí misma en espacios privados, en redes de confianza o en la diáspora.

Lecciones y desafíos

  1. La memoria necesita espacio público: Sin plazas ni vigilias, la memoria se atomiza y pierde su efecto colectivo.
  2. La criminalización de la conmemoración erosiona la reconciliación: Procesos judiciales y acusaciones por motivos políticos no solo castigan actos pasados, sino que también buscan disuadir futuros actos de recuerdo.
  3. La diáspora es un salvavidas simbólico: Comunidades fuera de Hong Kong mantienen viva la llama, pero la conexión con quienes permanecen en la ciudad se hace cada vez más frágil.

El hilo rojo de 6,4 metros fue más que un objeto efímero; fue un síntoma. Un síntoma de que la relación entre memoria, espacio público y poder ha cambiado. Recuperar esa relación no será fácil: exige voluntad política, garantías para la libertad de expresión y la reconstrucción de instituciones cívicas que permitan que el duelo y la memoria se expresen sin riesgo de sanción. Mientras tanto, los hilos rojos —reales o metafóricos— seguirán apareciendo en las esquinas y en la memoria de quienes no están dispuestos a olvidar.

Para ampliar la información sobre la evolución de las conmemoraciones en Hong Kong y las implicaciones de la ley de seguridad nacional, puede consultarse la cobertura de medios internacionales y ONG dedicadas a los derechos humanos, por ejemplo la BBC (BBC) y Human Rights Watch (Human Rights Watch, informe 2021).

Este artículo fue redactado con información de Associated Press