Hantavirus: por qué un brote en un crucero reaviva la urgencia de tratamientos y vacunas

De la rara pero letal pulmonía por hantavirus a los avances científicos: qué sabemos, qué falta y por qué la inversión sostenida importa ahora

Un brote de hantavirus que afectó a pasajeros de un crucero y causó muertes puso de nuevo en evidencia una paradoja en salud pública: existen conocimientos científicos prometedores sobre tratamientos y vacunas contra los hantavirus, pero la escasez de inversión sostenida y la baja frecuencia de los casos han impedido convertir esos avances en opciones terapéuticas generalizadas.

¿Qué son los hantavirus y por qué preocupan?

Los hantavirus forman una familia de virus transmitidos principalmente por roedores. La vía habitual de contagio es la inhalación de partículas contaminadas con orina, heces o saliva de estos animales. Existen múltiples especies de hantavirus alrededor del mundo; cada una puede presentar características clínicas distintas. Entre las más temidas está el virus Andes, presente en regiones de Sudamérica, que en algunos casos puede transmitirse entre personas, algo inusual en este grupo viral.

Aunque las infecciones por hantavirus son relativamente infrecuentes, cuando evolucionan hacia el síndrome pulmonar por hantavirus (HPS) la mortalidad puede ser muy alta. En Estados Unidos, desde que se comenzó el registro en 1993, aproximadamente el 35% de los casos han resultado fatales (CDC).

El escenario reciente: un brote en un crucero y datos regionales

En el episodio que llamó la atención internacional, varios pasajeros de un crucero contrajeron el virus Andes; de los 13 casos probables entre los pasajeros, tres terminaron en muerte. Además, en lo que va del año las autoridades sanitarias de Chile han confirmado 15 muertes y 42 casos, mientras que Argentina reportó 32 muertes y 102 casos desde junio de 2025. Estas cifras subrayan que, aunque es una enfermedad poco frecuente a nivel global, puede provocar brotes graves focalizados.

Por qué la investigación ha avanzado, pero los tratamientos siguen limitados

Existen varias razones interrelacionadas por las que el progreso hacia tratamientos y vacunas para hantavirus ha sido lento:

  • Baja incidencia y aleatoriedad de los brotes: la ocurrencia es esporádica y geográficamente focal, lo que dificulta el diseño de ensayos clínicos tradicionales y complica la estimación del mercado para fármacos o vacunas.
  • Complejidad logística y técnica: estudiar hantavirus requiere laboratorios con infraestructura de bioseguridad elevada y cohortes de pacientes que, por la misma rareza de la enfermedad, suelen ser pequeñas.
  • Desvío de recursos: emergencias globales más frecuentes o de mayor escala, como la pandemia por SARS-CoV-2, han concentrado financiación y capacidad científica, ralentizando proyectos para enfermedades menos prevalentes.

El doctor Paul Bollyky, especialista en enfermedades infecciosas, explica que “es extremadamente difícil atraer y sostener el apoyo necesario para producir vacunas y tratamientos para enfermedades raras: los ensayos clínicos son complicados y, a menudo, imprácticos por la baja incidencia” (Stanford Medical Center).

Avances prometedores: tocilizumab y anticuerpos monoclonales

Dos líneas de investigación han mostrado señales alentadoras recientemente:

  • Tocilizumab: este fármaco, originalmente indicado para enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide, bloquea la interleucina-6 (IL-6), una citocina implicada en la inflamación. En Argentina, un estudio en uso compasivo reportó que cuatro de cinco pacientes con síndrome pulmonar por hantavirus sobrevivieron tras recibir tocilizumab además de cuidados de soporte; en contraste, otros cinco pacientes elegibles que no recibieron el fármaco fallecieron. Los autores advierten que los pacientes que no obtuvieron el medicamento estaban, en términos generales, más graves y de mayor edad, por lo que se requiere investigación más rigurosa antes de sacar conclusiones definitivas (Informe clínico, equipo de la Universidad Nacional de Río Negro).
  • Anticuerpos monoclonales clonados: equipos en Chile, Estados Unidos y Alemania han desarrollado anticuerpos aislados de sobrevivientes de hantavirus que neutralizan el virus en modelos animales. Un estudio publicado en 2018 mostró eficacia en animales, pero los ensayos en humanos se frenaron por falta de financiamiento, en parte por la priorización de recursos hacia la pandemia de COVID-19. Investigadores como la virología María Inés Barría subrayan que “estamos en la vanguardia, en una etapa muy importante para avanzar a la siguiente fase” (Universidad San Sebastián, Chile).

Vacunas en desarrollo

Históricamente se han desarrollado vacunas contra hantavirus del "Viejo Mundo" en algunas regiones, pero la Organización Mundial de la Salud no reconoce actualmente vacunas con licencia de amplio uso para la mayoría de hantavirus que causan HPS. En Estados Unidos, equipos como el del Dr. Jay Hooper (U.S. Army Medical Research Institute of Infectious Diseases) han avanzado en vacunas que generaron respuestas de anticuerpos en ensayos de fase temprana, lo que representa un primer paso alentador hacia una vacuna específica contra el virus Andes (estudio de Hooper y colaboradores, 2020).

Claves para convertir la ciencia en salud pública

Transformar hallazgos científicos en tratamientos o vacunas disponibles requiere tres factores sincronizados:

  1. Financiación sostenida: fondos públicos y privados que sostengan ensayos clínicos complejos y costosos, incluso cuando la demanda comercial parezca limitada.
  2. Redes regionales de vigilancia: mejorar la detección temprana y el registro de casos facilita el reclutamiento para ensayos y la evaluación de intervenciones en contextos reales.
  3. Colaboración internacional: coordinación entre centros de investigación, gobiernos y agencias regulatorias para compartir datos, reagentes y capacidades de laboratorio.

El doctor Fernando Tortosa, investigador en Patagonia, resume la posición de muchos científicos: “Espero que esta situación nos ayude a continuar nuestra investigación y a fortalecer la colaboración entre el personal sanitario, la comunidad y los recursos necesarios” (Universidad Nacional de Río Negro).

Factores ecológicos y prevención

Un aspecto que complica el futuro es el cambio climático y el aumento del contacto entre humanos y roedores en determinadas zonas. Alteraciones en los hábitats, cambios en patrones de lluvia y temperaturas atípicas pueden incrementar la probabilidad de exposición humana a roedores portadores. Así, la prevención no depende únicamente de vacunas o terapias: también requiere políticas ambientales, control de roedores, campañas educativas sobre prácticas de higiene en áreas rurales y mejoras en la vivienda.

Qué pueden hacer los sistemas de salud y la sociedad ahora

  • Fortalecer laboratorios de diagnóstico: para identificar casos temprano y delimitar brotes.
  • Reservas y protocolos clínicos: considerar la disponibilidad estratégica de fármacos con potencial beneficio en emergencias (por ejemplo, terapias antiinflamatorias) y protocolos para uso compasivo que generen datos estandarizados.
  • Apoyar ensayos adaptativos: diseños de investigación flexibles que permitan evaluar tratamientos en contextos de brotes esporádicos.
  • Inversión a largo plazo en vacunas y anticuerpos: mecanismos públicos y filantrópicos que reduzcan el riesgo económico para desarrolladores.

La historia reciente muestra que la preparación frente a amenazas infecciosas raras, pero de alto impacto, paga dividendos: lo visto durante la pandemia de COVID-19 aceleró la ciencia y la colaboración multisectorial, y parte de ese aprendizaje puede aplicarse a enfermedades como las causadas por hantavirus.

Si bien la probabilidad individual de contraer hantavirus sigue siendo baja para la mayoría de las personas, los episodios focales —como el brote en el crucero— recuerdan que la ausencia de enfermedades generalizadas no equivale a ausencia de riesgo. La inversión estratégica en investigación, vigilancia y preparación clínica puede marcar la diferencia entre respuestas reactivas y la disponibilidad proactiva de herramientas médicas que salven vidas.

Fuentes y lecturas recomendadas: CDC — Hantavirus: preguntas y respuestas (cdc.gov); estudio clínico sobre tocilizumab y reportes institucionales de universidades argentinas y chilenas; revisiones científicas sobre vacunas en fase temprana (Hooper et al., 2020).

Este artículo fue redactado con información de Associated Press