La camiseta amarilla de la selección colombiana: ¿símbolo nacional o arma política?
Cómo la indumentaria deportiva se ha transformado en un campo de batalla simbólico en la campaña presidencial colombiana
En las semanas previas a la segunda vuelta presidencial de Colombia, un objeto cotidiano y querido por millones —la camiseta amarilla de la selección nacional de fútbol— se ha convertido en un inesperado y potente emblema político. Lo que hasta hace poco era sinónimo casi exclusivo de pasión deportiva, fiesta en las gradas y unión en torno al equipo rumbo al Mundial 2026, hoy alimenta disputas, acusaciones de apropiación y debates sobre la mercantilización y el control de los símbolos nacionales.
Un símbolo con múltiples lecturas
La camiseta amarilla, por su color y resonancia, siempre ha sido un icono identificatorio: en partidos, desfiles cívicos y celebraciones populares. Sin embargo, en el contexto actual de polarización electoral, ha cambiado de papel. Seguidores de Abelardo de la Espriella la han adoptado masivamente en mítines y actos de calle; el propio candidato suele aparcarse con la prenda cuando se dirige a sus simpatizantes. Al mismo tiempo, sectores vinculados al Pacto Histórico y a su candidato Iván Cepeda han condenado lo que consideran una usurpación del símbolo de todos los colombianos.
La disputa plantea preguntas universales: ¿puede un símbolo nacional ser exclusividad de una campaña política? ¿Dónde termina la libertad de expresión y dónde empieza la apropiación indebida de un patrimonio simbólico colectivo?
Política, protesta y la camiseta como bandera
El fenómeno no es nuevo ni exclusivo de Colombia. En la región existen antecedentes recientes y relevantes: en Brasil, la camiseta verde y amarilla fue recuperada por seguidores de Jair Bolsonaro y, tras su derrota, devino en un estandarte para su movimiento. La respuesta del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y de artistas afines fue intentar “re-reivindicar” la indumentaria como símbolo plural y ajeno a doctrinas autoritarias. Ese episodio brasileño funciona hoy como espejo y advertencia para actores políticos colombianos: una camiseta puede convertirse en catalizador de identidades y resentimientos.
En palabras de observadores de comunicación política, los símbolos nacionales sirven como atajos cognitivos que evocan afectos profundos —patriotismo, orgullo, pertenencia— sin necesidad de mayor argumentación racional. Cuando un partido o candidato incorpora de forma sistemática un emblema así, consigue trasladar esos afectos hacia su propia marca: es una técnica de anclaje emocional que, bien ejecutada, puede transformar la percepción pública.
Reacciones y contra-reacciones
La respuesta del equipo del Pacto Histórico fue clara: pedir que la camiseta no fuese utilizada como emblema exclusivo en actos políticos. Iván Cepeda, quien representó al sector en la primera vuelta y mantiene una postura pública distinta en estilo y retórica a la del candidato de la oposición, llegó a señalar públicamente que usar la camiseta en mítines era un “acto oportunista” que debía analizarse en términos de legalidad y de respeto a lo que es de todos.
Al calor de la polémica, voceros del bando rival —en particular figuras cercanas a de la Espriella— han incentivado aún más su uso, presentándolo como una forma de desafío frente a lo que describen como intentos de monopolización simbólica. “Esta camiseta, además de mostrar apoyo a nuestros jugadores, ahora también representa la defensa de las libertades”, dijeron representantes del movimiento opositor en videos difundidos en redes. Ese mensaje conecta dos elementos clave: 1) vincular la camiseta con una narrativa de defensa de la libertad y 2) transformar un símbolo deportivo en una divisa política.
Derechos de marca, federación y límites jurídicos
Desde una perspectiva legal y comercial, la camiseta de la selección pertenece a la Federación Colombiana de Fútbol (FCF) en cuanto a sus derechos de comercialización y marketing. Sin embargo, la FCF no tiene potestad para controlar el uso de la prenda en eventos no comerciales y actos públicos espontáneos; su control se limita a licencias, campañas oficiales y contratos comerciales. Ante la polémica, la federación expresó su pesar por el uso político de la indumentaria y dejó claro que no puede regular el uso privado de quienes visten la camiseta en espacios públicos no comerciales.
El dilema jurídico se entrecruza con el simbólico: aunque la camiseta sea comercialmente propiedad de la entidad deportiva, su significado social trasciende la materia contractual y entra en el terreno del patrimonio intangible. Muchos símbolos nacionales poseen esa doble naturaleza —comercial y colectiva—, lo que dificulta cualquier intento jurídico de exclusión.
Marketing político y la lógica del contagio simbólico
Especialistas en marketing político sostienen que el atractivo de integrar una prenda emblemática a una campaña radica en su capacidad de “contagio simbólico”. Es decir, al asociar un proyecto político con un objeto cargado de emoción colectiva, se intenta transferir naturalmente esa carga afectiva a la candidatura. Carlos Andrés Arias, consultor de marketing político en Bogotá, ha señalado que la camiseta funciona como un elemento de patriotismo explícito —y, por tanto, movilizador— en contextos de inseguridad y discurso identitario.
Pero esa táctica tiene riesgos: puede polarizar aún más a públicos que, hasta entonces, compartían el símbolo sin conflictos. Además, puede provocar la reacción inversa —un efecto de rechazo en sectores que sienten que la prenda está siendo instrumentalizada— y obligar a otros actores a “recuperar” el símbolo, lo que alimenta una carrera por la visibilidad simbólica.
Comparaciones históricas y globales
La instrumentalización de símbolos deportivos para fines políticos tiene antecedentes históricos variados. Durante el siglo XX, regímenes y movimientos políticos en diferentes latitudes han utilizado equipos y uniformes deportivos para proyectar valores nacionales, disciplina y cohesión social. En algunos casos —como en episodios de autoritarismos— la apropiación del deporte y sus símbolos sirvió para la creación de imaginarios nacionalistas.
En el caso latinoamericano, el fenómeno más reciente y visible fue el brasileño: el uso masivo de la camiseta por parte de seguidores de Bolsonaro entre 2018 y 2022 y la posterior apropiación por parte del gabinete y artistas afines al presidente Lula para “defender” la camiseta de tentativas de exclusión ideológica. La experiencia brasileña muestra la elasticidad simbólica de la indumentaria deportiva: puede significar patriotismo transversal o pertenecer a una identidad política concreta, dependiendo de cómo se lo articule en la arena pública.
Consecuencias sociales y riesgo de fragmentación
Cuando un símbolo compartido se politiza hasta volverse divisorio, la sociedad corre el riesgo de fragmentarse simbólicamente. Esto puede traducirse en micro-tribalizaciones: grupos que se reconocen mutuamente por un color, una prenda o un gesto. En el corto plazo, esa dinámica puede beneficiar electoralmente a candidatos que explotan identidades emocionales; en el largo plazo, erosiona espacios comunes y reduce la capacidad de encuentros simbólicos que unan más que separen.
La camiseta, en tanto elemento de consenso cultural, servía hasta hace poco como puente entre sectores sociales diversos. Si se consolida la percepción de que vestirla equivale a expresar adhesión partidista, perderá su virtud integradora y se convertirá en marcador de identidad política.
¿Qué puede hacer la sociedad para recuperar símbolos colectivos?
Ante la disputa, hay varias vías que actores cívicos, instituciones y la propia federación podrían explorar:
- Campañas de carácter no partidista que subrayen la naturaleza deportiva y plural de la camiseta, reforzando su condición de bien cultural compartido.
- Normas claras sobre el uso de símbolos nacionales en actos oficiales, más que en actos privados; por ejemplo, regulaciones sobre el uso de símbolos en publicidad política pagada, siempre dentro del marco constitucional de libertad de expresión.
- Iniciativas culturales y educativas que recuperen el significado deportivo y social del emblema, promoviendo su uso en actos de inclusión y actividades comunitarias.
Sin embargo, la efectividad de tales medidas depende en gran medida de la voluntad de los actores políticos por evitar la instrumentalización de símbolos y del liderazgo moral de instituciones relevantes.
Una lucha por significados en tiempos de polarización
La controversia sobre la camiseta amarilla en Colombia ofrece una lectura sintética de las tensiones políticas contemporáneas: la dificultad de mantener espacios simbólicos compartidos cuando la disputa por el poder anima la apropiación de todo recurso que pueda movilizar emociones. En contextos de polarización intensa, casi todo puede convertirse en elemento de contienda, desde una canción o un eslogan hasta una prenda deportiva.
La batalla por la camiseta es, en última instancia, una batalla por el derecho a definir la memoria colectiva. Los símbolos no son neutros: viven del uso social y de la interpretación pública. Por eso, cuando una parte reclama exclusividad sobre un símbolo, está intentando reconfigurar el imaginario colectivo a su favor.
Reflexión final: mantener espacios de encuentro
La tarea no es sencilla. Revertir la politización de un objeto requiere tiempo, propuestas creativas y, sobre todo, voluntad de diálogo entre actores que hoy se encuentran enfrentados. El desafío para Colombia es preservar ámbitos de convivencia simbólica en los que la camiseta pueda volver a ser sinónimo de fiesta, pasión deportiva y encuentro plural.
Si la sociedad y sus liderazgos logran desacoplar la camiseta de la guerra partidista, el país habrá ganado algo más que una prenda: habrá recuperado la capacidad de compartir símbolos sin que estos se conviertan en herramientas de fractura.
Fuentes y referencias citadas
- Comparaciones sobre la apropiación de camisetas en Brasil y los esfuerzos por "recuperarlas" por parte de actores políticos y culturales (análisis periodístico y académicos sobre el periodo 2018-2023).
- Declaraciones públicas de actores políticos colombianos que se han referido al uso de símbolos nacionales en campañas (mensajes en redes sociales y comunicados de prensa).
- Información sobre derechos de comercialización y marketing de las camisetas: Federación Colombiana de Fútbol, políticas de licencias y control de marcas deportivas.
Nota: las citas y declaraciones públicas han sido reconstruidas a partir de acontecimientos y comunicados difundidos públicamente en redes sociales, ruedas de prensa y comunicados institucionales.
